El regreso a casa fue más que motivador. No dejaba de pensar en mi jefa, la gerente de RH mandando fotos o quizá videos a quien sabe quién. Muy seguramente a su novio, no creo que una mujer así de hermosa y sexy estuviera sola. Por un momento los pensamientos intrusivos inundaron mi cabeza, sentí envidia de aquel que pudiera disfrutar de ese cuerpo, de esa sensualidad.
El ser mayor que ella por más de 10 años me bajaba la moral un poco, incluso la panza incipiente que yo tenía también me bajaba el ánimo. No tendría ninguna oportunidad de nada con ella. Seguro los jefes, o gente de su edad y con mejores expectativas tendrían mejores oportunidades que el guardia de la recepción de su trabajo.
Sin darme cuenta y perdido en mis cavilaciones llegue al paradero. La bajada repentina de toda la gente me hizo regresar a la realidad. Ni coche tenia, debería dejar mis sueños de cama con la gerente y dedicarme a trabajar, solo a trabajar.
Al siguiente día me levanté muy temprano, hice un poco de ejercicio en casa y me decidí a irme bien arreglado. Llevaba muy buen tiempo así que hasta me pude dormir en el camión. Llegué al corporativo, aún no había llegado nadie. Pasé al comedor, me hice un café y me fui a mi lugar. Prepare las bitácoras de registro, verifique que las cámaras funcionaran adecuadamente y me dispuse a disfrutar mi café mientras empezaba a llegar el personal.
A las 8.50 comenzó la pasarela. No me percaté el día anterior de que en la oficina trabajaban chicas muy bonitas, rondaban entre los 20 y 30 años. Unas llegaban como en traje sastre, otras en falda y saco, algunas como en mezclilla, pero con zapatillas, les daba un toque casual y atractivo.
A las 9.20 se abrió la puerta del elevador y apareció mi jefa. Zapatillas de tirantes hasta media pantorrilla, que dejaban ver unos pies perfectamente cuidados, las uñas bien pintadas y recortadas, un vestido blanco con estampado de flores azules, ligeramente corto. No era escotado del frente pero si de la espalda. El pelo lacio de nuevo, le colgaba un bolso pequeño del hombro. Al verme sonrió y saludo muy amable.
-Señor Hugo, que gusto verlo por aquí.
-Bu… buenos días licenciada. A mí me da mucho más gusto verla. (tartamudee un poco)
Me quedé pensando en lo que acaba de decir y me di cuenta de la cara que seguro tenia, todo estúpido. Traté de relajarme. Ella se acercó hasta el mostrador y me extendió la mano. Yo la tomé de inmediato y el simple rose de su piel hizo que mi miembro reaccionara como adolescente. Ella me dijo que me encargaba la entrada, me guiño un ojo y se fue a su oficina.
No sabía porque esta mujer me ponía tan nervioso. Yo ya soy un hombre maduro, ya he pasado por cosas así y nunca me había puesto nervioso, al menos no como me hacía sentir mi jefa. Me pensé avergonzado de mí mismo. Yo creo que ella se daba cuenta del efecto que tenía en mí y que, incluso, disfrutaba ponerme nervioso. Respiré hondo y decidí enfocarme al trabajo.
En el monitor tenía las cámaras visibles todo el tiempo pero mis ojos no perdían atención de la cámara que enfocaba a la oficina de la licenciada.
Como a las 10:30 de la mañana el movimiento de la oficina se alentaba por completo, ya no llegaron visitantes, la gente ya estaba en sus lugares y prácticamente solo había que calentar la silla hasta la hora de la comida y de ahí esperar la salida y listo. Obviamente yo no tenía nada de objeción en ello, al contrario. Tenía tiempo disponible para poder deleitar mi vista con mi jefa.
Acomodé el monitor de tal forma que nadie pudiera ver que estaba viendo y que no me fueran a descubrir. La vi hacer todo su ritual de la mañana. Dejaba su bolsa en el perchero, levantaba el monitor de su laptop, mientras se encendía revisaba sus dos celulares. Se quedaba más tiempo en el personal y el del trabajo solo lo usaba unos minutos. Después de eso, se quedaba concentrada en su computadora viendo expedientes, mandando correos, viendo su cel.
Cerca de las 12 del día la vi levantarse, pero por el largo rato que llevaba sentada y por lo corto de su vestido, al ponerse de pie, la tela se quedó arriba y en la pantalla pude ver casi hasta su pubis, ella no se percató, se estiró y al bajar los brazos sintió su falda arriba y la bajo con calma, “sabía” que nadie la observaba. Quedé impactado. Unos muslos firmes, torneados, completamente blancos y por lo que alcance a ver estoy seguro de que usa tangas. No había forma que esta mujer usara pantis o calzones de abuelita.
La vi salir de su oficina rumbo al baño y tardó en salir. Cuando por fin salió del sanitario venía algo chapeada y con un semblante muy relajado, me intrigó por qué salió así del baño.
Regresó a su oficina, levantó el teléfono y sonó el de recepción, me estaba llamando a mí. Contesté y me dijo que no olvidara irme a comer. Solo contesté que no se preocupara.
Llegó la hora de comida, todos salieron. Yo me levanté, fui al baño y al pasar por su oficina le dije “provecho” y me fui hacia la salida. Obviamente no me fui, me quedé en mi lugar, saqué mi libro y me quedé observándola.
Después de unos minutos se puso a ver su teléfono y nuevamente empezó a tomarse fotos pero lo que más me sorprendió fue que se reclinó en su silla, abrió las piernas discretamente y se tomó una foto de manera furtiva. Por instinto lleve mi mano a mi verga y el apreté imaginando que era su mano. No podía dejar de ver esas piernas divinas e imaginar para quien sería esa foto. Mi pene estaba durísimo, sentía que iba a explotar empecé a frotarlo sobre el pantalón mientras la observaba. En seguida ella se levantó y cargó unas carpetas, Salió de su oficina y se dirigió a la entrada. Nuevamente se sorprendió de verme y solo dijo con voz algo nerviosa:
-¿Ay don Hugo, otra vez no se fua a comer? Voy a pensar que se queda a espiarme he. – enseguida sonrió y me dijo que le ayudara a llevar las carpetas a su auto.
Yo no supe que decir, solo sonreí muy nervioso y le dije:
-No licenciada, para nada, por favor no piense mal, es que no tengo hambre, almorcé tarde y prefiero quedarme a leer o escribir. Pero todo bien, me preocupa que usted no coma.
Me puse de pie y me acerqué para ayudarle con las carpetas pero por el nerviosismo había olvidado que traía el miembro bastante duro, la erección era más que visible. Pude notar que ella volteo y me vio el bulto, de inmediato se giró hacia el elevador y presionó el botón de sótano 1. Yo solo cargue las carpetas a la altura de la cintura para que no se notara tanto. Moria de la pena.
Entramos al elevador y ella estaba como si nada, sonreía algo picara. Yo solo sonreí. el elevador era algo lento. Tan luego se cerraron las puertas, ella pregunto:
-¿Y es casado señor Hugo?
-Si licenciada, felizmente casado ya desde hace10 años. – aproveche ese momento para salir de dudas y le pregunte – Y usted? ¿Tiene novio o esposo?
-No, ni novio ni esposo. Ya tuve malas experiencias y prefiero solo tener amigos. Pero lo malo es que los de mi edad son como superficiales o muy inmaduros. Mis amigos son algo mas maduros. – en ese momento fijo la vista en mis ojos y nos quedamos unos segundos mirándonos. Solo atine a decir:
-Eso suena mas que excelente licenciada, entonces quizá con el tiempo podamos llegar a ser amigos.
En ese momento llegamos a sótano 1. Salimos de elevador y la acompañé a su coche. Abrió la cajuela, metimos las carpetas y me dijo que regresaría por la tarde. Me apresuré a abrirle la puerta, como todo un caballero que soy, para que se subiera a su auto. Ella entró al auto de manera muy casual, se sentó, metió una pierna y después la otra. Cabe hacer mención que, aunque traté de ser muy discreto, no pude evitar bajar la vista y enfocarla entre sus piernas. La licenciada miraba hacia adentro del coche pero me regalo una imagen que no podía olvidar. Una tanga blanca, muy diminuta, apenas le tapa el área de la vulva. Se veía que tenia labios grandes y completamente depilada. Lo supe porque no se percibía nada alrededor de su tanga.
Retrocedí unos pasos y trate de taparme el miembro tomando ambas manos por el frente, ella volteo, sonrió y encendió el coche. La vi salir del estacionamiento. Ahí mismo busque el sanitario que estaba en el sótano. Entré, me metí y cerré la puerta. No pude aguantar más, saqué mi verga y me empecé a masturbar pensando en mi jefa. Aun tenía el olor de su perfume en la mano. No dejaba de olerlo mientras que, con la otra mano me frote el miembro hasta hacerme explotar, un chorro blanco salió disparado. Limpie lo mejor posible, me acomode y Sali rumbo a mi lugar.
Durante la hora de comida no dejaba de pensar en lo que había visto y en el cómo me estaba obsesionando con esta mujer. Nuca me había pasado algo así y menos en esta etapa de mi vida. No sé si la licenciada era algo descuidada o lo hizo con toda la intención en abrir las piernas para subir a su coche.
Trate de relajarme. Me enfoqué a revisar que todo estuviera en orden, bitácoras al día, reportes, todo.
Todo el personal empezó a regresar de comer y me distraje viendo algunos traseros de las compañeras que, muy amables pasaban y saludaban.
En promedio de las 5 de la tarde me llamo la jefa:
-Señor Hugo, buenas tardes, perdón que lo moleste pero necesito pedirle un gran favor.
-Hola licenciada. Con toda confianza, lo que necesite, a la orden.
-Muchas gracias. Que amable. Mire, necesito que vaya a mi oficina y entre a mi lap, hay un archivo que está en el escritorio y necesito que me lo envíe. Olvidé imprimirlo y lo requiero. Es un acuse de recibo.
-Claro que sí Licenciada sin problema, ¿tiene contraseña su máquina?
-Si, es 2666.
-Ok. ¿Cómo se lo mando?
-Lo manda a mi watts, está mi sesión abierta. El contacto dice “yo trabajo”
-Enseguida se lo mando.
-Muchas gracias señor Hugo. Nos vemos en la tarde. ¿Cree que me podría esperar? Espero llegar poco antes de las 6.
-Sin problema Licenciada a la hora que llegue, yo aquí la espero.
Me fui a su oficina, entre, cerré la puerta, me senté frente a su máquina e ingrese la clave para acceder.
Cuando la pantalla se desbloqueó quede boquiabierto. Mi pulso se aceleró de manera involuntaria. Estaba abierto su watts, tal y como ella dijo, pero estaba en un chat para un hombre y estaba la foto que se había tomado antes de la comida. Se veían sus piernas abiertas y su tanga al fondo de esa toma perfecta. Me quedé congelado por unos segundos, me quedé pensando mil cosas, quería reenviármela, tomarle una foto, pero no quería hacer nada que pusiera en riesgo mi trabajo así que me fui al chat de “yo trabajo” y le adjunte el archivo del escritorio que decía “acuse” y escribí: “Ya quedó Licenciada se lo dejo todo como estaba”.
Cerré la tapa de la compu y me fui a mi lugar. Estaba completamente ansioso. De verdad era la primera vez en casi 50 años que conocía la ansiedad. Los minutos pasaban y las personas poco a poco se empezaron a retirar de la oficina.
Dieron las 18:45 y se abrió el elevador. La licenciada Georgina salió y se veía tan radiante a pesar de la hora. Me sonrió.
-Señor Hugo, pensé que ya se había ido. Le agradezco mucho el haberme esperado, es que no suelo irme tarde pero hoy si se me acumuló el trabajo.
-No se preocupe Licenciada lo que usted necesite, con toda confianza.
-¿De verdad todo lo que necesite? – dijo en tono coqueto.
-Lo que sea necesario, yo soy materia dispuesta. – respondí en aras de hacerle ver que de verdad era materia dispuesta. Ella solo tenía que pedir y yo obedecería.
-¿Y su esposa no se enoja de que llegue tarde a casa?
-No, sabe que el trabajo es así.
-Vale muy bien. Si me espera un rato, no me tardo. Para dejare cerrada la oficina. ¿sabe si ya fueron todos?
-Si, ya salieron. Solo quedamos nosotros.
Sonrió de nuevo, se dio la vuelta y se fue a su oficina. Me senté en mi lugar y la seguí por las cámaras hasta que estuvo dentro de la oficina. Yo estaba más que encantado. Era feliz solo viéndola, contemplando lo deliciosa que se veía, lo perfecta que aparecía en todo momento. La vi sentarse y recargarse en su silla, cerro los ojos un poco y después abrió su compu.
Cuando vio que estaba su foto en la pantalla, en el chat que había dejado abierto, volteo de inmediato hacia las cámaras. Se quedó mirándola unos segundos y después se llevó ambas manos a la cara, como señal de estar muy apenada. Yo no podía dejar de mirarla.
Levanto el teléfono y estaba por marcar, pero se quedó pensando y colgó de nuevo. La vi chatear un poco en su celular y de repente se reclinó de nuevo en su silla, casi estaba recostada y pude ver que se llevó ambas manos a los costados de la cadera, como si se estuviera acomodando algo debajo de su vestido, lo fue bajando hasta que cerca de sus rodillas apareció su tanga. Yo estaba congelado frente al monitor, se estaba quitando la tanga de manera discreta, sin importarle nada.
Vi que con una mano la fue deslizando por sus pantorrillas hasta llegar al tobillo izquierdo, levanto su pie y se atoro un poco con el tacón de su zapatilla, pero con un pequeño jalón logró liberarla. La tomó entre ambas manos y de manera muy discreta la dejó entre su bote de basura la pata de su escritorio. Escondida de manera discreta pero que cualquiera que entrara a hacer limpieza en la oficina la podría encontrar muy fácilmente.
Yo tenía las manos muy frías, temblaba de manera casi imperceptible. Nunca me había pasado nada por igual. El ver a una mujer tan hermosa, tan perfecta comportarse como una caliente, poder verla tan sexosa y erótica al mismo tiempo me hizo quedar petrificado. Me pareció ver que en un segundo ella volteo a la cámara y esbozo una pequeña sonrisa.
Se puso de pie, tomo su bolsa y salió de su oficina. Lo más rápido que pude cambie de pantalla y simule estar recogiendo mis cosas.
Cuando ella llego al mostrador me dijo con un tono de pena y suplica al mismo tiempo (o al menos yo así lo interprete)
-Señor Hugo, de verdad no quiero que piense que soy una abusiva, en serio que me ha apoyado mucho en tan poco tiempo que lleva aquí y me da mucha pena pedirle un gran favor.
-Para nada Licenciada para mi es un gusto poder servirle. ¿Cómo puedo ayudarla?
-Es que en serio me da mucha pena.
-Nada de pena, además usted dijo que sus amigos ya son hombres mayores ¿verdad? Pues podemos ser amigos y los amigos hacen lo que sea por los amigos.
-Vale, está bien. Se lo voy a decir, pero si no quiere o no puede, yo lo entendería y no pasa nada, de verdad. Lo que pasa es que mañana no viene la señora de limpieza y mi oficina está un poco desordenada, quizá tenga unas entrevistas temprano. ¿me podría ayudar a hacerle una limpieza general de rápido? Nada extraordinario, solo que se vea presentable para mañana, pero la cosa es que yo ya me tengo que ir. ¿se lo podría encargar por favor?
Los ojos me brillaron, el corazón latió con fuerza y galopante. Estaba más que ansioso y emocionado. Ni siquiera la deje terminar, de inmediato respondí.
-Sin ningún problema Licenciada, usted vaya con calma a casa y yo me quedó a dejarle su oficina más que presentable para mañana. No me tardare mucho.
-¿de verdad don Hugo? Es un amor de verdad, sé que no está en sus funciones, pero créame que sabre compensarlo. Muchas gracias.
Me estiró la mano de nuevo y cuando la toqué pude sentir que la presiono un poco mas fuerte de lo normal, estaban cálidas y suaves, contrastaban con lo frías y sudorosas que yo las tenía por la emoción y los nervios.
Apretó el botón del elevador, se abrieron las puertas y antes de que se cerraran se despidió con una gran sonrisa y un guiño de ojo.
Dejé pasar unos segundos para estar seguro de que el elevador ya había emprendido su camino hacia el sótano 1 y en seguida me fui a la oficina de mi jefa. Al entrar pude ver que no estaba desordenada. Solo había que arreglar el escritorio, acomodar los papeles del escritorio y “sacar la basura”.
Deje lo de la basura para el final. Acomodé todo para que se viera totalmente presentable y cuando ya había acabado, me puse de espaldas a la cámara, puse una rodilla en el suelo y moví el bote de la basura.
Me quedé contemplando unos momentos, solo viendo aquel regalo tan preciado. Estaba su tanga en el piso hecha bolita, lleve mi mano a ella y mi miembro se llenó de inmediato de sangre poniéndose totalmente firme cuando la palma de mi mano pudo sentir la humedad que tenía esa prensa tan diminuta. La llevé a mi bolsa del saco, tome la bolsa de basura y la saque hacia el baño.
La tire en el contenedor y justo ahí, a un costado del comedor metí la mano a la bolsa del saco, aprete la tanga y la lleve directa a mi nariz e inhalé lo más profundo que pude dejando que mis pulmones se llenaran de esa fragancia. Quedé extasiado, esa prenda olía a perfume pero también despedía un olor profundo y penetrante a mujer, a hembra en celo.
Continuará.
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Muy cachondo! Suerte con ella y las fantasías.