Mi primera vez con mi hija

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Después de hacerlo con la novia de mi hijo, y que esta mientras lo hacíamos me llamara mama, comencé a ver a mi propia hija de otra manera, no dejaba de ser una mujer, y de gran belleza, como su madre, jajaja, y si follaba con mis dos hijos, ¿Por qué no hacerlo con su hermana?

Un hecho vino a favorecer mis deseos, Adriana, mi hija había roto con su novio, y eso la llevó a una cierta tristeza, como madre eso me entristecía a mi también, pero como devoradora sexual no podía dejar de aprovechar esa oportunidad, h eso se produjo una tarde en que llegué a a casa, mi hija se encontraba en el salón, se la veía muy triste, vestía unos pantaloncitos muy cortos y una blusa blanca, verla triste me entristecía, pero a la vez estaba tan bella, asó que decidí pasar a la acción, me senté a su lado, en el sofá y le dije:

-Mi amor, no estes triste, si el tonto de tu novio no te quiere, eres una mujer muy bella y vas a tener muchas oportunidades de volverte a enamorar.

Ella apoyó su cabeza contra mi hombro, nuestras bocas estaban muy cerca, y yo arrimé la mía a la suya, saqué mi lengua y ella instintivamente sacó la suya y nos fundimos en un beso, debía de reconocer que mi hija besaba de una manera muy dulce, pero tras este beso ella dijo:

-¿Pero mama, que haces? Que somos madre e hija.

Y antes de que yo pudiera reaccionar se levantó del sofá. Pero yo no estaba dispuesta dejarla escapar y le dije:

-Mi amor tu necesitas tener sexo para animarte, y aquí encerada en casa no vas a poder hacerlo con chicos de la calle, así que es lógico que los que queremos que te recuperes nos ocupemos de tu actividad sexual.

-Pero mama, dijo ella, no me esperaba esto de ti.

Hay muchas cosas que desconocemos la una de la otra, mi amor, le respondí, y la mejor manera de conocernos es que las dos nos demos gusto.

-Está bien, dijo ella, probemos.

Antes de que se arrepintiera le baje los pantalones, la hice sentarse en el sofá con las piernas abiertas, me arrodillé ante ella y apartando su tanga me puse a comerle el coño, y en ese momento oí gemir, por primera vez a mi hija, mientras decía:

-Mama, no me imaginaba que tu hicieras esto, y que lo hicieras tan bien.

Pero al poco rato decidimos que nuestras ropas nos estorbaban, nos levantamos del sofá y yo me arrodillé ante mi hija, y la quité la blusa, dejándola en ropa interior, cuando ponía la lavadora veía la ropa interior de mi hija y siempre sentía curiosidad por saber como la sentaría, ahora que la veía en tanga y sujetador me parecía bellísima, y cuando ella se quitó el sujetador y sus dos preciosas tetas quedaron ante mi vista, me resultó muy excitante. Pero en ese momento ella me pidió:

-Mama, antes de quedarme desnuda ante ti, me gustaría que tu te quedaras desnuda delante de mí.

-Si es lo que deseas, mi amor, le respondí.

Y rápidamente me desnudé, en ese momento mi hija, que aún llevaba puesto su tanga se arrodilló ante mí y me dijo:

-Mama, estas espectacular, no me extraña que mis amigos, cuando los traigo a casa, incluido el cerdo de mi exnovio te echen cada miradita.

Se arrodilló ante mí y se puso a comerme el coño, la verdad es que se la notaba que no era su primera vez, su lengua recorría mi coño, pero ella paró un momento y dijo:

-Nunca me imaginé que comer el agujero que me ha dado la vida fuera tan apetitoso.

Me hizo sentarme en el sofá y ella siguió comiéndome el coño, verdaderamente era yo la que estaba descubriendo aspectos de mi hija que nunca me hubiera imaginado y esto me hacía adorarla aún más, igual que me había ocurrido con sus hermanos, los adoraba a todos.

Mi hija seguía ocupándose de mi coño y me estaba dando un placer increíble, verdaderamente había heredado los genes puteriles de su madre, aunque esperaba ayudar a que lo descubriera antes que yo. Y me lo demostró cuando m e dijo:

-Mami, ponte a cuatro patas, quiero lamerte también la zona de tu culo.

La complací y sentí como su lengua recorría esa zona de mi cuerpo, decididamente mi hija era un ser muy agradable, su lengua trabajaba mi piel de una forma fantástica y me llevó hasta el orgasmo, que fue brutal. En ese momento decidí meterme uno de mis dedos dentro de mi coño, lo saqué chorreando y lo llevé hasta la boca de mi hija para que lo lamiera. Ella lo hizo y tras sacárselo me dijo:

-Que rico, mama.

Pero ahora me tocaba a mí disfrutar de ese cuerpo femenino al que había dado vida, la hice ponerse encima de mi boca y con mi lengua me puse a lamer, de nuevo, su coño, me pareció todavía más delicioso que antes. Mientras alcé mis brazos y llevándolos hasta sus tetas me puse a acariciárselas, ella dijo:

-Mami, esto es increíble, mucho mejor que con el imbécil de m ex.

Esto me animaba a seguir follandola, y seguí comiéndola el coño hasta que se corrió, pero noté en su mirada que quería que siguiéramos follando, nos sentamos la una junto a la otra y arrimando nuestras bocas volvimos a besarnos de manera apasionada, mientras yo con una de mis manos acariciaba sus piernas, ella levó una de sus manso hacia mis tetas y se puso a acariciármelas, pero yo quería seguir llevando la iniciativa, así que apartando su lengua de la mía me puse a lamerle sus pezones ella me dijo:

-Mamita, que manera más divina de chuparme las tetas, lo haces tan bien.

Me tumbé sobre el sofá y le hice una señal para que se acercara, ella interpretó, de una manera muy acertada lo que yo quería y se puso de rodillas encima de mi boca para que le comiera el coño, al sentir n manjar tan delicioso cerca de mi boca no pude menos de sacar mi lengua y ponerme a lamérselo. Ella entre gemidos comenzó a decir:

-Mamita, que pena que no hayamos descubierto esto antes, hubiéramos discutido mucho menos y nos hubiéramos llevado mucho mejor.

Yo continuaba con mi lengua dentro del sabroso agujero de mi princesa, las dos estábamos disfrutando de una manera bestial, sentía que adoraba a esa jovencita con todas mis fuerzas, así que seguí chupando su coño con todas mis ganas, mientras mi adorada niña disfrutaba cada vez más hasta que sentí como se corría haciéndome lla madre más feliz del mundo.

Descansamos un momento, pero tuve claro que las dos estábamos de acuerdo en que aún nos quedaba mucho rato para hacernos felices la una a la otra, así que la propuse:

-Cariño, ¿No te parece que estaríamos más cómodas en tu habitación?

A ella le pareció bien y las dos cogidas de la mano nos fuimos a su habitación, una vez allí nos tumbamos en la cama, la una junto a la otra, yo llevé mis manos hasta el coño de mi hija y se lo acaricié, mientras la preguntaba:

-¿Cariño, te gusta lo que estamos haciendo, sigues pensado en tu exnovio?

-Mama lo que estoy descubriendo contigo es fantástico, que se joda mi ex, a partir de ahora solo follaré contigo.

-Mi amor, no se trata de eso, dije mientras continuaba acariciando su coño, se trata de que disfrutes del sexo sin perjuicio, sin importante con quien, solo que disfrutes.

Sin dejar de acariciarla el coño me levanté un poco y mis tetas quedaron al alcance de su boca y ella, como cuando era niña se puso a chuparlas, pensar en como mi niña me estaba demostrado ser una mujer, sus lamidas sobre esos pechos que de niña le habían amamantado me encantaban, pero al cabo del rato ella me pidió:

-Mamita, quiero ocuparme del agujero que me hizo nacer.

Me tumbé sobre la cama, y ella llevó su lengua hasta mi coño haciéndome una lamida de coño muy placentera, desde luego mi hija era deliciosa, al parecer todos mis hijos habían heredado mis ganas y mi facilidad para el sexo y eso me encantaba, ella paró un momento para decirme:

-Adoro tu coño, mama me encanta comértelo.

Y siguió haciéndolo, llenándome de placer, lo hacia maravillosamente y no pude resistirme mucho tiempo antes de correrme, descansé un momento, y le dije:

-Mi niña, ahora le toca a tu madre hacerte feliz.

La hice tumbarse sobre la cama y alzar bien sus piernas, a la vez que las separaba, me puse de rodillas cerca de su coño, y agachándome hice que mis tetas rozaran el mismo, ella al sentirlas se puso a gemir, pero yo me moría de ganas de comerla ese coño tan tierno que tenía, así que llevé mi lengua hasta el y me puse a chupárselo, estaba delicioso, más que antes.

Mi hija al sentir mi lengua gemía, en ese momento volví a sentir que se parecía mucho a mí, la adoraba y seguí comiéndoselo hasta que nuevamente se corrió y no deje de saborear cada que salió de su adorable coño.

Tras ello la dejé tumbarse sobre la cama, yo hice lo mismo y nos abrazamos, nos dijimos lo mucho que nos queríamos, y ella me preguntó:

-¿Mama, si lo hago con papa, o con mis hermanos tú te enfadaras?

-Para nada mi amor, le respondí, eso si no les cuentes lo que estamos haciendo.

-Gracias mama, me respondió, pero ahora lo que tengo ganas es de volverte a comer el coño.

Antes de que ella pudiera reaccionar, me puse de rodillas, encima de ella, con mi coño encima de su boca y ella sacando su lengua me lo volvió a lamer. Provocándome, una vez más un grandísimo placer, y nuevamente me hizo correrme.

Habíamos gozado muchísimo, pero en nuestras miradas nos decíamos que aquello no había terminado, las dos estábamos descubriendo que compartíamos unas ganas inmensas de tener sexo, por lo que estando tumbadas sobre la cama una al lado de la otra, sin decir nada, de manera instintiva nos volvimos a besar, tras ello mi hija dijo:

-Mama, nunca imagine que tus tetas fueran tan bonitas, creo que me estoy enamorando de ellas.

Y arrimando su boca a esa parte de mi cuerpo se puso a chupármelas, recordándome a cuando era niña, pero haciéndome sentir una sensación muy diferente, en ese momento fui yo quien le dije:

-Cariño, me muero de ganas de que nos comamos los coños nuevamente.

Ella complaciéndome, se cambió de postura, se colocó encima de mi acercando su coño a mi boca y llevando su boca hasta mi coño. Y comenzamos a comernos nuestros coños mutuamente, debía de reconocer que el hecho de fuera mi hija quien lo hiciera, le daba un morbo muy especial al asunto, nuevamente me corrí, quizás demasiado pronto, pero quería que mi hija también lo hiciera, así que la hice tumbarse sobre la cama, la abrí bien sus piernas e introduje nuevamente mi lengua en el interior de su coño, que la mujer que estaba gimiendo fuese mi hija me resultaba fascinante, era algo que no se me pasaba por la cabeza haberlo hecho con mi madre, pero el asunto es que mientras yo le comía el coño mi hija gemía y se acariciaba las tetas.

Y en ese momento una idea nueva vino a mi mente, me puse a cuatro patas y me coloqué de manera que las preciosas tetas de mi hija quedaron al alcance de su boca, mientras yo con la mía lamia las suyas, estas eran más pequeñas que las mías, ahí la genética había fallado, pero me parecían preciosas, chuparlas me resultaba divino, decididamente a partir de ese momento iba a querer mucho más, u de una manera muy diferente, a mi hija. Pero ella me dijo:

-Mama, me encanta que me comas las tetas, pero preferiría que me comieras, otra vez el coño.

Me hizo tumbarme sobre la cama, y se sentó encima de mi boca, su adorable coño estaba al alcance de mi boca, diciéndome cómeme, y por supuesto me lo comí, y me pareció todavía más delicioso que un momento antes, mi niña nuevamente volvió a gemir ante mis lamidas, convirtiéndome en la madre más feliz del mundo, y cada lamentón que le daba me resultaba más delicioso y a juzgar por sus gemidos a ella también, hasta que me dijo:

-Mama me voy a correr.

Y lo hizo sobre mi boca, fue algo completamente delicioso. Y tas un descanso ella me dijo:

-Mama, hay algo que quiero compartir contigo.

-Dime mi amor, le contesté.

Ella se levantó de la cama, se fua al armario y sacó una caja, la verdad era que desde que ella me dijo que se hacía cargo de la limpieza de su cuarto yo no había vuelto a ocuparme de sus cosas, alguna vez habíamos discutido por que a mi entender no limpiaba lo suficiente, así que ignoraba por completo lo que pudiera haber dentro de la caja, ella la abrió y sacó un consolador. Vaya así que mi niña, no solo follaba con sus novios, sino que se daba gusto con aparatos.

Me sorprendió cuando me pidió que me pusiera a cuatro patas, lo hice y ella se colocó a mi lado y sacando, otra vez su lengua de la boca, se puso a lamerme la zona de mi coño, era delicioso, pero en ese momento ella a mis espaldas dijo:

-Ya que estoy ocupando el lugar de papa, lo voy a hacer con todas sus con secuencias,

Sentí como algo entraba en mi coño y comprendí que mi hija se había colocado su consolador con el arnés y efectivamente estaba jugando a ocupar el lugar de su padre, y desde luego no lo hacía nada mal, su polla de plástico se movía dentro de mi coño con gran habilidad, y comenzó a decirme:

-¿Dime esposa mía, te gusta?

Me gustaba y mucho, no le respondí, pero mis gemidos si lo hicieron, mi hija se movía dentro de mi mejor que muchos de los tíos con los que lo había hecho, y si menor que su padre, aunque esto me cuidé mucho de decírselo, en su lugar preferí seguirle el juego y le dije:

-Esposo mío, follame, me estas volviendo loca de placer, follate a la puta de tu mujer.

A mi hija el juego parecía gustarle y siguió follandome con mucho ímpetu hasta que me hizo correrme y luego me dijo:

-¿Mama, que te parece ser tú el papa que se folla a su hija?

-Si ese es tu deseo mi amor, le respondí

Mi hija se quitó el arnés y me lo cedió, me fue explicando como ponérmelo, seguro que creía que era mi primera vez, una vez que lo tuve bien puesto y ajustado, ella dijo:

-A esta nena le apetece chupar la polla de su papa.

Yo me puse de rodillas sobre la cama y mi hija que se había puesto a cuatro patas, llevó su boca hasta mi polla de plástico, aunque físicamente el consolador no formara parte de mi cuerpo, verla como lo chupaba me resultaba muy excitante, ni pide aguantar mucho sin decirla:

-Hijita tu papi tiene muchas ganas de follar a su hija.

-Adelante papito, me respondió ella.

Se tumbó sobre la cama y se abrió bien de piernas, yo me puse encima de ella, como mi marido se ponía encima de mí y le introduje el consolador dentro de su coño, como hacia su padre conmigo, mi hija al sentirlo se puso a gemir, mientras decía:

-Papito, follame.

Yo la seguí follando, hasta que se corrió en medio de un orgasmo descomunal. Después nos dimos cuenta de que se nos estaba haciendo tarde, su padre o sus hermanos no tardarían en llegar, así que nos vestimos.

Cuando ellos llegaron todo parecía normal, eso si noté como esa noche mi hija era más cariñosa y pegaba más su cuerpo a su padre y sus hermanos.

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