La tela de algodón era tan suave, el encaje me rozaba los muslos y se me metía un poco en la cola, el perfume que tenía era tan fuerte, que me di cuenta que estaba usado por ella.
Estaba solo en su cama matrimonial, con poquito de miedo, curiosidad y cosquillas en mi panza, que apretaba la braga blanca.
Como había ensuciado mi último calzoncillo, me había convencido de que su prenda podía sustituir el mismo y me aseguró que se iba a sentir lindo. Aparte estábamos solos en su apartamento y nadie me iba a ver.
Mientras yo me lavaba en el bidet, prendió a full la calefacción y saco el cubrecama y luego me ayudo y enseño a ponerme su ajustada prendame y me hizo acostar de lado, semidesnudo, sobre las sábanas de seda, mientras me pidió que la esperaba mientras se duchaba… Fueron los diez minutos más largos y confusos de mi vida y sentí que se mojaba la bombacha, mezclándose con los fluidos de ella.
Sentí que abrían la puerta del dormitorio, su enorme y esculpido cuerpo estaba totalmente desnudo.
Solo tenía una toalla enrollada en el cabello. Nunca había visto una mujer desnuda. Sus pequeñas tetas competirán con unos pezones rosados y parados. Sus torneadas piernas rivalizaban con una pequeña cintura y unas caderas agobiantes.
Abrió sus muslos para secarse y pude ver una concha hinchada depilada y roja.
Sonriendo me dijo viste que te queda hermosa y no querías usarla.
Se deslizó atrás de mi cuerpo tembloroso y arrimo su pubis a mi braga, empujando mis nalgas y rozando los dos cuerpos desnudos.
Me abrazo el pecho con ambos brazos y me trabó mis piernas pequeñas con sus gigantes pies de uñas pintadas.
Sentí su respiración en mi nuca y su voz tranquilizante.
Deslizó sus manos hacia mi pequeño pene duro por primera vez y me reto porque le estaba empapando todo el encaje blanco de adelante.
Se comenzó a mover más rápido y sentí los labios de su concha hinchados y su clítoris enorme rozando mi cola revestida de encaje blanco.
De repente sentí unos roncos gemidos y un líquido pegajoso qué mojo toda mi espalda.
Muy hábilmente se unto el dedo índice con una crema que tenía en su mesa de luz y lo deslizó muy lentamente dentro de mi ano.
Me termine de empapar con un líquido viscoso igual al de ella que salió de mi pequeño pito.
Dormimos así abrazados una hora hasta que fuimos a la avenida a tomar un helado. Me lo había ganado me dijo mientras yo le pedí bajar con el calzón puesto todavía todo mojado que me había regalado.
![]()
Me gusto este relato, y que haya lgun hombre que les guste ponerse unas braguitas de su amante