Julia no pudo seguir contándome sus vacaciones tan especiales al cabo de unos cuantos días. Aunque acudí a la farmacia, su jefe no dejaba que ella perdiera el tiempo conmigo. Así que yo compraba cualquier medicina y me iba. Aunque rondaba por allí para ver si el farmacéutico salía un rato, no había manera. Por fin, esta mañana Julia pasó por la carpintería y me dijo que, si yo podía ir a la farmacia a las once, podríamos hablar tranquilamente, que su jefe debía acudir a una visita al médico por algo de su mujer. Yo pensé que quizá podríamos hacer algo más que hablar.
Aunque sin dinero para pagar sus servicios, me temía que no. Le dije que por qué no se quedaba un rato en la carpintería, pero dijo “tengo que ir puntual a la farmacia, no quiero que el jefe se enfade conmigo, y, además, usted sabe que soy una mujer casada, que quiero mucho a mi esposo y que solo podemos vernos en la farmacia, como parte de mi trabajo, si no me sentiría que engaño a mi marido”. Yo estuve a punto de decirle que ella a veces ha trabajado fuera de la farmacia, en sus servicios muy, muy especiales, pero no se lo digo, no quiero molestarla.
Además, seguro que ella me habría contestado que eso eran excepciones y muy bien pagadas y que lo veía como parte de su trabajo en la farmacia. Me doy prisa en hacer algo en la carpintería y poco después de las diez, me voy a ver a Julia.
Así que llego bastante antes de las once y espero a ver que don Boscos salga de la farmacia. Pero pasan los minutos y él no sale. La espera se me hace eterna. Dudo de si volver a la carpintería y dejar nuestra charla para otro día. Por fin, él se va apresuradamente y yo, sin que él me vea, entro. Ella está atendiendo a una clienta y veo que hay gente esperando. Yo saludo con un “buenos días” y me pongo en la cola. Va entrando gente y yo les dejo pasar delante de mí. Julia está muy guapa, con las mejillas muy coloradas. Veo que hoy la batita es más corta que nunca. Y que tiene varios botones desabrochados y muestra un buen escote. Me pregunto si está sin ropa interior. Noto una erección.
Al cabo de un buen rato, nos quedamos solos. Ella me sonríe, me da un beso en la mejilla y me toma de la mano.
-Venga, entremos a la salita, a ver si no viene nadie durante un ratito y le puedo contar mis vacaciones tan especiales. ¡Oh, vaya, cuánto desorden! ¡Y mis bragas por el suelo! Y allí está el sostén. Perdone usted, don carpintero.
-No importa, mujer. Eso quiere decir que…
-Pues sí. Es que ha venido un cliente muy especial poco antes de las diez y media y… bueno, ya sabe. Y, sin entrar en detalles, el pobre hombre ha tardado mucho en correrse y el jefe me decía que saliera, que había mucha gente en la farmacia, y que él debía marcharse.
-¡Vaya! Así que él no… el cliente quiero decir… no pudo…
-Sí, sí. Al final, le he hecho una cubana y ha tenido un buen orgasmo. Me ha dejado el pecho lleno de su lefa. Y aún noto su sabor en mis labios. Bueno, la verdad es que me agrada ese gusto.
-Ya.
-Y me he puesto la bata enseguida y he salido a despachar.
-Entiendo.
-No he tenido tiempo de limpiarme las tetas ni nada.
-Pero a usted no le importa.
-Pues no, tiene usted razón. Oler el semen me gusta. Y saborearlo – se relame y me guiña un ojo.
-Oiga, mire cómo me ha puesto eso que usted me explica – señalo mi bragueta muy abultada.
-¡Oh, don carpintero, qué sensible es usted, ja, ja, ja!
-Julia, yo creo que… — me acerco a ella e intento besarla, pero se aparta.
-A ver ¿pero tiene usted dinero para pagarme? – trato de abrazarla y se aleja.
-No, no, aún no. Es que las niñas… además, la carpintería no va muy bien. Creo que la tengo demasiado descuidada. ¡Y es que solo pienso en estar con usted!
-Va, ya será menos. ¡Uy, una clienta! Espere y ahora vuelvo.
Ella no regresa hasta al cabo de unos veinte minutos. Me doy cuenta de que estoy haciendo el tonto y creo que voy a salir e ir a trabajar. Pero Julia entra y me quedo.
-¿Quiere que le cuente cómo me fue de novia de alquiler, pues?
-¡Sí, sí, por supuesto! – creo que a ella le gusta explicármelo y a mí escucharla – ¿Qué más pasó, Julia?
-A ver ¿dónde nos quedamos?
-Me contó que se disponían a comer en un restaurante de lujo. Y que brindaron.
-¿Solo le conté hasta ahí? Uy, pues verá, ahora viene lo mejor. Sí, brindamos con champán, muy rico, muy caro. A él se le veía muy contento de estar conmigo. Me dice “¡Va, brindemos por la novia más cachonda!” Enseguida nos van trayendo platos de manjar delicioso. Me recordó mi vida antes de casarme. Le dije a usted que mi familia es muy rica ¿verdad?
-Sí, pero que…
-Que cuando me casé, dejé de disponer de dinero de mis padres, sí. Y además fueron llegando hijos. Así que hasta hace poco hemos ido bastante justos.
-Pero ahora ya no.
-Desde que trabajo en la farmacia.
-Y por los servicios especiales que usted presta aquí.
-Sí, sobre todo por eso. ¡Y mi marido tan contento! – sonríe.
-Claro.
-Pues sí. Bueno, pues estamos en el restaurante disfrutando de la comida y bebiendo un vino divino. Me alegra que mis minivacaciones sean con alguien tan rico y generoso. Aparte de la gran cantidad que pagó a don Boscos, veo que le sobra el dinero y lo disfruta conmigo. Seguro que él puede tener a cualquier chica, que puede escoger, a modelos y eso. Y me halaga que me haya escogido a mí, la verdad.
-Usted es muy guapa, Julia.
-No es verdad. Además, él es más joven que yo. Y soy madre de tres hijos.
-Bueno, la cuestión es que la eligió a usted para esas vacaciones.
-Sí. Durante esos días me fue dando cuenta de que le gustaba. Se ve que además le daba morbo que yo estuviera casada. Eso de que me vea como una milf… pues la verdad, me complace.
-Es normal.
-Sí. Se ve que esa tarde de ese servicio tan especial, con mi estriptís y lo demás, le encanté.
-Usted me dijo que ese día, cuando se vieron por primera vez, él… usted… allí, delante de todos…
-A sí, se la chupé. Le hice una buena mamada. Me gustó el sabor de su polla. Y también su esperma, muy sabroso y caliente.
-Ya.
-Por eso tuve una alegría cuando don Boscos me dijo que era Pancracio quien pidió estar conmigo durante esos cinco días.
-Entiendo.
-Es que Pancracio había sido muy amable esa tarde. Cuando terminó en mi boca, él me dijo “Gracias, la chupa muy bien, señora, y vaya suerte tiene su marido”. Ya le digo, todo un caballero.
-Ya veo, sí.
-A ver, aparte de gustarle y pensar que soy una milf, reconozco que Pancracio quiso estar conmigo porque vio que yo era una mujer muy caliente, que me gusta el sexo y lo disfruto. Se ve que ha tenido varias novias, pero que las encontraba poco abiertas. Y su exesposa… tampoco le satisfacía.
-Ya.
-Por lo que vi en las cortas vacaciones y por lo que me explicó, él quiere que sus parejas sean desinhibidas, incluso algo frescas.
-Por eso quiso que usted…
-Sí. Desde que vio mi actuación esa tarde, allí, delante de tantos hombres, se le puso en la cabeza estar unos días juntos, como si fuéramos novios. Y tener por fin una pareja que no le molestaran según qué cosas que él deseaba.
-¿Cómo qué?
-Bueno, pues exhibirse. Que fuera muy cachonda. Y… ya verá.
-Así que, en el restaurante, ustedes disfrutan de una buena comida.
-Sí, muy buena. Riquísima.
-Usted iba vestida como una colegiala.
-Sí, como una colegiala sexy, ja, ja, ja. La falda, plisada y de cuadraditos, de un palmo. Una blusita blanca, escotada, corta y muy transparente. Y con coletas y todo.
-Y sin sostén.
-Sí, sí, sin sostén y sin bragas.
-Me la imagino.
-Estaba muy sexy, eso seguro. Y además con el tapón anal insertado
-¿No le molestaba?
-Pues ya no, la verdad. A ver, lo notaba en el culo, pero supongo que se me había ido abriendo y adaptando al plug y, la verdad, me daba más placer que otra cosa. Y mucho morbo. Me imaginaba que Pancracio después querría probar mi culo y eso me excitaba. Así que estábamos comiendo y bebiendo, muy a gusto. Mi novio me mira con deseo. Y me dice:
-Juli, por favor, no junte tanto las piernas, no las tenga tan apretadas.
-Cariño, es que… a ver… es que la falda es muy corta y no llevo nada debajo, ya lo sabes.
-Sí, lo sé, por eso le pido que separe las piernas.
-No, no puedo, con esta faldita, no.
-Sí, precisamente con esta faldita.
-Pero es que, se me va a ver todo.
-Así está la gracia.
-No, no. Eso no, aquí, delante de todo el mundo. ¿No te das cuenta de que todos me verían enseñar el coño y el culo? ¡Incluso el plug!
-Bueno, ya sabe que quiero presumir de novia guapa, sexy y desinhibida.
-Sí, ya sé. Pero…
-Y que le gusta mostrar su cuerpo, por cierto, muy sexual. ¡Irresistible!
-Gracias, amor.
-Pero si no quiere… pues nada.
-No te enfades ¡Cariño!
-No pasa nada. Coma, tranquila.
-Si quieres, luego, después de comer, contigo a solas, separaré las piernas y podrás verlo todo, solo para ti.
-Ya le dije lo que deseo ahora mismo.
-Pero, ay, es que se ve gente muy elegante y educada. ¿Qué iban a pensar? Es que, además, todo el mundo ya me está mirando y seguro que hablan de mí. Deben de pensar que soy una fulana.
-Eso no debe importarle. Aquí no la conoce nadie.
-Ya, pero… a ver, es que…
-Seguro que todo el restaurante está pendiente de usted, sí. Muchos de los comensales estarán desando que se baje algo la blusita para ver mejor su escote.
-No, pero si, además, esta blusa… tan transparente, así sin sostén, se me marcan mucho los pezones e incluso se me ven las aureolas.
-Unas tetas muy deseables.
-Gracias, amor. Después, si quieres, podrás…
-Juli, estoy seguro de que todos los clientes están imaginando que usted separa algo las piernas y descubrir que no lleva bragas.
-Es un restaurante muy elegante, cariño, no te disgustes.
-No estoy disgustado. Es solo que pensaba que usted… que no tendría tantos escrúpulos, que era más… fresca y que querría complacer a su novio. Eso es lo que me aseguró el farmacéutico.
-Pues claro que sí. Ya te digo, después de comer… haré lo que me pidas, cariño, en la intimidad.
-No creo que yo después quiera nada, Venga, coma, tranquila.
-Estás enfadado.
-No, solo desilusionado.
-¡Por favor! A ver… mira, cariño, no aprieto tanto los muslos.
-Ya.
-Separo algo las piernas. Para ti.
-Más.
-Pero amor…
-Más, Juli.
“Y sí, separé mis piernas. Mis mejillas ardían. No quería mirar a los demás clientes. Temía que me estuvieran mirando la entrepierna. Yo comía disimulando. Notaba la faldita en la parte superior de mis muslos. Sabia que quien me mirara, me lo vería todo. Creo que más de uno me tomó fotos disimuladamente. Incluso algunos vídeos.
-Así me gusta.
-¡Ay, cariño!
-¿Sabe qué desearía?
-¿Qué, amor?
-Que usted mojara algo la silla, con su flujo.
-¡No, qué vergüenza! Estoy algo cachonda, no te lo niego, pero me puede más la incomodidad – aunque sí, sin poder evitarlo, notaba que mi flujo rebosaba mi vagina y empezaba a humedecer la elegante silla.
Poco a poco, voy separando algo más los muslos para complacer a mi novio, pero también porque me pone cachonda saber que muchos de la sala me están mirando y seguro que con unas buenas erecciones. Vamos comiendo, como si nada. Hasta que se acerca un camarero y se dirige a mi novio.
-Perdone, señor. A ver… no sé cómo decirle que…
-¿Qué, qué pasa?
-Bueno, a ver, la señora…
-¡Señorita! – le corrige Pancracio.
-Ah, señorita, sí, bueno, ella, su…
-¡Mi novia!
-Ya, su… novia… tendría que… por lo menos…
-¿Qué?
-Es que todo el mundo la mira.
-¿Y?
-A ver, es que ella… la señora… perdón, la señorita… -mientras intenta hablar, el camarero no puede evitar mirar mi escote y, sobre todo, mi sexo cada vez más húmedo- ella tendría que… taparse un poco, ni que sea con una servilleta.
-¿Cómo? ¿Pero qué te has creído? ¡No, Juli, no junte las piernas! ¡Exijo hablar con el encargado!
-¡Señor, por favor, no monte usted un escándalo!
-¡Que venga el encargado!
-Yo soy el… bueno, el maître y…
-¿Pero tú crees que puedes decir cómo debe vestir mi novia?
-No es eso, señor. Pero es que…
-Mira, ella va sin bragas porque yo se lo pedí. Y separa así las piernas porque yo se lo exijo. Bueno, y porque a ella le gusta exhibirse. ¿Verdad, churri?
-Ay, no sé. Cariño, va, déjalo estar.
-De ninguna manera. No, no junte las piernas— me toma los muslos y me los separa, mientras el maître abre unos ojos como platos y mi almeja rezuma -A ver, que venga el dueño.
-Es que él ahora… él…
-¡Que venga el dueño!
Y sí. Viene el dueño. Es un señor bastante mayor y bastante grueso.
-Miren, caballero, señora…
-Señorita si no le importa – contesto yo, haciéndome la ofendida.
-Ah, señorita. Usted no puede…
-Mi novia puede lo que yo quiera.
-Caballero, este restaurante…
-Mire, la verdad es que tenía buenas referencias de su local. Y reconozco que la comida es sabrosísima.
-Gracias, caballero.
-Pero el trato, deja mucho que desear.
-No, es solo que… entienda usted que… ella… su… novia… -él mira mi sexo y yo junto mis piernas.
-Separe las piernas – le hago caso y las separo lentamente, más de un palmo, más que antes -¿Qué, le gusta lo que ve?
-Yo… no… si no miro.
-Juli, levante algo las caderas y enséñele la joya.
-¿Cómo?
-El brillante. En el culo.
Me da morbo y me excita hacerle caso y me expongo completamente ante el dueño del restaurante para que él pueda ver el plug en mi culo, con la faldita de colegiala casi en la cintura. Él abre unos ojos como platos.
-¡Oh! Pero si la señora tiene un… un…
-¡Señorita!
-Sí, mi novia tiene un tapón enorme en el culo. ¿Le gusta que sea así, señor?
-No, yo… — no para de mirar mi sexo y el brillante.
-¿Sabe por qué le gusta a mi novia y a mí también tener un tapón tan grande en el ano?
-Yo no sabría… no sé…
-Pues porque a ella le encanta tener el culo preparado para que los hombres la den porculo, los que lo deseen. ¿No es así, churri?
-Bueno… a ver… yo antes nunca… — me sonrojo de vergüenza y de excitación.
-¿A usted le gustaría dar a mi novia porculo?
-¿Yo? Pero yo no… soy un hombre casado y no…
-¡Pero bien que le está mirando el coño mojado a mi novia!
-No, yo no…
-¿A ver, usted ha dado porculo alguna vez a una mujer?
-Yo… una vez… a una novia… hace muchos años…
-¿Y ha enculado alguna vez a una hembra caliente como esta?
-Pues… me temo que no.
-A mi novia le encantaría que usted le follara bien el culo. ¿Verdad, churri?
-¿A mí? Bueno… no sé… si el caballero quisiera y tú, cariño, lo permitieras…
-No es que lo permita, lo deseo. Quiero ver cómo este señor le da porculo.
-Caballero, por favor, todo el mundo está mirando y cuchicheando. Tápese algo, señora.
-No se tape, Juli. Y separe más las piernas – le hago caso y además levanto algo la cadera para ofrecer una buena vista de mi sexo y mi ano con el brillante -Mire, por las molestias, después le pagaré el doble por la comida. ¿De acuerdo? Aunque, si lo prefiere, cuando terminemos de comer, mi novia vendrá a verle y dejará que usted la de porculo.
-¡Ya le dije que soy un hombre casado!
-Pues le daré el dinero y ya está.
-Espere… bueno… no sé… ¿usted, señora… señorita… querría…?
-Que me enculara usted… si mi novio me lo pide, sí.
-Yo deseo que el señor le folle el culo, Juli.
-Pues así, sí, cariño – noto que empapo la silla con mi flujo.
“Así, don carpintero, que después de comer los postres y tomar el café y un par de chupitos, ya me tiene usted en una sala privada del restaurante con el dueño. Le digo que se siente en un sillón. Él está sudando, supongo que de nervios. Yo me arrodillo ante él y le bajo la cremallera del pantalón. Meto la mano en su bragueta y le acaricio el miembro por encima de los calzoncillos. Noto que su verga crece y la saco de los calzoncillos. Le digo:
-Señor, si usted quiere darme porculo, quisiera que la tuviera muy dura y gorda. Así que, primero seré muy mimosa con su polla.
Él se deja hacer. Le masturbo con una mano mientras con la otra me acaricio el clítoris. Como su miembro va creciendo, pronto le masturbo con ambas manos. Le lamo la punta del glande cuando van apareciendo gotas de su líquido preseminal.
-¡Qué sabrosa tiene usted la polla, caballero!
-Uy, gracias, hija. Mi mujer no… ella no…
-¿No le hace mamadas? Pues no sabe lo que se pierde – le voy masturbando y le doy lametazos.
-¡Um, oh!
-Mire, a ver, deje que tome su mano – se la acerco a mi ano y él agarra el tapón – muévalo en mi culo, por favor.
Él, claro, me hace caso. Enseguida, con la otra mano, me acaricia las nalgas, me las pellizca, me da algún cachete.
-¿Le gusta, le gusta mi culo, señor?
-¡Sí, hija, mucho!
-¡Pues es todo para usted!
Hago que se levante del sillón y yo me pongo de espaldas, me inclino, pongo los codos en el sofá, me subo la faldita hasta la cintura.
-¡Quíteme el tapón, señor!
Me saca el plug y descubre, por unos segundos, mi agujero muy abierto.
-Venga, métame su polla y fólleme el culo.
-Es que no sé si…
-¡Va, apunte y empuje fuerte!
Enseguida ya noto su verga llenándome el ano. Me toma de las coletas y me da unas buenas embestidas. Yo con una mano me masturbo y con la otra empujo las nalgas del caballero.
-¡Oh, pero qué culo más sabroso!
-Ya veo que le gusta, señor, porque noto que su polla aún crece más en mi ano.
-Sí, sí, oh ¡qué bueno!
-¡Por favor, no tarde en darme su esperma, deme toda su leche!
-¡Sí, sí! – aumenta el ritmo de sus embestidas y parece que me vaya a partir en dos, pero me gusta.
-¡Te voy a llenar el culo, sí!
-¡Por favor!
Me abraza el pecho con una mano y con la otra me penetra la boca con el plug que hasta hace un rato estaba en mi culo. Eso y mis manos en mi clítoris y mi vagina hace que me corra y gima y suspire. Y grite:
-¡Ay, oh, por dios, yo ya me… me corro, caballero, pero que bien da usted porculo, oh, ah!
-¡Toma, toma, ay! ¡Oh, toda mi lefa, toda, en tu culo, en tu culo!
-¡Sí, sí! ¡Ya la noto, ya! ¡Qué caliente y abundante! ¡Gracias, gracias!
-Dele usted fuerte, señor. ¡A mi novia le encanta que le den muy duro!
-Oh, cariño, ¿estás aquí?
-Pues claro, he estado todo el rato. ¡Me encanta ver como enculan a mi novia!
-¡Cariño! ¡Ah, oh! -me vuelvo a correr aún con el pene del dueño en mi ano y Pancracio mirando y tomando fotos.
Al cabo de unos minutos, el amo del restaurante está exhausto, sentado en el sofá. Yo me bajo la falda. Mi novio me ordena que me vuelva a introducir el tapón y le hago caso. Me lo inserto sin ningún problema, porque lo tengo muy dilatado y porque rebosa de semen.
-¿Qué le parece, caballero? ¿Le ha gustado el culo de mi novia?
-Uf, es… increíble. ¡Nunca había tenido tanto placer con ninguna mujer!
-Gracias, caballero. – me halaga oír esas palabras y me acerco y le doy un besito en los labios.
-Supongo que está satisfecho con el trato ¿verdad? ¿O quiere que le paguemos la comida y algo más por las molestias causadas por mi novia tan exhibicionista?
-No, claro que no. Al contrario, creo que soy yo el que debería dar dinero a la chica.
-Eso, no, señor. Ella lo hace por vicio ¿verdad, churri?
-¿Yo? Bueno… a ver…
-¿Sabe usted, caballero? Juli no es mi novia. Es más una amante. Ella está casada con otro, pero le gusta estar conmigo y con otros hombres. ¡Es muy puta, vaya!
-¡Pancracio!
-Es la verdad. Y a mí, no me importa compartirla, al contrario.
“Nos marchamos del restaurante y fuimos a recoger el coche. Por la calle, más de uno me miraba y yo caminaba muy coqueta. La verdad es que disfrutaba llamando la atención, así que me bajé algo la blusita para enseñar casi todo el pecho y procuraba que al andar se me vieran bien las nalgas.
Pasamos toda la tarde viajando en el coche. Yo dormí un rato mientras mi novio de pega iba conduciendo. Me desperté cuando paramos a descansar en una área de servicio. Pancracio me enseñó unas fotos que me había ido tomando mientras dormía. El muy cabrón me había subido la blusita por encima de los pechos y la falda hasta la cintura para que todos los otros coches me lo vieran todo mientras yo dormía. En fin. La verdad es que, aún dormida, me veía guapa y muy deseable.
Ya de noche llegamos a la casa donde pasaríamos nuestras pequeñas vacaciones. Era un buen casoplón, rodeada de jardines. Parecía un palacio. Me halagó ver que me llevaba a un sitio así, tan de lujo. Eso quería decir que me tenía por una señora. Yo estaba algo nerviosa y excitada imaginando lo bien que lo íbamos a pasar los dos juntos. Y sí, don carpintero, ¡fueron unos días geniales! ¡Lo más! Pero eso tendré que contárselo en otro momento.
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