Una buena amistad entre hombres (2)

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T. Lectura: 6 min.

Los días siguientes después de mi experiencia con Armando se sintieron diferentes esta vez. No sentí ningún arrepentimiento, al contrario, me quedé con ganas de más. Cuando nos veíamos en el gimnasio platicábamos como si nada, pero había una cierta complicidad que se sentía en las miradas. Cuando podíamos, casi sincronizábamos para que me tocara verlo salir de las regaderas, y él se quedaba más tiempo desnudo de lo normal. Era obvio que la tensión sexual iba subiendo y el también quería más. Pero había mucha gente en el gym, necesitábamos vernos en otro lado.

La semana siguiente venía otra vez el juego de jueves por la noche, y acordamos verlo en su casa de nuevo, como si no supiéramos lo que realmente iba a suceder. Repitiendo la dosis, saliendo del gimnasio pasé por unas cervezas y una botana y llegué a su casa en la misma ropa deportiva y el me recibió igual vistiendo su ropa deportiva. Al saludarnos ya los dos teníamos una risa nerviosa en nuestras caras, una mirada de emoción y lujuria que no podíamos ocultar.

Pasamos al cuarto de TV y yo abría unas cervezas mientras el vaciaba las botanas en un plato. Después se sentó en el sillón junto a mí, tomó su cerveza y la levantó para brindar conmigo – ¡Salud! – y bebimos un par de tragos.

Estuvimos unos segundos en silencio, ni siquiera habíamos encendido el televisor. Estire mi mano lentamente y toqué su pierna mientras nos veíamos a los ojos con la misma sonrisa nerviosa. El se recostó exactamente en la misma posición que lo había hecho la vez anterior cuando todo comenzó. Seguí el movimiento de mi mano dirigiéndome directo hasta su entrepierna. Esta vez el no tuvo que hacer nada, yo la acaricié por encima de sus shorts hasta sentir como se iba poniendo dura. El cerró los ojos y dejó salir un leve gemido mientras alzaba su pelvis ligeramente, lo cual aproveché para bajar sus shorts hasta los tobillos.

Descubrí su verga casi completamente erecta, ya estaba chorreando ese líquido baboso transparente, probablemente porque había estado fantaseando igual que yo con este momento. Esta vez no sentía pena, no tenía dudas, sabía lo que quería. Lentamente me agaché para dar una primera sutil probada de su verga, pasando mi lengua por su rosada cabeza, saboreando ese líquido transparente, y después bajando por el tronco hasta llegar a sus huevos recién rasurados. El olor a sudor y otros líquidos corporales invadió mis sentidos de golpe, provocando que mi cuerpo se estremeciera y lo respire profundamente para después soltar mi aliento entrecortado por la excitación sobre la piel de sus huevos.

Sin estar seguro realmente de cómo hacerlo, recorrí con mi lengua los rincones de su entrepierna, disfrutando su sabor. No estaba recién bañado, tenía el olor a hombre después de un entrenamiento, sin embargo no era nada desagradable, al contrario.

Finalmente regresé a la punta de su verga y tomando una pausa de unos segundos, la introduje en mi boca hasta lo más profundo que mi poca experiencia me permitió, creo que por lo menos fue más de la mitad. En mis ojos quedó el abundante bello que tenía sobre su verga, y escuché un largo gemido salir de su boca. Fue una sensación de lo más deliciosa, el tener ese poder, de provocar tal grado de placer en otro hombre.

Empiece a subir y bajar con mi boca por toda su verga, tomándola de la base con mi mano y masturbándolo al mismo tiempo. En eso, sentí su mano posarse en mi cabello, jalándolo un poco y después empujando para que su verga entrará más profunda. Me ahogaba con el tamaño de su miembro, y más me excitaba, gimiendo mientras lo introducía en mi boca. Después sentí como su mano recorrió mi espalda hasta llegar hasta mis nalgas.

Fue algo inesperado, la verdad no estaba preparado para entregar todo jeje, pero me gustó. Apretó mis nalgas un par de veces por debajo de mi shorts y después recorrió su mano hacia mi entrepierna por la parte de enfrente, y empezó a masturbarme. En ese momento me di cuenta que íbamos a hacer mucho más que solo masturbarnos esta vez. Y si, lo deseaba. Aunque no sabía hasta donde llegaríamos.

Al sentir su mano en mi verga me moví para darle más fácil acceso, nos fuimos acomodando lentamente hasta quedar en posición de 69. Aquí los dos quitamos el shorts del otro y aprovechamos para remover nuestras camisetas, zapatos, calcetines. Quedamos completamente desnudos. No decíamos ni una sola palabra, solo disfrutábamos el momento.

Finalmente nuestros cuerpos desnudos nos despojaban de cualquier vestigio de vergüenza y pudor, nos recostamos en el sillón en la posición de 69 y nos chupamos las vergas con verdadera pasión. Empecé a tocarlo con mis manos, recorrer su espalda y sus nalgas mientras metía y sacaba su verga de mi boca, y el hacía lo mismo. En la habitación resonaban las voces de dos hombres gimiendo de placer, cómplices en lo “prohibido”.

Disfrutamos nuestras vergas durante más de 15 minutos, los dos estábamos al borde del clímax. Empecé a escuchar como sus gemidos se hacían más intensos, sus chupadas más apasionadas, y empezó a mover su pelvis hacia enfrente y hacia atrás. Antes que el dijera nada le dije “vente, quiero probar”, y no pasó mucho tiempo cuando su cuerpo se tensó, sus mamadas se detuvieron, y soltó un largo gemido al tiempo que su verga bombeaba un chorro de su leche que se disparó dentro de mi boca, yo estaba tan caliente que no me puse a pensar en cuál sería mi siguiente paso al recibir sus mecos.

Empecé a sentir como mi boca se llenaba de su espesa y caliente leche y por unos segundos entré en pánico, no sabía si escupirlos o tragármelos, y en un impulso de morbo dejé que los mecos se pasaran por toda mi boca, los saboree, y los tragué todos. Al retirar mi boca de su pene solo unas cuantas gotas quedaron.

Armando quedó completamente extasiado, su cuerpo desvanecido junto al mío, había sido tanta su excitación que dejó de chupármela y mi erección había bajado un poco. Creo que al venirse también bajó un poco sus ganas de chupármela, y lo entiendo; a mí también me hubiera pasado.

Armando: ¿quieres que te ayude a venirte?

Yo: No te preocupes no pasa nada, después me la repones.

Armando: ¿seguro?

Yo: si, entiendo lo que pasa después de venirse.

Armando: si, está raro.

Yo: ¿quieres que ya me vaya o nos quedamos un rato?

Armando: quédate, vamos a ver el juego.

Así que decidí quedarme un rato más, a pesar de lo incómodo de la situación. Nos quedamos desnudos los dos, encendimos la TV y tomamos nuestras cervezas. Pero al estar desnudos, después de unos 15 minutos no podíamos evitar estar tocando nuestras vergas, y dentro de poco ya los dos la teníamos dura de nuevo. Entonces Armando se acercó a mí y empezó a masturbarme, pero esta vez usaba sus dos manos, una acariciando los huevos y la otra en mi verga. Poco a poco su mano empezó a acariciar mi culo, y después mi ano. En cuanto sentí eso mi morbo y excitación se dispararon, empecé a gemir, y me voltee para que tuviera mejor acceso a mi cola; Armando pareció entender y empezó a pasar sus dedos por mi ano.

Yo: quiero sentirla. ¿Tú quieres?

Armando: ¿quieres que te la meta?

Yo: si, métemela.

Entonces Armando se levantó y se hincó en el suelo; yo de igual manera puse mis rodillas en el suelo y me recosté sobre el sillón, quedando mi culo expuesto. Se pegó a mi parte de atrás y sentí como su verga rosaba mi culo. Le dije que usara su saliva para lubricarme, así que escupió un par de veces y junto con su precum dejó mi culo bien mojado. En ese momento empezó a empujar, y yo sentía como lentamente su verga se abría paso en mi culo. Ya lo había hecho antes, así que solo relaje mi ano y de pronto entro la cabeza de su pene y yo empuje mi cuerpo hacia atrás para que terminara de entrar toda, soltando un fuerte gemido.

Y de nuevo, ahí estaba yo con una verga adentro de mí, todos los pensamientos extraños pasaron por mi mente en ese momento, cuestionando por qué lo estaba haciendo pero cuando Armando empezó el vaivén metiendo y sacando su verga la sensación tan deliciosa se apoderó de mí, y empecé a gemir y disfrutarlo como nunca. No se cuanto tiempo estuvimos así pero pareció una eternidad, era oficial que me encantaba la verga en mi culo, la deseaba como nunca. Esa sensación de tener sus manos sujetándome de la cintura y empujando su verga hasta dentro era algo delicioso.

Él ya se había venido hace algunos minutos antes y seguramente tardaría bastante en venirse una segunda vez. Le pedí que cambiáramos de posición. Se acostó boca arriba en el sillón, y me subí arriba de él, quedando de frente y viéndonos las caras. Esta vez su verga entró fácil, como si nada, yo estaba cabalgándolo moviéndome hacia arriba y hacia abajo sintiendo su verga al máximo. Es una sensación indescriptible, mi verga estaba algo flácida a pesar o de la gran excitación que sentía, entonces el la tomó con su mano y empezó a masturbarme al mismo tiempo que su verga entraba y salía de mí.

En pocos segundos mi pene estaba al máximo y listo para eyacular. De pronto sentía que llegaba al clímax, pero fue algo diferente a lo que jamás había sentido, mi culo se estremecía y se apretaba alrededor de su verga, al tiempo que un chorro de leche escurría por mi verga, pero esta vez yo estaba más concentrado y extasiado por la sensación de tener su pene dentro de mí, que a pesar de haberme venido seguía dándome un inmenso placer.

Armando tomó el control, y empezó a levantar y bajar su pelvis metiendo su verga con gran intensidad, mientras yo le suplicaba que ya se viniera. Le tomó unos minutos y empecé a sentir como su cuerpo de nuevo se tensaba y su verga se hinchaba dentro de mí, su leche caliente se derramaba y sus gemidos se hacían más fuertes.

Me dejé caer sobre su pecho, y moví mi cadera para sentir su verga un poco más al tiempo que bajaba su erección. La calentura bajó poco a poco y los dos nos levantamos, satisfechos, pero tal vez un poco apenados, acabábamos de coger con otro hombre.

Mi culo se sentía húmedo, sentía su semen correr por mi pierna, pedí pasar su baño para limpiarme. Al salir él ya estaba vestido viendo el juego, yo salí desnudo aún, con una sonrisa nerviosa me atravesé frente a él y recogí mi ropa para vestirme. Me dio una cerveza y me senté junto a él a ver el juego.

Yo: la verdad no pensé que fuéramos a llegar a tanto.

Armando: estuvo bien ¿no?

Yo: estuvo súper rico.

Armando: ¿qué se siente?

Yo: tendrías que probar jaja

Armando: para la otra jajaja

Yo: puede ser.

Armando: podemos probar muchas cosas nuevas.

Yo: estaría bien.

El juego de fútbol americano duró un rato más, y lo vimos como cualquier par de amigos viendo deportes. Quedamos en vernos para el juego siguiente.

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