Las vacaciones de Iris

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T. Lectura: 4 min.

Hola soy Iris, casada con dos hijos ya adolescentes, mi esposo es un exitoso empresario de la construcción, así que tenemos más que suficientes medios para viajar bastante. Antes lo hacíamos con nuestros hijos, pero ahora ellos están grandes y tienen su vida.

Mi marido tiene sus aventuras, ahora en el último tiempo con una nueva secretaria de su empresa. Me da lo mismo, nunca he sido celosa y además soy dueña del 60% de su empresa. Sé muy bien que las mujeres lo buscan solo por su dinero y no porque sea bueno en la cama.

Nuestro último viaje fue a Jamaica, ya habíamos estado ahí antes, Montego Bay y Kingston, así que ahora fuimos al norte de la isla, buscando un lugar más lejos de los turistas.

El hotel en que alojamos estaba junto a una playa larga de arena blanca, toda el área llena de palmeras y arboles tropicales. Mi marido, como siempre, no se despegaba del computador y de sus reuniones de ejecutivos, así que decidí salir a trotar, por lo demás, en mi ausencia le daría la libertad de hablar con su “reciente adquisición”.

Baje a la recepción y fui a la piscina, había unas parejas muy efusivas, algunas teniendo sexo, me retire de ahí, no era mi onda. Había salido con shorts, el sostén de un bikini y por supuesto mis zapatillas de trotar. Soy buena deportista, salgo a correr casi todos los días al menos unos 5 kilómetros, y la playa se abría como una inmensa oportunidad con un día soleado no muy caluroso.

No tengo el cuerpo de una joven, pero el trotar me mantiene en forma, soy castaña clara de pelo largo, piernas gruesas, caderas anchas y dos tetas grandes.

Ya llevaba como dos kilómetros lejos del hotel y solo había arena y palmeras, el mar tranquilo y de color turquesa, me detuve a descansar bajo la sombra de una palmera y de repente veo que se iba acercando un bote de pesca a la playa, del bote bajó un negro joven, alto y musculoso, tal vez de unos veintitrés años o un poco más , comenzó a hablarme pero no entendía su idioma, tal vez un inglés muy mal pronunciado u otro idioma, me invitaba con su mano que lo siguiera, le hice caso y lo seguí.

Caminamos unos cuantos metros internándonos en un bosque de palmeras, al poco de caminar apareció un claro donde había una choza grande muy espaciosa, ahí había tres hombres negros más, todos jóvenes y atléticos, ellos se empezaron a acercar. Yo pude arrancar y creo que no me hubieran alcanzado, pero algo me hizo quedar inmóvil, no sé qué era, pero fue algo como instintivo que me decía que me quedara.

Los hombres me rodearon y empezaron a acariciar mi cuerpo, ahí sentí como un golpe de calor en mis pechos y mi bajo vientre que se fue depositando entre mis piernas, mi respiración se volvió rápida, ya no pensaba ni en correr o gritar. Uno de ellos soltó mi sostén y este cayo dejando mis tetas al aire junto con mis pezones duros. Mi excitación comenzaba a aumentar y mi respiración se aceleraba, dos de los hombres besaba mis tetas y mis pezones, los otros dos deslizaron mi short. Y acariciaban y besaban mi vulva con su clítoris duro.

Sentía que mi vagina se disponía a lo que venía, humedeciéndose tanto que sentía sus líquidos corriendo por entre mis piernas, llegando más debajo de mis rodillas, la excitación era alta, mi respiración se volvía jadeante, el placer de estar rodeada de sus negros cuerpos y ser acariciada por tantas manos me excitaba más aún.

Mis piernas temblaban y me arrodillé, ahí me di cuenta de que ya estaban desnudos y con sus penes erectos, estos eran inmensos, largos, negros y gruesos. No tenía miedo, la excitación era tal que perdí cualquier mínimo de pudor o miedo. Ansiosa empecé a tratar de chupar esas vergas, pero sus cabezas no cabían en mi boca, solo los hacia gozar con mi lengua y mis manos, uno a uno fueron poniéndose más y más duros.

Me recosté, abriendo mis piernas lo más que podía, ya sabía qué tipo de embestida venia, ellos vieron mi vagina mojada al máximo con su gran mata de pelo, en sus ojos vi su excitación animal, y de sus vergas enormes salían pequeñas gotas de líquido.

Uno rápidamente se puso sobre mí y yo con mis manos trate de frenar su ímpetu, puso su cosa enorme en la entrada de mi vulva y suavemente empezó a ponerlo y sacarlo hasta que mi vagina alcanzo a expandirse para recibir su tremenda verga, cuando entro grite de placer y dolor, pero al cabo de unos minutos ya estaba entrando en su totalidad dentro de mí, la excitación iba al máximo, yo gritaba y jadeaba de placer como vuelta loca, esto lo hizo terminar eyaculando en mi interior mucho semen, sentía que mi vagina y útero se expandían por tanto liquido adentro, se salió y de inmediato tomo su lugar otro, este lo tenía más grande aun, creo que como más de treinta centímetros y más gruesa.

Mi vagina ya estaba más que expandida así que entro sin mucha dificultad, lo movía delicioso entrando y saliendo rápido, llamé a los otros que esperaban ansiosos sus turnos y les pedí con señas que me acariciaran y acercaran sus vergas a mi boca, así los mantenía excitados, el que estaba encima mío termino rápido, su chorro dentro de mí también me lleno completa y a casi me hizo terminar.

Yo ya estaba como loca gozando de sus negros cuerpos, agarre a uno y lo tiré acostado en la arena y me subí rápidamente sobre él, su verga entraba completa dentro de mí y yo controlaba el largo que entraba, empecé casi a aullar de placer y terminamos los dos en un fabuloso orgasmo, como nunca había tenido en mi vida.

Los estertores de mi cuerpo no terminaban aun cuando agarre a otro y me subí sobre él, galopando como loca y gritando mi lujuria, otro se acercó por detrás y empezó a acariciarme la vulva, buscando el líquido denso que salía de mi vagina y lo puso en mi ano, metiendo primero un dedo y luego dos, al comienzo fue doloroso, pero la idea que me penetrarán los dos al mismo tiempo fue alucinante, el empezó de a poco la penetración y al cabo de unos minutos sentí que mi ano se expandía más y más, dolía pero la excitación era más, hasta que de repente su bestia gruesa entro en mí, gemía y gritaba de placer con un negro arriba y el otro abajo penetrándome ambos orificios. volviendo a terminar con gritos otro orgasmo.

Me tiré a descansar un rato y otro me puso en cuatro y empezó a penetrarme alternando vagina y ano, empecé a sentirlo más y más duro hasta que termino dentro de mí.

A esa altura yo estaba más que agotada, había gozado lo que nunca en mi vida, me despedí de mis amigos, y fui a nadar un poco en la playa para limpiarme, sacándome el semen de mi piel y de mi interior, el trayecto de regreso al hotel se me hizo eterno ya que me dolía todo, pero regresé feliz y satisfecha.

En el cuarto mi esposo seguía con su trabajo en el computador. Esa noche me acosté temprano y le dije que estaba cansada de tanto correr. Dos días después regrese a ver a mis amigos y lo disfrute mucho más. El ultimo día fui a verlos de nuevo, y al parecer se había corrido la voz, ya no eran cuatro sino siete los negritos, imaginen como la goce.

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