Con Mao en el Mall

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Un día normal de trabajo en el que tenía que supervisar la instalación de una publicidad estábamos los mismos de siempre (1 ayudante, 2 instaladores), nos encontrábamos en la terraza del centro comercial a las 7:00 am. Mao (uno de los instaladores) y yo en soledad total alistando algunos equipos, mientras los otros dos se encontraban en el sótano subiendo lo demás; siempre las instalaciones se hacían o bien temprano antes de abrir el mall o bien tarde después de cerrar.

Yo bien feliz coqueteando con Mao puesto que ya llevábamos rato haciéndonos comentarios de doble sentido siempre buscando un espacio para estar solos y por fin se dio… yo le dije que tenía mucho frio y el me responde que si me dejo calentar, que si aprovechamos la demora de los otros y por fin nos besamos, un beso apasionado, profundo yo me lo quería comer y el a mi, me manosea mis tetas bien rico me desabotona el pantalón y me mete la mano con una habilidad que me da a entender que todo lo que me decía siempre que coqueteábamos es verdad, me comienza a masajear mi clítoris.

Y yo por encima de la ropa le masajeo su pene que se siente inmenso, era puro deseo y emoción yo solo puedo gemir y el con sus besos me calla para que no escuchen los de seguridad y de pronto siento que me mojo el pantalón en ese momento no lo sabía pero sentí mi primer squirt, en ese instante Mao me da la vuelta, me apoya sobre una mesa, me termina de bajar el pantalón y él se saca su pito bien rico y me lo mete bien duro, me comienza a embestir con una fuerza deliciosa y yo me debo tapar la boca callando mis gemidos, mientras el me penetra duro y rico y me dice que soy su putita, que estoy muy rica y apretadita, que me lo quería meter desde hace rato.

Y eso me excitaba más, pero no podía contestarle, siento puro placer y me corro bien rico y cuando él se va a correr me lo saca y me hace agacharme para chupárselo se corre en mi boca y me trago todita su lechita, mientras me mira con esos ojos verdes que me atraían tanto.

Después de eso me toca irme de afán al baño a secarme el pantalón y los dejé solos haciendo la instalación, Mao les dijo a los otros chicos que había tenido un accidente de esos que solo les pasa a las mujeres, para que no preguntaran nada y yo rogando por que de verdad hubiéramos estado un punto ciego, que de verdad nadie nos hubiera visto y nadie fuera a chismear a los jefes.

De regreso a la empresa en la camioneta pensando en si lo que había pasado contaba como mañanero, solo podía seguir con las miradas cómplices con Mao, miradas que prometían que esa no iba a ser la única vez y que si eso había sido un rapidin, un polvo de verdad prometía ser más delicioso.

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