Dos mujeres jóvenes estaban tomando un café en una confitería del centro de la ciudad, cuando una, Ana, vio que se acercaba otra chica y le hizo una seña para que se acerque.
—Hola Cata, sentate y tomemos un café. ¿A Sil la conoces? Es la novia de Gustavo Torres.
—Hola chicas, no, no tengo el gusto de conocerla. Dijo Cata.
—Me parecía. Estábamos hablando de novios, amigos y otras yerbas.
—Sigan tranquilas, mientras mando un mensaje.
—Dale, Sil, contame de Gustavo.
—Lindo tipo, hace dos semanas que estamos juntos. Pero me parece muy paja, tranquilo. Antes de empezar a salir me pareció que le gustaba más la joda, la noche.
—Listo. Quizás no es de salir porque Gus trabaja bastante, es un muy buen abogado. Dijo Cata.
—Sí, pero… a mí me gusta salir, ir a divertirnos.
—¿Están en pareja, conviviendo? Preguntó Cata.
—No, no. No quiero atarme, tener que rendir cuentas de horarios…
—Entiendo, ¿vos Cata estas saliendo con alguien?
—Quique me jodió mucho para volver. Nos estamos dando otra oportunidad.
—Guacha, tremendo tipo.
—Ana, no jodas que Fernando es un hermoso hombre y por lo que me contaron… muy bien armado, como Javier Correa.
—Pues querida amiga, no me puedo quejar en lo absoluto. Te aseguro que me llena… de placer…
—Sos una cerda…
—¿Lo conoces a Javier? Preguntó Sil.
—Por supuesto. Dijo Cata sonriendo.
—Ah… el otro día lo conocí en un bar… Me tiroteo fuerte… Esta fuerte en serio. Dijo Sil.
—Muy fuerte el guacho. Dijo Ana…
—Si te tiroteo fuerte solamente, debe estar enfermo. Normalmente de entrada te mete una mano en el culo y te rompe la boca. Dijo Cata…
—Bueno… quizás… Dijo Sil.
—Jajaja… Ana y Cata se rieron.
—Y el desgraciado me invito a irnos el viernes hasta el domingo a la noche a Punta del Este con su auto.
—¿Vas a ir? Preguntó Cata.
—Ganas no me faltan…
—¿Y a Gustavo que le vas a decir?
—Que tengo que viajar a ver a un familiar… Dijo Sil.
—No es mala excusa. Pero ojo que si te agarra, te va a mandar a la mierda sin vueltas.
—No me va a agarrar… Aparte, me parece que le hago dos mimos y lo tranquilizo.
—Si a vos te parece… Dijo Ana.
—Chicas, las dejo, tengo que hacer un trámite. Dijo Cata.
—Dale loca, te llamo. Dijo Ana.
—Chau Cata.
Cata se fue, tomo el celular y apago la grabación de vos sonriendo. Camino unas cuadras, entró a un edificio, subio unos pisos en ascensor, bajó y entro en un estudio jurídico.
—Hola Carla, ¿Cómo estás?
—Hola, muy bien. ¿Queres ver a Gustavo?
—Si no está ocupado…
—Le pregunto.
La secretaria le preguntó por el interno y él le dijo que Cata pase.
—Hola guacho hermoso.
—Cuando me saludas así tiemblo. Hola loca. ¿Cómo estás?
—Muy fuerte y bien cogida por tu amigo. Cuando me coge claro.
—Jajaja… sos tremenda. ¿Un café?
—Tacaño, por lo menos un whisky.
—Sentate y te sirvo. ¿Qué pasa que viniste a verme?
—Porque soy una jodida, pero te quiero a pesar que me pateaste cuando fuimos amiguitos.
—Que vos reconozcas que sos jodida, me preocupa. Toma.
—Recién me encontré con Ana y una boluda que tiene la boca muy floja. Una tal Sil… ¿La conoces?
—Conozco a una Sil…
—Entonces escucha.
Ella puso a reproducir lo que había grabado y Gustavo escuchaba sonriendo.
—Linda mina tu novia boludo.
—Amiga… que boluda, por favor… Gracias Cata, pero ya algo de esto me esperaba, me habían llegado comentarios que el viernes estuvo en un boliche, debe haber sido el día que se encontró con Javier.
—U otro, parece que le gusta la joda a la mina.
—No lo dudes.
—¿En la cama bien?
—No más de siete puntos.
—Medio pelo entonces, no está a tu nivel.
—Eso queda por tu cuenta…
—Siempre dijiste que yo era nivel nueve…
—¿Cómo andan las cosas con Quique?
—Cambia de tema… tironeando… muy controlador, asfixiante por momentos. Y vos sabes que eso me jode mucho.
—A vos y a casi todos Cata.
—Ahora volvimos porque me jodió mucho, pero no estoy nada convencida. Así que si pateas a la boluda y tenés ganas de llamarme…
—Nunca te llamaría si estas con Quique, lo sabes.
—¿Y si estoy sola?
—Me emboscaste…
—Te dejo hermoso. Pórtate bien…
—Vos también.
Se despidieron con un beso en la mejilla y ella se fue…
A media tarde, lo llamó a su amigo Javier Correa para juntarse a tomar algo cuando terminaran de trabajar.
Los dos de riguroso traje, se encontraron en un reducto irlandés y pidieron un whisky. Abogado como Gustavo, charlaron de trabajo hasta que Gustavo le dijo.
—Así que te vas a ir con mi novia a Punta del Este hijo de puta. Jajaja…
—¿Quién mierda es tu novia? Ni sabía que estabas de novio.
—Silvana.
—No me jodas… Pero solo me le tire la otra noche, le dije de ir pero no quedamos en nada…
—Pues te cuento que posiblemente te diga que sí.
—Me volvés loco Gus… ¿Cómo que me va a decir que sí? ¿Cómo sabes?
—Porque se encontró con la mina más jodida de Bs.As. por lo menos y Ana en un café. La boluda empezó a hablar y las desgraciadas le tiraron la lengua.
—No me digas nada: Cata.
—Y la yegua la grabó y me hizo escuchar la grabación donde contaba que te había conocido, le apretaste el culo, la besaste y le dijiste de ir a Punta.
—Y a los cinco minutos Cata estaba en tu estudio haciéndote escuchar la grabación. Jajaja…
—Y tomando un whisky.
—Claro… Gus, en serio que no sabía que estaba con vos, ahora la llamo para cancelar.
—No seas boludo, la voy a cortar vayan o no vayan. Una mina así no sirve. Anda, tíratela sin problema. Me das una excusa para patearla el lunes.
—Quedamos así…
El miércoles, Gustavo estaba trabajando cuando recibió un mensaje de Cata.
—Punto final, Basta. Estoy sola, si tenés ganas de llamarme…
Lo leyó y se largó a reír.
Más tarde, lo llamo Silvana para verse y el inventó una excusa para no verla. Fue en ese momento en que ella le dijo que un familiar estaba enfermo, que iba a viajar a Córdoba el viernes, que hasta el lunes no iba a volver. Él le dijo que no tenía problema, que esperaba que se recupere, y enseguida cortaron.
El jueves a la noche, luego de cenar con un conocido, llegó al departamento, se ducho, se quedó en bóxer y se sirvió un whisky. Puso música suave, tomo su celular y se sentó en un sillón.
—Hola hermoso. Dijo Cata cuando atendió la llamada.
—Hola Loca.
—Increíblemente sigo sola. Ningún hombre me valora…
—Jajaja… Sos tremenda…
—¿Cómo estás Gus?
—Bien… ¿Planes a partir de esta noche y hasta el lunes?
—Ninguno. Ganas de muchas cosas, y muchas de esas cosas, con vos.
—Si llegas antes que me acueste, nos vamos el fin de semana a Punta del Este.
—Servite otro whisky desgraciado… Dijo y cortó.
Gustavo tomo un trago y pensó: “esto va a estar muy divertido”. Tomó nuevamente el celular y llamó a un restaurant de Punta del Este del cual era cliente frecuente e hizo una reservación para el viernes a las 21 para cuatro. Luego le mandó un mensaje a Javier para saber si podía hablar. De inmediato lo llamó.
—Hola Javi.
—Gus…
—¿Vas a Punta acompañado de mi novia?
—Forro… Sí, me llamo ayer.
—Genial. Tengo reservaciones en Tricota, para cuatro, para mañana a la noche, 21:10.
—Perfecto, nos encontramos ahí.
—Voy con Cata…
—Hijo de puta…
Cortaron y diez minutos después llegaba Cata, con una valija y un bolso. Entro y le dio un tremendo beso.
—¿Whisky? Preguntó Gustavo.
—Por supuesto.
—Solo vamos por el fin de semana Cata.
—Quiero poder elegir la ropa.
—Claro. Toma.
—Gracias…
—¿En serio terminaste con Quique? No quiero pelearme.
—Muy en serio.
—Bueno… Te planteo algo ahora, no quiero una respuesta hasta que volvamos.
—Te escucho.
—¿Tenes ganas, estas dispuesta en serio a ponerte las pilas e intentar que volvamos?
—Sos una basura desgraciado… Desde ya te digo…
—No digas nada Cata, por favor. Pensa bien lo que te dije hasta que volvamos. No tengo ganas de perder el tiempo y fracasar otra vez. Por culpa de los dos, por supuesto, pero fracasamos por boludeces que podíamos haber evitado. Dijo serio Gustavo.
—Bueno… dale…
—Eso no implica que desde ahora y hasta que volvamos tenemos que practicar el celibato… Jajaja…
—Por supuesto que no desgraciado…
Al día siguiente, pasado el mediodía se terminaron de registrar en el hotel y subieron a la habitación. Estaban sacando la ropa cuanto Cata le preguntó:
—Gus… ¿No te jode que haya estado con algunos tipos desde que cortamos? Te aclaro, no más de cinco.
—No, para nada.
—¿En serio? ¿Por qué?
—Por supuesto, porque yo también he estado con mujeres… Te aclaro, no más de quince.
—Hijo de mil putas…
—Fui honesto.
—Sabes bien que soy celosa…
—Jajaja…
—No te rías…
—Te buscaba un reemplazo boluda. Ni para tomar café te pude reemplazar.
—Sos un cerdo… Yo ni reemplazo te buscaba, sabía que no lo iba a poder encontrar…
Te das cuenta que por mi pelotudes sobre todo, perdimos tres años…
—Pensalo distinto, ganamos tres años de experiencia. En mi caso por lo menos, ahora se bien lo que quiero y como lo quiero.
—¿Cómo lo querés?
—Mmm… De vos: menos loca, menos impulsiva, menos celosa al pedo, un poco más compañera, un poco más soñadora, pero sin dejar de ser vos…
—Lindo desafío tengo.
—¿Y vos, cómo lo querés?
—De vos, igual, exactamente igual, aunque quizás que hables un poco más, que no te guardes todo para después mandarme a la mierda…
—Trabajemos en eso…
—Dale…
Se prepararon para ir a la playa, pasaron por un parador a comer algo y luego sí fueron a la playa.
—Gus, no te enojes… Los hombres son muy… no sé cual es la palabra… trata de entenderme. Quieren que “su” mujer haya estado con la menor cantidad de hombres posible, si son vírgenes mejor que mejor. A una mina como yo la miran de costado. En cambio nosotras, casi que preferimos que hayan estado con por lo menos tres o cuatro mujeres. ¿Por qué a vos no te jode que yo haya estado con cinco o siete…?
—Jajaja hace un rato era no más de cinco…
—Bueno, no soy muy buena para contar. Más a mi favor.
—Porque no tengo problema de masculinidad.
—No te entiendo…
—Dicho de otra forma, no tengo problema en que me comparen con otros hombres. Ni me creo el mejor amante del mundo ni el peor. Por lo que algunas mujeres me han dicho, por observar a otras, creo que soy un buen amante, que me preocupo por el placer de la mujer. No la tengo gigante, pero tampoco es despreciable.
—En otras palabras, tenés las pelotas bien puestas… Y es cierto, las tenés muy bien puestas.
—Hablando finamente, sí.
—Por experiencia personal y habiendo hablado con chicas que estuvieron con vos, todas coinciden en que estás primero o segundo en un ranking entre tipos con los que hemos estado… ¿Vos me comparaste con otras chicas?
—Ponerme a pensar en compararte, decir, bueno, comparemos a Cata con Ale Guardia… No, no lo hice. Nunca compare a ninguna mujer de esa forma.
No te voy a negar que consciente o inconscientemente uno hace un ranking. Como Uds. supongo.
—¡Estuviste con Ale Guardia! ¡Hijo de puta! ¿Y en que puesto estoy del ranking?
—Estás fuera del ranking Cata. Totalmente fuera.
—Te adoro, sos hermoso.
—Por insoportable estas afuera. Jajaja…
—No te adoro nada, sos un hijo de puta…
Cata se paró y fue corriendo al agua… Gustavo la siguió, se abrazaron y se besaron.
Se quedaron casi hasta las 19 en la playa, se fueron al hotel y a prepararse para la cena.
—Ah, me olvide comentarte, tenemos una reservación para cenar a las 21 con otra pareja. Dijo Gustavo cuando Cata se estaba duchando.
—No hay problema… Por eso traje una valija, te conozco.
Se terminó de bañar y cuando salió con una toalla alrededor de su pecho, lo miró a Gustavo sonriente y le di un beso.
—Te deseo desgraciado…
—No hay tiempo, por la cena…
—Mala honda… ¿Conozco a la otra pareja?
—Eh… Sí… Dijo Gustavo sonriendo y se metió al baño.
—Uds. dos cerdos desgraciados no serán capaces de…
—No Cata, no. Como pensás eso de nosotros…
Cuando Gustavo salió del baño, Cata se estaba maquillando, solo con una tanga puesta.
—Loca, la hora…
—No me jodas, vos estas en bolas.
—En diez minutos estoy listo.
—Yo en siete…
Cata se terminó de maquillar, se peinó un poco, se puso un vestido mini impresionante, zapatos con doce centímetros de taco y se terminó de peinar. Lo miro a Gustavo, que estaba con un jean, una camisa sport, zapatillas y un saco poniéndose perfume.
—Sí que sos hermoso hijo de puta…
—Vos una diosa.
—Dame un beso antes que me ponga lápiz de labio.
Se besaron, ella se pintó los labios y fueron al restaurant. Cuando llegaron, Javier y Silvana no habían llegado, se fueron a sentar a la mesa que tenían reservada, Gustavo miro la puerta de entrada y se sentó dándole la espalda.
—Ahí entran. Se va a querer morir la boluda… Dijo Cata sonriendo y levantando la mano para que Javier la vea.
—Hola, buenas noches. Dijo Javier sonriendo mientras se acercaba abrazando a Silvana.
—Hola Javi divino, hola Sil, que sorpresa. Dijo Cata y le dio un beso rápido en los labios a Javier.
—Hola, en serio que sorpresa.
—Sil, te presento a un gran amigo, Gustavo. Dijo Javier y Gustavo se puso de pie.
La cara de sorpresa, terror de Sil era tremenda. En menos de un segundo se quedó pálida por completo.
—Hola, que sorpresa verte en Punta del Este…
—Eh… sí, bueno…
—¿Se conocen? Preguntó Javier tratando de no reírse.
—Es… bueno, ahora veo que era mi novia Javi. Me robaste a mi novia.
—¿Silvana, sos o eras la novia de Gustavo? No me dijiste nada…
—Bueno, yo… lo que pasa…
—Sos una tramposa… Gus amigo…
—Javi, amigo, cenemos tranquilos. Veinte años de amistad tenemos.
—Por supuesto.
Silvana no podía recuperar el color en su cara. Se sentó y trataba de evitar la mirada de Gustavo.
—Que sorpresa verte con Gus, Cata. ¿Otra vez de novios?
—No… está o estaba de novio. Sabes bien que somos muy buenos amigos Javi.
—Por supuesto… Pero me gusta verlos juntos… Déjense de joder y vuelvan.
—Sos jodido… Dijo Cata.
—¿Javi está entre los no más de siete?
—No seas hijo de puta Gustavo, te voy a matar…
—¿De que hablas Gus?
—Dice que no fueron más de siete los muñecos que tumbó. Le preguntaba si sos uno.
—Cata, este tipo día a día es más hijo de puta…
—No te quepa la menor duda… Sí Gus, me invitó a cenar a Cariló.
—No sos ningún boludo amigo. ¿Escala del uno al diez?
—Totalmente fuera de rango. Dijo Javier y los dos se largaron a reir.
—Viste que te dije Cata. Dijo Gustavo.
—Son dos cerdos insoportables…
—¿Qué te pasa Silvana que no hablas y estas con cara de culo? Preguntó Javier.
—Es que yo…
—Me había dicho que tenía un familiar enfermo que se iba a Córdoba. Sil, listo, terminado, da vuelta la página, estás con Javier, tranquila, es mi amigo. No me vas a decir que estabas enamorada… No seas boluda, no jodas. Dijo Gustavo.
—Escucha a mi amigo. Y si no cambias la cara, te saco un pasaje y te vas a Bs.As. Boludas no tengo ganas de coger. Jugaste a ser infiel, perdiste, ahora te la bancas callada. Dijo Javier.
—Bueno…
—Sil, consejo. La noche de Bs.As. parece grande, pero es chica. Tiburones como estos, se conocen, se respetan y en algunos casos como este, son muy buenos amigos. Cuidado porque te van a fagocitar en menos de un mes si jodes con ellos. Dijo Cata.
—Hablo Tiburón Blanco. Dijo Gustavo.
—¿Por qué eso? Preguntó Cata.
—Devora hombres Cata. Dijo Javier y con Gustavo soltaron una carcajada.
—Son dos basuras…
![]()