Ivonne trabajaba conmigo, tiene unos pies muy lindos; larguitos, delgados y pálidos.
Muy pocas veces llevaba sandalias, casi siempre iba con botas o tenis.
Las veces que llevaba sandalias le gustaba hacer dangling o rescarse un pie con el otro, cuando llevaba flats se los quitaba y se maseajaba los pies, y como su escritorio estaba frente al mío podía tomarle fotos.
Una vez llevó unas botas de tacón alto y me dijo:
—Estas botas ya me lastiman mucho las patas.
—Se ve, por el tacón.
—Ay sí pero me gustan.
Ese día tuvimos que quedarnos más tiempo porque fue fin de mes, de hecho todos los fines de mes nos quedábamos ella, otra chica que se llama Ana Luisa y yo.
De repente se quitó una bota y el calcetín. De su bolsa sacó una crema, se echó un poco en la palma de la mano y comenzó a masajearse; la planta, entre los dedos, el dorso del pie y el tobillo.
Para esto sólo estábamos ella y yo en la oficina, Luisa se fue antes porque tenía que pasar por su hijo.
Se detuvo un poco y me dijo:
—¿No entrará alguien?
—No creo, la mayoría ya se fue.
—Me vale.
Apartó un poco su silla del escritorio, bajó el cierre de la otra bota muy despacio sin apartar su mirada de mí, luego se quitó el calcetín y para mi sorpresa se lo llevó a la nariz, lo olió profundamente y dijo:
—Que asco, apesta.
Yo ya estaba muy caliente y trataba de que ella no se diera cuenta y mejor seguí escribiendo en mi computadora.
Comenzó a masajearse, esta vez un poco más lento, cambió de pie para darle otra pasada con la crema mientras cantaba.
Saqué mi teléfono y discretamente empecé a grabarla, la verga se me puso más dura y estaba a punto de acercarme a ella para ayudarla a masajearse.
—Ay perdón, es que de verdad ya me cansaron estas putas botas, ¿no te molesta?
—No, de hecho huele bien la crema—. Fue lo primero que se me ocurrió.
—Es de frutos rojos.
Caminé hacia ella dispuesto a probar sus pies pero se detuvo, se puso los calcetines y las botas y se preparó para salir. Volví a acercarme pero me dio el cortón y se fue de inmediato.
Lo hizo a propósito porque creo que varias veces se dio cuenta de que le veía los pies cuando llevaba sandalias. Todo fue tan rápido e inesperado y no me dio oportunidad de actuar.
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