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Hada, el primer maduro
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Me gustaba vestirme de chica. Hacía años que le cogía prestada ropa y zapatos a mi hermana y mi madre. Me he dejado el pelo largo. Era mi elección, hay quien me ayuda y otros a los que no les parece tan bien.

Mi cuerpo, ya era andrógino de nacimiento, lo que me ayudó. Delgado, es femenino, suave fibrado. Ahora que he cumplido los diez y ocho he empezado a hormonarme, con lo que además tengo la piel aún mas suave casi sin vello. He empezado a ir de compras, mi propia ropa, lencería y maquillaje. Mi vida cada vez era mas femenina.

Ya no me vestía de chico nunca y aunque me costaba tiempo y esfuerzo siempre iba perfecta, depilada, maquillaje, ropa y lencería.

Aun así siempre había quien me rechazaba o a quien desagradaba mi actitud.

No se como él se fijó en mí. Andaría por los cuarenta guapo y atlético. Era vecino de mis padres, toda la vida puerta con puerta. Yo me sentía deseada cada vez que sus ojos se posaban en mí.

Cuando nos encontrábamos en el pasillo me trataba como a una dama, sin extrañarse ni hacer gestos raros, ni de rechazo. Como me conocía de años antes su actitud conmigo tan natural, sin complejos, hacia que me sintiera atraída hacia él. Además de un buen físico para su edad, claro.

Cuando se divorció su aire melancólico y abatido me atraían y yo le sonreía intentando animarlo. Por fin se decidió y en un encuentro casual por la calle me invitó a tomar algo en un pub cercano.

– ¡Hola! Nunca hemos estado a solas. ¿Te tomarías una copa conmigo?

Siempre correcto y agradable con una charla interesante y amena seduciéndome con su actitud, pero en realidad sin querer hacerlo de forma consciente. Pasaban los minutos e incluso las horas, perdida en su conversación y en su mirada de ternura.

Sí noté que sus ojos recorrían mi anatomía, la barbilla suave por las hormonas y el escote en el que empezaban a despuntar mis pechitos, mi vientre plano adornado con un pircing que el top dejaba al descubierto.

Mis muslos largos y trabajados saliendo de una falda muy cortita y enfundados en unas finas medias con ligas de silicona y los pies en mis sandalias de alto tacón. Vale, lo admito, me había vestido bastante putita para él.

La conversación comenzó con frases casuales pero poco a poco se fue interesando por mi vida y pasando a temas más íntimos. Yo también le pregunté por su matrimonio.

Imaginando que había algo más en la historia de lo que todo el mundo conocía. Conseguí sacarle que ella había sido infiel. Yo no le quería como novio, ni marido, solo animarle y desde luego follar, hablando en plata.

De pie junto a la barra con las copas en la mano el tiempo parecía que no pasaba. Le ponía la mano en el brazo notando sus músculos y le sonreía bobalicona deseando que se lanzara y me tomara entre sus brazos para hacerme el amor. Estaba dispuesta a entregarme.

Por fin cuando me giré, para coger una servilleta, acercando el culito a su cadera, aparté la melena sobre un hombro. Se decidió a cogerme de la cintura, depositar un suave beso en la piel desnuda del otro hombro y apoyando la cabeza en mi clavícula destapada y susurrarme al oído:

– Me gustas, te he visto mejorar mucho, de ánimo y de físico, estos últimos meses y me encanta la mujer en la que estás convirtiendo.

Creo que fue su timidez la que hizo que consiguiera soltarse cuando yo no le miraba.

Mi sonrisa que él no llego a ver porque le daba la espalda tuvo que rozar mis orejas a pesar del carmín. Sin dudarlo más pegué el culo a su polla y mi espalda a su pecho fuerte y solo giré la cabeza para besarlo.

Cogí sus manos para que las pusiera sobre mi vientre, cruzadas sobre el pircing, rodeando mi cintura. Mi lengua se enroscaba con la suya añadiendo saliva al deseo que ambos sentíamos.

– Eres la cosita más linda que he tenido nunca entre mis brazos. ¿Te vienes conmigo? Vente a casa.

– Te deseo. Te he deseado siempre.

– ¿No te importa lo que piensen los demás?

– Me da igual. Solo quiero estar contigo.

Le contesté. No me importaba, ni a él que nos vieran en esa actitud tan cariñosa. Sus manos empezaron a deslizarse por mi cuerpo, caricias suaves, tiernas que me enardecían aún mas. Aunque sus labios besaban mi cuello y hombros todavía no bajaba de mi cintura supongo que por un resto de complejo, aun así notaba su polla dura en mi culo.

Jugueteaba con el pircing rozando la piel desnuda de mi vientre. Lo deseaba, necesitaba ese pene duro que notaba en mi retaguardia en mi interior y se lo estaba haciendo saber. Empezábamos a montar todo un espectáculo lascivo en medio de aquel pub.

Así que me llevó a su casa sin soltar mi cintura en todo el camino, sin importar que alguien conocido nos viera. En el ascensor su lengua húmeda exploraba mi boca profundamente, mientras sujetaba mi culo con fuerza.

Ya ni le importaba que nuestros vecinos le vieran conmigo, la putita transexual del edificio. Mientras sus manos por fin se apoderaban de mis nalgas desnudas por el tanga bajo la pequeña falda.

Levantó la minifalda y al fin noté sus caricias en la piel de mis muslos. Su piso estaba desordenado, típico de un soltero, pero ni me dio tiempo a verlo, me llevó cogida de la mano a su cama deshecha, directamente.

Las sábanas aún conservaban el aroma de su sudor. Me tumbé de espaldas en el lecho dejando que el viniera encima y a mi costado sin separar sus labios de mi boca, su mano recorría todo mi cuerpo sin prisa subiendo por mis piernas por debajo de la falda ralentizándose según se acercaba a mi tanga.

Yo abrí su camisa desnudando su pecho, acariciando y pellizcando sus pezones. No llegó a acercarse a mi pene todavía, pero tiró de mis medias, enrollándolas, desnudando mis piernas. Sensual, tierno, acariciaba la piel de mis muslos.

Aprovechó el momento para coger mis pies desde el borde de la cama y lamer mis dedos. Pasaba la lasciva lengua entre ellos y lamía mis plantas. Nunca unas cosquillas me habían gustado tanto ni me habían dado tanto gusto. Nos desnudábamos el uno al otro según el deseo nos dictaba.

– Quiero saborearte entera, como un caramelito, como un pastelito.

Pero aún no sé decidía a hacerlo del todo. Se notaba todavía algún tipo de recelo heterosexual. Tendría que tener paciencia.

– ¡Hazlo! Deseo tu lengua en todo mi cuerpo.

De todas formas tenía que hacérselo saber.

Noté sus labios en mis axilas, mi cuello, su lengua en mi oreja. Yo misma me abrí el top para que tuviera acceso a mis tetitas desnudas. Puso sus labios sobre ellas haciéndome suspirar, mordisqueaba tierno mi piel, mis pezones, volviéndome loca.

Mi mano buscaba su polla, su rabo duro. Abrir sus pantalones, bajar la lycra y notar como salía de entre sus boxers ajustados buscando mi cuerpo. Acariciar sus huevos pelados y subir y bajar los dedos por el tronco. Masturbarlo despacio haciéndolo disfrutar.

Deseaba darle todo el placer que pudiera y decidí tomar su pene y huevos entre mis labios rojos y acariciarlo con la lengua. Nunca he sido de hacer gargantas profundas pero me las apaño bien chupando el glande, baboseando el resto y lamerlo todo, del perineo a la punta, degustando los testículos con auténtica gula. Y si me dejan llegar al ano por supuesto.

– ¡Oh, sí! ¡cómeme! Es toda tuya.

Ya ni paré hasta notar el sabor de su semen en mi boca. Por fin se soltó y me besó librándose de parte de sus complejos. Saboreamos los dos el sabor de su lefa cruzando nuestras lenguas. Mezclándolo con nuestras salivas en un baile de lenguas, en un lascivo beso blanco.

Ya estábamos desnudos del todo los dos. Estaba encima de mí, acomodado entre mis muslos, besaba mi cuello, mi cara mis orejas. Su lengua buscaba la mía a través de nuestros labios entreabiertos. Y yo se la daba, por supuesto, chupaba la suya como había hecho con su rabo.

El peso de su musculoso cuerpo sobre mi torso. La dureza de mi polla apretada por su pubis contra mi propia cadera ya no parecía molestarle. Parece que a él ya no le importaba al notarla contra la suya.

Mis muslos rodeando los suyos por detrás de las corvas para sentirlo aún más, rozando mi piel, arañando suavemente con mis largas uñas su firme espalda.

Solo me dejaba llevar por la sensación de estar clavada al colchón de su cama. Esas sensaciones hacían que su polla despertara de su letargo y se frotaba con la mía, duras y juntas las dos.

Yo también tenía mi fuerza, así que nos giré para quedar yo encima. Me incorporé entre sus muslos mirándolo a los ojos con expresión lasciva cogí las dos pollas con una sola mano. Frotando una contra otra pajeándonos sin prisa. Por la cara que ponía y los gemidos que daba le gustaba.

– ¿Quieres follarme?

Me preguntó con cara de morbo y algo de miedo.

-¿Quieres que lo haga? No te asustes, haremos todo lo que quieras.

Pero yo quería más.

– Fóllame tú. ¿A qué nunca has penetrado un culito? Tu mujer no te dejaba. ¿verdad?

– El tuyo va a ser el primero y me muero por hacerlo.

Me estiré y alcancé mi bolso y el tubito de gel lubricante. Chica preparada vale por dos. Mientras pajeaba las dos pollas juntas lo puse en la suya y en mi ano, aprovechando para dilatarme con un dedo.

No le hice esperar más. Me subí encima de su cadera para cabalgarlo. Me gusta cuando puedo ver los ojos y la cara de mis amantes mientras me follan. Me apoyaba en su poderoso pecho pellizcando sus pequeños y duros pezones.

Sujetando su rabo en vertical, apoyé el glande en mi ano y fui bajando despacio. Mis rodillas a los lados de su cadera. Cuando por fin apoyé las nalgas en sus muslos se me escapó un gemido. Luego empecé a moverme, despacio, acostumbrándome a su grosor en mi interior.

Para él era su primer culo, y para mí no era mi primera vez, pero por entonces tampoco podía considerarme una experta. No como después que he conseguido mucha experiencia. Así que hacerlo suave y sin prisa era la mejor opción para los dos y podíamos disfrutar juntos.

Mi polla y huevos golpeaban su vientre según subía y bajaba. por fin se decidió a cogerla con la mano y acariciarme. Como lo estábamos haciendo despacio y sin prisa podía hacerlo con comodidad. Recreándose con la primera polla aparte de la suya que tenía en la mano.

Ya no paré hasta que se corrió. Dejó su semen en mi interior y yo me sentía contenta, no, eufórica. Yo también me corrí sobre su tableta y me dejé caer sobre su pecho, besando y mordisqueando sus tetillas y pezones. Mi lefa se enfriaba entre nuestros vientres mientras él besaba mi cabeza, mi melena con ternura.

Yo temía ese momento, no se arrepintiera y me echara de su casa. No pasó, estábamos muy a gusto juntos. Me sentía muy abrigado entre sus fuertes brazos y él parecía tan cómodo como yo.

– ¿Pedimos algo de cena? ¿tienes que volver a casa?

– Si, estoy famélica, y no hace falta, puedo llamar por el móvil o dejarles un mensaje. Si me dejas dormir contigo.

– Sería maravilloso. Tenerte en mis brazos toda la noche.

Abrí la puerta, provocando, únicamente vestida con mi tanga dejando al repartidor boquiabierto y con la mínima concentración como para cobrarme la comida. Según cogía el ascensor debía escuchar nuestras risas.

Cenamos desnudos sobre la alfombra del salón mientras la suave brisa de la noche de verano refrescaba nuestras pieles. Notaba su mirada de deseo sobre mi cuerpo y me gustaba. Era sobre toda mi anatomía esta vez, sin sombra de rechazo por ninguna de mis partes.

Juguetón puso una rodaja de piña en mi polla y sin ningún problema se agachó a comérmela. Toda una corriente eléctrica recorrió mi columna del culo a la distendida garganta por donde escapó todo el aire de mis pulmones al sentir su lengua en mi glande.

Me limite a echarme hacia atrás apoyada en mis antebrazos sobre la alfombra y dejar que él me hiciera gozar. Y separar bien los muslos para dejarle sitio a su fuerte cuerpo.

Fue la primera mamada de muchas que me hizo y bien que la disfrutamos los dos. Besaba mi escroto con auténtica adoración metiéndose los huevos en la boca y luego subía por el tronco hacia el glande que yo alucinada veía entrar en su boca.

Nunca pensé que se atrevería a eso tan pronto pero allí estaba yo a punto de correrme en su lengua. Le avisé, claro, lo último que quería es que se enfadara conmigo por una tontería como esa.

– Me corro cielo, ¡sácala ya!

– He fantaseado tanto con este momento que no pienso parar ahora. Dámelo cariño, dámelo todo.

Y así fue, un segundo más tarde me derramé en su boca y lo tragó todo. No me dejó más que el sabor en su lengua cuando volví a besarlo eufórica.

Era ya tarde, habíamos pasado toda la tarde y parte de esa noche jugando y conociéndonos mucho mejor. Me llevó a su cama y dormimos juntos. Pasé la noche en sus brazos, entre sus sábanas, como me había prometido.

La primera de muchas. Nunca lo engañé, durante nuestra relación follé con más gente, chicos y chicas y luego se lo contaba con pelos y señales. Él también se ligó a más de una milf y también me enteraba de cada de detalle de su boca.

Meses después mi tía, la hermana de mi madre, un calco de la mujer que yo quiero ser cuando tenga la edad que ella tiene ahora, se vino a pasar unos días con nosotros. Los presenté y fue todo un flechazo, amor a primera vista. El hecho es que de vez en cuando los visito y dormimos los tres juntos.

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