Puteando y entregando mi rosadito a mis hombres

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Hola a todos.

Por esos días, cuando tenía 35 años, andaba como toda una suelta. Tenía el hábito de conocer tipos por sitios de contactos-gay y juntarme con ellos para tener encuentros. En todos estos encuentros terminaba ensartado, terminaba levantando las patitas o inclinado ofreciendo la cola. Se podía decir que por esos días yo andaba puteando, andaba dándole carrete a mi poto y aumentando mi experiencia en el rol pasivo. Obviamente de mi virginidad ya no quedaba nada y mi virilidad estaba totalmente patas para arriba.

Toda esta búsqueda había comenzado cuando tenía 24 años en una velada con Oscar, velada dónde yo esperaba por primera vez penetrar a un hombre e iniciarme de activo pero que no solo no fue así sino que termine patas para arriba y con el poto roto y lleno de semen. Oscar me había volteado, había roto mi virginidad y me había puesto en mi rol pasivo.

Desde ahí que comencé, por periodos, a juntarme con hombres, todavía con la intención de jugar en el rol activo a pesar de que Oscar ya me había dejado claro que mi posición era la de lady, pero aun así en esos encuentros con hombres me presentaba como versátil, como que me gustaba jugar en ambos roles, pero resulta que siempre terminaba entrando de poto a la cama. En eso me fui convenciendo definitivamente que en las relaciones con hombres yo juego 100% por atrás, que lo mío es pasar la colita, que mi papel es el de la lady y no otro.

En ese proceso es que ya a mis 35, cuando me presentaba en un chat ante un tipo para tener encuentros, abiertamente me presentaba como “Rodri pasiva”, o como “Rodri patitas levantadas”, o como “Rodriga la putita” y en mi definición de rol ponía que era 1000% pasiva.

Bueno, ya en esa búsqueda declaradamente pasiva llevaba como tres años, mi perfil era de una “putita suelta”. Buscaba contactar a algún activo, ojalá con experiencia, cada semana o cada 15 días, a veces resultaba el encuentro y a veces no, pero se podría decir que en esos días llevaba una vida bastante libertina, andaba ofreciendo el poto y andaba saltando de pico en pico, y si bien yo no soy afeminado en mi actuar en los encuentros íntimos era toda una lady.

En ese momento de búsquedas de activos termine teniendo 5 tipos con los que me veía, ya no seguí buscando en lugares de contactos gay sino que mantenía relaciones con estos 5 chicos. Era la puta de 5 hombres activos que se turnaban semana a semana para gozar de mi lado b, como yo le decía. En dos ocasiones me junte con dos de ellos e hicimos un trio de dos hombres y una lady. Tres de estos hombres activos con los que me juntaba terminaron conociéndose entre ellos, me tenían nombre, me decían “potito”, también me decía “rosadita” por el color de mi ano. Yo mismo hice que ellos se conocieran al juntarlos en esos tríos que hicimos y permití, con eso, que me tuvieran como su puta que podían pasarse entre ellos.

Esa dinámica en que yo era la putita del grupo duro como un año. Ese año fui “potito” y “rosadita”, esos fueron mis apodos y así se referían a mí; ¿cómo está mi potito?, me decían, ¿Cuando la voy a ver mi rosadita?, a mi lejos de disgustarme esa situación me gustaba, me gustaba pensar que entre ellos se referían a mi cómo “potito” y “rosadita” y ser la putita de un grupo de hombres me excitaba mucho.

En ese contexto fue que en mi intimidad comencé a vestirme de putita, me empecé a comprar ropa, colaless, medias, falditas, etc., me producía y era “rosadita” y “potito” y fue así que en una de las juntas que tuve con uno de mis hombres lleve la ropita y me vestí para él. Javier, era el nombre de él, esa noche se comportó todo galante y yo fui más lady que nunca.

Cuando salí del baño vestida de “rosadita”, Javier que estaba sentado en una silla me invitó a sentarme en sus piernas. Él estaba solo con boxer, estaba ahí sentado en la silla y se le notaba toda su erección debajo de sus bóxer y me estaba invitando a sentarme ahí.

Javier: “venga mi potito rosadito, siéntese aquí”

Yo me acerque, me arrodille frente a él, la saqué los bóxer y le di las primeras mamadas a su pene. Javier tenía un pene de un buen tamaño, su verga era muy linda, tenía una leve curvatura hacia arriba y una cabeza preciosa, era de un grosor considerable y me encantaba el sabor que tenía (no todos los penes tienen igual sabor hay unos más ricos que otros), de solo ver su vega mi ano se mojaba y palpitaba, junto con la verga de Diego (otro de mis hombres de la época) eran las más bonitas, de hecho Javier era el hombre que más me gustaba de mis chicos porque aparte de tener un bello pene lo ponía muy rico, siempre me dejaba loca, yo siempre le decía a él que aunque mi “rosadito” había pasado por varios penes él era el verdadero dueño.

A él le encantaba que le dijera eso y le gustaba mucho darme besos en mi potito, siempre me lo acariciaba mucho y me decía que le encantaba mi “rosadito”, que no le importaba si yo se lo pasaba a otros hombres, que le calentaba aún más saber que por mi potito habían pasado muchos picos. Eso a mí me volvía loca, me encantaba que a Javier le encantará mi “potito” y que mi “rosadito” fuera lo que más apreciaban de mi mis hombres. Todos me decían que yo chupaba el pene muy bien, pero que lo que más les gustaba de mi era mi hoyito rosado. Me gustaba ser cotizada por los hombres por mi ano.

Bueno, luego de darle unas mamadas a Javier, me senté en sus piernas, en realidad puse mi ano en su pene. Sentía el pene de Javier entre mis cachetes nuevamente, mi poto ya estaba acomodado a él y cuando su cabeza pasaba por la entrada de mi ano acariciándolo se me subían los colores al rostro y en mi cara se dibujaba automáticamente una sonrisa. Así que estando ahí, sentada en la cabeza del pene de Javier, rodeándolo por el cuello con mis brazos y vestida de putita me sentía literalmente en las nubes, no podía estar en mejor lugar, era por lejos donde más me gustaba estar, sentada en un pene.

Javier, mientras me tenía atrincada en su verga, me acariciaba mis caderas y me daba besitos y cada vez me iba acomodando más su verga en mi “rosadito”. Su pene como que se iba acomodando y metiendo solo en mi ano, como si fuera tomando su lugar natural, así como una espada en su vaina su verga entraba en mi potito y sin darme cuenta la maravillosa verga de Javier fue desapareciendo en mi ano hasta que ya estaba toda adentro. Javier sabía cómo hacerme feliz y aunque su pene era grande y grueso no me hacía sufrir, me lo hacía entrar de a poco y suave, me hacía gozar cada centímetro de su pene, me hacía sentir como su cabeza iba palpando al entrar cada parte de mi ano, dándole forma a mi potito…

Con Javier, a esas alturas ya estábamos bien compenetrados, el guardaba su pene en mi ano como quería, me llenaba mi poto con su verga como un pene llena un condón. Mi poto, cuando entraba Javier, se expandía y quedaba todo llenito de pico.

Ahí me tenía Javier sentada en su verga, yo lo abrazaba por el cuello y lo besaba, me tenía con una sonrisa de oreja a oreja. Suavemente me levantaba un poco y me dejaba caer, nunca me lo sacaba totalmente, siempre me tenía adentro más de la mitad de su pene. Me tenía sentada y mis piernas levemente levantadas no tocaban el piso, yo pataleaba moviendo mis patitas lentamente, me sentía su mujer, en realidad era su putita y Javier mi macho.

Luego nos fuimos incorporando, yo me gire un poco y quedé sentada dándole toda la espalda, sentí, en ese movimiento como el pene de Javier giro en mi ano como si fuera un tornillo. En ningún momento me lo saco. Luego yo me incline, mi cara quedó mirando el piso y Javier me tomaba de las caderas y me mantenía siempre adentro su pene. Todo el tiempo estaba llena de Javier. Luego Javier se fue poniendo de pie y yo apoye mis manos en el piso para no irme de cara.

Javier se paró totalmente mientras me mantenía firme de mis caderas, yo quedé toda inclinada apoyada con las manos en el piso y con la verga de Javier profundamente metida en mi poto, la faldita que llevaba puesta, que era cortita (apenas tapaba la mitad del poto), cayó invertida hacia mí panza y mi espalda. Javier me culeo un ratito, siempre suavemente, en esa posición. Luego yo me incorporé y quedé de pie parada en los pies de Javier, siempre con mi “rosadito” atravesado por Javier, ahí nos fuimos caminando a pasos cortitos a la cama, me llevo por el pasillo, todo el tiempo apuntalada hasta que me dejó caer en la cama.

Yo gemía de placer. Ahora Javier me tenía en su cama con la cara sobre el colchón y con la cola levantada, Javier estaba de rodillas detrás mío mientras me follaba un poco más duro pero sin dolor, su pene entraba y salía con mayor rapidez, me lo sacaba casi entero y me lo volvía a meter hasta adentro, estaba toda dilatada y mi “rosadito” no ponía ninguna resistencia, se abría en cada estocada que me daba Javier y tomaba la forma de su pico.

Ahí estuvimos un buen rato hasta que Javier me pidió que me diera vuelta, fue la única vez que me saco el pico, yo me di vuelta rápidamente y puse mis patitas en los hombros de Javier, él me monto y me lo metió de una, me tomo con fuerza de mis nalgas, yo me colgué de su cuello mientras él se puso de rodillas, mis piernas cayeron hacia el lado mientras Javier me ensartaba con furia, en ese instante yo acabé sobre la panza de Javier y me quedé ahí colgada del cuello de Javier esperando recibir a mi hombre que ya se venía.

Cuando Javier explotó dentro de mi caímos juntos sobre la cama, yo con mi espalda en el colchón y Javier encima mío, yo pare las patitas mientras Javier terminaba de preñarme dejándome todo mi “rosadito” lleno de su semen.

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6 COMENTARIOS

    • Bueno, eso pasó hace unos años ya. Javier me lo hacía super rico. Me llegó a conocer bien y sabía cómo tratarme.
      Ahora, aunque no tengo pareja, salgo con dos tipos de vez en cuando. Tengo relaciones con ellos cada tres semanas más o menos, no los veo tan seguido, pero cuando entro a sus camas, me dejan contenta, aunque no tan feliz como cuando salía con Javier.

      Con ellos no me he vestido de minita, no he tenido la confianza para hacerlo, pero si he sido súper complaciente en la cama con ellos.

      Y tú, ¿Que experiencias tienes?
      Besos

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