La semana pasada, un rato antes de la cena, recibo un llamado de un número desconocido. Al contestar una voz muy sexy me dice: ¡Hola Lau! Soy Hebe la anfitriona del club swinger al que han asistido hace un tiempo con José. ¿Te acuerdas de mí? Como para olvidarme de esa noche y de ella. Jajaja.
Le respondo eso exactamente y nos reímos juntas. Luego de una charla sobre como estábamos y otras tonterías. Me invita a la próxima fiesta que realizan en su quinta, porque Cele y Esteban no pueden asistir por problemas familiares, y ellos ya tenían pagada las entradas y le comentaron que iríamos nosotros en su lugar. Cosa que me tomo muy por sorpresa, porque la turra de Cele no me lo comento… jajaja.
Casi sin dudarlo y ni siquiera consultarlo con José acepté. Apenas corto con Hebe se lo comento a José que el finde iríamos a la fiesta de Hebe y Juan y le cuento que va a ser como la otra vez 16 parejas en la finca de ellos, más los 6 chicos y 6 chicas del staff, la idea nos pareció tremenda, teniendo en cuenta que nos encantó la vez que estuvimos ahí.
Enseguida llamo a Cele para agradecerle las entradas y la sorpresa que nos dieron con semejante regalo y para preguntarle cual era el problema por el cual no podían asistir ellos. Y la pena que ellos no estén, ya que hace rato no armamos nada juntos.
La cita era para el sábado, a partir de las 6 de la tarde en la casa de los organizadores, hasta las 8 de la tarde del domingo. Llegado el día, hasta allí fuimos.
Al arribar al lugar un rato después de las 6, los dueños de la finca nos recibieron con gran alegría, el resto de los participantes, habían sido más ansiosos en su asistencia que nosotros, ya estaban todos presentes nos dice Hebe y Juan que nos indican que nuestra cabaña es la misma que usamos la otra vez. Y que a eso de las nueve estemos listos en el salón con nuestra mejor ropa y nos entregó y mascara a cada uno, porque la temática es no vernos las caras hasta que entremos cerca la media noche a las habitaciones donde se hace la fiesta swinger.
Fuimos caminando hasta nuestra habitación cruzando todo el patio, donde solo vimos a una pareja donde se mataban a beso al borde de la piscina. Y a los chicos del staff que ya estaban con las máscaras puestas.
Al llegar nos acomodamos y decido darme una ducha, para estar a tiempo en el salón, puesto que demoro mucho en acomodar mi pelo y en producirme. Cuando me empiezo a desnudar, José había dejado la puerta entreabierta de la cabaña, y un señor se para en el pasillo mirando hacia adentro. Con una voz muy sensual y un acento muy español me dice: -Hola, esta noche nos vamos a ver seguro. Al tiempo que me sigo desnudando le respondo: -claro, y dejo mi tanga en el suelo para entrar al baño. En eso escucho que se despide de José que estaba tirado sobre la cama solo con su bóxer.
Me preparo con un vestido largo, con un tajo hasta arriba mi muslo izquierdo, que dejaba ver muy bien mi pierna. José se arrima me sube el vestido y me saca la tanga, diciéndome con cara de pícaro, no la vas a necesitar. Nos ponemos las máscaras y nos dirigimos al salón cruzando el enorme patio por el borde de la pileta.
Al llegar al salón, todos alrededor de una mesa grande disfrutábamos de diferentes bebidas a disposición y algunos bocaditos de recepción, fuimos conociéndonos poco a poco con las demás parejas, lo que nos ayudó a distendernos e ir dejando de lado el lógico nerviosismo. La mayoría de ellos, ya habían compartido otras reuniones, salvo Graciela y su pareja Claudio, ella una amorosa y simpática muchacha de bellos ojos verdes y nutridas carnes. Así nos mantuvimos más de una hora, entre comentarios de experiencias vividas y anécdotas, entre calientes y jocosas, que fueron amenizando y creando el ambiente de la noche por vivir.
Poco a poco, se fueron perfilando las simpatías, afinidades y gustos en común. El clima de complicidad y el sobrevuelo de las fantasías y deseos, sutilmente expresados, hacían que la noche fuera tomando temperatura. Graciela, por ejemplo, que desde un primer momento se mostró por demás expresiva y demostrativa para conmigo, se posicionó a mi lado con una determinación por demás evidente.
No dejaba de estar presta a facilitarme lo que se me ocurriera de la poblada mesa de consumos, a la vez que me regalaba alguna caricia o recorriera con la palma de su mano el largo de mi muslo descubierto. Todo un preaviso a lo que, aparentemente, pretendía de mí, lo que me hacía sentir más cómoda y predispuesta para el momento del inicio concreto de las actividades.
Claudio, en tanto, había empatizado en plenitud con Lily una mujer muy atractiva, con una silueta envidiable y Susana, una por demás interesante hembra de unos labios mortales, abundante cabellera rubia, medianos pechos carnosos que habitaban sin corpiño bajo su blusa beige y, un par de piernas macizas y bien torneadas, que anticipaban a simple vista lo que debían ser sus caderas sostenidas por su pollera negra de cuero.
Ahí siempre a unos pocos metros estaba el español, con su tonada, marcando bien las zetas, que no sacaba nunca sus ojos sobre mí y su pareja una mujer muy flaca, que tenía a simple vista más o menos la misma edad que nosotros. Estaba claro que me perturbaba sin remedio y que ya estaba apuntada como uno de sus objetivos de la noche. Junto a ellos, mi marido desplegaba su relajado perfil de seductor. Tal es así que, en más de una oportunidad, la flaca mujer acercaba su boca al oído susurrándole quien sabe que, lo que me indicaba que estaba a gusto.
Si bien Susana, me había hecho “click” desde que la vi y su pareja Claudio era un joven y atlético hombre, Graciela no dejaba de hacer mérito y despertar mi curiosidad minuto a minuto junto a su marido un señor de unos 50 años no tan agraciado con su físico, pero muy simpático. En un momento determinado, me dice: -Que ganas de besarte tengo. No bien terminó de expresar su deseo, entrelazamos nuestras manos que reposaba sobre el muslo de mi pierna y nos comimos la boca. Fue muy rico y gracioso, porque las máscaras chocaban entre ellas.
Su boca se abrió toda húmeda y se filtró entre la mía, a la vez que su lengua toda temblorosa se desplegó saludándose con la mía, y nuestros alientos fueron inevitablemente cómplices. Me encantó tanto que, cerré los ojos. En ese instante o eternidad, no sé, pensé en José. Abrí los ojos y lo veo charlando con el español y su mujer, más otra pareja que se había agregado a ellos, todos mirando hacia mí, festejando con sus copas, mi protagonismo en el salón. Eso hizo que mis mejillas sintieran inevitablemente el calor del rubor y que, Graciela, se apoyara sobre mi pecho derecho y se abrazara a mi cintura.
Creo que ese momento, fue la señal impensada para que la reunión abriera de par en par sus puertas al deseo. Dos de las parejas se levantaron rumbo a las amplias y mullidas habitaciones, ubicados en el fondo del salón donde como guardianes estaban Hebe y Juan, los anfitriones y los chicos del staff desnudos a esa altura.
Mi marido, se acerca me toma de la mano y nos sentamos en una de las banquetas de la barra de tragos. Pedimos uno cado uno, a esa altura ya había perdido la cuenta de los que había tomado. José me susurra que levante un poco mi vestido y le abra las piernas, cosa que no costó nada para que sus dedos empiecen a recorrer mi sexo totalmente húmedo a esa altura de la noche. En eso me doy cuenta que mira con insistencia a mi espada, cuando giro veo al español y su pareja en un sillón observando como él me tocaba.
José toma con fuerza la banqueta y la gira conmigo arriba, quedando mis piernas abiertas directamente hacia ellos, sin dejar de tocarme con una mano, con la otra intentaba con dificultad bajar el cierre de mi vestido. En tanto la flaca ya tenía la polla del español en su mano. Y también con algunos escollos trataban de desprenderse de sus ropas.
Cuando José logra bajar el cierre mi vestido, este cae primero hasta mi cintura, atajado solo por la banqueta donde todavía estaba sentada y al pararme llega al piso, giro lo más sensual que puedo para que vean mi cuerpo desnudo, aunque el español ya me había visto así. Y comienzo a desabrochar cinturón y botones de mi marido que a esa altura ya tenía la verga dura como un vidrio. Al quedar desnudos me toma de la mano y nos dirigimos hacia los dormitorios, pasando por el frente del español y su pareja, donde estaban las otras parejas empezando con las orgías que se hacen dentro.
Al llegar a la puerta de entrada la abrimos, estaba el pasillo con una luz tenue de color roja, Juan y Hebe desnudos nos reciben primero a mí donde Hebe me besa acariciando mi espalda y Juan me apoya de atrás haciendo un sándwich conmigo, Bienvenida Lau me dicen, después entra José, Hebe hace lo mismo con él, pero cuando Juan se quiere arrimar, lo frena para que no lo apoye. También le dan la bienvenida. Atrás nuestro llegaban el español y su flaca mujer.
Nos asomamos a la primera habitación donde sobre la cama estaban las dos parejas más jóvenes de la fiesta con dos de las chicas del staff y 2 de los chicos. Sin dudas eran la atracción de la noche por su juventud y belleza. Varias parejas alrededor viendo cada movimiento de ellos e interactuando por fuera de la cama.
Salimos y nos dirigimos a la segunda habitación donde había varias parejas sobre la cama y algunas en el suelo con varios del staff, parecía una caja de serpientes por como estaban todos enroscados, enredados. Ahí observamos por varios minutos la escena, al tiempo que el español recorría con sus manos mi espalda y mi cola con total delicadeza.
Abandonamos la habitación los cuatro e intentamos entrar en la tercera habitación que estaba con la puerta cerrada, al pretender abrirla nos dimos cuenta de que la fiesta era privada y seguro los integrantes que la ocupaban no querían que nadie los observe.
Entonces, por lo consiguiente nos dirigimos a la última habitación, al ingresar al amplio y bien dispuesto cuarto, Lily ya estaba extendida, perpendicularmente sobre la cabecera del espectacular King Size, con las piernas abiertas y apoyadas, mientras Susana, en cuclillas, le recorría su vagina de labios abiertos y brillosos por los jugos espontáneos, decoradas de unos pocos pelos castaños púbico que alcanzaban a rodearla. En tanto Claudio daba cuenta de la entrepierna de Susana que, con su cadera al descubierto, mostraba a pleno sus bellísimas piernas, su culo perfecto y abundante y una concha de maravilla que se habría cada vez más, producto de los lengüetazos y dedos traviesos de él.
Graciela, al darse cuenta de nuestra presencia, nos llama a mí y a la mujer del español, enseguida me eché sobre la humanidad de esa hambrienta mujer y comencé a besarla, a la vez que mis manos se deslizaban por sus pechos, su cara, su cuello y, alternadamente, hurgaba su vagina latiendo de la calentura obvia del momento. Luego de un rato de jugueteo, bajé lentamente hacia su bajo vientre y me ocupé enteramente de su concha implorante de atención, que se abría complaciente para mis besos y caricias.
De pronto, un quejido profundo surgió a mi lado, era Susana que había recibido, en su concha enrojecida, la pija endurecida de Claudio, hundiéndose hasta que las bolas chocaban sin remedio con los laterales superiores de las piernas abiertas de ella. El bombeo en un aumento progresivo, producto de la calentura que le provocaba tener clavada a semejante hembra, más el inconfundible sonido del miembro transitando la cavidad inundada de tanto placer y los gemidos de Lily que no se privaba de expresar el goce que tenía con la chupada de concha que en ese momento le propinaba la mujer del español.
En tanto veo que se suman Hebe y Juan que se lanzaron sobre los huesos flacos de la mujer del español. Mientras Graciela no cesaba de hablarme con una ternura mezclada de arrechera contenida: “Así, así, sí, sí, sí, así, chúpame toda mi vida. No sabes cómo te siento. Cógeme, cógeme así, tesoro. Que boca preciosa tienes. Me estás haciendo gozar mucho. Cógeme, muérdeme el clítoris, méteme los dedos, todos, todos. Hazme tu puta, cariño. Quiero ser tuya, sentirme tuya. Cógeme como quieras, muérdeme toda. Quiero que me hagas más puta que nunca.
Tal es así que, me convertí en una callejera sin límites: “Siii mi yegua hermosa, voy a hacerte acabar como nunca te hicieron. Me encanta tu concha, es muy rica. Te prometo que vas a ser mi puta preferida. Así, así, muévete toda. No dejes de gritar hermosa. Que rica puta. Que placer es tenerte para mí. El cuerpo de Graciela se movía de tal forma que, parecía que tenía una convulsión sin solución de continuidad. Mis manos la sostenían de la cintura para que su concha no dejara de estar al alcance de mi boca que se hundía y disfrutaba de ella con gran devoción.
En un momento determinado, al alzar mi cabeza, veo que Lily y Graciela tenían sus bocas pegadas, repartiéndose el placer que estaban recibiendo ambas. A su vez, Susana, que seguía ensartada por Claudio movía sus caderas al ritmo de la cogida recibida, le dice a Juan: “Corazón, por favor, mójame el culo con el jugo de mi concha. Méteme los dedos bien adentro, quiero una pija dentro de mi culo.
Mientras mi cabeza procesaba la calentura de Susana y me ponía más puta, de pronto mi concha se estremeció ante los mimos inconfundibles de una boca que se había apoderado de ella. Primero suspiré hondo de placer y, luego, giré mi cabeza para descubrir al benefactor. Era el español que junto a mi marido se acercaron a la cama, estaba arrodillado haciendo un fenomenal oral a mi concha abandonada, pero más caliente que todo el sexo del cuarto. Sus labios tomaban los labios de mi vagina con una sensibilidad y maestría que me hicieron estremecer inmediatamente. Sus manos se ocupaban de mis muslos superiores y mis nalgas, a la vez que en el transitar, sus dedos comenzaban a separarlas para incursionar en el hoyo de mi culo que, también palpitaba al ritmo de mí ya florecida concha.
De pronto cesa en su oral y José me levanta de la cama y me lleva hasta un mueble que había en la habitación, primero se sienta él apoyando su espalda contra la pared, luego hace que me siente en el borde del mueble apoyando mi espalda contra él, seguidamente toma mis rodillas para levantarla, para que de esa manera quede todo mi sexo expuesto al español que no fue necesario hacerle ningún pedido, apoyó la cabeza de su pija, la recorrió varias veces para embadurnarla con el líquido que vertía sin parar del pozo de mi enfiestada vagina y me penetró con una justeza y precisión.
Un quejido se despegó de mi boca, sentí esa satisfacción tan especial que solemos tener las mujeres cuando una pija se introduce en nuestras entrañas. En la mitad de su ingreso, me di cuenta de que el grosor de esa poronga no era algo normal, no era muy larga, pero si muy gruesa, venosa, dura, ello me obligó a sobreponerme rápidamente de la sorpresa, acomodar mis caderas y prepararme a recibirla plenamente. Que la tuviera tan gruesa, no me molestó en absoluto, muy por el contrario, sentía como llenaba toda la cavidad de mi vagina, sentía como rozaba las paredes forzando a que se dilate más.
Bien la tuve toda adentro, ya que sus bolas golpetearon en el hueco de mis piernas, un suspiro, acompañado de una exclamación de recibimiento, explotaron de mi boca: “¡Aaaah, uuuh, siii. Uuuuy que lindo!, háblame que me calienta tu tonada española. Siii, la siento tooodaaa. Así, así. Eso, eso. Así. No pares. Agárrame bien de las caderas y empújala toda, mira como estoy de mojada.
Mientras me cogía a gusto y paladar y yo en las nubes de Eros, escuche los orgasmos, gritos y contracciones que no dejaban de producirse uno tras otros, provenían de los que estaban en la cama, eso me desconcentro, no pude abstraerme de mirar el momento cumbre unos segundos, pero enseguida volví a lo mío. Sentía las palpitaciones de la verga de José en mi cintura, en tanto los dos juntos no paraban de susurrarme guarradas.
El español empezó a darme cada vez más duro parado frente mío, al tiempo que José continuaba sentado donde mi espalda se apoyaba, con una mano me sostenía de la cadera y con la otra busco mi clítoris, lo que me puso más puta y hambrienta. Mientras seguía enterrándomela en mi concha totalmente entregada, los dedos de José iniciaron el anunció que mi orgasmo estaba por llegar. La pija del español y los dedos de José eran la conjunción perfecta.
Dale, mi amor. Así, así tocame. Aaaaah, guacho, que pijón grueso tienes. Así, ahora sí, eso, empújala toda, así, así. Aaaah. ¡Uuaaau, que pedazo me metiste. Ahora, dale, hazme gritar. Dale, dale. Eran alguna de mis exclamaciones. Hasta que solté algo que nunca había dicho: -Quiero que vea mi marido cómo un buen pedazo de pija me hace delirar como la más grande de las putas. Mira mi amor como me culean. mira como soy la puta de otro.
-¿Te gusta, te calienta cómo te cojo? me pregunto el español.
-No sabes cómo estoy gozando esta poronga. Es maravilloso cómo la siento. Tócame con los dedos amor, sentí como entra esa verga dentro mío.
Y luego de un buen rato de entrar y salir ese tronco precioso del interior de mi concha, mis convulsiones características se encadenaron a más no poder, mis gritos, gemidos, alaridos se deben haber escuchado en toda la finca. La mujer del español no pudo resistirse al espectáculo y, sin dudar un instante, arremetió con su cabeza debajo de las bolas endurecidas de su marido y su boca se ocupó de ellas.
Su pija iba y venía como si corriera libremente por un amplio pasillo, hasta que comenzó a distenderse, producto de la acabada. Yo al volver a mis cabales me encontré colgada de los hombros del español y con la mirada sobre mí de todos los presentes que sonreían y algunos comentaban mi terrible orgasmo. Me incorporé y me di vuelta para abrazar a José que todavía continuaba sentado sobre el mueble, tomé en mis manos su inflexible verga y procedí a agradecerle tanta felicidad, la introduje en mi boca sedienta con toda la paciencia del mundo. En eso, la flaca mujer felicita a su pareja por el hermoso polvo que me brindo.
Y me dijo: -No me digas que no es bueno, Toño. Acababa de enterarme cómo se llamaba el dueño de semejante tronco que me había deleitado.
-Ya lo creo cariño, Toño tiene una hermosa pija y sabe usarla muy bien.
Mientras tanto veo a Claudio sobre la cama que, con total decisión, como si se tratara de un cuervo hambriento le deglutía sin miramientos la pija de uno de los chicos del staff. Su acción me dejó perpleja. Su cabeza subía y bajaba sin pausa. Claudio estaba en pleno goce, Graciela, seguramente ya conocía los vicios de su marido, parecía ponerse más cachonda con ese espectáculo -Dale mi amor, cómesela toda. ¿Viste que rica es la pija que se cogió a tu mujer?
Lily, se acercó a Hebe la dueña de casa, se arrodilló al costado de la cama, cómo pidiendo perdón por lo que iba a hacer, y comenzó a comerle la concha recalentada por el orgasmo que había tenido hacía unos minutos antes del mío. Graciela, se tiró a lo largo sobre el piso y se deslizó por debajo de la entrepierna de Lily para ocuparse de la solitaria vagina. El círculo estaba casi completo. Solo faltaba Silvia, la mujer de Toño que con sus piernas flacas se acercaba a la cama para participar. Cada uno disfrutaba del otro. En eso, le digo a José: -diviértete, pórtate bien y me despido con un beso bien jugoso en su boca. Y me retiro de la habitación para dejarlo disfrutar.
Al salir, por el pasillo me encuentro con dos chicas del staff y les pido que vayan a atender lo mejor que puedan a mi marido. Ellas sin dudarlo entraron a la habitación y lo buscaron inmediatamente. De ahí empecé a caminar para salir al salón en busca de agua. Al llegar a la barra donde todavía yacía mi vestido tirado en el suelo, siento la voz de Toño que me invitaba a sentarnos en el sillón donde estuvo con su mujer observándome antes de que todo comience.
Pedí un vaso con agua, y luego él pidió que nos lleven unas copas al sillón. Ahí comenzamos una larga charla, donde me contaba que Silvia su mujer tiene ataques de pánico y otros trastornos psicológicos desde hace unos 6 meses, que le produjeron esa extrema delgadez, y que desde entonces no llega a tener orgasmos. Y que el objetivo de ir a esta fiesta era que ella lograra acabar con quien sea, pero que pueda disfrutar.
A tiempo que varios circulaban por la barra, todos casi con el mismo objetivo, hidratarnos, yo le comencé a contar mis aventuras sexuales, o sea todos mis relatos escritos.
Eso hizo indudablemente que la temperatura empiece a subir y su pija reaccione de igual forma, que junto a sus manos empezaban a recorrer mi cuerpo otra vez, no sé qué me pasaba, pero no estaba caliente, se ve que el orgasmo que tuve fue tan fuerte que me dejo muy relajada. Igual me pidió que me suba sobre él, que se encontraba sentado, no lo dude ni un segundo, le hice caso, puse una rodilla a cada lado y apoyándolas sobre el sillón, con una mano le tome ese grueso y duro pedazo de carne y me lo incrusté en medio de la concha.
Empecé a moverme muy lentamente sobre él, a tiempo que le seguía contando cada una de mis historias, eso se notaba que lo ponía caliente, no paraba de frotar mis tetas y mi culo. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero fue un rato largo. Hasta que llega una pareja, se sientan en el mismo sillón donde estábamos, ellos llamaban mucho la atención porque ella era una mujer alta, grandota, con muchas carnes y su pareja un muchacho mas joven, flaco y unos 15 centímetros más bajo que ella.
Comienzan por tomar la misma postura que nosotros, ella sentada sobre él, estirando los brazos para tocarnos. Eso hizo que a los pocos minutos nos ofrecieran que intercambiáramos. Yo les pedí disculpas, y les dije que Toño era todo para ellos, estaba cansada y quería ir a descansar a mi cabaña un rato. Así que suavemente salí de arriba de Toño y le dejé su verga para ella, que inmediatamente se subió sin pedir permiso.
Encaré para las habitaciones, donde debería estar José. Pase primero por las otras donde ya todos estaban muy tranquilos y cogidos, la mayoría durmiendo, salvo algunos pocos que seguían charlando o tocándose.
Continúa…
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Les faltó culear con medias y ligueros y buena fiesta tremenda orgía buena narración
A mi me encanta cuando me dan con liguero y tacos!
Lo voy a tener en cuenta para la próxima. Gracias!!!
Hola Lau! Maravilloso relato y maravilloso experiencia. Me gusta como escribes, como describes…y me gustas tu, muchísimo. Sueño con comerte toda, la verdad.
Me parecen tú y José, y también sus amigos, de excelente nivel.
Te dejo un besito muy muy húmedo allí donde te imaginas.
Te admira…Sofi
Hola Sofi!!! Muchas gracias por tus comentarios, sos mi lectora favorita.
Me encantaría recibir esos besos húmedos, ahí donde mas me gusta.
Te mandamos un fuerte abrazo. Y nos encantaría un día conocerte.
Besos Lau.