Feliz cumpleaños entrenador

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Omar tuvo suerte. En serio, mucha suerte de volverse el entrenador personal de Marilyn Monroe. Sí, la misma que había aparecido rodeada de hombre galanes y actores de Hollywood en películas como Una Eva y dos Adanes; Los caballeros las prefieren Rubias; Las chicas del coro y la favorita de Omar: La comezón del séptimo año, donde hace su icónica pose encima de la alcantarilla.

Ahora bien ¿cómo es que Omar, un hombre trigueño y bien formado, terminó convirtiéndose en el entrenador personal de la mujer más hermosa de América y del mundo? muy sencillo, por pura recomendación del antiguo representante de Marilyn: Johnny Hyde. El ahora quedó en el olvido, al menos eso dicen, pero su amistad con Omar le ha dado muchas ventajas en los trabajos que hacía.

A finales de los 50s, cuando Marilyn ya había comenzado su propia producción junto a Milton Greene y a Patricia Newcomb, Omar se volvió una pieza primordial. La cuestión era simple, Marilyn quería lucir aún más en las revistas, sesiones de fotos, pasarelas de modelaje, shows en vivo y obviamente las películas que vengan después. Pero lo diferente aquí es que querían dejar de lado ese estereotipo de rubia explosiva para pasar a una nueva faceta, tal vez la más grande.

La idea había sido de Patricia en primer lugar, quería que los años 60s sean de Marilyn Monroe siendo una especie de heroína de Hollywood, ya saben, una idea muy temprana de mujer empoderada y luchona.

-Pero para ello necesitas ejercicio e intenso.

Le había dicho Patricia durante ese almuerzo el primero de marzo de 1960. Ese mismo día, Milton les consiguió a Omar Haousen, un hombre mitad hispano que llevaba en el país casi veinte años. Por esos años, 1960, Omar había sido entrenador en escuelas y luego pasó a las ligas mayores hasta aparecer en revistas deportivas. La noticia de que sería el entrenador personal de Marilyn Monroe se disparó y con él, muchos celos. Para 1961 Marilyn y Omar se llevaban super bien, hasta parecían hermanos. Sin embargo, había algo que ninguno sabía y que, en cierto modo, Marilyn sospechaba: Omar se estaba enamorando de ella y no en un sentido romántico, sino sexual.

Y bueno ¿quién no? ya era parte de su vida todo ese asunto de los noviazgos y las citas a ciegas. Y entonces llegó el trágico año de 1962 y es aquí, dos meses y medio después de que Marilyn le cantará el happy birthday a John F. Kennedy, en que nuestra historia comienza.

Era primero de agosto de 1962, ese día le tocaba su sesión con Omar. El tipo, como siempre, estaba emocionado. Hay que ser sinceros, el tipo no puede evitar excitarse cuando ve a Marilyn usando esa ropa deportiva muy llamativa, con esos micro shorts que hacían relucir sus perfectas piernas y esa blusa verde claro sin mangas y de cuello V que, por momentos, dejaban relucir sus perfectos y masajeables pechos.

-¿Qué sucede?

Preguntó luego de ver a su entrenador totalmente atónito. Omar parecía estar volando, sentía mariposas en el estómago y los ojos los tenía algo borrosos. Lo único que podía observar, y que formaba parte de su fantasía, era un fondo claro, como un campo, donde solo estaba él y la famosa actriz. Ella se estaba acercando, tanto en su fantasía como en la vida real. Le toca la mejilla, tanto en su fantasía como en la realidad.

-¿Estás bien? ¿sucede algo?

Omar parecía estar en trance, era la primera vez que le sucedía algo así. Marilyn comenzó a asustarse y estuvo a punto de ir por el teléfono para llamar a una ambulancia. Al lado de la puerta estaba la maleta de su entrenador y notó algo peculiar: una tarjeta de felicitaciones de parte de Milton. El entrenador seguía en sus pensamientos, con una erección en la entrepierna y soñando que una desnuda Marilyn Monroe que le coqueteaba con burla sarcástica.

Por otro lado, la real Monroe inspeccionaba con cuidado la curiosa tarjeta de felicitaciones de su entrenador y descubre que hoy era su cumpleaños. Ninguno de sus compañeros se lo había dicho, tampoco Omar y bueno ¿qué importancia tenía eso ahora? pues… A Marilyn no le importaba mucho si fuera su cumpleaños o no, aunque siempre le ha gustado la costumbre de saludar a todos por su día, así como hizo hace dos meses y medio con el presidente Kennedy. Los únicos cumpleaños que recordaba eran de su grupo íntimo y también de sus tres ex esposos. Arthur Miller fue el último.

¿Qué debería hacer? se preguntó al momento de girarse y ver a su entrenador muy cerca de ella.

-Huy, lo siento…

-¿Pasa algo?

Pregunta Omar algo desganado.

-Descubrí esto, ¿por qué no me dijiste nada?

Sacó la tarjeta de felicitaciones y se la extendió. Pensó que lo siguiente sería que la expulsaría por hurgar en sus cosas. No sabía que excusa dar, estaba claro que lo que hizo estaba mal. A Omar no pareció importarle, toma la tarjeta y la vuelve a guardar.

-Perdón por eso.

-No hay problema.

-¿Por qué nunca me dijiste nada?

-Carece de importancia, mejor volvamos a la rutina, faltan algunas flexiones.

Pero Marilyn no quería quedarse así, deseaba en serio hacer algo por él, el hombre que durante años le había apoyado en sus ejercicios y en su salud. Además, cuando se divorció de Arthur Miller, él fue uno de los pilares que la mantuvieron en pie, porque el tema fue muy duro. Realmente duro de superar. Días y noches llorando en la cama, pensando en la muerte. Omar la sujeta del brazo con suavidad y le pregunta si estaba bien. Marilyn alzó la vista y a sus ojos vio al hombre más perfecto con el que jamás se había juntado, además de guapo. Le rodeó el brazo y lo condujo hasta la colchoneta donde antes había hecho sus abdominales.

-¿Qué haces?

-Shhh, necesito que te sientes.

Le hizo caso más que todo por el sentimiento de dominación. Él, un simple entrenador privado, se sentía pequeño en comparación a la diosa que tenía en frente. La protagonista de la mayoría de sus sueños y ahora mismo le había ordenado que se siente. Luego de obedecer, se quitó la banda elástica de la cabeza y luego los tirantes de la blusa.

-¡Oye!

Aquel acto le alarmó, pero en parte se sintió excitado y se notaba en su entrepierna. Omar llevaba un polo deportivo junto a unos pantalones sintéticos. Su erección se le notaba. Marilyn no se sorprendió y sin demora, liberó sus enormes y seductores pechos y permitió que Omar los tocara.

-Vamos, nadie se va a dar cuenta, diremos que fue una sesión muy divertida.

-¿En serio quieres hacer esto?

-¿Tú no quieres?

Demonios, claro que quería, pero no lo consideraba correcto. Iba a decir algo cuando Marilyn se aproxima y le planta un beso tierno y largo.

-Solo hazlo ¿ok? estamos solos, nadie lo sabrá. Será nuestro secreto.

Y le guiñó un ojo. Después de eso, termina de quitarse la blusa. Luego, le quita los pantalones a Omar, éste no se resistió, liberando su enorme polla.

-Vaya sorpresa tenemos aquí.

Lo primero que hizo fue estimularlo con sus manos y luego con sus enormes pechos. Omar gemía un poco, pero no quería entrar en acción tan rápido, esperó un poco hasta que su polla esté lo suficientemente dura y olorosa para poder actuar con total poder. La lengua de la actriz se paseó por la punta de la polla y luego lamió el tronco. Llego hasta los testículos, los masajeó con sus labios, carnosos y rojos. También los chupó un poco. Volvió, despacio, por el tronco de la polla, lamiendo de arriba hacia abajo, como una brocha sobre la pared blanca. Volvió al principio y, con valor, se metió la polla en la boca, como un chupete de fresa.

Omar lanzaba quejidos, pero no eran muy fuertes. Los estímulos de Marilyn eran placenteros, pero él esperaba algo más, la mejor parte: la vagina de Marilyn Monroe. Esa entrada con la que muchos hombres han soñado.

-Bien, vayamos un poco más al fondo.

Esta vez introdujo más la polla de Omar hasta la garganta. En lo único que Marilyn pensaba era “Dios, si las pollas hispanas son así, no quiero ni imaginar cómo sería una negra”. En realidad, hacía tiempo que Marilyn quería probar el sexo con un afroamericano ¿qué mal podría hacerle? La mujer continuó con su trabajo y Omar con el suyo. El hispano le pellizcaba los pezones con delicadeza, pero después fue algo rudo.

Mientras envolvía con su lengua la enorme polla de Omar, se fue quitando los shorts deportivos, debajo no llevaba nada. Levantó su cabeza dejando el miembro de su compañero finamente erecto y luego de empujarlo contra la colchoneta…

-Ya es hora.

Omar sonrió al igual que Marilyn y acto seguido, introdujo con cuidado el pene de su amigo en su vagina. Al principio se le hizo complicado, allí adentro estaba bien apretado, pero ya saben lo que algunos dicen de las mujeres: cuando se excitan, su entrepierna se pone jugosa y esta vez no fue la excepción. Al momento en que la polla de Omar se introdujo hasta el fondo, una cosa viscosa bañó todo su miembro. Marilyn gimió fuerte, como una chica en una película de terror. Su boca formo una enorme O y sus ojos se abrieron como platos.

-¡Oh Diooos!

Le gustaba, estaba claro que le gustaba. Por puro instinto, Omar sujetó sus pechos mientras Marilyn le montaba. Su polla aparecía y desaparecía una y otra vez, casi al compás de batería. Entonces se imaginó el soundtrack de alguna película antigua, su favorita: La comezón del séptimo año. Estaba en su cabeza. Con cada movimiento su polla se preparaba para el gran momento. Sus manos pasaron de sus pechos a su cuello y ella no pareció molestarse en eso. Además, quería ver como sus senos danzaban sobre él. Estaba resbaladizo allá abajo.

Las paredes de Marilyn abrazaban con fuerza la polla de Omar, no quería dejarla ir. Marilyn se volvía loca, tanto que había sacado la lengua. Sus manos apretaron más y la actriz solo chilló de emoción. El momento había llegado. Omar no lo podía resistir más. La vagina de Marilyn le apretaba, le succionaba, le apreciaba. Se sentía muy cálido y entonces…

-Ya casi…

Marilyn emitió un grito finamente agudo y toda la leche de Omar salió expulsado hacia la vagina de Marilyn, que se llenó hasta el tope formando un ligero bulto allí abajo. Sus manos arañaban el pecho de Omar. Le abrazó el cuello y el tipo la liberó. Ambos cayeron contra la colchoneta, juntaron sus labios y luego sus lenguas. Con cuidado, Marilyn sacó el pene de Omar que se resistía y eso la excitó aún más.

-Feliz cumpleaños entrenador.

Juntó sus piernas y acarició con el muslo la polla de Omar que seguía ansiosa. De cortesía, Marilyn estrujó su miembro con sus enormes pechos mientras volvía a lamer la punta. Omar estaba exhausto, pero tal parecía que su compañera iba a seguir.

-Tu solo descansa, déjame darte tu regalo.

-¿En serio?

Y le volvió a guiñar el ojo esta vez chasqueando la lengua. Prosiguió con la mamada unos minutos más hasta que, luego de lamerlo desde la punta y con sus pechos aprisionando su miembro, volvió al orgasmo. El semen manchó su rostro y ella se relamió los labios. “Exquisita leche, de la mejor” pensó antes de recostarse a su lado y ver que Omar se quedó tan exhausto que se durmió, así que ella le acompañó y luego de acariciar su pecho desnudo, volvió a desearle un feliz cumpleaños. Luego lo besó y todo terminó, en esa colchoneta en ese salón privado.

Omar soñó que lo hacía de nuevo con Marilyn y entonces deseó volver a hacerlo en algún momento. Claro que sí, una vez más no le haría daño ni a él ni a ella. Después de todo, esa semana de agosto de 1962 no tenía ningún pendiente.

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