Mi segunda infidelidad: Con el maduro casado, 32 años mayor
Esta vez varió de ritmo, lo hacía más rápido y con más fuerza, casi con desesperación, cogía mis caderas para ayudarse a meterla más duro y más adentro. Palmeaba de vez en cuando mis nalgas sacándome un pequeño grito que más parecía un suspiro, al parecer esto lo excitaba más ya que después de cada gritito me penetraba más...