Me cogí a mi ex vecino

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T. Lectura: 4 min.

Esto sucedió hace unos años atrás. Una tarde salí del trabajo rumbo al paradero de buses cansada y con mucho sueño, ya que la noche anterior no había podido dormir bien. Al llegar me senté a la espera de la ruta. Después de llevar 10 minutos aproximadamente mientras aprovechaba un baño de sol, se acercó una camioneta con los vidrios polarizados, se estacionó en frente y bajo el vidrio del costado del copiloto. Con el sueño que tenía no me había percatado quien era el conductor.

—¡Gaby! Hola, ¿te llevo?

Al ver de quien se trataba, se me quitó el sueño de inmediato. Era mi ex vecino que no lo veía desde hace más de 5 años. Él es menor que yo, unos tres años aproximadamente, pero cada año que pasó fue un toque para su hermoso rostro. Mi corazón se aceleró, no sabía cómo actuar, y aún torpe y con el rostro ruborizado me acerqué a la camioneta.

—Hola Jaime. Que milagro de verte por acá.

—Lo mismo te digo, ¿Qué haces por aquí?

—Trabajo en ese edificio —señale el edificio que se encontraba a mi izquierda. ¿Y tú, que haces por aquí?

Los carros que estaban atrás, comenzaron a pitar.

—Ven súbete, vamos te invito a tomar algo.

—Okey gracias.

Me subí al vehículo y él aceleró.

—Ahora si podemos hablar. Yo vivo cerca de acá. —me señaló el sector.

—Ah, que bien. El mundo es un pañuelo jajaja.

—Vamos a mi apartamento y te preparo unos sándwiches con gaseosa y descansas un rato. Cuando pase la hora pico, te llevo a casa. ¿Qué te parece?

—Si claro, no hay problema. —no lo dudé por un segundo.

Continuamos hablando por el camino y al llegar a su apartamento que estaba en un octavo piso; me invitó a pasar.

—Ponte cómoda, si quieres te puedes descalzar. —me hablaba mientras estaba caminando rumbo a la cocina.

—Gracias. Tienes un apartamento muy bonito.

—¿Te gusta? —me pregunto desde la cocina.

—Si, es muy agradable el lugar y tienes una bonita vista de la cuidad. — me senté en la sala.

—Gracias Gaby. Sabes, no lo puedo creer que estés aquí, en mi apartamento. —se sienta a mi lado con una bandeja en la mano.

—Ni yo me lo creo Jaime. —me ofrece el sándwich— gracias.

—Cuéntame, ¿cómo has estado durante todo este tiempo?

—La verdad, mi vida ha sido rutinaria, nada del otro mundo. Y de aquel pues ya sabes la historia.

—¿Siguen igual? —se lleva un mordisco a la boca.

—La única diferencia es que no dormimos juntos hace ya 3 años.

—En serio, ¿y por qué no te separas?

—Por mi hija menor. Pero bueno espero que esto sea pasajero y tenga mi independencia.

Continuamos hablando de cosas banas y al terminar de comer, llevó los utensilios a la cocina. Al regresar, se sentó muy cerquita de mí.

—Te voy a confesar algo, tú siempre me has gustado. —llevó una mano a mi rostro para colocar un mechón de cabello por detrás de mi oreja.

—¿En serio? —me ruborice porque ese hombre siempre me ha encantado. Es más, él ha fue para mí una fantasía erótica.

—¿Te puedo dar un beso?

Antes de darle un si ya sentía sus labios húmedos en mi boca. Comenzó a besarme de una manera tan apasionada enredando su mano por entre mi cabello. Mi corazón estaba a mil por hora, y mi sexo mojado por sentir su lengua hasta el fondo de mi garganta.

—¡Ven! —me tomó por la cintura para subirme sobre su regazo.

—Jaime, esto no está bien. —lo miré a los ojos con mi respiración acelerada.

—Shiii… nada, Gaby. No te me vas arrepentir. Dime, ¿no deseabas este momento?

—No te lo puedo negar siempre lo soñé.

—Entonces, ¿vas a dejar pasar esta oportunidad?

—Tienes razón.

—Déjate llevar.

Subió mi buzo por encima de mis brazos para sacarlo. Luego hizo lo mismo con la blusa y al final desabrochó mi sostén.

—¡Que ricas tetas tienes! —se mordió los labios mientras los agarraba a dos manos— siempre soñé con tenerlos en mis manos, cuando te veía con esas blusitas ajustadas sin brasier por las mañanas. Se te marcaban estos ricos pezones… Ahora los tengo sólo para mí.—comenzó a chuparlos.

—¡Aah! Jaime —llevé mi cabeza hacia atrás cerrando mis ojos mientras ondulaba mi cadera sobre él, buscando rozar mi coño contra su verga.

—Ven, quiero sentirte sin nada que nos estorbe.

Me levantó para bajarme el pantalón dejando a su vista mi diminuta tanga brasilera.

Al momento de estar en frente de él casi desnuda, él se retiró su camisa y el jean, quedando a mi visión un bóxer negro ajustado, con su verga sobresaliendo por el borde de su cintura.

—¡Ven! —me llamó con un dedo— ahora si, restriégate como lo estabas haciendo. Mójame todito, que quiero llevarme como recuerdo tu aroma a sexo.

Me senté sobre él, abriendo mis piernas a cada lado. Al sentir su verga pegada a mi coño comencé a rozarlo con fuerza —¡ah, si— fue lo único que salió de mi boca mientras me sostenía del espaldar del sofá para tener mejor agarre.

Él por su parte, se llevó al a boca mis tetas para chuparlas a su antojo. No lo podía creer lo que estaba haciendo, y si era un sueño húmedo, no quería despertar. Al poco tiempo tomé la delantera sacando su verga del bóxer, corrí mi tanga a un lado y me clavé ese pedazo de carne hasta el fondo… ¡Uf! Tres años sin sentir un verga dentro… la abstinencia ya me estaba volviendo loca.

Aumenté la velocidad para frotar mi clítoris contra sus vellos púbicos, mientras él me sostenía de las caderas para hundirse más dentro de mí.

Mis gemidos fueron cada vez más fuertes en aquella sala mientras el sol caída anunciando el fin de ese atardecer.

—¡Clávate duro esa verga, con ganas Gaby!

Me jaló del cabello obligándome arquear mi espalda mientras yo me daba mis buenos sentones sobre su regazo. Al llegar al punto máximo, sentí como mi coño abrazó su verga, con fuerza, gracias a las bolas chinas que había adquirido unos meses atrás. La sensibilidad fue aún más fuerte logrando así un fuerte orgasmo.

Mientras trataba de recuperar la respiración lo observé detenidamente a los ojos.

—¿Te arrepientes Gaby?

—No, para nada.

—¿Quieres más?

—Si, jajaja… —sonreí de felicidad por la travesura que acababa de cometer. Es un secreto que me llevaré a la tumba.

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2 COMENTARIOS

    • Pues, ¿qué te digo? 🔥… Me encanta saber que mi historia logró encender tus sentidos de esa manera. Como autora, mi placer es tu placer… Gracias por dejarte llevar; me inspiras a expresar con más fuego que nunca…

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