Los juguetes de mamá y papá

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T. Lectura: 10 min.

Como buenos mellizos durante la niñez y la adolescencia nos peleamos muchísimo. Pero ahora ya más grandes no nos pasa… más bien es al revés nos asociamos en todo. Casi no tenemos secretos entre nosotros, casi.

Nuestra casa es muy grande, algunos arquitectos dirían que está desordenada o mal armada pero para nosotros es genial. Mis padres tienen un cuarto gigante con dos vestidores uno para cada uno con placares en las paredes y obviamente un baño en el que mi madre pidió que instalaran una ducha con dos salidas de agua. Se parece a un living en el tamaño, entran 4 o 5 personas cómodas.

Nuestros cuartos individuales son más pequeños y no tienen baños individuales, compartimos uno entre los dos. La entrada de mi hermana y la mía están enfrentadas y a la izquierda entrando de mi puerta está la ducha con mampara fija de vidrio y el lavamanos, y a la derecha el inodoro, si entras por la puerta de mi hermana al revés. En resumen sentado en “el trono” podes ver perfectamente lo que pasa en la ducha, a veces se empaña un poco.

Pero lo mejor es que tenemos el cuarto que compartíamos de chicos, con las dos camas una enfrentada a la otra con la mesa de luz y los viejos posters pegados en la pared.

Lunes.

La noche anterior nuestros padre se habían ido al viaje de 20 años de casados, una semana en un all inclusive del Caribe.

Voy a obviar las mil y un charlas, sermones y recomendaciones que nos hicieron por quedarnos solos en la casa.

Los dos estábamos de receso en la facultad pero yo tenía exámenes por rendir, como generalmente me pasaba.

Cerca de las ocho de la mañana sentí a mi hermana en el baño que compartimos, señal que comenzaba el día.

-¡Tania! ¿Demoras mucho?

Por respuesta obtuve el ruido del agua de la ducha. Con la certeza que eso podría demorar por lo menos 40 minutos más, me levanté. Tenía una erección considerable producto de las tremendas ganas de hacer pichi. Acostumbraba dormir en boxer de esos sueltos en los que cuando vas con el pene erecto, simplemente sale por su división al frente.

-¡permiso! Voy al baño, no aguanto.

-¡Tadeo!, ¿siempre que me estoy bañando tenés que entrar?

Hice caso omiso del comentario como todas las mañanas y fui directo al inodoro. Me costó poder evacuar por la dureza que traía mi miembro.

-sacudila bien y si alguna gota cayó afuera por favor límpiala

Ni la mire y menos le contesté. En la mañana no estoy para conversar y mucho menos para reclamos. Por decoro y gentileza no la miraba en la ducha, nunca. Pero algo llamó mi atención, había una bombacha en el piso que en la entrepierna estaba toda brillosa. Siempre conviví con bombachas, tangas y culotes de mi hermana, la mayoría tirados en el baño. Incluso algunas tangas estaban bastante manchadas pero esta en realidad estaba mojada de excitación. Me volvió a shockear como cuando adolescente.

¿Qué habría motivado a mi hermana a dejar la bombacha así? Era una tipo vedetina, de algodón, la que usa todos los días. La noche anterior después de volver del aeropuerto de dejar a nuestros padres, cenamos conversamos y nos fuimos a dormir. Pensando en todo eso me vestí, bajé y preparé el desayuno para los dos.

Café, tostadas y jugo de naranja. En la mesada alta de banquetas, me senté a esperarla. Cuando llegó mi hermana quedé sorprendido, se había vestido a la mañana pero con ropa para ir a dormir.

La miré y reconocí que era una mujer linda. Su figura no destacaba por un atributo en particular. Tenía sus curvas y su metro con 75 centímetros la ayudaban a lucir esbelta, tenía pechos más bien medianos que caían un poco separados. Su cola no llamaba la atención porque generalmente no usaba ropa apretada o corta, pero tenía un muy buen culo. Llevaba puesto una musculosa con dibujos animados y un short. Bajo la musculosa se podía adivinar que no llevaba corpiño porque sus tetas, cual peras se movían con libertad. Los breteles eran largos así que cuando se agachó un poco para correr la banqueta le pude ver toda la teta y parte de esa areola rozada que la coronaba.

-¿qué hiciste para desayunar?

-Lo mismo de siempre, ¿por qué cambiaría?

-¡Bro! Es una semana especial no están papá y mamá, estamos de vacaciones, y tenemos toda la casa para nosotros. ¿Ya pensaste lo que podemos hacer y los secretos que podemos encontrar?

No reconocía a mi hermana, ¿por qué estaba tan entusiasmada con quedarse en casa y con buscar “secretos”?

-Yo todavía tengo que estudiar para los dos exámenes y no sé qué “secretos” querés encontrar acá…

-Hagamos un trato: yo te ayudo a estudiar y vos me seguís en la búsqueda de tesoros desconocidos dentro de la casa.

Dijo esto extendiendo su dedo meñique hacia mí, buscando cerrar el trato como si fuera una promesa entre hermanos. Accedí sobre todo porque por las mañanas no tengo ganas de hablar y mucho menos discutir. Cerré mi meñique con el de ella, demostrando que la conversación se había terminado.

-¿pensás salir? Porque yo decidí ayer de noche que no voy a cruzar la puerta de esta casa hacia afuera. Voy a pasar toda la semana acá y no voy a usar mi celular más que una hora por día o lo mínimo que pueda. Así que me vas a ver de pijama siempre.

-alguien tendrá que hacer mandados y traer comida.

-Tenemos de todo. El freezer está lleno.

Diciendo eso agarró una libreta que tenemos en la cocina para anotar las compras y empezó una lista, con el título “una semana solos en casa”. Los primeros tres ítems los escribió ella eran: disfrutar, descansar y dormir como cuando éramos chicos. Se tomó un tiempo para pensar mientras giraba la taza de café. Después agregó: buscar tesoros escondidos, jugar a papá y mamá. La lista estaba en el medio de los dos con claro objetivo de que yo la pudiera leer.

-Bueno para empezar está bien así ¿no?

-¿Estudiar?

-Bueno está bien.

Lo agregó mucho más abajo del orden que venía llevando.

Subí a mi habitación después de desayunar, entré al baño a buscar esa bombacha que había visto al comienzo del día. No estaba tirada en el piso. Así que la busqué en el canasto de ropa sucia que tenemos en común. Me encontré excitado como hace años no me pasaba con la ropa interior de mi hermana.

La encontré al fin, una bombacha negra de algodón, ancha y todavía estaba arrollada en los costados producto de haberla bajado con las dos manos tomándola desde las caderas. En el centro estaba esa mancha brillante y me la llevé a la nariz, inspiré profundamente. Que excitante es ese aroma, no existe otro olor tan afrodisíaco como ese. Me vi tentado en pasarle la lengua para sentir plenamente el sabor de mi hermana. El morbo me volvía loco, me excitaba mucho. ¿Se habrá masturbado con la bombacha puesta por eso está tan mojada? Sabía que ella lo hacía, pero siempre, los dos habíamos cuidado las formas y sobre todo no dejábamos rastros del hecho.

No estaba bien lo que hacía, era mi hermana, compartíamos todo y sobre todo nos amábamos incondicionalmente. No podía traicionarla así, con algo que estaba mal. No hay dos opciones: estaba mal.

Me bajé el short y el calzoncillo y mi verga saltó cual rama tiesa de árbol. Que excitación tenía. Me iba a masturbar rápido, seguro acababa de forma fulminante con pocas caricias.

No está bien lo que estoy haciendo pensé, pero la imaginé a ella tocándose por encima de la ropa interior, frotándose con fervor su clítoris. Voy a dejar de pensar en ella de esta manera, pero mi mano empezó un sube y baja por mi pene, dejando al descubierto todo mi glande que estaba hinchado. Es mi hermana y está prohibido por todas las reglas de la moral que conocía, pero saqué mi lengua y la pasé por todo lo ancho de esa mancha.

Saboreando todo y sobre todo imaginándome que le comía toda la concha empapada a mi hermana. Los primeros saltos de leche de mi verga dieron contra el vidrio de la mampara de la ducha bastante altos, por encima de la altura de mi cintura. Luego el orgasmo creció rápidamente y me recorrió una ola de placer por todo el cuerpo. A continuación, por lo menos eyaculé tres veces más, toda la leche quedó en el vidrio. Un montón de leche corría abajo pero otra más espesa quedó adherida al vidrio.

Rápidamente dejé la ropa interior donde estaba me acerqué al lava manos, puse mi pene ya más flácido dentro de la pileta y lavé bien el glande.

El tiempo justo para subirme la ropa de los tobillos, cuando mi hermana desde su puerta golpeó y entró al baño.

-Bro, te recomiendo que salgas porque esto se va a poner feo.

Y bajando la tapa del inodoro, le dio la espalda y tomó los costados del short de su pijama. Quedó congelada en el momento antes de agacharse y bajarse la ropa, mirándome me dijo:

-¿pensás quedarte?

Me fui, cerré mi puerta del baño y me fui. Derecho para el living acomodé mi computadora y algún libro para estudiar, cuando recordé que había dejado toda mi leche en el vidrio de la mampara sin limpiar. Maldije para mis adentros y pensé es la última vez que hago algo así.

Tania llegó y se sentó a mi lado. Nos miramos un segundo a los ojos, supe que ella había visto la leche. Ella también sabía que ma había masturbado con su ropa interior.

-¿vamos a hablar?

-De qué querés hablar Tadeo

-De lo que pasó esta mañana.

-Yo sé hace mucho que te pajeas en el baño Tadeo, y vos sabes que yo me masturbo en mi cuarto. Que más tenemos que hablar?

-Perdón no quería que te encontraras con todo… sucio

-Yo tampoco pretendía que te encontraras con mi bombacha toda… mojada. Perdón

Una sonrisa se fue dibujando en su cara y yo no pude contener la risa. Las conversaciones con ella siempre eran así de fáciles, sin vueltas, sin mentiras ni problemas y siempre empezaban con disculpas. Capaz por eso nos llevábamos tan bien.

En ese momento ella empezó una conversación que cambiaría nuestra semana solos.

-¿Será que tenemos que poner nuevas reglas por esta semana?

-¿Qué pretendes Tania?

-Empecemos por la lista, disfrutar es el primer ítem y me encantaría que lo hiciéramos sin tapujos y sin tener que andar cubriendo todo, es muy aburrido tener que dejar todo como estaba después de… disfrutar.

-Bueno yo no me pajeo mucho así que me parece bien por ese lado

Me miró con cara de “te conozco” y sos tremendo pajero.

-si vos decís…

Los dos nos reímos a carcajadas. No se le puede mentir a tu melliza que compartís baño y básicamente… todo. Entonces empecé a intentar definir criterios y le pregunté:

-Está bien, vale cualquier lugar de la casa y en cualquier momento?

-Si

Su respuesta corta y tajante me sorprendió, ¿ya lo tendría meditado y decidido?

-Vale utilizar “cosas”

-¿Cómo?

-Internet por ejemplo

-Ahhh pensé que ibas a decir ropa interior de tu hermana

Me puse todo colorado, ella bromeaba como si fuera natural y yo no podía dejar de pensar que estaba mal lo que había hecho. Remató su comentario con:

-No me parece mal que uses cualquier “cosa” que ayude a cumplir con lo primero de la lista: disfrutar.

Nos miramos a los ojos una vez más, los dos sabíamos que estábamos definiendo una paz armada. Y cada definición se iba a respetar pero tenía que estar todo claro. Lo que no se prohibiera explícitamente estaba permitido. Así que busqué darle la posibilidad de agregar algo más:

-¿alguna otra regla o norma?

-No por ahora, cualquier cosa te aviso. Ahora me voy a nuestro cuarto viejo.

Estudié toda la mañana y luego fui a buscar a Tania. Nuestro cuarto de niños tenía dos camas cada una pegada a las paredes laterales del ambiente. De frente a la puerta de entrada había una ventana en la que debajo había una mesada larga que servía de mesita de luz para ambos, ya que las cabeceras de las camas estaban bajo la ventana. Sobre la pared de cada cama habían distintos póster de nuestra niñez, en la mía jugadores de fútbol y en la de ella bandas musicales.

Al llegar la encontré dormida en posición fetal y una de sus tetas estaba totalmente fuera de su musculosa. Que linda era con su pezon rosa. Le corrí un poco en short hacia arriba para dejar a la vista su nalga, con cuidado para no despertarla. Era hermosa la curva que tiene su nalga, traía una tanga muy pequeña de color piel, un poco vieja y estirada.

Di un paso atrás para mirarla y disfrutar lo que veía, me fui excitando de a poco rememorando el olor de la mañana. Mi pene se fue despertando de a poco.

Me senté en mi vieja cama apoyando la espalda en la pared. Me bajé la bermuda y el boxer dejándolos caer en el piso entre las camas. Empecé a tocarme despacio, bajando la piel de mi pene hasta dejar todo el glande al descubierto y volver a esconderlo muy lentamente. Un sube y baja lento y apretándolo mucho.

Tania se despertó, imagino que sintió mi presencia y que la estaba mirando.

-¿Hace cuanto estás ahí… mirándome?

-Recién llegué

-Veo que ya estás poniendo en uso las nuevas reglas

Esto lo dijo sonriendo y se incorporó. Se sentó igual que yo de frente a mí, no se acomodó la musculosa del pijama.

-Hace muchos años, me acuerdo que en esta mismas camas nos mostramos nuestras partes íntimas, para después alardear con nuestros amigos que ambos habíamos visto a una persona desnuda por completo. ¿Es momento de repetirlo pero para poder decir yo vi a una persona masturbarse, hasta acabar?

-No veo porque no.

Ella se sacó el short y se dejó la tanga vieja. Empezó a pasarse dos dedos por encima de la tela bien a la altura del clítoris. Se mordió el labio de abajo y entrecerró los ojos. Yo tuve que dejar de tocarme porque iba a acabar pronto si seguía así. Ella se tomó una teta la levantó a su boca y dejó caer un hilo de baba sobre su pezón.

-ahhh (deje salir un suspiro)

Ella con toda la palma de su mano hacia abajo se agarró por encima de la tanga toda su conchita. Apretaba fuerte y levantó su cola para adelantarla un poco más, ya sus piernas estaban bien abiertas.

Me apreté bien el tronco de mi verga durísima y caliente, cubrí todo el glande con la piel. Con la otra mano saqué baba de mi boca, retiré toda la piel que cubría la cabeza de mi pija dejando el glande todo morado a la vista y le dejé caer la baba arriba. Toda mi verga quedó mojada y brillosa, además era más fácil de pajearse cuando estaba así.

Se corrió la tanga y pude verle toda su conchita rosada, ahora más intensa por la excitación, sus labios pequeños no podían contener el botón que había dejado a la vista todo brilloso. Acomodo de nuevo su tanga ahora toda por afuera de una de sus nalgas y se colocó de forma tal que yo pudiera verla toda. Empezó a frotarse con mayor fuerza y pude ver como corrían gotas de flujo desde su concha hacia afuera.

-ahhh ¡si! (Dijo Tania como un suspiro)

Intensificó sus caricias, aumentó no solo el ritmo sino también la presión que hacía sobre su clítoris.

Miraba como yo me pajeaba y yo la miraba a ella

Hasta que vi como le cambió la cara, había alcanzado el orgasmo y tuvo que cerrar un poco las rodillas y juntar sus piernas que temblaban apenas. Se dejó caer a un costado con los ojos cerrados

Por mi parte verla gozar, me enloqueció, que placer verla disfrutar. Empecé a aumentar la velocidad de mi masturbación y estaba a punto de eyacular y bañar toda el piso de leche. Cuando ella dos segundos después de dejarse caer se levantó como un rayo de la cama y se fue corriendo dejando únicamente el short tirado a los pies de su vieja cama.

Quedé en shock y me levanté atrás de ella con la pija durísima todavía. Cuando llegué a su cuarto la puerta estaba cerrada.

-¿Tania estás bien? ¡Perdón! ¿Estás bien?

-No…

La voz del otro lado era muy frágil.

-No quiero hablar ahora, perdóname vos.

-Tania si me dejas entrar hablamos como siempre y solucionamos los problemas.

-No, no entres.

Me fui a mi cuarto y la dejé sola un tiempo. Yo también tenía que pensar. No estaba bien lo que estábamos haciendo. Ademas todo había pasado muy rápido.

No podía quedarme ahí en mi cuarto, entonces bajé a cocinar.

Al cabo de un rato le aviso que la comida está pronta. Había hecho una ensalada de verdes con media pizza congelada. Una de las comidas preferidas de ella.

Apareció en la cocina igual de como se había ido en tanga y musculosa. Eso me desconcertó, pensé que se hubiera vestido y cambiado la actitud, pero aparentemente seguía igual que antes.

Sin querer llamar la atención y buscando ser lo más normal, llevé a la mesa la ensalada y la pizza.

-Tadeo, para un poco. Hablemos de lo que pasó.

-¿Qué querés hablar? Está mal eso que hicimos, te pedí perdón. Listo

-Disfruté mucho yo.

Ese comentario me dejó sin palabras.

-Hace pila que no gozaba tan intensamente con una paja y eso te lo debo a vos y él. (Señalando mi entrepierna)

-Me gustaría poder decir lo mismo.

-Desde ayer estaba pensando en esto que pasó. El morbo me pone como loca y me excita mucho. Está mal pero mi entrepierna empieza a mojarse nomas pensarlo. Lo justo es justo así que antes de almorzar te debo algo.

Se bajó la tanga y me la entregó, de un salto se subió a la mesada de la cocina, apoyó los talones en el borde y abrió sus piernas.

Ahí delante de mí veía toda su concha abriéndose como una flor para mi. Rosadita con sus pequeños labios, todavía un poco brillosos por sus propios fluidos y se podía ver como se abría un hueco debajo del clítoris que apenas asomaba entre sus pliegues. Tenía la concha abierta, pronta para recibir todo. Ella se acarició un poco, la abrió más y separó sus labios.

-¿Querés que me pajee acá en la cocina y contigo así?

-Ya lo acordamos en cualquier lugar y con cualquier cosa

Mi cabeza voló, bajé mi ropa y otra vez mi verga dura salió apuntando hacia arriba. Empecé a tocarme y acariciarme. Ella me dijo:

-Vas a oler mi tanga, igual que la bombacha de ayer está toda mojada

Me lleve la tanga a la cara y la olí, todavía estaba húmeda. Su aroma era intenso, no me atreví a pasarle la lengua.

Me masturbé fuerte, un sube y baja tremendo. Sentí que venía la eyaculación y el orgasmo. Solté la verga. La miré y le dije

-voy a acabar

Sin tocarme la pija acabé ferozmente, la veía palpitar y escupir semen. Mi orgasmo me hizo doblarme un poco. Que cantidad de leche descomunal estaba escupiendo. Sentí un placer como nunca había sentido en una paja.

Mirándola por primera vez a la cara de nuevo.

-Tenés razón nunca había gozado tanto en una paja.

Ella sonrió y se miró la pierna en la que corría un poco de mi leche. No me había dado cuenta pero había ensuciado todos los cajones de la mesada y bastantes partes de sus piernas. Estiró un dedo y levantó un poco de semen, me volvió a mirar y se lo llevó a la boca.

-todavía calentito es mejor, frío no es lo mismo.

Impactado por esa acción y sobre todo por la declaración. Me sonrojé, los miedos volvieron a mí y las dudas. Le dije:

-Necesito pensar

Agarré un plato con dos pedazos de pizza y me fui a mi habitación.

No salí hasta la noche.

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