Sol y agua
El sol de la mañana le siembra sombras sobre las costillas tan cariñosamente protegidas por dos senos de luz, que el agua empapa. Pero ella tiene formas tan cuantiosas, que hay mucho espacio de su piel perlada a donde nunca llegaría una gota. Las toma entre las manos y las alza, y, entonces, bajo el pecho, que rebota, se cuelan...