Fuera de rutina (2): La excusa perfecta
Y además, me conocía. Cuando tenía veinte o treinta años, si un hombre me gustaba, no esperaba sentada a que el destino hiciera su trabajo, Buscaba la manera de hablar con él, de conocerlo, de averiguar si aquella atracción podía convertirse en algo más. Y no siempre me había salido bien, pero nunca me había arrepentido de inten...