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Sobre el lavamanos

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Recuerdo que era verano, en ese entonces tenía una camioneta destinada a mi trabajo para trasladar materiales y herramientas para instalaciones eléctricas. En los ratos libres o cuando salía algún traslado aprovechaba de sacar un adicional con esos servicios.

La hermana de mi vecina tenía que deshacerse de una cama y un par de muebles ya que se mudaba a un departamento mas chico en el mismo edificio en el que vivía. Mi vecina (la misma de los relatos anteriores) me comenta al respecto y quedamos de acuerdo para realizar el traslado. En principio pensé que iría solo y le pedí detalles de la dirección y los datos de contacto de su hermana, a lo que me contesta con cara pícara: si quieres te acompaño y te ayudo con lo menos pesado. Y así fue.

El camino al condominio de su hermana habrán sido unos 35 a 40 minutos, que pasaron súper rápido entre conversa y conversa, llegamos y subimos. Yo me puse manos a la obra a desarmar la cama y pensar un poco en cómo acomodar todo en la camioneta. Entre las presentaciones, un cruce de palabras de cortesía y buena onda y así. Hasta que la hermana dice que aún hay algo que buscar en el departamento que estaba desocupando y que como ella estaba muy ocupada aun moviendo cosas y ordenando en el nuevo espacio, nos pide si podíamos subir a buscarlo, accedimos y le da las llaves a mi vecina y le dice que igual mire bien si había algo que ella estuviera dejando pasar por alto.

Subimos a buscar lo que faltaba, apenas cerrar la puerta del departamento fue empezar a besarnos como si no existiera un mañana, ya teníamos tiempo con las cogidas a escondidas, así que no desperdiciábamos instantes en gozarnos. Aprovechando que estaba el departamento vacío, fue recorrerlo entero dándonos besos y tocándonos por cada rincón. Nos calmamos un poco y ella fue a identificar lo que teníamos que bajar y en eso yo fui al baño a orinar, al salir ella pregunta, ¿estás listo? Y el digo: si, ese baño está bien bonito. Se me queda viendo y decide entrar para ver, me comenta que lo ve normal y yo entro también y nos comenzamos a besar de nuevo, en eso la recuesto sobre el lavamanos que consistía en un mueble con tope de granito, bastante amplio y firme, yo me fui calentando y le dije: siéntate para que veas que bonito. Se sonríe y se sienta, a lo que me acerco y quedo entre sus piernas y nos seguimos besando…

Le digo al oído: sería rico penetrarte aquí pero no vine preparado, déjame compensarte…

En seguida bajo mis manos por debajo de su falda y le quito su ropa interior haciendo que caiga al piso, de inmediato dejo de besarla y me sumerjo en su entrepiernas para devorarme su rica conchita mientras ella se retorcía sobre el lavamanos, yo estaba encantado besando sus muslos y jugando con mi lengua en sus labios vaginales, después pasaba a su clítoris y aceleraba un poco para después bajar la velocidad y dejarla un poco agitada, de vez en cuando sacaba mi cabeza debajo de su falda y la miraba. Era un vicio su rostro, me ponía mas caliente su cara de goce y yo volvía a bajar a mis labores de comerme su rica conchita, depilada, carnosa y jugosa… Metía un par de dedos que se mojaban al instante y deslizaban sin freno de lo lubricada que estaba, eso me tenía súper excitado y me animaba a darle más placer jugando con mi boca, lengua y dedos en sus labios, clítoris, y entrepierna enteros…

Estuvimos así un tiempo que no se precisar, hasta que la escucho gimiendo en su característica forma de cuando se corría, unos gemidos ahogados y entrecortados, el rostro rosado y la mirada perdida o los ojos cerrados con la cabeza tirada hacia atrás. Era la señal que estaba esperando, para empezar a bajar el ritmo y dejarla recuperarse. Un delicioso y apasionado sexo oral que no sé cuánto tiempo llevó, pero después de acomodarnos un poco, besarnos más tiernamente y bajar, nos dimos cuenta que fue evidente el retraso en volver al departamento de la hermana. Su mirada de cómplice nos lo dijo todo.

Que rico era coger con la vecina…

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