Perdido por mamá (2)

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Con la que estaba cayendo no había quien saliese de casa de mi abuela. La verdad es que no se estaba ni tan mal allí, mi tío Paco, el hermano mayor de mi padre, que también vivía en el pueblo había reformado el lugar hacia apenas dos años.

La vieja cocina económica había sido sustituida por una caldera en condiciones, y se agradecía. No pasé mala noche, pero el tardé en conciliar el sueño, en parte por mi primo Luis y sus verborrea y en parte recordando lo que aconteció con mi madre en el coche.

Aquella mañana, a primera hora, en la casa solo estábamos: mi abuela por supuesto, mi tía Paula, hermana menor de mi padre, mi primo Luis su hijo, mis padres y yo mismo.

Mi tía se había divorciado hacía cinco años, ya se había quitado el luto decía Luis, según él su madre salía todas las semanas, con un grupo de divorciadas y solteronas. La tía Paula tenía cuarenta años, tenía algunas arruguitas en la cara, piel morena y pelo teñido de rubio, es bajita, de no más de metro sesenta, curvilínea y con bastante pecho.

Me llamó más la atención este último detalle durante el cumpleaños, como decía Luis estaba un poco más descocada y llevaba unos pronunciados escotes.

Mi primo llevaba muy bien todo aquello de que su madre quisiese dar un giro alegre a su vida, también se llevaba bien con su padre que se había vuelto a casar, y con una mujer con hijos propios. En fin Luis era un tarambana, una broma constante, podías hablar con él de cualquier cosa, por mala que fuese que terminabas con una sonrisa.

Mi primo decía que nos teníamos que ver poco, él y yo, así nos importaba menos hacer el ridículo el uno delante del otro. Mi tía acompaño a mi centenaria abuela hasta la cocina, mi madre y ella habían preparado el desayuno, mi padre estaba con el móvil en otra habitación en ese momento.

Luis hizo el tonto para la abuela, le arrancó una sonrisa desdentada y le dio dos besos, yo también la saludé con un abrazo y un par de besos.

Nos dijo que se había preocupado el día anterior, que se alegraba de que estuviésemos todos allí, luego empezó a desvariar con que sería su último cumpleaños, llevaba así casi diez años. Desayunados Luis y yo nos abrigamos y nos aventuramos a dar una vuelta por el pueblo.

Al ser enero, el lugar estaba prácticamente desierto, era un pueblo pequeño y apartado. Apenas dos o tres vecinos bajaban de los sesenta y uno era mi tío Paco, y tenía cincuenta y nueve.

Era alcalde, de ese y otros tantos pequeños municipios, casi aldeas de la zona, agrupados en una mancomunidad. El panadero llegó haciendo sonar el claxon y para allí que fueron los vecinos, Luis y yo nos encaramos a caminos de infancia. Se encendió un cigarrillo y me ofreció, lo rechacé.

–Joder la yaya, cien tacos. Dio una calada.

–Ya te digo, es cosa del pueblo.

–Será eso, aunque si te digo la verdad yo aquí me moría en dos días. Le reí la gracia. –Te lo digo en serio, no entiendo al tío, ni a Alba.

–¿Qué pasa con ella? Si ha terminado Ade hace poco y el máster.

Me interesé por la vida de mi pechugona prima, más que nada por hablar de algo.

–Pues que se vuelve al pueblo, con su padre. Lo comentó ayer antes de que llegaran, los hermanos como son unos capullos redomados la pusieron a parir.

–Así era, los dos hermanos mayores de mi prima, estaban bien colocados y les encantaba mirar por encima del hombro a todo dios.

–Que también te digo, que sabiendo que Alba va a estar aquí no me importaría venir más a menudo.

–Ya y a quién no. Recordando lo que había pasado con mi madre el día anterior, justo antes de llegar me dijo que fuésemos discretos mientras estuviésemos con la familia al completo, se me vino una cosa a la mente.

–¿Tú te follarías al Alba? Si pudieras hacerlo, si supieses que ella quiere hacerlo tanto como tú.

–Pues la verdad es que sí. No hubo un instante de duda por parte de Luis.

–¿En serio? Asintió con el cigarrillo en los labios y las manos en los bolsos buscando calor.

–¿Y a mi madre, te la follarías? Decidí subir la apuesta.

–¿Me vas a dar una golpiza si te digo la verdad? Negué riéndome.

–Sí macho, lo siento y tal, pero me la follaría, que está muy buena y como te dije anoche esta vez tiene un no sé qué muy guapo.

–Yo la verdad también me follaría a la tuya.

–Me cago en la puta. Bromeando hizo un amago de darme un golpe.

–Son las tetas, antes no las enseñaba y ahora las lleva prácticamente fuera, te entiendo. Se encogió de hombros.

–¿Tú te la follarías, a tu madre digo? Me miró extrañado.

–Joder eso, eso no se puede cabrón. Lo miré con fingida presión para que contestase.

–¿Tú lo harías?

–Sí, sin lugar a dudas. El debió creer que bromeaba, pero le estaba diciendo la más absoluta de las verdades.

–Vamos imagina el mismo escenario que con Alba, contesta.

–Pues hombre, aunque nunca sería lo mismo, supongo que sí. Se quedó pensativo a un segundo.

–Como sueñe algo raro esta noche te mato.

Me reí a carcajadas, continuamos el paseo hasta que el frio se empezó a hacer insoportable. De vuelta en casa de mi abuela, la homenajeada estaba en la cocina, con el resto de mujeres, mi tía, Alba y mi madre y además ya había llegado la esposa de mi tío Paco, Juana.

Mi madre no era muy dada a las tareas domésticas ni a la cocina, ella trabajaba todo el día así que como solía decirme ella no iba a seguir laburando al llegar a casa, teníamos asistenta de todas formas, y yo comía en la facultad, así que tanto daba.

Mi tío Paco estaba en la sala, con mi padre, hablaban del pueblo y así. Mis otros primos no aparecerían más que a la comida lo cual era bastante bueno, también iban a venir otros familiares más lejanos.

El sopor empezaba a matarnos, la televisión era una basura, la cobertura iba y venía, para empeorar las cosas Luis y yo habíamos agotado los temas de que hablar.

Él se metió a ayudar en la cocina, en ese momento mi madre aprovechó para escaparse.

Mi padre y Paco habían marchado a ver unas tierras.

Al pasar por el salón ella me lanzó una miradita y yo la seguí. Subimos al piso de arriba, me mordía el labio inferior para matar las ganas de agarrarla el culo mientras lo meneaba delante de mí en la escalera.

Ya arriba mi madre entró en la habitación que compartía con mi padre, me colé detrás.

Con la puerta cerrada no me pude aguantar las ganas de echarme encima de ella, llevaba fantaseando toda la noche.

Manoseé su cuerpo por encima de la ropa, ella se dejaba hacer, normal después de lo de ayer.

Empecé a comerle el cuello, ligeros y húmedos besos.

–Para cariño, ahora no. Me cortó.

–¿Qué pasa? Le pregunté encarándola.

–No podemos hacer nada con todo el mundo aquí. Le busqué un beso, me esquivó.

–Que no, Mario. Me dejo algo decaído ella lo notó.

–Mira me gustó mucho lo que hicimos, y va a volver a pasar, pero no en casa de tú abuela, por dios aguanta un poco.

Me senté en la cama algo desanimado. Dijera lo que dijera mi madre, en mis pantalones había algo que le quería llevar la contraria.

–Mario, mi niño. Se sentó a mi lado.

–Lo que hemos empezado no ha terminado, ni mucho menos, pero estas cosas hay que llevarlas con cuidado, y tacto. Paso su mano sobre mi paquete.

–Yo también me muero de ganas de repetir, y algo más esta vez, solo aguanta un poco hijo.

–Hablas como si supieras bastante. Le dije tomando su muñeca y evitando que retirase la mano.

–¿De morirme de ganas? No te haces una idea. Intentó esquivar mi pregunta.

–De lo otro, del incesto. Era la primera vez que pronunciaba esa palabra en mi vida. La verdad. Esperé una oscura confesión.

–Leo mucho. Agité la cabeza algo molesto por esa gracia.

–Vale, en realidad es una fantasía que tengo desde hace tiempo.

–¿Querías montártelo conmigo desde hace tiempo?

Ella dejó de mirarme por un segundo, buscando escapatoria, no la dejé, le agarré una teta.

–¡Quieto! Me apartó la mano.

–No es eso, es más una cosa que estaba ahí, te he visto convertir en un chico atractivo, un poco solitario, y bueno hay algo más, pero prefiero guardarme eso para mí, la miré con urgencia.

–De momento al menos. Me concedió eso, sabía mantenerme en el anzuelo.

–Anda hazte cargo de esto. Me agarró la polla a través de los pantalones, marcó bien la forma.

–No se te ocurra bajar así que matas a la abuela de un susto.

–Me vendría bien algo de ayuda.

La agarré de las caderas nada más levantarse, hundí mi cara en el punto en que terminaba su espalda y empezaba su culo.

–No paras ni un momento. Se libró de mí, dio otro paso adelante y se giró.

–¿Te sirve con esto?

Se levantó el buzo y la camiseta que llevaba debajo, iba otra vez sin corpiño, ya me había percatado al agarrarle la teta antes.

Hay que decir que esa fue la primera vez que le vi sus pechos bien, en el coche no llegué a contemplar esas precisas manzanitas en todo su esplendor. Mi madre tenía una copa pequeña, una ochenta o cosa así, pero bien redonditas las tenía.

Los pezones que en el día anterior se me antojaron oscuros, eran más bien rosados, grandes y puntiagudos. Estiré la mano libre, la otra ya la tenía metida en el pantalón, me la apartó con delicadeza y se cubrió.

–Como no me hagas caso te quedas sin nada.

Retrocedió otro paso más, su espalda pegaba en la puerta. Ahora me enseñó solo el pecho izquierdo, quería jugar y yo también.

Me levanté de golpe, sin darle tiempo a reaccionar. Me saqué la polla ya dura, toqué con la punta su vientre descubierto.

Intentó apartarme de ella, sin demasiado esfuerzo, el tacto de mi glande en su piel me tenía a cien, solo tenía que quitarle el pantalón, bajar un palmo y ya estaba.

Mis manos fueron a la cintura de sus vaqueros, ella las buscó con las suyas para detenerme, me decía que no en susurros y entre risas nerviosas.

Solté el botón, los vaqueros le quedaban prietos, se los bajé hasta medio muslo de sus interminables piernas, suficiente. Me agarré la polla y busqué, mirando hacia abajo, apartando su tanguita. Ella me besó, para distraerme.

–Aun no. Me susurró al oído.

–Aquí no podemos hacer esto. Mi madre tomó el control de mi rabo, imaginé que al menos me haría una paja, quizás otra mamada.

Se puso de puntillas, su cabeza se elevó por encima de la mía, llevó mi polla entre sus muslos, noté el roce de la tela de su tanga por arriba, la carne cerrándose a los lados.

–Muévete, con cuidado.

Me ordenó. Imprimí movimiento a mis caderas, mi polla se deslizaba entre sus piernas, no la penetraba pero notaba su humedad creciente.

Era mejor que nada, y en parte era muy excitante, los dos vestidos casi por completo, y casi follando pero sin follar. Quise darle gusto con mis dedos, ella se negó:

–No que si empiezo no voy a poder parar. Me dijo.

–Mamá, quiero decirte que me encanta esto, todo, que me tiene descolocado pero es genial.

Ella sonrió a mi confesión un tanto pueril.

–Me alegro mucho mi niño, a mí también me gusta, hacía años que no sentía este morbo, tanto tiempo.

Se mordió el labio inferior. Se apoyó en mis hombros, se acercó con la lengua a mi oreja, el cosquilleo me provocó un calambre por toda la columna, el mordisco un pico de dolor.

Aumenté el ritmo de mis caderas, metí mis manos bajo su buzo, le pellizqué los pezones en respuesta al mordisco. Me terminé corriendo al poco, con la polla atrapada entre sus perfectos muslos, disparé contra la puerta, le manché a ella un poco sin poder evitarlo.

Mi madre buscó con qué limpiar la puerta, me pasó un cojín viejo que estaba sobre la cama, ella tomó un pañuelo de papel en su bolso para sí, que estaba en una silla.

–¿En serio?

Pregunté sujetando la almohadilla frente a ella.

–Es mejor que nada.

Se subió los pantalones.

–Me has dejado empapada.

Antes de cerrarlos se acarició la tanga, se marcó la humedad en la tela.

–Eso tiene solución. Yo seguía queriendo más.

–Que no pesado. Limpia eso y haz como si nada.

En un memento no sé porque me cabree con ella me subí los pantalones

–¡Eres una puta calientapollas ya verás!

Le grite golpeando la pared de un puñetazo le contesté antes de que saliese ella me vio cabreado se puso mal y mas mal se puso con lo que le grite.

La cocina seguía frenética con los preparativos, mi padre y mi tío regresaron, traían con ello uno de los perros de mi tío.

El pastor alemán, casi un cachorro se convirtió en mi mayor entretenimiento.

Luis había terminado su aportación, resultaba que había estado estudiando repostería, no me dijo nada, y había preparado una tarta a la abuela. Los dos nos pasamos el rato hasta que empezaron a llegar familiares, e incluso después, tirándole una bola de un lado a otro al perro.

Mis primos, los imbéciles, hicieron acto de presencia, uno se trajo a la novia, esa chica no había visto un pueblo ni en foto, no era tan guapa como creía la pobre. La comida empezó con una felicitación a la abuela por parte de toda la mesa.

Luego ya entramos en materia, la comida era contundente, patatas con chorizo de primero y cordero asado de segundo.

Los primos estábamos todos en un extremo de la mesa, Luis hacía tonterías, yo le reía las gracias, la abuela, que no estaba lejos también, su madre le llamaba la atención.

Alba que se nos había sentado al lado, de hecho a mi izquierda también reía, aunque tímidamente.

Como ya he dicho el rasgo más característico de mi prima es su pecho, enrome, pero además yo diría que es una chica un tanto insegura, es lista y maja, pero al estar algo rellenita y ser bajita me da que tiene más complejos de lo que creemos, a Luis y a mí nos encantaba igual.

La sobremesa se demoró hasta casi las cinco, la abuela se quedó dormida a eso de las cuatro, entre mi tía y otra familiar la llevaron al cuarto. Se fue despidiendo la gente paulatinamente, los primeros mis primos y la novia, que apenas había comido.

En un momento que me levanté, para ir al baño, Luis ocupó mi sitio junto a Alba. Nuestra prima llevaba un rato riéndole las gracias y bebiendo bastante tinto, yo también había pimplado lo mío y reído bastante, supuse que las dos cosas estaban conectadas.

Me dirigí al baño de la primera planta, entré sin llamar ni nada, y se me quedaron los ojos como platos.

Mi tía estaba echada en la pila, sin blusa, en corpiño, con sus dos buenas tetas botando, a consecuencia del movimiento de frote sobre la prenda que trataba de limpiar.

Se volvió al verme en el umbral, y dejó la blusa en el lavamanos para cubrirse con los brazos, pero poco podía cubrir.

Yo no me corté en mirar, no después de lo acontecido con mi madre, no después de su desafío y no después del calentón que llevaba entre vino y demás.

–Mierda tía perdona. Dije mientras entraba y cerraba tras de mí.

–¿Perdona? Preguntó con tono chulesco.

–Pero sal melón qué no ves como estoy.

–Joder que si lo veo. Respondí, con doble sentido.

–Tú estás tonto, que salgas te digo. La ignoré, sin dejar de mirarla.

–Es que no me aguanto más, y necesito usar el baño.

Respondí, llevándome una mano al paquete, sus ojos siguieron el gesto igual tenía suerte con tía Paula.

–Anda deja que salga. Recogió la blusa.

–No mujer, sigue a lo tuyo que solo tengo que mear. Además que eres mi tía, no vas a ver nada del otro mundo.

Avancé hasta el inodoro, procurando pasar cerca de ella en el corto camino.

–No serás capaz…

Se calló al verme sacarme el rabo. Yo que soy de encendido rápido, la tenía ya algo morcillona con solo verle las tetas bambolearse, y el morbo que mi madre había citado por la mañana hacía el resto.

Mi tía no sabía dónde meterse, me miró de seguido unos segundos, ella divorciada y según Luis buscando guerra, era una buena combinación.

Supongo que para intentar aparentar normalidad volvió a lo suyo, al frota que te frota, ahora yo miraba de reojo esas mamellas que parecían iban a saltar del corpiño en cualquier momento.

Claro que me estaba poniendo tan caliente, que las ganas de mear se convertían en una erección por momentos.

El tiempo que llevaba frente al retrete sin hacer nada volvió a atraer la atención de mi tía.

–¿No ibas muy apurado? Me preguntó, apenas lanzó un par de miraditas, mi polla estaba más grande que al principio.

–Que a veces tarda, tiene mucho recorrido.

–Ese era el vino hablando por mí.

–Que cafre, igual que tu primo.

–¿Igual o más grande? Bendito Rioja que sacaba lo mejor de mí.

–Ya te vale, cualquiera que te vea.

Ella reía, pero cada vez miraba más.

–Cualquiera que nos vea, porque tu tía estás también de foto.

–Con un corpiño viejo y dos tetas caídas, ya ves, no todas podemos ser tu madre. Aclaraba la blusa.

–A algunas no les hace falta. Tiré la bomba y me giré un tanto, a ver cómo reaccionaba, la erección era ya casi total.

Me miró la polla, a dónde más mirar en el pequeño cuarto de baño.

De pronto la puerta se abrió, todo el pudor me volvió de golpe, di la espalda a la entrada e intenté pensar en algo que me bajase el tema.

–Paula, perdona. Era la voz de mi madre.

–¿Y esto que hace aquí? Preguntó por mí.

–Ya ves que tenía prisa, están los dos que había que haberles quitado el vino antes del segundo plato. Le contestó mi tía.

–Pues el tuyo a este paso se casa con la niña. Comentó mi madre en clara referencia a Luis y Alba.

–Voy para abajo a ver que hace. Mi tía salió.

–Termina ya que vas a hacer cola. Me soltó antes de irse.

Cerraron la puerta, las oí hablar, que la pillada hubiese sido cosa de mi madre sirvió para mantenerme el mástil bien recto. La puerta volvió a abrirse.

–¡Ocupado!

Grité sin volverme.

–Muy ocupado estabas tú hace un momento.

Era mi madre otra vez. Me giré, contento de que fuese ella, con la polla apuntándole y las manos deseando tocar carne.

–¿Que hacías con tu tía?

Me preguntó algo molesta.

–Pues lo que me has dicho esta mañana.

Le contesté y me quedé tan pancho, con ella no tenía que andarme con cuidado.

–Serás.

Suspiro enfadada, no supe si era enserio o una actuación.

–Esas tenemos, y si voy y me cojo a Luis, le llevo a la habitación…

–No, mamá no jodas.

La interrumpí, de repente no soportaba imaginarle con alguien que no fuese yo.

–Pues eso te digo a ti.

Estaba cabreada de verdad.

–Que será el vino y el calentón, mira como la tengo.

Me señalé el rabo duro.

–Tienes diecinueve años, deberías saber hacerte una paja solito.

–Pero es que no quiero una paja, quiero follarte.

Acorté la distancia, ella se volvió para la puerta y pensé que se iba, cerró el pestillo.

–No te vas a quedar tranquilo hasta que pase, ¿Verdad?

Negué con la cabeza.

–Quería que fuese mejor que esto, en el baño de casa de tu abuela. Yo quería hacerlo en una buena cama, en casa y a gusto. Aquí encima está toda la familia y tu padre abajo.

Se acercó y empezó a meneármela, se escupió en la mano, extendió su saliva por mi cipote.

–Pero supongo que eso lo hace un poco más excitante, ¿No?

–Mamá, me muero de ganas. Tiré de ella hacía mí, y en un rápido movimiento la subí al lavabo.

–Se me va a mojar el culo, tontito.

Me dijo ya juguetona.

–Más que eso se te va a mojar.

Esbocé una sonrisa lupina. Desabroché los vaqueros y esta vez los bajé hasta las rodillas, un poco más, volvía a llevar las botas altas y no me daba para más. Las bragas se les unieron al instante.

Su coño brillaba húmedo, llamándome, yo contesté.

Había hecho aquello más veces, con una novia, una chica que o la comía todo o no había diversión para mí, al final le cogí gusto.

Aquella chica tenía el coño cerradito, los labios casi hacia dentro, mi madre no, ella los tenía hacia fuera, grandes y con esa característica forma de flor.

Hundí mi boca allí, con la nariz rozaba por encima del clítoris, jugué un poco con eso para acariciar el botoncito de placer con la punta.

Pillé por sorpresa a mi madre, que se estiró y buscó asideros al sentirme allí, en una mirada hacia arriba pude ver como ser mordía la mano izquierda para no gemir.

Por suerte para ella la derecha encontró una toalla, ella se la llevó a la boca.

Sus dedos empezaron a escarbar en mi pelo. No podía abrirle bien las piernas por culpa de los pantalones, le tuve que quitar las botas, y después estos. Las bragas se las cambié por la toalla, ella las mordió con deseo.

Ahora sí le separé las piernas, su culo casi cae del todo en la mojada pila. Me estaba deleitando comiéndole el coño cuando tiró de mi pelo para arriba.

–¡Para! Vamos a follar. Esto me lo haces cuando tengamos más tiempo.

Respiraba pesada. Se quitó el buzo y la camiseta, estaba totalmente desnuda, fui a imitarla.

–No, déjate la ropa, por si viene alguien. No pierdas más tiempo dame con esto enterrármela entera.

Enfiló mi polla a la entrada de su coño.

–¿Así sin más? ¿Y lo de hacerlo especial?

–Cuando lleguemos a casa te juro que algo especial haremos, ahora mamá quiere tu polla.

Me tiró del cuello de la camisa y me acercó para plantarme un morreo.

–No haberte puesto tan pesado, mira como me tienes.

Me encantaba como la tenía, me volvía loco verla tan excitada. Con mi polla agarrada acaricié la entrada de su coño, le pasé la polla por los grandes labios, despacio calentándola más. Me espoleó con un golpe de talón en mi culo, mi madre quería que se la clavase ya.

Yo también me moría de ganas coloqué el glande en la entrada, saboreando su humedad con la punta de mi rabo. Se la introduje despacio, con un lento movimiento de cadera, ella se echó hacia atrás, recibiéndome, contra el espejo.

–Ah! Ahh! Ahhhh!

Lazo un gemido que no pudo retener y empecé con un bombeo suave, casi con miedo a romperla, o más bien para que no acabase nunca aquello.

Mi madre suspira y me miraba directamente a los ojos, sus brazos cerrados alrededor de mi cuello.

Estaba mojada y caliente, no demasiado abierta, su coño me apretaba la polla. Nos movíamos con idéntico ritmo, sobre el lavabo, llevé mis manos a su culo, para elevarla un poco más y…

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