Dianita leyó la respuesta y sonrió con complicidad. Sabía que Thiago estaba intentando mantener la calma, pero su mensaje revelaba una inquietud que la divertía. —“No te preocupes, no me molestas. De hecho, me alegra que me hayas escrito. —¿Qué dudas tienes? Tal vez pueda ayudarte ahora”, respondió, añadiendo un emoji sonriente al final para suavizar el tono. Envió el mensaje y se recostó sobre los almohadones, cruzando las piernas de manera casual. Sabía que Thiago no le diría la verdad, que las dudas sobre el trabajo eran solo una excusa para seguir hablando con ella. Y eso la hacía sentir poderosa, deseada.
Thiago sintió un cosquilleo en el estómago al leer las palabras de Dianita y sonrió, aunque su corazón latía con más fuerza. —“¿Qué dudas?”, se preguntó a sí mismo. —“La única duda que tengo es cómo logras que mi mente se desvíe tanto con solo unas pocas palabras”. Pero, por supuesto, no escribió eso. En su lugar, respondió: —“Está bien, si no es molestia, te explico. Es sobre la parte de la metodología, no estoy seguro de cómo estructurarla”, escribió, sintiendo cómo la conversación se volvía más íntima con cada intercambio.
Dianita al leer las palabras de Thiago sonrió y rodó los ojos ante la obvia excusa, pero decidió seguirle el juego. Sabía que la metodología era un tema complejo, pero también era una excusa perfecta para prolongar la conversación, ya que él nunca había tenido problemas con eso; era muy inteligente, más bien era ella la que siempre le pedía ayuda. —“Ah, entiendo, la metodología puede ser complicada. Podría ayudarte a revisarlas, pero… estoy un poco ocupada en este momento”, añadió, y un emoji de cara sonrojada siguió su mensaje, sabiendo que eso lo haría imaginar cosas. —“¿Por qué no me envías una foto de la parte que te preocupa y lo revisamos mañana?”.
Thiago se rio, para sí mismo, sabiendo que ella estaba jugando con él. —“Una foto, ¿eh?”, pensó, mientras sus dedos volaban sobre el teclado. —“Bueno, supongo que podría hacer eso. Pero… ¿estás segura de que no te molesta? Pareces… ocupada”. Escribió la última palabra con una sonrisa, imaginando su situación actual.
Dianita se mordió el labio, disfrutando de la forma en que la conversación se estaba desarrollando. —“No, no me molesta”, respondió, añadiendo un tono de inocencia fingida. La emoción en el aire era palpable, y ambos sabían que estaban jugando un juego mucho más profundo que solo unas preguntas sobre un trabajo de la Universidad. Sin embargo, en ese momento, la incertidumbre de sus corazones se mezclaba con el deseo de descubrir qué había detrás del distanciamiento y las preguntas no resueltas.
—Cambiando de tema, tu noviecita, ¿Sabe que me estas escribiendo? – indago Dianita, teniendo claro cuál era la respuesta.
—¡Uy! Que cambio tan radical, —contesto Thiago. – Pero contestando a tu pregunta no sabe, pero igual no tengo que pedir permiso para hablar con quien quiera.
—Realmente sigues siendo el mismo —comentó Dianita, jugueteando con el teléfono entre sus manos—. Perdiste la memoria, pero no la esencia.
Thiago se reclinó en su cama, su sonrisa se ensanchó, revelando una confianza que parecía innata en él. —Parece que me conoces más de lo que la gente dice —respondió, el mensaje estaba cargado de un tono burlón pero amable.
Dianita alzó una ceja, inclinándose ligeramente hacia adelante. Su expresión era una mezcla de picardía y curiosidad. —No sé si más de lo que la gente dice, pero lo suficiente para saber qué estás pensando en este momento —dijo, en su mensaje en tono juguetón.
Thiago soltó una carcajada, su mirada tenía un brillo de intriga. —¡Ah, en serio! Ahora eres adivina. Ok, hagamos una apuesta —propuso, su mensaje lleno de desafío.
Dianita sonrió, sus labios curvándose en una expresión que era tanto divertida como seductora. —Y cuál sería el premio del ganador, si acepto la apuesta —preguntó, llena de curiosidad.
Thiago se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre su abdomen. Su sonrisa era amplia y confiada.
—Si ganas, te llevo al lugar que tú escojas, claro, debe ser en esta ciudad, ja, ja, ja —respondió, su risa contagiosa llenando el aire.
Dianita miró su teléfono con una mezcla de diversión y escepticismo. —¿Y si pierdo? —preguntó, su mensaje en tono juguetón.
Thiago se reclinó de nuevo, cruzando una pierna sobre la otra. —Si pierdes, te llevo a un lugar que yo escoja —dijo, su mensaje con un tono de misterio.
Dianita frunció el ceño, su expresión convirtiéndose en una mezcla de diversión y sospecha. —¡Uy!, qué peligro esa propuesta indecente —escribió, su sonrisa ampliándose.
Thiago alzó las manos en un gesto de inocencia, su risa llenando el aire una vez más. —Realmente eres una mal pensada, no me refería a eso. Para ser más específico, si pierdes, pasamos un día los dos en la playa —explicó, en su mensaje aclarando cualquier malentendido.
Dianita miró su teléfono con una expresión que era tanto divertida como desafiante. Disfrutaba de la conversación, de la manera en que Thiago la provocaba y la hacía reír. Sin embargo, algo en su interior la hacía dudar. —Lo siento, pero no acepto —escribió finalmente, firme, pero con un dejo de lástima.
Sabía que tenía que ir con cuidado, un paso en falso y esta oportunidad de acercarse a Thiago, ella y sus amigos, podría esfumarse, si Sofia se enteraba.
Thiago miró el mensaje con sorpresa, su sonrisa desvaneciéndose ligeramente. —¿Por qué no? —preguntó, con una mezcla de curiosidad y decepción.
Dianita se encogió de hombros, su mirada desviándose hacia la ventana de su habitación. —No sé, algo me dice que esta apuesta no es tan sencilla como parece —respondió, finalmente.
Thiago observó el mensaje en silencio por un momento, su expresión cambiando de la sorpresa a la comprensión. Finalmente, sonrió de nuevo, aunque esta vez su sonrisa era más suave, más genuina. —Está bien, pero déjame decirte algo: —a veces, los mejores momentos surgen de las apuestas más arriesgadas. —respondió, finalmente.
Dianita miró, su teléfono leyendo lentamente el mensaje de Thiago. En ese momento, el aire en su habitación parecía cargado de una tensión sutil, una conexión que iba más allá de las palabras. —Tal vez tengas razón —admitió. —Pero hoy no es el día para arriesgarme.
Thiago asintió, su mirada fija en el brillo de su teléfono, leyó el mensaje con una intensidad que lo hizo sentir un cosquilleo en la espalda. —Entonces, ¿Qué te parece si simplemente, nos reunimos mañana para hacer el trabajo de la profe Violeta? —propuso, su tono relajado, pero con un dejo de invitación.
Dianita sonrió, sintiendo que la tensión se disipaba ligeramente. —Me parece perfecto, mañana a las 7 de la noche en tu casa. —respondió, con una sonrisa en su rostro.
La noche pasó lenta para Thiago, las horas se alargaban como si quisieran burlarse de su impaciencia. Lo único en su mente era Dianita: sus risas, sus miradas, y la promesa de que pronto tendría la oportunidad de hablar con ella a solas. La mañana, como todos los días, llegó con la presencia de Sofía, quien, al recogerlo para ir juntos a la universidad, notó la distracción en sus ojos.
Sofía había estado sintiendo el cambio en su relación con Thiago. La reciente fiesta no había salido como ella esperaba; en lugar de acercarlos, parecía haberlos alejado. Además, el trabajo de la universidad lo unía a Dianita, y eso la llenaba de inseguridades. Con determinación, le propuso a Thiago hacer un trabajo en grupo en su casa, esperando que así pudiera evitar el inevitable encuentro entre Thiago y Dianita.
—Thiago, se me ocurre que hagamos un trabajo en conjunto. Podemos decirle a Amber y Cristian, y tú podrías invitar a Dianita. Así todos nos ayudamos, ¿Qué te parece? —dijo Sofía, mientras esperaba que sus palabras surtieran efecto.
Thiago, sorprendido por la propuesta, sintió un nudo en el estómago. En su mente solo había espacio para la idea de verse a solas con Dianita. Sin embargo, se contuvo y decidió no rechazar la propuesta de inmediato.
—Suena bien, pero sabes que eso no depende ni de Amber ni de mí. Además, ¿te has puesto a pensar que ellos no estén de acuerdo con tu idea? —contestó, mirando fijamente la carretera.
Sofía apretó el volante, sabiendo que su plan podría desmoronarse rápidamente. Sin embargo, no quería presionar a Thiago, así que finalmente desistió de su idea. La conversación continuó, pero su mente no podía evitar pensar que Thiago le ocultaba algo. A medida que llegaban a la universidad, la tensión crecía entre ellos.
Cuando llegaron a la universidad, el día se desarrolló como cualquier otro. Los estudiantes corrían de un lado a otro, organizando grupos de trabajo. Al entrar al salón de clases, Thiago se sintió aliviado al ver a Dianita conversar con sus amigos. Ella era su única preocupación en ese momento y lo único que quería era acercarse a ella. Mientras tanto, Dianita, con un plan en mente, se acercó a sus amigos, Cristian y Natalia, y les confió su necesidad de hablar a solas con Thiago.
—Chicos, necesito que se reúnan con Sofia y Amber. Thiago me escribió anoche y quedamos en reunirnos hoy. Debemos tener controladas a Sofia y Amber para que no interfieran —dijo, segura de su estrategia.
Natalia y Cristian, comprensivos, se pusieron en marcha para garantizar que el plan funcionara. Mientras tanto, Sofía, viendo la dinámica, lanzó su última carta, proponiendo que todos se reunieran en su casa.
Natalia vio la oportunidad, de esa manera podían vigilar a Sofia y Cristian no estaría a solas con Amber, asi que una sonrisa se dibujó en su rostro, —por mí no hay problemas me parece buena idea. – dijo lanzándole una mirada a Cristian de aceptación.
Por otro lado, Cristian entendió el mensaje de Natalia, —Bueno yo tampoco tengo problemas, me parece bien. – dijo Cristian sonriendo.
A pesar del esfuerzo de Sofía, las circunstancias no estaban a su favor. Dianita, en un giro inesperado, declinó la invitación, diciendo que ya tenía compromisos con su padre. Sofía sintió cómo su plan de evitar que los dos se quedaran a solas se desvanecía. La tensión en el aire era palpable, especialmente cuando Thiago le propuso a Dianita que se reunieran al día siguiente en la universidad.
La ira se apoderó de Sofía al ver cómo Dianita parecía estar siempre un paso adelante. Sin embargo, la conversación se tornó inevitablemente hacia la reunión del grupo, y Thiago, aunque desconcertado, intentó mantener la calma.
El resto del grupo, sin embargo, decidió que era mejor reunirse ese mismo día. La frustración de Sofía aumentó mientras se daba cuenta de que su plan había fallado. La situación se tornaba más complicada y la mirada de rabia hacia Dianita no pasó desapercibida.
Las clases terminaron y cada uno salió de la universidad, todos menos Thiago y Dianita, quedaron en encontrarse en la casa de Sofia, a las 6 de la tarde, en el auto de Cristian, todos reían, por la cara que puso Sofia, cuando Dianita le dijo que ella no podía, —Realmente tienes que aprovechar esta ocasión Dianita, para poder acercarnos a Thiago, me hace falta mi amigo, —dijo Cristian, con los ojos llorosos. – si lo sé, tengo un plan, pero despues se los diré. – contesto Dianita con una sonrisa en su rostro.
Mientras tanto, Thiago se quedó en la universidad, sintiendo la necesidad de hablar con la profesora Violeta sobre sus recuerdos perdidos. Cuando llegó a su oficina, se sintió atraído por su belleza, pero al ver que había otros profesores alrededor, decidió enviarle un mensaje.
—Hola Profe, soy Thiago, espero no molestarla —escribió, sintiendo una mezcla de nervios y emoción.
La profesora escucho el sonido de su teléfono que indicaba la llegada del mensaje, sorprendida pero intrigada, respondió con alegría. —tranquilo, no me molesta, a lo contrario me alegra que te hayas decidido a escribirme, ¿tienes algún problema?, —le contestó la profesora. Poco a poco, la conversación se tornó en un juego de seducción y complicidad. Thiago, decidido a recuperar sus recuerdos y mantener la conversación privada, le sugirió encontrarse en un lugar alejado de la universidad.
—Espero no ser atrevido, pero me gustaría invitarla a tomar un café o lo que usted quiera, realmente me gustaría continuar con nuestra conversación, y ver cómo puede ayúdame a recuperar mis recuerdos. —escribió
Violeta, al leer el mensaje de Thiago se mordió el labio inferior y entre nervios y excitación, aceptó la invitación, sugiriendo que fuera en su casa en dos horas. A medida que concluían la conversación, ambos sentían que el encuentro no solo sería para hablar de recuerdos, sino que podría convertirse en algo más profundo.
La profe Violeta, miro nuevamente toda la oficina, sintió un escalofrió y sus pezones se pusieron duros de pensar en su encuentro con Thiago, su tanga estaba empezando a humedecerse.
Continuará.
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