Se acercaban las navidades y uno de los clientes de mi marido decidió hacer una fiesta en una finca que tenía en un pueblo a una cierta distancia de la capital, un viernes por la noche, por supuesto teníamos que ir, al planificarlo con mi marido, nos pusimos de acuerdo en que él se iría antes, para ayudar al anfitrión a preparar las cosas, al parecer era un cliente importante, y se llevaría a su hermano, que trabajaba con él y a la mujer de este, llamada Irene, eran los padres de Silvia, de la que ya he hablado. Yo por mi parte debía de recoger a Elisa en su casa, la idea de estar con ella a solas, me resultaba muy excitante.
Quizás el hecho de haber tenido sexo entre nosotras hizo que las dos nos decidiéramos, sin acordarlo previamente, por ir con vestidos cortos y escotados que dejaban ver nuestras piernas y nuestros escotes, cuando llegué a su casa para recogerla, y la llame por el móvil para que bajara ella me dijo que subiera, en realidad no teníamos prisa y la forma en que había dicho lo de que subiera me resultó muy insinuante, así que subí.
Ver cómo iba vestida Elisa superó mis mejores expectativas, llevaba un vestido rojo impresionante, seguro que sea noche muchas pollas, y algunos coños se calentaron con él me invitó a sentarme y hablamos un poquito, pero mientras lo hacíamos yo no podía dejar de mirar sus tetas, que apenas tapaba su vestido, no pide evitar llevar mis manos hacia ella y sacárselas de su vestido.
Llevábamos una temporada sin vernos y aquel manjar resultaba demasiado apetitoso como para no comérmelo, así que primero se las acaricie y luego directamente llevé mi boca a esos deliciosos pezones y me puse a comérmelos, estuve un poco así, pero me había puesto demasiado caliente, así que cambie de destino levé mis manos hacia sus piernas, y mientras se las acariciaba le subía el vestido, cuando llegué arriba pude comprobar que la muy zorra no se había puesto bragas, como tampoco sujetador, eso me facilitó las cosas me puse a acariciarla el coño, mientras lo hacia no pude resistirme a la tentación de preguntarle:
-Dime zorrita ¿Te has vestido así por alguien especial?
La idea de llevarla al orgasmo con mis manos me resultaba muy atractiva, y oírla habar mientras gemía más, ella me contestó que no era por alguien especial, pero que seguro que durante la fiesta le iban a aparecer oportunidades, y a modo de consejo me dijo que si andaba atenta yo también las tendría.
Masturbar su coño me calentó aún más, sin poder evitarlo, tuve nuevos deseos, me arrodillé ante ella, y sacando mi lengua la introduje dentro de ese delicioso coño que había tenido la suerte de probar otras veces.
Mientras la comía el coño ella se puso a gemir de una manera muy fuerte, mientras decía:
-Mila, me estas volviendo loca, lo que me haces es increíble, ninguna mujer me ha dado tanto placer como tú
Sus palabras aumentaban mi excitación, la verdad es que adoraba a esa mujer, así que seguí comiéndole el coño, cada vez lo notaba más húmedo, y eso hacia que mi excitación aumentara, ella seguía diciendo:
-Mila sigue comiéndomelo, me estás haciendo alucinar.
Yo seguí comiéndoselo, pero en ese momento me di cuenta de una cosa, ella tenía el vestido recogido en su cintura se podía arrufar, así que se lo quité y la deje completamente desnuda, y decidí cambiar de postura la pedí que se pusiera a cuatro patas, sobre el sofá donde estaba sentada y yo de esta manera tenía mejor acceso a su coño, desde atrás y con mi lengua me puse a lamérselo de nuevo, así como la zona de su culo, ella comenzó a gemir de una todavía más intensa hasta que se corrió y sus líquidos inundaron mi boca.
Descansamos un poco y después ella me dijo:
-Ahora me toca a mí, mamita.
Se arrodilló ante mí, yo abrí bien las piernas, y ella introdujo su lengua dentro de mi coño, sus lamidas eras muy precisas, lo hacía divinamente y no pude evitar correrme.
Hubiera sido divino seguir follando, pero el tiempo se nos echaba encima, el anfitrión había dispuesto, para que los invitados no tuvieran problemas con el alcohol, que un autobús les recogiera cerca de su oficina, y luego, de madrugada, cuando la fiestas hubiera terminado los trajera de vuelta a la ciudad, pero en el caso de mi marido y su hermano, nos había reservado una habitación en la finca, junto a algunos invitados más.
Cuando llegamos los invitados que habían ido en autobús ya habían llegado, mi marido se unió a mí y me presentó a nuestra anfitriona, parece que ya había pasado los sesenta, pero se la veía estupenda, quizás el bisturí ayudaba, también era bellísima su hija mayor, se llamaba Sara, pero tanto por su belleza, como por ser la primogénita y una estrecha colaboradora de su padre la llamaban La Princesa.
La fiesta estaba muy animada, pero a mitad de ella mis zapatos comenzaron a molestarme, por suerte en mi equipaje me había traído otros de reserva me decidí a cambiármelos por lo que me fui a la habitación que teníamos reservada en uno de los edificios de la finca, al entrar oí a dos mujeres conversar en el salón, y movida por la curiosidad fui a ver quién eran.
Allí estaban la mujer de mi cuñado, Irene y Sara, la Princesa, las dos se encontraban en ropa interior, muy pegaditas, oí como Irene le decía a Sara:
-¿No te parece que esto es muy arriesgado?
-No te preocupes quería, le respondió esta, la gente esta entretenida con la fiesta nadie nos va a ver.
En ese momento cada una le quitó el sujetador a la otra, las dos llevaban una ropa interior muy sexy, y se quedaron solamente con sus tangas, mientras sus tetas estaban al descubierto, las dos las tenían fantásticas, se besaron nuevamente y se quitaron mutuamente el tanga, quedándose desnudas, repitieron nuevamente el beso, y se fueron al sofá, La princesa llevó una de sus manos a las piernas de mi cuñada y se puso a acariciárselas, al poco rato, Irene dijo:
-Jefa quiero rendirte pleitesía.
Debía de ser una especie de código entre ellas, puesto que Sara se sentó en el sofá, mi cuñada dirigió su boca hacia las tetas de la chica y estuvo un rato chupándoselas, después se puso de rodillas en el suelo, La princesa abrió bien sus piernas y mi cuñada, llevó su lengua hasta el coño de su acompañante y sacando su lengua se puso a lamérselo.
Yo estaba alucinada viéndola, no pensaba que Irene y yo tuviéramos nada en común y en esos momentos estaba comprobando todo lo contrario.
Mi cuñada siguió comiéndole el coño a la princesa hast que logró que esta se corriera, en ese momento Sara le dijo:
-Cariño, lo comes muy bien, me encanta que seas mi mujer.
Mi cuñada seguía con su lengua en el coño de la chica, y debía de estar haciéndolo muy bien puesto que la princesa gemía de una manera bestial, menos más que había música, sino sus gemidos se hubieran oído desde muy lejos. No fue extraño que su acompañante se corriera rápidamente.
Después fue mi cuñada la que se puso recostada en el sofá con las piernas bien abiertas, Sara llevó sus manos hacia un bolso, sacó de él un aparato, debo confesar que en ese momento no había visto ninguno, pero era fácil intuir que se trataba de con consolador, se acercó al coño de mi cuñada, y rozó si aparato sobre los labios de la vagina de Irene, que se puso a gemir, mientras la princesa, sin dejar de jugar con el aparato llevó uno de sus dedos hasta su boca y se lo chupó. Después le introdujo ese dedo a mi cuñada dentro de su coño y comenzó a masturbarla, mi cuñada se puso a gemir. Sara le pregunto:
-Dime cariño, ¿Te gusta más mi dedo o la polla de tu marido?
-Tu dedo más, mucho más, respondió esta.
La princesa siguió jugando con el coño de mi cuñada que no cesaba de gemir y sus gemidos se iba intensificando hasta que se corrió.
En ese momento las dos se levantaron del sofá y se volvieron a besar en la boca, tras ello sara le dijo:
-Ahora te toca a ti ser mi marido.
Volvió a llevar sus manos hacia su bolso, y lo que sacó de él no dejaba dudas sobre su contenido, se trataba de una polla de plástico y de un arnés para sujetarla, se lo cedió a Irene que sin dudarlo se lo puso, transformándose de esta manera en un macho muy bien dotado.
Mi cuñada rozó con su juguete una de las tetas de la princesa, esta rápidamente acercó su cabeza al objeto y, como si se tratará de una polla de verdad, se puso a chuparlo, y así estuvo un poco, pero luego dijo a su macho ocasional:
-Mi amor follame.
Y tras decir esto se tumbó en el sofá con las piernas bien abiertas, mi cuñada se puso de rodillas, y desde esta postura acercó su nuevo miembro hasta el coño de la princesa y, como su fuera un verdadero macho se la metió dentro del coño y comenzó a moverse dentro de él, Sara se puso a gemir de una manera bestial, menos mal que había música, porque si no sus gemidos se hubieran oído desde la nave donde se celebraba la fiesta, y mientras la follaba mi cuñada le acariciaba las tetas, la chica comenzó a decir:
Cariño esto es increíble, me estás haciendo disfrutar mucho más que cualquier tío.
Mi cuñada seguía moviéndose dentro del coño de la princesa con una gran habilidad, sin duda mucho mayor a la que mi marido lo hacía conmigo y seguramente su marido lo hacía con ella.
Pero la cosa no se quedó ahí al cabo de un rato Sara le pidió a mi cuñada:
-Maridito mío, métemela por el culo.
Irene se la sacó y se puso de pie, Sara también se levantó y se puso a cuatro patas, apoyada en el respaldo del sofá, mi cuñada se puso detrás de ella y de un golpe se la metió por donde su esposa, le había pedido, esta demostrando que fueran naturales o artificiales había recibido pollas por ese agujero, se puso a gemir de una manera muy intensa, mientras, la princesa gemía de una manera cada vez más intensa hasta que se corrió.
Me pareció muy peligroso permanecer en el lugar, así que de una manera muy sigilosa lo abandone, y me fui a mi habitación donde me cambié de zapatos, y sigilosamente, otra vez, volví sobre mis pasos y regresé a la fiesta, sin dejar de pensar que me gustaría tener una conversación muy profunda, u otra cosa, con mi cuñada, poco después esta y su acompañante regresaron a la fiesta, separadas, como su no hubiera sucedido nada entre ellas.
Llegó la hora de que la fiesta se terminara, y los invitados debían de tomar el autobús para regresar a Madrid, aunque mis cuñados habían sido llevados por mi marido, parece ser que Irene tenía que hacer cosas en la capital y se volvió en el autobús, mientras él se quedaba en la finca, al parecer en la tarde del día siguiente iban mi marido, él y Elisa iban a tener u a reunión, en la que además del anfitrión iba a participar su hija.
Mi marido y yo nos fuimos a dormir, él cayó rápidamente en un sueño profundo, pero yo no podía dormirme, lo que había visto entre Irene y la hija de nuestros anfitriones no dejaba de dar vueltas a mi cabeza, sentí que debía de compartirlo con alguien, por lo queme decidí a ir en busca de Elisa.
Me puse una bata y las zapatillas y me dirigí a la habitación de ella, pero al llegar oí unos gemidos, por suerte la puerta tenía una cerradura sin llave y me agaché para que sucedía. Lo que pude ver me dejó impresionada.
Sentada sobre su cama se encontraba Elisa, completamente desnuda y de pie a su lado con solamente la camisa puesta, pero completamente desabotonada y con la polla al aire y completamente dura, se encontraba mi cuñado, oí como ella le decía:
-Cariño, ¿Quieres que te la tenga entre mis tetas?
Él no contestó simplemente se limitó a acercar su polla a la chica que apretando sus pechos se puso la polla de mi cuñado entre ellos y se movió como si fuera un coño, mi cuñado se puso a gemir mientras le decía:
-Que buena estas Elisa, y que bien follas.
-Tu mujer también esta buena, dijo esta.
-Que va, es una vieja, y sin ganas de follar.
Yo en ese momento sentí ganas de reírme, dado lo que había visto hacia un rato, pero me contuve por miedo a ser descubierta, ella seguía moviendo sus tetas, y el no se odia contener sus ganas de gemir, hasta que ella le dijo:
-Amor, ¿No te apetece que te chupe la polla?
A él desde luego la idea le encantó, ella soltó su polla de las tetas y mi cuñado se sentó en la cama. Mientas Elia se sentaba a su lado, agachándose llevó su boca hasta la polla de él, y se la metió en la boca, comenzó a moverse arriba y abajo, mientras mi cuñado, entre gemidos, decía:
-Que bien la chupas cariño, acertamos de pleno al nombrarte nuestra secretaria.
Supongo que se refería a mi marido y a él, y la verdad es que tenía la apariencia de que lo hacia divinamente, pero por otra parte ese comentario parecía despre ciar que Elisa era muy inteligente y que, seguro que hacia muy bien otras cosas que no era chuparla, ella ajena a sus palabras seguía chupándosela, mientras él no paraba de gemir y finalmente le pidió:
-Mi niña, vamos a follar.
Cuando oyó estas palabras, ella sacó la polla de su jefe de su boca se levantó, mientras el seguía tumbado, ella se subió a la cama, se puso de pie encima de la polla de él y poco a poco se fue arrodillando, hasta que abriendo su coño hizo que la polla de su jefe entrara en su interior, y comenzó a cabalgarle, el volvió a gemir de una manera muy intensa, mientras decía:
-Follas de una manera increíble.
Tras un rato recibiendo los envites de su secretaria mi cuñado le dijo:
-Mi amor, seguramente estarás cansada, túmbate y cambiemos de postura.
Ella lo hizo y el se puso de lado, dando con su cuerpo a la espalda de la chica y la dijo:
-Me encanta como eres, joven, con un cuerpo increíble y muchas ganas de follar.
-¿A tu mujer no le gusta?, preguntó ella.
-Para nada, casi no lo hacemos.
No pide evitar recordar lo que había visto hacia un rato y pensar en lo poco que conocen, muchas veces, los hombres a sus mujeres.
Él, que estaba a la espalda de ella, llevó su polla hasta la entrada del coño de la chica, que alzó una de sus piernas, la polla de él, que se parecía mucho, en cuanto a tamaño a la de mi marido entró en el coño de la chica y los dos se pusieron a gemir, olvidando que no estaban solos en la casa, él la decía:
-Te adoro preciosa.
Mientras con su mano le acariciaba el coño, ella también parecía disfrutar y sus gemidos se hacían cada vez más intensos, para mi sorpresa él la pidió:
-Mi niña quiero metértela por el culo.
-De acuerdo, dijo ella, pero antes deja que te la vuelva a poner dura.
Él se puso de rodillas sobre las tetas de introdujo su polla, e introdujo su polla entre sus pechos, la chica se las apretó, hasta que se le puso bien dura, cuando esto sucedió +el se apartó y ella se puso a cuatro patas, entonces él se la metió por el culo.
En ese momento pensé que lo que estaba haciendo podía ser peligroso y emprendí el camino de regreso a mi habitación.
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