Perdido por mamá (4)

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T. Lectura: 12 min.

Mi abuelo Eduardo y su mujer llevaban unas cuantas maletas, yo tuve que descargar un par de pequeñas bolsas de viaje del coche. Estaban solo de paso, se iban de viaje a Colombia, de allí era Gema, al menos por parte de madre, su padre era francés, según creo. Yo estaba cabreado sobremanera, mi madre lo notó y antes de que haga una escena me llevó a su habitación.

–No la verdad no entiendo era nuestro fin de semana y tu seguramente otra vez me vas anular de nuevo. Dije molesto

–¡Mario se van el domingo y tenemos todo el día para nosotros! Dijo mi madre y yo la mire

–¡Si el lunes viene el malparido de tu esposo y no digas que es mi padre porque jamás lo fue! No le gustó nada que insulte a mi padre.

–¡Está bien maldita sea pero yo no pienso ir a mis clases el lunes eso se acabó! Dije en rebeldía

–¡Mario por favor no te pongas en esas!

–¡Vete a la mierda yo no quiero saber más nada contigo maldita zorra! Le grite finalmente cabreado y me fui furioso de su habitación dejando las cosas muy tensas entre nosotros.

Mi abuelo, con un gesto cómplice, en un apretón de manos me pasó un billete de cien euros, cuando dejé las bolsas en el cuarto de invitados. El abuelo Eduardo estaba forrado, había sabido invertir con la burbuja inmobiliaria, y salirse a tiempo, de todas formas ya tenía pasta de su padre. Por un momento pensé cuanto de ese dinero iría a parar a mi madre, su única hija, ahora que se había vuelto a casar.

Miré el billete con una sonrisa, era una buena propina, pero lo cierto es que hubiese preferido que nadie nos molestase el fin de semana a mi madre y a mí, aunque solo estuviesen de paso.

–El avión sale el domingo, se me ocurrió venir a hacer una visita antes de marcharnos. Nos comentó.

–Mi mamá está deseando ver a Eduardo, dice que es como Julio Iglesias.

Comentó Gema, me reí, mi madre me dio un codazo. La mujer de mi abuelo tenía cuarenta, frente a los sesenta y cuatro de mi abuelo, era una mujer florero.

Una muy atractiva, tenía un cuerpo latino explosivo, y como seguro llevaba buena vida, se cuidaba y tenía unas curvas mortales. En ese aspecto era lo opuesto a mi madre, tenía unos pechos muy tiesos, grandes, no los abarcabas con una mano, el culo tres cuartos de lo mismo.

Era por otro lado bastante más baja que mi madre, con una cara bonita, no tan guapa como mamá, ojos marrones avellana, la melena larga, algo rizada y de un color castaño casi rubio.

Viéndola al lado de mi abuelo, no quedaba duda de que el viejo tenía pasta, pues esa mujer podía tener a quien quisiese. Supongo que el aspecto mencionado y el carácter, risueño, casi infantil y algo ingenuo de Gema, hacían que mi madre no la soportase, veía todo aquello como una interpretación interesada.

Aunque en este punto hay que decir que mi abuelo no era un tipo mal parecido o aplastado por la edad, y mucho menos un hombre al que fuese fácil engañar o que se dejase seducir estúpidamente.

En muchos sentidos, como descubrí ese fin de semana, estaba hecho un chaval y sabía bien lo que se hacía en materia de mujeres. Por otro lado el parecido entre mi abuelo y yo era notable, de hecho me parecía más a mi él, que a mi padre.

Los dos estábamos en torno al metro ochenta, mismo mentón, la forma de los ojos también era reconocible en los dos, eso sí mi abuelo era algo más corpulento, tenía cierta barriga, de la buena vida.

De profesión fue ingeniero, como mi madre, llevaba años jubilado, o más bien retirado. Viudo desde hacía algo así como diez años, no recuerdo demasiado de la abuela la verdad, era yo pequeño cuando nos dejó.

Yo la verdad admiraba al abuelo, se casó con Gema hacia tres años, si al menos se la había tirado una vez al año durante ese tiempo, tenía que ser el hombre más afortunado de su generación.

Mi madre no pensaba como yo, lo había dejado claro varias veces, a la boda estuvimos a punto de no ir porque ella se empeñó. Sumando a eso su trato, gélido, con Gema provocaba una tensión casi insoportable.

La mujer de mi abuelo intentando ser amable, mi madre matándola con la mirada, y a veces cosas peores. Mi madre estallaba en todo tipo de descalificativos para su madrastra cuando no estaba delante.

Más de una vez con ella delante ya lanzó algún dardo envenenado. Por eso no me extraño que nada más instalarse en la habitación de invitados, un cuarto libre de la casa con una amplia cama de matrimonio, mi abuelo llevase a mi madre aparte para hablar, supuse que tendría que negociar una tregua con ella el tiempo que se quedaran bajo nuestro techo.

El abuelo era consciente de la situación, su mujer por otro lado no parecía estarlo. Me quedé con Gema en la habitación, se sentó en la cama y dio unos botecitos, se le movieron las tetas, para probar el colchón, a mi el bamboleó me distrajo. –Esta blandita, observó –las prefiero duras, duermo mejor. Volvió a botar y sus tetas también.

–Que mayor estás, ¿Cuántos años tienes?

Tenía una voz gritona, con una mezcla de acento francés, muy leve, e iberoamericano un tanto rara la fusión.

–Diecinueve. Le respondí, la miraba desde arriba, directamente al escote del vestido que llevaba.

–Tengo una amiga alemana en casa, vivían en Mallorca ella y mi abuelo

–Que dice que entre dieciocho y veintitrés es la mejor edad para los yogurines.

Sonreí el comentario, más que nada porque ella sonreía y porque me divertía que tuviese ese punto ingenuo para soltar cosas así sin filtro. Mi madre tenía una faceta juguetona a la hora del sexo, pero Gema era simple y llanamente así, todo el tiempo.

–Se acuesta con muchos chicos jóvenes Anette, yo con tu abuelo tengo bastante, es muy macho. Se me borró la sonrisa un tanto, el comentario fue demasiado íntimo, mi abuelo y mi madre regresaron.

–Vamos a ir a comer por ahí, yo invito. Proclamó mi abuelo, el macho.

Eso hicimos, los cuatro comimos en un buen restaurante, a cuenta de mi abuelo. Durante la comida Gema llevó la conversación, por decir algo, la mujer de mi abuelo se entregaba a una verborrea incesante sobre cualquier tema que se la pasase por la mente.

Mi madre hacía un claro esfuerzo por aguantar a la mujer, mientras mi abuelo en las escasas ocasiones que ella dejaba de hablar me preguntaba por mi vida. No nos veíamos a menudo así que le puse al día de los estudios y demás, me preguntó si tenía novia, evité darle una respuesta, pues en ese momento ya consideraba a mi madre poco menos, o quizá más, que a una novia.

Aguantamos la comida, pero el resto de la tarde pintaba eterno, teniendo en cuenta que poca cosa se podía hacer en casa, o al menos poca cosa con tanta gente. De vuelta en casa mi abuelo se fue a echar la siesta, sería su secreto para mantenerse como un chaval a los sesenta.

Su mujer quería ir de compras, él se excusó, mi madre por supuesto ni se la pasó por la cabeza ser voluntaria, me tocó a mí. Tuve llevarla a Madrid, en el coche de mi abuelo, segunda vez esa semana que me ponía a los mandos de un buen carro, además mi abuelo me prometió una recompensa.

Sumemos que era mejor que mi madre y ella no pasasen demasiado tiempo juntas, para que me sobrasen los motivos para acompañar a Gema.

Mi madre me dio unos cuantos avisos antes de salir:

–No se te ocurra hacer el tonto con esta como con tu tía. Me apuntaba con el indicé al pecho.

–Jajaja me dejas sin mi fin de semana y encima ni querés que busque otras opciones.

Le dije como extorsionando a ver si conseguía algo de ella esta noche aunque Gema estaba muy buena, teniendo lo que tenía con mi madre no me arriesgaría, bueno, no tentaría a la suerte más bien aunque nadie está seguro de nada a veces las pasan sin buscarlas. Nos fuimos, directos al barrio de Salamanca, ya que iba a pagar el abuelo, mejor que pagase por algo bueno.

Gema estaba allí en su salsa, en la primera tienda sacó la tarjeta, y yo viendo los precios de los artículos creí que la quemaba ya allí. Pero no fue así, para la quinta parada iba yo bien cargado de bolsas, y llevábamos algo más de una hora y media.

Habíamos tenido un par de momentos incómodos durante las compras y fue donde pasó lo que no tenía que pasar con ella, Gema me llamaba al probador y se lucía delante de mí, y como no soy de piedra se me iban los ojos y lo que no eran los ojos.

En uno de los casos, probándose un vestido, me agarró la mano y la llevó a su culo. –¿Te parece que me hace mucho culo? Negué, con la mano plana intentando no sentir.

–¿Y de escote? Se agachó un tanto para enseñármelo mejor.

–Te va perfecto. Me aparté un poco.

–Ay no te alejes tanto no me tenga miedo. Me dice ella atrayéndome hacia ella y se apegó bien a mi estábamos cuerpo a cuerpo de frente mirándonos a los ojos ella con una sonrisa pícara y yo muy nervioso por la advertencia de mi madre

–Mmmm Mario no me tengas miedito que no muerdo. Me dijo y me agarro la polla con una mano y me la apretó suavemente

–Wow Mmmm Esto Esta interesante.

Me decía mientras me acariciaba la polla con la palma de su mano sobre el pantalón mirándome fijo y mordiéndose el labio yo estaba muy nervioso y más cuando sentí que la misma mano que acariciaba mi polla ahora estaba con dos dedos bajando el cierre de mi pantalón y yo sumiso y nervioso me quede estático mientras ella hacia todo en eso siento como su suave y delicada mano se mete dentro de mi bóxer haciendo contacto con mi polla al sentir el calor de la mano de Gema y ver toda la sensualidad de su cuerpo y la morbosidad de su rostro me abandone a sus deseos estaba en sus manos y mas entregado a ella quede cuando saco mi polla de mi ropa interior y la vio completamente dura.

Gema quedo con la boca abierta y luego se tapaba la boca con una mano del asombro luego soltó sin cortarse

–Mmmm Mario esto es más grande que la Eduardo me encanta papi.

Me decía mordiéndose el labio luego ella en la misma postura que estábamos en ese reducido habitáculo ella flexiono las piernas hasta que su cara que enfrentada a mi dura polla mirándome se relamió los labios y abrió su boca y empezó una mamada casi profesional debía decir que en esta rama le sacaba unos punto de ventaja a mi madre me volvía loco como me mamaba la polla me estaba mamando como nunca me la mamaron en mi vida y yo ya estaba a tiro de correrme y le anuncio mi inminente corrida

–Ahhh Gema eres un sueño me voy a correr en tu boquita ahhh.

Suspire superado por el placer de esa hembra mamadora y ella se la saca rápido de la boca y se incorpora poniendo cara a cara conmigo

–No papi no te corras en mi boca aquí si manchamos el piso o mi vestido que todavía no compre nos descubrirán. Me dijo yo pensé que todo termino ahí pero ella me hiso saber que era solo el comienzo

–Papi follame córrete dentro de mi coño después en el auto te la vuelvo a mamar antes de ir a casa tu polla me tiene loca no sé si cuando me vaya te olvide fácilmente.

Me dijo estaba enganchada conmigo y parecía que ya me quería como amante y ella se pone de espaldas a mi levanta un poco su vestido y corre su tanguita diminuta dejando al descubierto su coñito rasurado coquetamente un coño muy bonito y enloquecedor.

Yo me apegue a ella tomando mi polla con mis manos la fui acomodando y le frote el glande por todo el contorno de la raja del coño de arriba hacia abajo y Gema se empinaba mas levantando y sacando hacia afuera mas su culo y como se mojaba la muy guarra empuje levemente despacio y la polla se enterró hasta el fondo de su coño

–¡Ah! ¡Ahhh! ¡Ahhhh! Diooos mmmm.

Gemía ella y se mordía el dedo para no gritar de placer pero cuando empecé a moverme detrás de ella que se empezó a escuchar el chapoteo de su coño que no paraba de escupir fluidos vaginales ya entregada al placer ella también se saca el dedo de la boca y mirándome desde sus hombros

–¡Ahhhh! Siii Niñooo follameee asiii Mariooo quierooo queee seaaas miooo

Gemía ella bajito mientras se movía junto conmigo y al poco tiempo ella sintió como un potente y abundante chorro de Lefa la llenaba por completo en el interior de su coño

–¡Ahhhh! Siii papiii siii correteee asiii correteee dentrooo deee miii coñooo

Gemía ella también presa de un orgasmo mientras sentía como mi polla le seguía escupiendo semen dentro de ella sin parar ella cae contra el espejo luego cuando se recupera me dice:

–Ay Mario Eres increíble nadie me hiso gozar así mi amor quieres que paremos un ratito las compras y vallamos al auto tengo ganita de sentirte en mi culo y que te corras así como lo hiciste en mi coño y esta noche también.

Me dijo ella ya presa de la excitación queriendo seguir con la faena y yo me puse nervioso por lo que podría pasar si mi madre se enteraba así que trate de escapar de Gema y le dije:

–Sabes, mejor sigue tu a tu rollo y yo voy llevando esto para el coche. Señalé a la pila de bolsas.

–O mejor voy a casa y vuelvo, me das un toque para decirme por donde andas y eso.

–Pero me gusta contar con tu opinión, Mario y tu polla enorme.

Me dijo y puso cara de pucheros. Me disculpé y me cargué con las bolsas, las dependientas amables me abrieron las puertas. Llegué hasta el coche que estaba en un parking, metí todo como pude.

Me había empezado a poner demasiado cachondo con la mujer de mi abuelo, el viaje a casa para descargar y a la vuelta me servirían para despejarme.

Por suerte no pillé tráfico y en cosa de media hora estuve en casa. Aparqué a la puerta y empecé a hacer viajes al recibidor de casa, iba dejando en fila las compras.

Nadie salió a recibirme, ni mi madre ni mi abuelo. Luego se me ocurrió que si mi madre veía allí todas las bolsas le serviría de excusa para un buen cabreo con Gema, así que las llevé arriba.

Llamé dos veces a la puerta del cuarto de invitados, no hubo respuesta, así que entré. Mi abuelo no estaba allí, tampoco me preocupó dónde se habría metido, dejé el primer viaje de cosas, luego el segundo y necesité de un tercero.

Me iba a ir a buscar a Gema, y seguramente a volver a carga un montón de cosas, cuando escuché los gemidos.

“¡Ahhhh! siii siii siii asiii

Era mi madre, de eso no tenía duda, fantaseé con la posibilidad de que estuviese jugando consigo misma. suponía que mi abuelo había salido, el caso es que no me le había encontrado por casa, nos daría tiempo a uno rapidito.

Abrí la puerta con cuidado, debí haberme esperado lo que vi, era fácil de suponer, pero aun así me sorprendió de primeras. Mi madre estaba a cuatro patas, sobre la cama, encaramado a su culo mi abuelo. Estaban follando, padre e hija,

–¡Ahhhh!  siiii papa follame así como me gusta como extrañaba estooo

Gemía ella y bien yo viendo todo aquello me explicaba muchas cosas. Viendo a mi abuelo en acción entendí al instante porque Gema le había calificado de macho. Se cogía a mi madre desde atrás, con fuerza, con ganas. La calentaba el culo a base de azotes, lo tenía rojo, la tiraba del pelo haciendo que levantase la cabeza.

La cara de mi madre era un gesto congelado de placer, con la boca abierta, gimoteando mientras su padre le daba lo suyo.

Aunque me duela, y me duele mucho, he de admitir que no la había visto tan descompuesta de gusto en el tiempo que ella y yo lo llevábamos haciendo. Mi madre se corrió,

Reconocí los espasmos del orgasmo en cuanto la fueron llegando, visto desde fuera el temblor de sus caderas, cuando alcanzaba el clímax, era apenas perceptible, más aún cuando recibía a base de bien del abuelo.

El abuelo terminó deteniéndose poco después de que ella tuviese suficiente, sacó su polla del coño de su hija. Aun dura, empapada, era de un tamaño considerable, algo más grande que la mía, tampoco mucho.

–¡Papá, cuanto echaba esto de menos! La voz de mi madre adquirió un deje más juvenil de repente.

–Yo también Sarita, hacía mucho tiempo. El abuelo se sentó en la cama, apoyado contra el cabecero.

–Ven aquí mi niña. Hizo un gesto para que mi madre se acercase a hacerle una mamada.

–¡La culpa es de esa guarra con la que te casaste! Mi madre agarraba el rabo del abuelo con ambas manos.

–¡No empieces Sara, además Gema no es tan mala, ella sabe cómo hacerme sentir bien!

Ese comentario no sirvió sino para despertar más odio en mi madre.

–Esa lo que quería era pillar a un viejo con dinero. –Mi madre empezó a mamársela al abuelo.

–Yo puedo hacerte todo lo que ella y mejor. –Volvió a su tarea.

–Bueno hija, esta conversación la hemos tenido un millón de veces, desde hace veinticinco años ya. –El abuelo colocó su mano sobre el cogote de ella.

–No puede ser todo lo que nos gustaría, y menos mientras mi niña este casada, con un hijo y lejos. Tengo que tener alguien con quien entretenerme. Gema puede que se casase conmigo por mi dinero, pero ha aprendido, como tú, a tenerme contento. –El abuelo era un cabrón de aúpa.

–Como quieras, pero yo siempre te he tenido más contento, ¿A qué sí?

–La actitud de mi madre me recordaba a la mía propia, siempre buscando la aprobación de su amante.

–Claro mi niña, y a ti nadie te folla como papá, ¿Verdad que no? –Mi madre negó, con la polla de nuevo en la boca.

–Pues demuéstramelo, monta. Mi madre, completamente sumisa, se sentó encima de la dura polla del abuelo.

Empezó a cabalgarle, con muchas más ganas de las que me había cabalgado a mí, una tormenta de celos me empezaba a agitar. Mi madre se movía arriba y abajo sobre el regazo del abuelo, agarrada de su cuello, en cuclillas sobre la cama.

Él se limitaba a dejarse hacer, y chuparle las tetas, la magreaba las nalgas y sus dedos se perdieron allí. Le separó los cachetes, que aun estaban algo marcados de la caña de antes, y metió el anular de su mano izquierda en su culo. Ella no se quejó, más bien lo contrario, gimió con más ganas.

Cuando yo hacía un día, sin querer entré por ahí me disuadió al instante, ahora se dejaba hacer de todo por el abuelo. Él se cansó de esa postura y tiró a mi madre sobre la cama, luego él cayó sobre ella. Se pasó otro buen rato follándose a mi madre a lo misionero, ella volvió a correrse en el proceso.

El viejo no paraba, aguantó un buen rato, bombeando sobre ella. Apenas si veía la cara de mi madre, era un compendio de gestos de placer, ella le animaba diciendo todo tipo de lujuriosos comentarios, mucho le llamaba papa, y se refería a sí misma como niña. Al final mi madre quedó extasiada tirada boca arriba mientras el abuelo se le venía dentro, el bufó y arrugó el gesto.

–Papá, nadie me lo hace como tú.

–Eso fue para mí la puntilla, esa proclamación hizo que me viese completamente devorado por los celos.

–Necesito más.

–Esta noche, cuando Gema se duerma te hago otra visita. –Menudo cabrón el abuelo, tenía cuerda para rato.

–¿Qué pasa si se despierta?

–Mi madre se preocupaba aun de guardar las apariencias, algo de agradecer viendo lo puta que se volvía con su padre.

–No lo hará, toma pastillas para dormir, caerá como un tronco. Espero que Mario no nos moleste. –Me dieron ganas de irrumpir para cantarles las cuarenta.

–Saldrá con sus amigos, no te preocupes por él.

–Mi madre hizo planes por mí, de hecho hasta la llegada del abuelo mi única idea era pasar todo el fin de semana encamados, claro que ahora ella tenía la cama ya ocupada.

–Voy a por un vaso de agua.

Vi a mi madre levantarse, completamente desnuda, se metió un segundo al vestidor, para emerger con una bata. Cuando salió de su habitación la intercepte a mitad de camino.

–¡Vaya mira que cosas no tú haciendo planes por mí para anularme completamente ahora entiendo de que va todo lo nuestro! Le dije apenas me vio quedo pálida

–Mario cielo por favor no saques conclusiones apresuradas. Decía llorando

–¡No saque ninguna conclusión yo ya lo tengo todo más que clarito y decile a ese viejo de mierda que vaya a buscar a su esposa porque yo voy a mi cuarto a empacar mis cosas y me voy de esta casa no me vas a volver a ver jamás maldita zorra! Grite furioso yéndome hasta mi habitación donde abrí mi vestidor saque mi maleta y empecé a ir metiendo mis cosas.

Cuando ella llego a la puerta se quedó congelada al verme empacar todas mis cosas con una rabia que jamás antes había tenido.

–No Mario por favor te lo pido no hagas esto. Decía ella llorando

–¡Deja de fingir si yo ya lo he oído todo como tú misma le dijiste que yo saldría con amigos así no causaría problemas mientras tu follas con él cuándo debías follar conmigo como me lo habías prometido pero ni por un segundo yo pase por tu mente salvo para sacarme del medio como algo que ya no te sirve ni dudaste en anularme completamente a mí esta noche! Grite reprochándole

–¿Es eso? ¡Está bien pasare contigo la noche pero deja todo esto no te vayas no armes más escándalo! Dijo ella pero ya era tarde

–¡No gracias yo quería escuchar otra cosa que escucharte como me sacabas de circulación cruelmente yo ahora me voy cuando este ya instalado en el hotel hablare con papá para que me de plata y le voy a contar porque me fui de la casa y tengo pruebas de todo te filme hasta cuando saliste del vestidor! Dije yo encendiendo el verdadero terror en su cuerpo.

Ella corrió tras de mí por las escaleras y me vio cruzar la puerta cerrándola de un portazo. Ella al verme como me fui se tira de rodillas al suelo y se larga a llorar…

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