Él intentaba acercarse a ti; lo traías cautivado por tu silueta, marcada en ese vestido negro ajustado. El lugar tenía una luz baja, casi oscura. Yo estaba de espectador, sintiéndome invisible a unos cuantos metros de distancia para que no me vieras y se fuera todo por la borda.
Disfrutaba de lo que apenas iba a empezar. Esa noche sonreías de forma muy sexy mientras él te ponía una mano en la cadera. Como observador oculto, sentía una sensación nueva y excitante al ver que alguien más te tocaba.
Empezaron a bailar. Lo más raro es que estaban ustedes dos solos; bueno, y yo, pero él no sabía que estaba ahí. Era la primera vez que otro hombre te tocaba. Él se inclinó y te besó; tú cerraste los ojos, entregándote a esa sensación desconocida.
Te sujetó de las caderas y tomó tus nalgas, donde se alcanzaba a marcar la lencería. Yo seguía excitado desde mi rincón, observando. Era la primera vez que autorizaba algo así; lo habíamos hablado, y aunque te negabas, al final aceptaste.
Él continuó y te quitó el vestido, dejándote en ropa interior. Tu silueta quedó semidesnuda ante mis ojos. Mi respiración se volvió arrítmica cuando él acarició suavemente tu intimidad; soltaste un suspiro que sentí casi en mi oído…
Desperté y supe que lo primero que debía hacer era hablar con mi esposa sobre este sueño.
Relato 2: Hablaré con ella sobre lo que soñé; se sintió muy real. Ya les contaré qué sigue y si finalmente nos animamos a más.
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