Inicio de una adicción (6)

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T. Lectura: 8 min.

Después de esa noche pasaron dos días sin que Reyna me provocara o yo fuera a su cuarto en la noche por algo de acción; el miedo de lo descarada que mi prima se estaba volviendo me tenía preocupado. Hasta que la tercera noche, cuando mi madre daba su recorrido nocturno para ver que todo estuviera bajo control entre mi prima y yo, abrió mi puerta de nuevo. Con la luz apagada, yo con los ojos entreabiertos miré cómo entró, se acercó a mi cama y se quedó parada frente a ella.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad pude verla: iba únicamente con un calzón diminuto que apenas la cubría. Podía ver cómo los pelos de su vagina sobresalían por los laterales; esas piernas gordas que tenía se miraban perfectas y esas tetas grandes, con esos pezones cafés que las cubrían por completo, estaban delante de mí solo observándome.

Después se dio media vuelta y pude apreciar ese culo gordo y carnoso que me encantaba; pero antes de salir, se empinó a recoger una playera que tenía en el suelo de mi cuarto. Al empinarse, el calzón se le metió entre las nalgas y sus hinchados labios vaginales se marcaron bajo la tela. Se levantó y se marchó de mi habitación, dejándome con una potente erección que tenía que bajar a como diera lugar.

Así que, al escuchar que la puerta de su cuarto se cerró, esperé un rato, salí de mi cuarto y fui al de mi prima, que para mi muy mala suerte estaba cerrado por dentro. No quise hacer mucho ruido, así que me fui directo al baño, busqué algún calzón de mi madre y tomé el primero que encontré, todo con las luces apagadas. Regresé a mi cuarto, me desnudé, me acosté en la cama y me llevé sus calzones a la nariz; con ese aroma me empecé a masturbar. Tenía los calzones de mi madre en la cara con su aroma en mi nariz y mi lengua lamiendo donde su sexo roza con la tela, y mi mano en la verga, cuando siento que alguien en el suelo se levanta y en el oído me dice:

Reyna: —Eres un enfermo, primito.

Rápidamente aventé los calzones del otro lado de la cama. Volteé al suelo y estaba mi prima con su camisa para dormir y su sonrisa en el rostro. Mi verga se bajó de golpe. Se levantó del suelo, se subió a mi cama, se hincó sobre mi cara haciendo un 69, tomó mi verga y la empezó a masturbar mientras frotaba su vagina en mi rostro. Iba desnuda, solamente con su camisa de dormir, así que al sentir su aroma de mujer mezclado con aroma de orina no pude resistirme y empecé a mamar ese burro que tanto me gustaba.

Ella, por su parte, continuó masturbándome; así estuve disfrutando del sabor de su vagina cuando levantó más la cola, poniendo mi boca a la altura de su ano, en el cual metí mi lengua sin perder el tiempo. Mientras, ella soltaba pequeños gemidos que ahogaba como más podía. Yo continué con mi lengua en su ano haciendo círculos con ella, metiéndola, pasando mi lengua por completo hasta que sentí que cerró las piernas. Escuché un gemido ahogado profundo y empezó a correrse encima mío. Cómo me encantaba esa sensación, sentir sus fluidos que, en mi ignorancia de aquellas épocas, pensaba que se estaba orinando encima mío; pero eso me encantaba, así que bebí todo lo que pude hasta que sentí que se relajó.

Se tiró sobre mí y se quedó unos minutos ahí, hasta que se incorporó, le dio un beso a mi verga que estaba toda mojada, se bajó de la cama, tomó los calzones de mi madre, me los puso en la cara y me dijo:

Reyna: —Gracias por todo, enfermito.

Y se fue dejándome en el cuarto todo empapado, con las sábanas mojadas y los calzones de mi madre en la cara. No sabía si habíamos hecho mucho ruido, así que regrese al baño, dejé los calzones de mi madre, me limpié la cara y me fui a dormir mejor, caliente y con el aroma de mi prima.

El viernes siguiente, un amigo de ambos nos invitó a una fiesta que realizaría en su casa. Sus padres no estaban, así que podíamos quedarnos allí si queríamos. Le pregunté a mi madre si podíamos ir, pero ella se rehusó con la excusa de que Reyna estaba castigada y, si sus padres se enteraban, iba a armar una bronca. Como pudimos, la intentamos convencer hasta que accedió a dejarnos ir con la condición de que no tomaríamos nada de alcohol y regresaríamos temprano; nos dio hasta las 12 de la noche. Le insistimos que hasta las 2, pero no lo permitió, así que nos conformamos con ese horario a regañadientes.

La fiesta empezaba a las 8. Yo estaba muy emocionado porque iba a ir la chica de la escuela que me gustaba y me creía con posibilidades de llegar a algo con ella; así que me vestí lo mejor que pude. Incluso le pedí prestada a mi madre la troca de mi papá para impresionarla; ella se negó primero, pero al argumentar que no bebería nada de alcohol, accedió, pero con la condición de nada de irnos a otro lado. Mi prima también se cambió; se puso un vestido que le quedaba muy bien, la verdad me impactó al verla. Nos subimos a la troca y nos fuimos a la fiesta, no sin antes llegar por una botella a una tienda (obvio no podíamos ir a una fiesta sin alcohol).

Llegamos y yo saludé a mis amigos, y Reyna se fue con sus amigas. Empezamos a beber y a pasar el rato cuando miré que llegaba la chica que me gustaba: Gaby, una preciosa de 1.50, piel blanca, con un trasero perfecto. Iba vestida con pantalón de piel y una blusa de esas que no tapan el ombligo; me parecía majestuosa. Venía acompañada de Luna, la amiga que días anteriores nos había atendido en el centro comercial donde Reyna compró la ropa interior, y con el novio de Luna. Cuando llegaron fui a saludarlas; le ofrecí algo de tomar a Gaby y ella aceptó.

La separé un rato de su amiga y nos pusimos a platicar de cómo iba en las vacaciones, que si había salido o iba a salir, que si estaba emocionada porque el siguiente sería nuestro último semestre en la prepa. Así estuvimos un rato cuando vi que llegó mi prima, saludó a Gaby y le dijo:

Reyna: —¿Me prestas a mi primo un ratito, linda?

Gaby se fue con sus amigos y yo me quedé con ella hablando:

Reyna: —¿Qué haces, primito? ¿A poco te quieres echar a Gaby?

Yo: —Pues ganas no me faltan, pero me gustaría algo más con ella.

Reyna: —No te conviene, primo; ella es una zorrita igual que su amiguita Luna. No quiero que le hables.

Yo: —¿Por qué no? Tú no me vas a decir con quién hablar o no.

Reyna: —Hazme caso, Damián; no quiero que le hables.

Yo: —Sí le voy a hablar; incluso intentaré llegar a algo con ella, te guste o no.

Reyna: —Vas a hacer el ridículo. Aparte, ¿qué tiene ella que yo no tenga?

Yo: —Para empezar, no es mi prima y siento algo por ella; tú solo juegas conmigo.

Reyna: —Rete bien que te gusta lo que hacemos; ahí sí no soy tu prima, ¿verdad?

Yo: —Pues quizás con ella sí pueda llegar más lejos que una mamada.

Reyna: —Vete a la mierda. Ya te dije que es cuando yo quiera y, si no te alejas de ella, ya no vas a hacer nada conmigo.

Yo: —Pues lo intentaré; al cabo algún día tenía que terminar lo que hacemos.

Reyna: —Damián, cuidado con lo que dices, que te vas a arrepentir.

Yo: —Lo único de lo que me voy a arrepentir va a ser de hacerte caso hoy.

Y me fui de nuevo con mis amigos dejando a Reyna ahí furiosa. Cuando llegué con mis amigos les conté que me gustaba Gaby y quería intentar algo con ella esa noche, a lo que mi amigo Miguel me dice:

Miguel: —Oye, Damián, sabes que somos amigos, ¿verdad?

Yo: —Sí, ¿por qué preguntas?

Miguel: —¿Y qué tal te llevas con tu prima?

Yo: —Bien, ¿por?

Miguel: —Es que andan diciendo que los agarraron en el centro comercial y Reyna te estaba… tú sabes —e hizo un gesto de una mamada. Yo rápidamente lo negué.

Yo: —¿Quién anda diciendo esas mamadas, Miguel? Somos primos, ¿cómo vamos a hacer eso?

Miguel: —Es Luna, que ella vio a Reyna y a ti salir del probador juntos y comprando ropa provocativa para hacer, tú sabes, cosas de parejas.

Yo: —Esas son mamadas, claro que no. Voy a hablar con ella.

Cuando anduve buscando a Luna, miré a Reyna con unos tipos que no conocía; estaba ya bastante tomada y un tipo le agarraba el culo. Llegué con ella y le dije: “¿Podemos hablar?”. Ella se apartó de mi abrazo y me dijo: “No, perro, vete con Gaby; déjame aquí con mis nuevos amigos”. Yo insistí y un tipo me empujó diciéndome: “Oye, déjala en paz, se está divirtiendo con nosotros”. Yo le contesté a los tipos: “Es mi prima y ya está muy borracha, dejen que la lleve a la casa”. A lo que uno me dice: “Ah, ustedes son los del probador. Perdón por tocar a tu novia; se nota que estamos en el norte”, en voz burlona y riéndose.

Tomé a mi prima del hombro y la llevé a la salida. Cuando iba saliendo vi a Luna y Gaby que se estaban riendo; eso me puso furioso. Como pude subí a Reyna en la parte trasera de la troca y nos fuimos de la fiesta. Como andaba muy tomada, no quería regresar con ella a casa en ese estado, así que llegué a una tienda, compré comida y unos cafés. Le di uno a Reyna y nos fuimos a un parque cerca de mi casa. Llegamos al parque, me estacioné y me fui a la parte trasera con Reyna. La obligué a tomarse el café y comer algo, pero ella ya venía casi durmiéndose; así que, como aún faltaba una hora para que fueran las 12, doblé los asientos de atrás de la troca y la acosté, y yo junto con ella. Escuché cómo se quedó dormida al instante.

Yo no sabía qué hacer; sabía que mi mamá nos iba a echar la bronca al llegar y más por el estado en el que regresábamos. Intenté cerrar los ojos para dormir un rato también. Me acomodé mirando a Reyna: su lindo rostro, su piel blanca, el escote del vestido que dejaba ver ese par de tetas que tenía. Su vestido estaba subido por encima de su cintura, por lo que pude ver esas piernas hermosas y su lindo trasero cubierto por la tanga roja que habíamos comprado en el centro comercial. Eso me puso demasiado caliente, así que le di un beso en la boca y ella ni se movió. Me desabroché el pantalón y me lo bajé con todo y bóxer; estaba masturbándome viendo a mi prima cuando vi que abrió los ojos.

Me observó, apartó mi mano y agarró mi verga masturbándome lentamente. Cuando no pude más, me lancé a besarla y acariciar sus nalgas. Me acomodé arriba de ella, bajé su vestido de la parte de arriba y empecé a mamar su par de tetas, esos pezones rositas pequeños. Ella solo gemía.

Bajé hasta su monte de Venus, retiré su tanga y empecé a mamar su deliciosa vagina; me la comía desesperado. Metí una mano entre sus nalgas buscando jugar con su ano; ella solo se retorcía y gemía. Cuando ya estaba demasiado empapada, ella se levantó como pudo y empezó a mamar mi verga. Pasaba su lengua desde los huevos hasta el tronco y luego bajaba y repetía, hasta que la engulló completamente. Se hizo una colita con las manos y me la puso en mi mano para que yo marcara el ritmo de esa mamada; se sentía fenomenal. Se retiró, tomó aire y mamó mis huevos con dulzura; nunca había sentido tan delicioso en ellos.

Estaba tan caliente que la volteé, la puse de perrito y le empecé a comer el culo; pasaba desde su vagina hasta su ano. Metía todo lo que podía mi lengua en su ano y en su vagina. Cuando tenía mi lengua en su vagina, le empecé a meter el dedo índice en el ano. Ella dio un saltito y un gemido, pero no se apartó. Continué hasta que sentí cómo empezaba a temblar; luego se corrió quedando de rodillas y dándome la espalda mientras gemía fuerte y convulsionaba por la corrida que estaba teniendo.

Cuando terminó, yo estaba sentado con las piernas abiertas. Se volteó y me empezó a besar. Se volvió a girar dándome la espalda, se subió arriba de mí dejando mi verga cerca de su vagina y empezó a frotarla; cada roce hacía que mi pene soltara más y más presemen. Yo empecé a besarle el cuello hasta que se puso de perrito de nuevo y me dijo: “Hazlo despacito”.

Rápidamente me incorporé, le pasé la lengua por la vagina, puse mi verga en la entrada y empecé a empujar lentamente, pero no entraba. Así que me acomodé, chupé un dedo y lo empecé a introducir en su vagina lentamente; ella solo gemía y se movía. Cuando mi dedo se abrió paso por su sexo, puse de nuevo mi verga en la entrada y empecé a empujar lentamente hasta que sentí que entró poquito mi verga. Ella gimió.

La saqué y volví a empujar hasta que entró mi cabeza completamente. Ella solo gemía. La saqué y volvió a meter; entró de nuevo la cabeza y sentí cómo su vagina se abría completamente a mí hasta que entró completamente. Ella solo se hacía para adelante intentando sacarla, así que no me moví. Después de un momento ella misma se hizo para atrás y volvió a entrar completa.

Empecé a moverme lentamente de atrás para adelante sin sacar mi verga de ella; estaba en el cielo, se sentía delicioso. Saqué mi verga, que ya traía restos de sangre; pasé mi lengua por su vagina y sentí el sabor de su sexo con un poco de sabor a hierro. Luego la volví a meter; entró fácil y ella gimió de nuevo. Volví con el vaivén, primero lento, luego un poco más rápido. Sentía que me iba a venir, así que la agarré de la cintura, metí mi verga hasta sentir que mis huevos chocaban con su culo y empecé a cogérmela fuerte.

Ella solo gemía y yo soplaba. Cuando estaba a punto de venirme le avisé; me iba a retirar cuando sentí su mano en mi trasero evitando que me saliera, y empecé a correrme dentro de mi prima. Sentía cómo inundaba sus entrañas y ella solo gemía fuerte con cada chorro que salía disparado dentro de ella, hasta que empezó a temblar y sentí cómo mi verga se empezaba a empapar. Caímos rendidos los dos, yo sobre ella.

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