Mis machos del campo (Última parte - Despedida)

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Mis machos del campo (Última parte - Despedida)

RESUMEN

Hoy soy feliz.

Esa semana pasó volando, estuve preocupada pensando en que reacción tendría al ver a Carlos frente a mí. Él había leído mis escritos en el pen drive -que llevó por error- donde describí todas y cada una de las cosas que habíamos hecho con los chicos. De modo que él ya sabía la clase de puta en la que me había transformado, no podría ser la mosquita muerta que era antes de llegar al campo o la que fingí ser delante de él en presencia de los chicos. Me aterraba pensar que el me pidiera que me vaya de allí, perdería a los chicos y a esta nueva forma de vida que cada vez me gustaba más. Así estuve esos días, de todos modos el solo pensar en la posibilidad de tener que irme me hizo disfrutar aún más la visita nocturna de cada uno de los chicos. Para colmo de males el sábado siguiente era mi cumpleaños número 43 -soy escorpiana- dicen que las reinas del sexo y la sensualidad. Para distraerme por las tardes hice unas tortas y algunas cositas para comer y festejar.

El viernes a media tarde llego Carlos, yo estaba repasando la limpieza del taller de herramientas, él se bajó de su camioneta y descargo algunos paquetes que llevo directamente a la oficina, de ahí fue a buscar un cuatri y salió para el campo, no se arrimó a la casa ni al taller, yo estaba cada vez más nerviosa esperando saber su reacción. Me entretuve aseando el galpón, luego ordene el patio y me fui a casa. Al atardecer escuche los cuatri y vi por la ventana cuando Carlos se bajó y enfilo directamente hacia casa, golpeo y entro mirándome directamente a los ojos se acercó, me tomo de la cintura con un brazo y su otra mano fue directo a mi concha, mientras me manoseaba me dijo yo era suya, que le pertenecía, que adoraba mi morbo y que nunca había conocido una mujer así. Le respondí que me transformé cuando llegue al campo y que no pensaba dejar a los chicos, me gustaba esa vida y quería seguir con mis encuentros con ellos y si el me pedía que me fuera del campo, me iría a vivir al pueblo y allí esperaría a los chicos los fines de semana. No entendes, respondió, a mí no me molesta que cojas y hagas orgias con ellos, hace de cuenta que sos un préstamo que yo le hago a los chicos, me encanta saber que lo haces pero con mi permiso, de ahora en más serás mi puta, mi perra y yo te cederé en préstamo cada vez que me lo pidas, pero solo a los chicos, ellos serán mis socios y compartiremos tu cuerpo. La forma en que me hablaba, el tono de su voz, la aceptación de mi vicio me hizo desear aún más a ese hombre. Lo bese profundamente y me di vuelta apoyando mis manos en la mesada de la cocina le pedí por favor que me coja, él estaba enceguecido y sentí como nunca el vigor de sus empellones y sus manos tomando mis tetas con fuerza, hasta que acabamos juntos.

A la tarde luego de la siesta con fiesta sexual incluida que tuvimos ambos, tomamos unos mates, conversamos respecto a su propuesta, le dije que si bien aceptaba lo que él me proponía, no estaba segura de cómo me comportaría teniéndolo a el presente. Todas las veces que nos enfiestamos con los chicos yo era la que los dirigía y si bien me prestaba a todo tipo de juego sexual, no podía asegurarle que estando el ahí pasaría lo mismo. No temas me dijo, yo voy a ayudarte, vas a perder toda inhibición y todos lo vamos a pasar excelente. Rato después fue hasta la casa de los chicos donde estuvo largo rato. Al regresar no me conto de que hablaron, pero supuse que conversó con ellos respecto a mí.

A la noche empezó la fiesta cumpleañera, esperando que se hagan las doce entre comida, bebida y charlas subidas de tono, yo era la reina, la hembra, la perra entre mis cuatro machos y así me hicieron sentir. Al llegar las doce me saludaron uno por uno con un respetuoso beso en la mejilla, Carlos fue al escritorio y regreso de allí con paquetes llenos de regalos para mí. Un par de vestidos hermosos, zapatos de taco, lencería bellísima, abrí los paquetes delante de los cuatro que aplaudían al ver mi cara de alegría, hubo una cajita que me pidió que no abra, es un regalo para los cinco dijo, la puso a un costado y ahí quedo. Luego mirando a los muchachos dijo: Isabel podría hacernos un desfile de modelos con la ropita que le traje, los chicos asintieron entre picaros y graciosos, así que fui a mi dormitorio, primero entre sus silbidos de aprobación les mostré los vestidos que me quedaban perfecto, luego empezaron a aplaudir cuando fui a ponerme uno de los baby dolls transparentes que Carlos me había traído, antes de ir al comedor, me mire al espejo de mi dormitorio y realmente quedaba muy provocativa, más bien me hacía un aspecto de puta terrible, cuando salí a mostrárselos, estaban impresionados, Carlos pregunto con voz excitada: muchachos, no los tienta semejante mercadería? Los chicos no sabían que hacer y yo me anime a empezar a bailarles muy sexy para provocarlos, hasta que el melli Luis se paró, me abrazo y me beso en la boca, eso fue suficiente para que empezaran los manoseos de todos. Ricardo y Juan fueron a buscar el colchón mientras Carlos miraba excitado como me refregaba y besaba con el melli Luis. En ese momento me arrimo un vaso con un jugo y me pidió que lo tome, esto te va a desinhibir me dijo, lo tome de un trago y seguí acariciándome con Luis que ya había comenzado a quitarme mi pequeño baby doll. Cuando colocaron el colchón en el piso yo ya estaba recaliente, no sabía que me pasaba me tire sobre el colchón y les pedí que vengan, no sé qué me pasaba, pero ya me había enceguecido totalmente y solo quería coger y chuparlos. Los chicos empezaron a desnudarse, pero Carlos los detuvo y tomo un par de sogas de una tela muy suave, lo paso de alguna forma por debajo del colchón y me ato muñecas y tobillos, totalmente abierta de manos y pies, no entendía y me desespere, ahora sí dijo, tóquenla pero no la cojan, esperen a que este bien caliente y suplique por pija, yo tirada en el colchón y ellos cuatro desnudos manoseándome toda, creí volverme loca e incluso perder la conciencia, estaba desesperada. El morbo de Carlos no tenía limites, abrió la cajita que había traído y que todavía estaba cerrada sobre un modular y saco un consolador, se arrimó a mí, me desato la mano derecha y me dijo, si querés coge con este. Yo estaba tan desesperada que me metí el consolador y empecé a acabar gritando y chillando como una cerda. Ellos me miraban morbosamente, enloquecidos de deseo. Ahora si dijo Carlos: a cogerla todos!! Primero me cogieron atada, luego me desataron y empezaron a cogerme de todas las formas posibles, cuando la posición en que me ponían me lo permitía yo miraba a Carlos, que solo me decía, puta mía, perra mía. Como de costumbre perdí la noción del tiempo pero goce tanto como nunca había gozado. Creo que incluso cuando me dormí ellos me seguían cogiendo por todos lados.

Desperté pegoteada en leche y jugos míos, me dolía hasta el último musculo del cuerpo, Carlos ya había despertado y gentilmente me preparo unos mates que tome acostada. Ahí me entere que ya había planeado todo con los chicos, el desfile, el baile, el consolador y cogerme atada. Me preguntó si me había calentado más que de costumbre, claro que si le dije, no sé qué me paso pero anoche me calenté como nunca, que me cojan atada fue sensacional, me sentí como violada, fue una sensación indescriptible la de sentirme indefensa ante los cuatro y sentir que hacían de mi lo que querían, ahí me dijo que a la bebida que me dio le había colocado un trocito molido de la pastilla que les dan a las yeguas para calentarlas cuando no aceptan a los caballos. Me quede helada, primero me enoje por eso porque no hacía falta nada para que los dejara que me usen como quieran, pero luego entendí que así había sido mejor, ya que la calentura que me produjo me había quitado cualquier prejuicio y pude actuar como la puta que era. Durante el día de mi cumple hizo calor, fuimos los cinco hasta el arroyo donde todo había empezado y volvieron a cogerme dentro del agua y sobre la playita, pero estaban tan agotados como yo y esta vez fue más tranquilo.

Hoy cinco años después de llegar al campo que transformó mi vida, puedo decir que soy feliz. Vivo en el pueblo en pareja con Carlos, tengo una pequeña camioneta que me compró y uso para hacerme escapadas llevando mercadería al campo, ver a los chicos y repetir las fiestas casi todas las semanas. A veces sola y a veces con Carlos. Cuando voy sola regreso dos o tres días después y me hace contarle con lujo de detalles todo lo que pasó y escribirlo, su morbo tanto como el mío no tiene límites. Gracias a ese pen drive fue que Carlos supo todo. Por mensaje de texto supe que mi ex marido Luis esta en pareja. Lo recuerdo con afecto y cada tanto le hago un mensaje para saludarlo, nunca olvido que gracias a el encontré mi destino aquí en el campo. No sé si les agradará mi confesión, les aseguro que es real y espero que a alguna dama reprimida le sirva para tomar la decisión de sacar la puta en celo que todas llevamos dentro. No quiero aburrirlos abundando en más detalles que tengo anotados minuciosamente y que traté de resumir de la mejor forma aquí. Adiós

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