Nos invitaron a mis amigas y a mí a pasar un fin de semana en un club muy exclusivo con un clima muy caluroso a las afueras de la ciudad. Llegamos en una de sus camionetas y nos hospedamos en una de las tantas cabañas vacacionales del lugar. Hicimos el check-in y nos entregaron el lugar. Llegamos aparentando ser una familia, cuando en realidad eran unos hombres que habíamos conocido hace poco; planeamos esta salida a cambio de placer y diversión.
La cabaña tenía tres habitantes, sala, cocina y baños, pero eso solo era decoración: todos nos íbamos a quedar en una sola habitación y la alimentación y gastos corrían por cuenta de ellos.
Mis dos amigas y yo nos fuimos al baño a ponernos nuestros bikinis mientras ellos destapaban las latas de cerveza. Al salir, inmediatamente se fueron encima de nosotras; comenzaron a besarnos y manosear nuestros cuerpos. Nuestros bikinis no duraron dudaron nada; porque fueron arrancados. Bueno el mío solo fue corrido a un lado: mi tanga apartada y mis tetas fuera del brasier.
El hombre que era mi pareja en ese viaje me arrinconó contra la pared sosteniéndome por las caderas; rodeé su cintura con mis piernas y él se adentró con descaro y vigor. Me taladraba con tanta fuerza que sentía su verga hasta el fondo, queriéndome atravesarme. A mis dos amigas las tenían sobre la cama en cuatro arremetiéndolas por detrás mientras las sostenían de sus cabellos largos de color azabache. Todas gritábamos; nuestros gemidos eran cada vez más fuertes, la verdad no nos importaba que nos escucharan, pues la cabaña estaba alejada, en una pequeña colina.
Después de un rato, me acomode mi bikini y salimos a caminar. Sentía cómo su leche bajaba por mis piernas; no me importaba, pasé una mano y llevé un poco de esa leche a mis tetas porque me encantaba llevarlo en mi piel como porque es mi fetiche. Salimos en la camioneta a recorrer el sector del club. Él, que conducía, me llevaba sentada en sus piernas para que le manoseara su verga mojada por mis fluidos, los demás iban atrás haciendo lo mismo. Almorzamos para retomar energía y seguir a los que veníamos: a coger como conejos.
El lugar tenía muchas zonas verdes, así que nos adentramos en sectores sin acceso al público. Las ramas ya habían rasguñado mi espalda mientras él me tenía contra el piso penetrándome con fuerza. Después nos pusimos contra un árbol; allí me folló la retaguardia mientras yo trataba de sostenerme del tronco. Mi hoyito me ardía de la culiada que me estaba dando, pero como soy masoquista, aguanté porque solo quería que me llenará de su leche.
Escuchaba a mis amigas gemir y gritar, porque no las podía ver: “¡Si, si, si, así papi más duro!”. Al terminar salimos sucias de tierra —porque de lo otro ya éramos unas sucias jajaja—. Bajamos a una de las piscinas, nos duchamos y nos sumergimos en la piscina para relajarnos un poco.
Al caer la tarde, nos fuimos a la cabaña para cambiarnos de ropa y salir a bailar —no sin antes comerme su verga en la ducha. Ellos conocían bien el pueblo donde estábamos, así que nos llevaron a un bar swinger. Entramos y el lugar estaba a reventar: la música a tope, licor y mujeres casi desnudas sobre las mesas, en la pista de baile, y otras arrinconadas contra las paredes… en fin era un desmadre.
Ellos pidieron una mesa, cada una son sentamos sobre sus regazos y empezamos a besarnos. Él regó parte de su bebida por mi escote del vestido, y procedió la lamer por donde corrió el líquido; sacó una de mis tetas por encima del escote y derramó la bebida fría sobre mi pezón, que se erecto de inmediato. Lo mordió y lo chupó. ¡Wow! Que delicia ese choque termino; mi coño se contrajo. Amasaba mi otra teta con fuerza mientras nos besábamos con hambre voraz. Lleve mi mano a su estaca para apretarla sobre su joker, que se sentía mojado ya que no llevaba boxers. Metí mi mano buscando su gran erección y cuando lo encontré duro y caliente comencé a frotarlo mientras no parábamos de besarnos.
De un momento a otro me subí en su regazo, subiendo mi vestido y corriendo mi tanga diminuta a un lado, para abrirme de piernas y clavarme esa estaca. Ondulé mi cadera para sentirlo hasta el fondo mientras él bajo mi vestido a la cintura y a dos manos agarró mis tetas llevándola a su boca comenzando a chuparlas con descaro, como un niño saciando su hambre. Mientras cabalgaba con intensidad; vi a una pareja detrás de nosotros no muy lejos. Él la tenía sobre la mesa arremetiéndola con fuerza; observaba como su cuerpo atlético húmedo por el sudor brillaba de una manera que provocaba lamer cada cuadro marcado. Él, levantó su mirada, se dio de cuenta que lo observaba y le guiñé un ojo pasando mi lengua por mis labios.
Aquel hombre me miró con descaro y yo le devolví la mirada con la misma insolencia. Con una mano le hice una señal para que la girara; él, como si estuviéramos conectados, la tomó de las caderas y la volteó sobre la mesa con brusquedad. Luego, le indiqué con los dedos que le abriera las piernas, y él usó sus pies para separarlas. Formé un círculo pequeño con mi mano, y llevándolo a mi boca y hundiendo mi lengua para mostrarle exactamente lo que quería. Lo entendió a la perfección: separó sus nalgas y, con la punta de su verga, apuntó a su retaguardia. Me lanzó una mirada interrogante y yo le respondí con un ‘sí’ inmediato a través de mis ojos.
Con una destreza sacó de uno de sus bolsillos un preservativo abriendo el empaque con sus dientes. Con la mano que tenía libre, forro esa estaca y procedió a buscar acceso a la retaguardia de aquella mujer. Esa mujer cuando supo lo que él quería intentó levantarse pero él inmediatamente la presionó contra la mesa aplastando sus grandes melones mientras le daba fuertes nalgadas. Él mandaba y me encantaba cómo la sometía bajo mis órdenes.
Por el ruido no escuchaba sus alaridos, pero sabía que lo maldecía, jajaja pobre chica, le iban a partir ese culo tan grande que tenía porque ese hombre tenía un tremendo tronco más grande y grueso del que yo tenía dentro de mí dándome mis buenos sentones. Mientras él se adentraba con dificultad, yo apretaba mis labios y hundía más la vara que tenía dentro de mí.
Él mordía sus labios mientras cerraba sus ojos, se notaba que esa entrada estrecha le apretaba su verga provocándole sensaciones placenteras. Yo tomé a mi pareja de su cabello llevándolo hacia atrás y comencé a besar su cuello pasando mi lengua por el lóbulo de su oreja sin dejar de observar a aquel hombre. Mi pareja levantó mi vestido dejando al descubierto mis nalgas y comenzó a nalguearme aumentando en cada nalgada la intensidad. Cada golpe era para mí como si aquel hombre me estuviera estrellando su pelvis contra mis nalgas.
Cuando él por fin entró completamente en el culo de esa mujer, me observó con perversión y yo le sonreí. Me sostuve con fuerza del espaldar y me di mis buenos sentones para indicarle que así quería que lo hiciera; él lo entendió y la embistió con la misma fuerza. Ambos sonreíamos de placer mientras esa mujer solo lo maldecía sin poderse mover, ya que él llevó sus manos a su espalda para inmovilizarla.
La comunicación de ambos era total, él mordía sus labios mientras turnaba su mirada en esas nalgas y en mí y por mi parte lo guiaba con mis movimientos. Los dos estábamos buscando nuestro propio placer aprovechándonos de los otros que teníamos sometidos. Mis melones saltaban mientras mi pareja me decía: “despacio, me vas hacer venir rápido” pero a mí no me importaba, como aquel hombre no le importaba las palabrotas que aquella chica le decía mientras le partía ese culo.
Él aumentó la velocidad y yo también; queríamos llegar al mismo tiempo. Entreabrió su boca mientras arrugaba su frente, turnaba su mirada en ella y en mí y yo fijé la mía en él. Viajaba por mi mente gotas de sudor, como también por mi espalda, corrientes atravesaban mi cuerpo deseando ser esa mujer. Al llegar al clímax él le dio sus últimas estocadas derramando su leche dentro de ese preservativo (el cual yo deseaba que a mí me llenará los intestinos).
Al terminar me levanté viento como la leche caliente brotaba desde mi interior bajando por mis piernas. Ebria de placer y de licor, fui al baño, sosteniéndome de las paredes para no caerme. Al salir del cubículo, me fui a los lavamanos para mojar mi cuello cuando sentí que alguien me tomo por la nuca levantándome quedando recta.
Cuando pude aclarar mi visión para ver el reflejo en el espejo, era él, sonriéndome mientras pasaba su lengua por mi mejilla.
-¡Estás aquí! —expresé mi felicidad.
-Ahora quiero cumplir tu deseo.
Subió mi vestido, separó mis piernas y me inclinó hacia al lavamanos. Yo, lo ayudé, abriendo mis nalgas. Sin preservativo, se adentró y calzó perfectamente como un guante. Solo dejé salir aire de mi boca en respuesta de satisfacción. Me tomo por mis caderas comenzando el vaivén, en ese baño solo se escuchaba el choque entre su pelvis contra mis nalgas y nuestros gemidos. No existía nadie más en ese momento sino solamente los dos, me poseía de una manera como si él supiera como a mí me gustaba.
Pasaban los minutos que para mí fueron horas porque ese hombre tenía un aguante llevándome al punto máximo, no quería que se detuviera solo que me hiciera suya y él fuera solo para mí. Al sentir como me llevó a su pecho apretando mi cuello, supe que ya recibiría mi premio. Al derramarse dentro de mí, fue como sentir esa bebida fría que viaja por la garganta calmando la sed.
Al terminar él me dejó una servilleta con su número y salió, dejándome exhausta pero llenita de él. Salí de aquel baño con una sonrisa de oreja a oreja buscando la salida del bar, dejando allí a mis amigas y mi compañero de viaje; tome un taxi y le pedí que me llevara al terminal de transportes mientras me deje caer en esa silla del copiloto.
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