Esto ocurrió hace mucho tiempo. En otro relato conté que de muy joven me gustaba usar los tacos altos de mi madre, como así algunas prendas femeninas. Mi primer par lo compré a los 18 años y el segundo un año después. Este último era un par de zapatos clásicos de taco muy alto y fino, color rojo brilloso. En esa época pasabamos varias semanas al año en la casa quinta de las afueras. En el lugar yo tenía un escondite donde guardaba algunas de mis cosas de mujer. Y se me dio lo que tanto esperaba.
Mi padre se ausentaba por varios días por razones de trabajo en su inmobiliaria, y mi madre lo acompañaba. Ya comenzaba a sentirme en la gloria. Partieron un viernes y el sabado era el día “D”. Los peones no trabajaban y Don Mario, el casero tenía su franco semanal. Me desperté cerca del mediodía, maldiciendo por haberme perdido la mañana, y traté de remediarlo rápidamente. Decidí dar un paseo por la tarde como a mi tanto me gustaba.
Me duché y comencé a vestirme. Me coloqué una tanguita y un corpiño de color rojo, (medio al pedo porque no tenía tetas), medias finas negras bien transparentes, un sueter de hilo blanco con escote en V y una minifalda color rojo pálido. Me calcé los tacos altos rojo y me sentía en las nubes. Era la primera vez que los iba a usar fuera de mi cuarto. Completé mi atavío con una campera de jean y me pinté los labios de rosa palido. Mi pelo tenía el largo suficiente para parecer femenino, con la ayuda de un vincha. Sali y me dirigí a la cochera a buscar el coche de mi madre.
La suave brisa en las piernas y el repiqueteo de mis tacos en la veredita me ponían a volar. El auto era un Peugeot 404 blanco con palanca al volante. Temblando como una hoja, lo puse en marcha y partí. Anduve largo rato por caminos forestales recorriendo plantaciones y otras quintas. Aparqué en un lugar solitario, descendí del vehículo y anduve por entre los árboles un tiempo prudente. No me animaba a ser visto por alguien. A las tres horas de mi partida. decidí regresar, y cuando estaba llegando a la quinta donde, supuestamente estaba mi seguridad, las cosas comenzaron a complicarse.
Por la excitación que traía, me descuidé y cuando estaba llegando a la cochera, se metió la rueda trasera en la zanjita de riego y me encajé. Comencé a acelerar desesperado, se deslizó de costado y la rueda izquierda también terminó en la zanja. ¡Me quise morir!. Intenté varias veces dando marcha atrás y hacia adelante, pero resultó inútil. Cada vez me encajaba más. Aunque estaba en un lugar seguro, me atormentaba por ser el auto de mi madre. Bajé y cuando vi las ruedas traseras, casi me pongo a llorar. Estaban hundidas casi hasta la mitad.
Mientras observaba, notaba como mis tacos altos y finos se enterraban en el cesped. ¡Y faltaba lo peor! Seguía mirando el coche como si fuera a salir por arte de magia, cuando de pronto escucho una voz a mis espaldas que pregunta: -¿Que te pasó, muchacho? ¡Sí que estás encajado!-.
Y como todo puede empeorar, al girar para ver quién era, se me salió un zapato y caí al suelo de costado. Y la voz se hizo presente de nuevo: -Los tacos altos no son para el campo, nene-. Era Martín, el señor de la quinta vecina. El susto, la vergüenza y la desesperación, corrían una carrera en mi mente. Pero ganaron mis palabras balbuceantes: -Si… no… sí… me quede encajado, Martín, y no puedo salir… Yo… -. Él respondió: -No sientas miedo. Ahora voy con la chata y te saco. Y por lo demás… no discrimino y soy muy reservado-.
Fui perdiendo el miedo pero lo suplantó la incertidumbre. Estaba decidiendo que hacer, pero al toque Martín llegó con la camioneta. En unos pocos minutos el auto estuvo fuera de la zanja. Le agradecí enormemente y sin haberlo pensado lo invité a cenar a la casa. Me dijo que si yo iba a estar vestido así, seria un placer acompañarme a cenar. Porque a él le parecia que esa ropita me quedaba muy bien. Sin evaluar nada le respondí que sí y quedamos a las nueve.
Mi cabeza estaba a mil. Buscaba motivos por los que me ma había puesto esa condición, pero siempre llegaba a la misma conclusión. ¡Martín me quería coger!. O quizás pensaba eso porque era un deseo mío. Y bueno, lo iba a averiguar unas horas después. Yo habá tenido un par de experiencias con muchachos de mi edad, pero esto me parecía distinto. Con el transcurrir del tiempo, me iba calentando y decidí esperarlo bien “puta”. Me puse lencería de encaje negra, medias de red, un vestidito mini color celeste que se ajustaba como una segunda piel y los tacos altos negros, igual a los rojos, pero dos centímetro mas altos todavía.
No se donde fue a parar mi corazón, cuando Martín se apareció en la puerta. Vestía una remera de cuello redondo, unos jeans color arena y mocasines impecables. Y por lo que pude notar, mi atuendo lo impactó. Le ofrecí un trago y me dirigí al barcito del living contoneandome sobre los vertiginosos tacos. Serví dos copas y nos sentamos en el sofá, uno al lado del otro. Premeditadamente crucé las piernas y dejé a la vista una buena porción de muslo. Dejó el vaso a un lado y me dijo:
-¡Que lindas piernas tenés, querido! ¿Puedo tocarlas? Digo… si no te incomoda.
-En realidad me siento bien con vos, Martín. Podés hacerlo.
-Y con esas medias y los tacos pareces una diosa. Estás re bueno… Bah re buena.
-Gracias, y tenés razón. Para vos puedo ser “ella”.
Y ya no pude decir más. Resulta difícil gesticular palabra con una lengua ajena casi metida hasta la garganta, ja. Casi me asfixia con ese beso. Comenzamos a recorrer cada centímetro de nuestros cuerpos. él no paraba de besarme y tratarme como mujer. Yo notaba como su verga se iba poniendo tiesa y no aguanté más. En tiempo record lo desnudé de la cintura hacia abajo y, arrodillandome, llevé su pija a mis labios. Quería ir jugando con mi lengua, como había visto en alguna película pero mi calentura pudo más. Me la metí de una en la boca y comencé a chupar casi con desesperación. Al cabo de unos minutos, me dijo:
-Pará. Pará hermosa. No quiero acabar todavía. Si no te oponés me gustaría cogerte.
-Para eso la estoy calentando. ¡Dale, cogeme, papi!. Damela toda… mi culito espera.
Su verga era más bien chica, pero erecta no era nada para despreciar. Y el tipo sabía lo que hacía. Me fue dilatando el agujerito lentamente con los dedos y luego comenzó a penetrarme. Yo lancé un gritito, que fue más por sentirme “minita”, que por dolor. El guacho sabía lo que hacía. Me cogió en varias posiciones y siempre a fondo. Nos decíamos de todo, pero mentiría si digo que recuerdo esas palabras. De pronto me puso de espaldas en el sofá, levantó mis piernas y me la metió hasta el fondo. Y comenzó a bombear con un frenesí que me sacudía hasta la cabeza. Era divino sentir esa pija en mi culo. Y mirarlo a él a la cara y ver tambien mis adorados tacos altos bamboleandose a cada sacudida, me transportó al cielo. Al cielo de las putas, jaja.
De golpe me la sacó y acabó sobre mis nalguitas. ¡Ahh, qué placer! Ni fui al baño. Me limpié con papal higiénico, me subí la tanguita y, sin ponerme el vestido fui a la cocina a preparar café. Obviamente haciendo sonar mis tacos altos en el piso. Bebimos una taza de café abrazados como si fueramos novios (novios calentones, jaja) y antes de marcharse me dijo que cuando volvieran mis padres, si yo quería, podía visitarlo en su casa, ya que vivía solo. Le dije que era lo que yo más deseaba y nos despedimos con un beso apasionado al mango.
Ese día me sentí bien mujer y sobre todo bien puta. En proximas entregas les iré contando más de esa época y de más adelante. Espero les guste y gracias por leerme. Besitos.
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Que rica experiencia! Relata más sesiones con tu vecino! Me calenté mucho! Saludos!!!
Yo te puedo ayudar
Hola Omar, me puedes ayudar a mi? O le contestaste al que relata?
Yo ando en busca de un chico afeminado o un trans de closet. Porque si tu no eres así, pues te agradezco, pero le temo a los hombres, no vaya a ser que me trates muy salvaje y mi primera vez no sea como yo lo imagino y quede traumada por siempre jajajajaja. Besos 😘
No te imaginas que duro se me puso mi pitito al imaginarte como estabas vestida tan sexy. Así quisiera vestirme como tu y que una verga larga me ensartara. Es tan deliciosa la ropa femenina y el hilito sentirlo en el culo. Y esas zapatilla wowww!! Te imagino hermosisima mi cielo. Muy cachondo tu relato. Besitos