Sus 21 años y 21 cm me desvirgaron a los 54

1
6697
T. Lectura: 5 min.

Lo conocí saliendo de compras en una ferretería en un día lluvioso y a los 15 minutos ya estaba disfrutando sus 21.

Llevo una vida hetero muy buena con mi esposa, pero ya desde hace varios años ella despertó en mi la curiosidad por probar una buena verga. Empezó jugando mientras dedeaba mi ano, cuando cogíamos. Después los dedos se convirtieron en juguetes, despertando en mi sensaciones maravillosas. Poco a poco empecé a mirar porno gay y meterme un buen dildo cuando me masturbaba. Un día ella me cachó encuerado y mamando de rodillas el dildo pegado a la pared y todo fue, desde entonces, más fácil y bonito porque ella me lo clavó y lo bombeó con gran placer. Ahora sí ya no escondía nada y de cuando en cuando ella me daba unas buenas cogidas antes de que yo se la diera.

Debo decir que no me siento atraído por los hombres. Son pocos los chicos que me agradan y por los que siento atracción, pero no hago nada. Todo se quedaba, hasta ese día, en mis masturbadas y penetradas de dildo.

Pues ese día salí a comprar unas cosas para trabajos que estaba haciendo en casa, y mientras compraba se soltó un fuerte aguacero. Salí corriendo y lo vi… tan alto como yo, 180 cm, en bermudas y con un paraguas. Mi auto lo había dejado lejos corrí para no mojarme tanto, cuando él me ofreció llevarme con su paraguas. Le agradecí y acepté el aventón llegamos a mi auto y entonces yo ofrecí llevarlo a casa, el aceptó y muy caballeroso me llevó para abordar por mi lado y después él se subió al lado del copiloto. En ese momento me di cuenta que era guapo con muy buenas piernas de poco pelo y decidí intentar a ver con la intensión de que algo pasara.

Le agradecí su cortesía y le agarré la pierna a lo que él sonrió y puso su mano en la mía. Pensé que se había molestado y cuando estaba por retirarla la apretó, no me permitió quitarla y la subió un poco hacia su verga.

-Cómo te llamas pregunté mientras agarraba su verga, que comenzaba a crecer.

-Roberto, respondió y agregó, que bueno que entendiste mi cortesía. Te vi desde que entraste a la ferretería, ya te había visto antes, hace unos días que también viniste aquí y me gustaste mucho y hoy decidí conocerte -dijo

Yo ya había sacado su verga. La describo porque en verdad era maravillosa. Gordita, venosa y larga color moreno claro, como él, y perfectamente rasurada.

-¿Cómo te llamas tu? preguntó

-Luis, respondí y me agaché a mamar esa delicia, sin importarme que alguien me viera. Fue él quien me cuidó y dijo, si apúrate antes de que pase alguien y nos vea.

Me la comí toda como había soñado muchas veces. ¿Cuánto mide?, le pregunté mientras mamaba. 21 centímetros de largo así bien parada, respondió.

-¿Vamos a mi casa? preguntó y acepté gustoso

En la plática de camino me dijo que tenía 21 años, estaba terminando su carrera, que omitiré para protegerlo por lo raro y especializado, y que tenía novia con la que tenía planeado casarse.

Y llegamos a su casa. Seguía el aguacero y de inmediato abrió su paraguas, salió y pasó por mi a la puerta del piloto para que no me mojara. Yo estaba muy caliente y no sentía lo mojado. Sólo quería seguir disfrutando su largo, grueso y venoso miembro.

Mientras subíamos a su departamento, yo adelante y él atrás, me acariciaba el trasero y metía su mano entre mis piernas buscando mis huevos y mi ano.

Entramos a su departamento y quedé de pie esperando que él cerrará. Cerró, dio media vuelta, tomo mi cabeza con sus dos manos y me besó en la boca abriendo mis labios con su lengua. Nunca había besado a un hombre por lo que quedé por unos segundos pasmado. Cuando sentí su mano derecha apretar mi verga reaccioné y respondí el beso fogosamente mientras mis manos buscaban su cuerpo. Con la derecha fui quitando su cinturón y desabotonando sus bermudas mientras con la izquierda sacaba por debajo de la bermuda su verga y la chaquetaba.

Cuando me di cuenta mi pantalón y calzones estaban en el suelo y él dejaba de besarme para bajarse a mamar mi verga con una succión delicada y profunda.

Se detuvo, se puso de pie y me dijo -te iba a proponer bañarnos juntos pero tú estás limpio, yo estoy limpio y podemos seguir-. Me tomó de la mano me llevó al sillón de la sala y me recostó boca arriba. Terminó de encuerarse, dejando ver un cuerpo delgado fibroso, con glúteos chiquitos pero redondos y parados. Después se ocupó de desnudarme. Al terminar se puso encima de mi cara mirando a mis pies. Sus rasurados huevos quedaban en mi frente por lo que tomé su verga y me la comí toda excitado por la visión de su verga, sus huevos y su culo a unos pocos centímetros de mis ojos.

Él se reclinó, y mientras chaquetaba mi verga me abrió las piernas, metió su mano derecha abajo de mi y me levantó de la cadera mientras su lengua pasaba de mis huevos a mi ano. Sentir esa rica lengua tratando de entrar en mi ano era casi divino e hice lo mismo, busqué su ano recién rasurado. Estaba haciendo un 69 de ano y me sentía en la gloria. Había soñado hacer eso un sin fin de veces.

Estuvimos así largo rato y pasábamos indistintamente de 69 de culo a 69 de verga según fuéramos gustando.

Se detuvo se incorporó y me propuso que él me penetraría primero y después yo a él, lo cual acepté.

Sin duda alguna él tenía más experiencia que yo. Tenía el control de la situación y yo me dejaba llevar. Me puso en cuatro abrió mi culo y fue metiendo su divinidad dentro de mi. Para poder excitarlo más, paré la nalga y recargué mi cara en el sillón ofreciéndole gustoso todo mi culo, mientras sentía como iba penetrándome. Dolía pero la quería toda adentro así que le pedí que dejara que dilatara mi ano, lo cual fue ocurriendo poco a poco y yo con mis movimientos me iba devorando su deliciosa tranca.

Ya dilatado él entraba y salía con fuerza. Cuando él empujaba hacia adelante yo lo hacía hacia atrás para sentirla toda. Le pedí que no se viniera todavía y se detuvo. Lo acosté boca arriba en el sillón y me dispuse a cabalgar a aquel precioso muchacho con su preciosa verga. Puse las piernas en los costados de su cadera y me ensarté mirándolo a los ojos. Me sonrió y una vez con toda adentro comencé a contonearme a un ritmo que solo veía como cerraba medio en blanco los ojos. Me recline y lo besé. Fue en ese momento cuando le confesé:

-esta es la primera verga que me clavo- asombrado dijo

-pero te si mueves muy pro, eres toda una profesional- dijo.

-Verga, lo que se dice verga, es la primera. Tengo mucha práctica gracias al dildo- se río y seguí besándolo, contoneándome y agarrando a sentones a esa enorme verga que para entonces a cada sentón solo me daba placer y nada de dolor.

Le volví a pedir que no se viniera, porque quería que lo hiciéramos en un 69 y procurar venirnos al mismo tiempo.

-Pero quiero que me cojas tu a mi- reclamó -tu pene también está muy rico- dijo con prudencia – ¿Me lo metes?- pidió.

Mi verga no es pequeña ni grande solo mide 17 cm -4 cm menos que la de mi nuevo joven amigo-, pero si es gorda, morena y rasurada.

Detuve mi contoneo y con pena me la saqué, lo acosté boca abajo y comencé a besarle las nalgas y metí mi lengua buscando su ano. Le pedí que echara la nalga hacia arriba, abrí sus piernas y mis ojos vieron el mejor paisaje que habían visto hasta entonces: su ano rasurado, sus huevos y su verga bien parada invitaban a clavar la cara ahí y comerme todo ahí abajo antes de montarlo. Un buen rato estuve mamando verga huevos y culo con gran placer hasta que me pidió -ya clávamela-.

Me subí en él y fui metiéndola poco a poco. Aunque todavía cerrado su culo dilató rápidamente. Sabía moverse muy bien tuve que detenerlo un par de veces para impedir venirme. Mientras lo clavaba le volteaba la cara y nos besábamos con gran pasión, le besaba el cuello, la espalda. Luego se puso boca arriba y se la clave en posición de misionero. Nos besamos mucho.

-Ya me quiero venir- dijo.

Me salí. Fuimos a lavarnos la verga; él lavo la mía y yo la suya. Pasamos a su cuarto y en su cama empezó el 69 que queríamos los dos. Su verga entraba caliente en mi boca y la mía al fondo de su garganta. Avisó -Ya voy-. Mamé unos segundos más y luego la saqué, la chaqueteé y su arma empezó a disparar con fuerza unos mecos blancos que dieron en mi cara, en mi nariz y boca. Sentir su semen me hizo estallar, avisé rápido y me vine con un orgasmo inmenso y alucinante.

Los dos con la cara llena de mecos nos vimos, nos reímos y preguntó -¿te gustan los besos blancos?-. No respondí solo lo besé comiéndome esa deliciosa mezcla de mecos.

-El blend perfecto- dijo y reímos relajadamente

Roberto y yo nos hemos seguido viendo, pero ya serán otras historias que habré de contar.

Loading

1 COMENTARIO

  1. Hola. Buena historia. Me gustó.
    Soy gay pasivo únicamente y leo los relatos junto a mí novio. Nos excita mucho. Yo 24 El 49.

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí