Joven caliente y desesperado por follarme en el trabajo

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T. Lectura: 4 min.

Estaba trabajando en un hotel, en el área de limpieza, ya en mis 42 años. El paso de los años no se me nota, parezco de unos 28 años gracias a la genética o lo que sea.

Resulta que un día llega el nuevo de seguridad, un adolescente para mí, de 20 añitos, hermoso el muchacho, labios gruesos, rubio, ojitos café, de buen cuerpo y forma.

A la semana ya nos hicimos amigos, ya que compartíamos el almuerzo todos los días en el área del staff del hotel. Las charlas se iban poniendo cada vez más intensas porque este muchacho estaba con toda la energía y la virilidad caracterizada por su edad claro, en otras palabras, estaba caliente todo el tiempo.

Cada vez que tenía oportunidad me preguntaba cuando íbamos a salir a comer o beber algo, y yo le decía que no porque no salía con adolescentes y él decía que ya era un adulto. Siempre estaba lanzando indirectas, haciéndome notar que me deseaba. Una tarde estaba preparando mi comida y él llegó haciéndose el amistoso y me abrazó por la espalda y en ese momento sentí que me apoyó su polla y no sé porqué, pero la tenía durísima. Por un momento dudé si tenía otra cosa, su celular o algo así, pero me di vuelta toda acalorada y cuando lo vi riéndose y mirándome súper caliente, le miro los pantalones y le resaltaba la polla dura y parada.

Tengo que aceptar que ese día en la noche me toqué la concha pensando en su polla enorme y dura y me mojé toda, creo que tuve unos tres orgasmos de sólo pensar que podía tener esa polla dentro de mí.

En fin, pasaron unas semanas más y él siempre con la misma acción de invitarme a salir, en una de esas me animé y le dije que podíamos tomar algo ahí mismo en la sala del staff, que podíamos quedarnos después de nuestro horario de trabajo. En seguida accedió. Y así fue que llegaron las 4 pm y nos encontramos ahí. Nuestra sala del staff es pequeña con sólo una puerta y una ventana que no se ve nada desde afuera porque está tapada con papeles. Tiene una mesa, 4 sillas, un sofá cama y lockers.

Cuando él llegó yo estaba tomando un café, y me pide que nos sentemos en el sofá para que estemos más cómodos. Nos sentamos y él estaba muy cerca de mí, se había puesto un pantalón de una tela deportiva bien fina entonces le marcaba todo su miembro. Estábamos charlando de cosas de la vida y mientras él acariciaba mi pelo o mi mano, o tocaba mi rodilla, siempre acercándose cada vez más. Entonces empecé a sentir una calentura porque recordaba su polla erguida hace unas semanas atrás. Me levanté a preparar otro café y entonces el vino por detrás, colocándose otra vez en mi espalda y me tomó de la cintura y me respiraba en la nuca y el cuello, y en unos minutos sentí otra vez su polla dura apretándose en mi culo.

Me dijo directamente que quería chuparme la concha y casi sin tiempo de responderle, me dio vuelta y me llevó al sofá. Me bajó el jean y las bragas bruscamente, y quedé desnuda frente a él en un segundo, con mi concha al aire y ya mojada. Me sentó en el sofá me abrió las piernas como un ginecólogo y enterró su cabeza en mí concha, metiéndome la lengua dentro de la vagina. Parecía que estaba muerto de hambre de una vagina porque me la comía exprimiendo el clítoris y abriendo su boca enormemente para acaparar mi concha completita en su boca mientras me follaba con su lengua. Con sus manos me sostenía las piernas para que sigan bien abiertas y él poderse comer mi concha a gusto. Me hizo acabar como unas tres veces de tanta succión y lamidas.

De pronto se para y me levanta, yo sin fuerzas, casi delirando de la chupada que me había dado. Se acostó en el sofá e hizo que me siente en su cara, cuando estaba bajando me agarró de la cintura e hizo que me caiga en su cara, sentí que me folló su nariz su lengua todo. El chaval se incrustó mi concha en su cara y casi no podía respirar pero me la seguía chupando ardientemente. En ese éxtasis de chupada de vagina, de repente miro su polla y estaba ahí como un mástil, duro, grueso, enorme y con líquido preseminal saliendo de la punta, me agaché un poco para alcanzarla y chupársela también, pero me sujetaba tan fuerte de la cintura y con su cabeza en mi concha que no podía moverme.

Empecé casi a desmayar de tanta excitación y le dije que quería que me folle que ya no aguantaba más. Y ahí me levantó y se levantó, rojo y sin aire y su cara llena de mis fluidos y lamiéndose los labios me tiró boca arriba en la alfombra, me estaba acomodando cuando me abrió las piernas y se me tiró encima y con su mano agarrando su polla fue directamente y me la metió con todas sus fuerzas hasta adentro, sentí que estaba viendo estrellas, alucinando de sentir una polla tremendamente dura y gruesa entrando y saliendo de mi vagina, no me dió tiempo ni de respirar porque me la metía y la sacaba tan rápido y bruscamente que me volvía loca.

En un momento, se separó de mi cuerpo, levantándose levemente pero aún con su polla dentro de mí, se aseguró sus brazos en el piso y me dijo que abra bien las piernas, yo ya estaba entregada a que me haga lo que él quiera y abrí mis piernas todo lo que pude y ahí comenzó a clavarme su polla con toda la furia, era tan fuerte que sentía que hasta sus huevos entraban en mi vagina, me embistió brutalmente unas cuarenta veces hasta que en la última me clavó de tal forma que sentí que me había llegado su polla hasta la garganta. Y ahí fue que dio un grito de alivio y me llenó de su semen, era una laguna de semen caliente y cremoso la cual me dio una sensación de alivio en toda la zona, después de tanta embestida.

Cuando nos recuperamos, me limpió con papel todo el mar de semen que chorreaba por mis piernas, me cambió y me dijo que la próxima sería en una de las habitaciones del hotel, porque quería hacerme más cosas. Antes de salir de la sala, me dio vuelta me bajó un poco el pantalón y la braga y me lamió el culo por unos minutos y luego dándome una palmada me dijo “exquisito, este será el siguiente”.

Quedé alucinando con este joven caliente que me folló como ningún otro, y no me importa ser mayor que él, mientras él quiera follarme, mis piernas estarán siempre abiertas.

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