Verdad o reto

0
3466
T. Lectura: 2 min.

«Verdad o reto, dime: ¿con cuántas has cogido?

Casi estamos parejos: yo llevo solo siete.

Hombres, quiero decir. Mujeres, dos. Te digo:

no se me da muy bien ligar con las mujeres.

 

»¿Eres hombre de nalgas? ¡De pechos, lo sabía!

¿Y qué pechos te gustan? ¿Más firmes, más redondos?

Ya, mejor dime entonces… tú, en tus fantasías…

¡Cállate! ¡Ponte serio! ¿No ves que me sonrojo?

 

»Ya, dime: al “atenderte”, ¿a quién “se la dedicas”?

¿Qué imagen viene a ti cuando piensas en pechos?

Si fueras a una isla, ¿quién te acompañaría?

No solo quién te excita: ¿con quién coges en sueños?

 

»¿Conmigo? ¡Cómo crees! Bueno, yo tengo novio…

Cuando nos conocimos… ¡Si me lo hubieras dicho!

Bueno… sí lo sabía. Eras bastante obvio…

Jum, ¿no tienes la idea de que nos queda el “bicho”?

 

»”El bicho”, las ideas de ese qué-hubiera-sido

que vienen en la noche, cuando estamos más tristes,

“él te traía ganas, ¡y no te lo cogiste!”,

y, tristes y calientes, nos quedamos dormidos.

 

»Jum, solo por saber, dime qué has fantaseado.

¿El museo? Sí, me acuerdo. Yo llevaba un gorrito,

una faldita negra, abierta de un costado,

y una blusita… pues… muy mala para el frío.

 

»Nadie puede juzgarte. ¿Quién no ha pensado nunca

en una exposición, en las salas vacías,

con el eco lejano de un guardia que deambula,

coger tras una estatua… con una buena amiga?

 

»Y sí, quizá también yo haya pensado cosas

cuando veía tus ojos huyendo de mis pechos.

Quizá quise besarte, quizá pensé “la ropa

que hoy elegí seguro lo pone como un leño”.

 

»Acercarme a tu oído, a tu pecho; pegarte

mi cadera, sentir tu miembro, e ir diciendo

el diálogo sensual que, con labios brillantes,

dice una femme fatale de cine blanco y negro.

 

»¡Vamos! Ni a ti ni a mí nos gustará la duda

de cómo es, por debajo, el cuerpo de un amigo.

La dama escoge: quítate el pantalón. ¡Qué lindo!

¡Ay, qué tiernas se ven tus piernitas desnudas!

 

»Te va escoger a ti. ¿También los pantalones?

Muy bien, pero no mires. De pronto me dio pena.

No, no: yo amo mi cuerpo. Pero, ve, mis calzones

son demasiado rosas para estas diligencias.

 

»A la de tres, va el resto (camisa y blusa, digo;

tú puedes, si eso quieres, quedarte en calcetines).

Me quitaré el brasier, que ya me hartó el maldito.

¿Mis senos se parecen a los que en sueños viste?

 

»Tranquilo, satirillo. ¿Como por qué acaricias

las aterciopeladas manzanas de mis pechos

si no te di permiso? Tú no eres un cabrero

ni yo una pastorcita a la que te le arrimas.

 

»Pero ya los tocaste. ¿Ya para que prohibirlo?

Sé lindo y baja un poco, y bésales la aureola.

Y mientras no me miras, ¡te sacaré la piola!

Yo también tengo manos; ojo por ojo amigo.

 

»Me agacho para verla. Acércala. ¡Qué firme!

Pon su cabeza tibia sobre mis dos pezones.

¿Te gustaría una rusa? Solo no me termines

dejando de alma blanca cubiertos los melones.

 

»Quiero sentirla cerca, quiero sentirla abajo,

pero mi novio… bueno, no es sexo exactamente

si solo corre un poco por entre labio el labio

el tronco de tu verga… tan pero tan caliente.

 

»Bueno, quizá la punta pueda tocar mi rosa.

Ligero, por los labios. Piensa que es una ola

de atrás hacia adelante. Mi clítoris ahora.

¿Un beso, dices? Bobo. Tu pija basta y sobra.

 

»Pero no me la metas… Ponla en la entrada. Eso.

Ay, si fuera soltera, ¡cómo te cogería!

No sabes qué caliente está mi flor por dentro.

Yo sé hacerte acabar en catorce embestidas.»

 

Jugando, ella repite: «¿verdad o reto?, dime».

Él le hinca el glande apenas; ella se estrecha y gime.

 

Ay, lector o lectora,

si en la catorce sílabas del verso

lograste tu… “victoria”,

te juro que me alegro…

tons deja comentario por lo menos.

Loading

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí