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¡Rómpeme el culo!

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Esta historia comienza una noche estrellada del mes de agosto en que dormía en la casa de mis tíos y me apretaron las ganas de evacuar. El cagadero meadero estaba en la parte detrás de la casa en una pequeña finca. Al llegar al cagadero meadero salió de él mi tía Rufina vestida con una mini enagua que transparentaba sus bragas y su sujetador y que dejaba ver casi la totalidad de sus peludas piernas. Cogí un empalme que mi gorda polla salió por la abertura del calzoncillo. Mi tía al verla dijo:

-Se te escapó el verderón.

Rojo cómo un tomate maduro tapé la polla con las manos. Al irse mi tía me metí en el cagadero. Se me habían pasado las ganas de hacer lo que iba a hacer y me vinieron otras. La visión me las había provocado, o sea, que me la pelé. Juraría que alguien me estaba mirando cómo me la pelaba por un agujero que tenía la madera, digo que lo juraría porque entraba por él un rayo de luna y de repente dejó de entrar.

A la mañana siguiente mi tía preparó el desayuno para ella, para mi tío, para mi primo, para mi prima Alicia y para mí. Mi tía llevaba puesto un vestido azul que le daba por debajo de las rodillas, pero yo la seguía viendo con la mini enagua y sin poder evitarlo me volví a empalmar.

Mi tío era un hombre muy alto y muy fuerte. Debía darle lo suyo y más, o sea que pensé que follar no la iba a follar, pero pajas a su salud me iba a hacer las que me diera la gana, y las hice, las hice todo el verano y parte del invierno.

El hijo de Rufina y yo, o sea mi primo Isidro y yo, éramos muy amigos y una tarde que estaba lloviendo fuimos a su habitación a jugar al tute. Jugando perdió quince pesetas y al perderlas se picó.

-Te fueron todas, coño. ¡Vaya suerte!

No quería hacer leña del árbol caído, pero lo vacilé.

-Al saber le llaman suerte.

Me retó.

-Doble o nada a un juego donde no pinta nada la suerte.

Yo nunca rehuía una apuesta, pero no iba a apostar sin saber de qué iba la cosa.

-¿De qué se trata?

-Nos hacemos unas pajas y el primero que se corra dos veces gana.

-Andan por ahí tu madre y tu hermana, nos podrían oír, si no te oyeron ya.

Parecía que le daba igual que nos oyeran su madre y su hermana, ya que me dijo:

-¿Hay apuesta o no hay apuesta?

-Hay.

El mamón cuando la sacó ya estaba empalmado. Se me acababa de poner dura cuando se corrió por primera vez y... En fin, que me ganó y me dijo:

-Devuélveme mis quince pesetas.

Se las devolví y le dije:

-Ya no eran mías.

Me preguntó.

-¿En tu paja pensaste en mi madre o en mi hermana?

-¿A qué viene esa pregunta?

-Curiosidad. ¿Pensaste?

Me confié y le dije:

-Pensé en las dos

-Yo te llené el culo las dos veces.

-Maricón.

-Un poquito, solo un poquito.

No era maricón, lo había dicho para joderme por haber follado a su madre y a su hermana con el pensamiento.

Al rato fuimos a merendar.

Merendando mi prima Alicia, que era un bombón moreno de 19 años, recién casada y con el marido en Alemania, me miró para la mano derecha, pasó la lengua por los labios y después mordió el labio inferior. No me cupo duda alguna de que estaba excitada.

Al acabar de merendar le dijo mi tía a mi primo:

-Vete a echarle de comer a los animales.

Mi primo fue a darle de comer a los cerdos y a la vaca y mi tía fue a la tienda. Nada más salir los dos de la casa, mi prima Alicia fue a la habitación, volvió, me echó la mano a la polla y me dijo:

-¿Te queda leche después de la paja?

Con mi prima ya había follado antes de casarse, así que le respondí:

-Sabes que tengo leche de sobras.

-Echemos uno rápido.

Me sacó la polla y puso en ella un condón que traía en una mano, se dio la vuelta, levantó el vestido, se bajó las bragas, apoyó las manos sobre la mesa de la cocina, se abrió de piernas y me dijo:

-Fóllame.

La cogí por las tetas y se la clavé hasta el fondo de una fuerte estocada. Había que acabar pronto para que no nos pillaran, así que le di a mazo, con fuerza. Mi culo parecía una máquina moviéndose hacia delante y hacia atrás. Mi polla entraba y salía de su coño a mil por hora y mis manos estrujaban sus tetas. Follando así era obvio que me iba a correr en un par de minutos, pero mi prima no llegó a ellos. Se corrió temblado, gimiendo y sacudiéndose, y no una vez, se corrió dos veces antes de que me corriera yo.

Al acabar de correrme saqué la polla del coño, ella se giró, me quitó el condón, lo exprimió con dos dedos de la mano izquierda, mi leche le cayó sobre la palma de su mano derecha, con la yema de su dedo medio tocó la leche, la probó, la lamió y después me dijo:

-Sigue sabiendo saladita.

Ver a mi prima lamiendo mi leche me puso de un cachondo subido y yo también quise beber. Me agaché y lamí su coño. Mi prima me dijo:

-Cómemelo en la ventana que así veo si vienen mi hermano o mi madre.

Se puso frente a la ventana y yo en cuclillas con mi espalda contra la pared le comí el coño. A los tres o cuatro minutos, me dijo:

-Apura que viene mi madre.

Aceleré los movimientos de lengua y mientras las gotas de lluvia bajaban por el cristal gotas del jugo de su corrida bajaron por mi lengua y cayeron en mi boca.

A todo esto os preguntaréis que hacía yo viviendo con mis tíos, o no os lo preguntaréis, pero os lo diré. Estaba con ellos porque mis padres se metieran en un berenjenal de café de estraperlo y temporalmente estaban de vacaciones a cuenta del estado.

Pero volvamos al turrón.

Esa noche mi tío, mi primo y mi prima fueran a trabajar en algo que daba dinero, pero ilegal y no llegaban hasta el otro día por la mañana.

Yo me había quedado solo con mi tía. La vi de nuevo con su mini enagua. Estaba con un brazo estirado y una mano apoyada en el marco de la puerta y la mini enagua transparentaba sus tetas y los pelos de su coño, me dijo:

-Tengo frío. ¿Te importa que duerma contigo?

La cocina de hierro calentaba toda la casa y allí el frío brillaba por su ausencia. Apartando la manta y la sábana, le hice un sitio y le dije:

-Ven que te voy a dar calor.

Se quitó la enagua y desnuda caminó hacia la cama contoneando las caderas. Mi polla se puso tiesa. Rufina no entró en cama, de pie al lado de ella, me dijo:

-Ven aquí.

Salí de la cama y al estar a su lado me echó una mano al hombro y empujando hacia abajo me dijo:

-Cómeme el coño.

Lamí un par de veces y ya ella cogió la batuta, que en este caso era mi cabeza, la cogió con las dos manos y moviendo la pelvis frotó su coño contra mi lengua. Al rato dejó que me levantara, me empujó y me dejé caer boca abajo sobre la cama. Abrió mis nalgas con las dos manos y me lamió y me folló el ojete, después me levantó el culo, tiró mi polla hacia atrás, me metió su dedo medio en el ojete y me dio por culo con él mientras me masturbaba. No le duré nada, lo que se dice nada de nada. En segundos me corrí en su mano.

Después de correrme me di la vuelta y vi cómo lamía la leche de la palma de su mano y cómo chupaba los dedos. Al acabar de tragar me la volvió a mamar y al tenerla dura la metió debajo de una de sus peludas axilas, apretó con ella y yo se la follé, después le follé la otra, luego la metió entre las tetas y me hizo una cubana. Cuando estaba a punto la metió en la boca y me la mamó hasta que me corrí. Rufina se tragó mi leche. Al acabar de tragar me dijo:

-Ahora te voy a follar hasta que me llenes el coño de leche.

Mi polla se había bajado un poco, pero dos docenas de mamadas la pusieron dura de nuevo. Subió encima de mí y con la polla metida hasta la mitad comenzó a hacerme cosquillas en las costillas. Yo reía y me sacudía y al sacudirme mi polla entraba y salía de su coño y se movía alrededor. La tortura acabó tiempo después cuando se corrió y anegó mi polla con una inmensa corrida. En el momento que se corrió dejó de hacerme cosquillas. Yo con los ojos llorosos le di cera y acabé corriéndome con ella. Al acabar de hacerlo me puso el coño en la boca y me dijo:

-Si me haces correr de nuevo te dejo que me la metas en el culo.

A ver, yo no soy maricón, pero me hacían ilusión meter en el culo de una mujer, así que lamí su coño mientras mi leche y sus jugos me caían en la boca. La cabrona esperó a que me tragara todo para mover su pelvis de delante hacia atrás y de atrás hacia delante a tropecientos por hora hasta que se corrió en mi boca.

Al acabar de correrse me puso su gordo culo en la boca y me dijo:

-Cómeme el culo como te lo comí yo a ti.

Le lamí y follé el culo con la lengua y después siguiendo sus indicaciones le fui metiendo dentro de culo un dedo, dos, tres, cuatro... Cuando me lo dijo le clavé la punta y mi tía dijo:

-Si lo sé no pruebo, duele la hostia.

-Le pregunté

-¿La quitó?

-Sí, quita, quita que me vas a romper el culo.

La quité y se la metí en el coño, la agarré por la cintura y le di caña. Poco después me dijo:

-Me voy a correr, quítala y métela en el culo otra vez.

Le metí el glande y le aplaudí el culo con fuerza, pues dicen que un dolor con otro dolor se quita. ¿O era la mancha de una mora? En cualquier caso se mezcló el dolor con el placer, ya que se corrió chillando cómo una coneja, y yo, yo le llené el culo de leche.

Al acabar de gozar quería más.

-Cómeme otra vez el coño.

Fui un iluso, sí un iluso, ya que al poco de estar lamiendo su coño salió de él un fuerte chorro de orina. No pude evitar el baño en toda mi cara, ya que me cogió la cabeza con las dos manos y no la soltó hasta que no acabó de orinar. Al acabar tuvo el santo coño de preguntarme:

-¿Te gustó? Era una de mis fantasías.

No le contesté porque si lo hago la pongo de cabrona para arriba. Limpié la cara con una sábana y después le pregunté:

-¿Tienes más fantasía?

-Tenía la de que me la metieran en el culo, la de que me comieran el coño, otra era que me follaran las axilas...

La interrumpí.

-¿Qué has hecho todos estos años en la cama con el tío?

-Tu tío es muy tradicional.

-Y muy tonto.

-Eso también.

-¿Qué te apetece ahora, tía?

No se lo tuvo que pensar.

-Me apetece comer algo y un buen trago de vino.

Fuimos a la cocina en pelota picada. Comimos unas lonchas de jamón serrano y nos mandamos una jarra de vino tinto de la casa. Mi tía tenía más fantasías, pero me preguntó:

-¿Qué te gustaría hacer ahora?

-No sé. ¿Qué te gustaría hacer a ti?

Creo que ya fuera a la cocina con una idea predeterminada, pues miró la manteca en un bol sobre una encimera de madera y me dijo:

-Que me afeites y después me untes de manteca de los pies a la cabeza. Quiero que sientas mi piel más suave que el de una niña.

-¿Y con qué te afeito?

Abrió la alacena y sacó una maquinilla de afeitar de esas que se les cambiaba la hoja y un recipiente donde había una pequeña barra de jabón de afeitar y una brocha. Supe en ese momento que sí, que me llevara a la cocina adrede para seguir gozando.

Se echó otro trago de vino. Hice la espuma para afeitarla. Se echó sobre la mesa. Eché con la brocha espuma sobre los pelos de sus piernas y se los afeité, después le tocó a las axilas y por último a los pelos del coño. Les eché espuma abundante y con mucho cuidado le dejé el coño pelado y echando por fuera, ya que un hilillo de jugos bajaba de su coño hasta su ojete. Después cogí el bol con la manteca y le unté los pies. Mi tía estaba muy cachonda y yo tenía un empalme criminal. Me dijo:

-Mete todo el coño en la boca -lo metí todo en la boca-. Clávame la lengua que ya me corro.

No mentía. Le clavé la lengua en el coño, movió la pelvis de arriba a abajo y de abajo a arriba y en segundos echó en mi boca una lechada pastosa que me tragué.

Al acabar de sacudirse y de gemir, miró para mi polla empalmada y me dijo:

-Mete.

Tiré de ella y con las piernas colgando se la metí. Al llegar al fondo sentí que me iba a correr, la saqué y me corrí en la entrada de la vagina. Sintiendo mi leche en su coño, me dijo:

-Limpia mi coño con tu lengua.

A veces me trataba cómo si fuese su esclavo y la hostia es que me empezaba a gustar. Cuando tenía el coño "limpio", me dijo:

Sigue untando. Le unté de manteca las piernas, el coño, el vientre, las costillas y después las tetas, unas tetas gordas, decaídas y esponjosas con areolas oscuras y grandes y gordos pezones. Al untarlas me volví a empalmar, al verme empalmado, dijo:

-A ver cómo mamas.

Amasando las tetas con las dos manos, lamí y chupé sus pezones primero y sus tetas después. Vi cómo mi tía metía dos dedos dentro del coño y se masturbaba, luego mientras yo mamaba, mamaba y mamaba pasó a la siguiente fase al decir:

-Sigue untando.

Unté su cuello, sus hombros y sus labios. Me cogió la cabeza y me metió la lengua en la boca, luego me cogió la mano derecha, me separó tres dedos y los metió dentro de su coño. Movió la pelvis y mi mano con la suya y acabó corriéndose a lo grande.

Al acabar de correrse me sacó la mano del coño, llevó los tres dedos a su boca y los chupó. Después se dio la vuelta.

-Sigue untándome de manteca.

Le unté la espalda, las piernas y por último su gordo culo. Estaba pasando dos dedos por su ojete y me dijo:

-Fóllame el culo con los dedos.

Los dedos entraron y salieron del culo dándole placer desde el segundo uno. Mi tía gemía sin parar. Se puso tan cachonda que salió de la mesa, se apoyó en la encimera, se abrió de piernas y me dijo:

-¡Reviéntame el culo!

Cogí la polla para llevarla a su ojete. Al estar mi mano pringada de mantequilla era cómo si la hubiera metido en un coño lubricado. Le di dos toques y casi me corro, el caso fue que el intento de meneo había untado mi polla de manteca y al estar también su culo engrasado de reventarla nada, ya que la polla entró dentro cómo un cohete. La follé y en nada me corrí, me corrí y la seguí follando hasta que a mi tía le empezaron a temblar las piernas y dijo:

-¡Vuelooo!!

Se corrió cómo una fuente, de hecho creí que estaba meando por ella, pero no, luego vi que eran jugos espesos los que mojaban el cemento del piso de la cocina. Creí que me los iba a hacer lamer, pero me dijo:

-De esto ni una palabra a tus amigos.

Se había acabado, y fue para siempre, ya que no volví a follar con ella.

Quique.

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