De perrita con mi cuñado y mi hermana dormida a un lado

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T. Lectura: 4 min.

Antes de que lean, quiero aclarar que esto no es una fantasía de internet. Es mi vida, y siempre quise contar todo lo que he hecho a mi corta edad. Todo comenzó a mis 23 años como les conté en el relato anterior.

Después de lo que pasó en su casa aquella vez mi cuñado y yo seguimos con nuestro juego prohibido está vez en cada de mis padres.

Era un fin de semana familiar típico. Mi hermano y su esposa, mi hermana y su esposo con su hija y yo, todos reunidos en casa de mis papás cenando tacos de bistec y tomando cerveza. La música estaba a todo volumen y algunos bailaban; se sentía esa alegría que da el alcohol. Yo intentaba pasarla bien, pero la relación con mi hermana siempre ha sido difícil; ella es de esas personas aburridas, que siempre están juzgando y con las que apenas puedes cruzar palabra. Mi cuñado, en cambio, era todo lo opuesto.

Aprovechábamos cualquier descuido, como ir a la cocina por más salsa o a la tienda por otra ronda de cervezas, para besarnos y darnos unos fajes rápidos que me dejaban temblando.

El destino nos puso la prueba máxima cuando mi madre decidió que mi hermana y él dormirían en mi cama, y yo, en un colchón inflable justo a sus pies. Acepté con una sonrisa interna que nadie pudo descifrar. Me puse mi camisón más peligroso: una seda negra tan delgada que dejaba ver el encaje rojo de mi tanga y la firmeza de mis pezones, que reaccionaban al simple pensamiento de tenerlo cerca.

Él se ofreció a ayudarme con el colchón inflable junto a la ventana. Era la excusa perfecta. Mientras mi hermana se terminaba de arreglar en otro cuarto, me agaché lentamente frente a él, estirando la tela de mi pijama hasta que mis nalgas quedaron a la altura de sus ojos, apenas cubiertas por el hilo rojo.

—Cuñada… qué ricas nalgas tienes. Esa tanga se te ve increíble —me susurró al oído con una voz que me hizo vibrar hasta la médula.

Sentí el roce de su dedo deslizándose entre mis nalgas, una caricia eléctrica que casi me hace soltar un gemido ahí mismo. Pero el sonido de unos pasos en el pasillo me obligó a reaccionar. Me puse un suéter a toda prisa, ocultando el fuego de mi piel justo cuando mi hermana entró a la habitación, lista para acostarse al lado del hombre que, segundos antes, me estaba marcando como suya.

Al entrar la madrugada todos dormían excepto yo y podía escuchar la respiración de mi hermana que dormía al fondo de la cama, hundida en un sueño profundo que nos servía de cómplice. Estiré mi mano con lentitud, rozando el brazo de mi cuñado. Sentí cómo su piel se erizaba al contacto; él no estaba dormido, me estaba esperando.

Cuando abrió los ojos y me miró desde la altura de la cama, yo ya me había subido el camisón hasta la cintura. Estaba completamente desnuda bajo la seda, ofreciéndole mi humedad en medio de las sombras. Él se giró con una cautela felina, dándole la espalda a mi hermana, y nos fundimos en un beso hambriento que sabía a peligro.

Con movimientos de seda, cambié mi posición. Quedé invertida, con mi rostro a la altura de su verga y mis nalgas expuestas frente a sus ojos. Bajé su ropa interior y su miembro, grueso y ya palpitante de urgencia, saltó a mi encuentro. Empecé a mamárselo con un frenesí que casi me hacía perder el sentido, rodeando su grosor con mi lengua mientras él soltaba gemidos ahogados, luchando por no despertar a la mujer que dormía a su lado.

—Así, cuñadita… así —susurró él, con la voz rota por la excitación—. Ponte de perro, pero no la sueltes… quiero ver cómo te la tragas toda mientras te abro las nalgas.

Obedecí, apoyando mis rodillas y manos en el colchón inflable mientras seguía devorándolo. El roce de mi garganta contra su glande lo tenía fuera de sí. Sin previo aviso, sentí sus dedos buscándome; más rápido de lo que pude procesar, hundió dos dedos en mi panochita que ya chorreaba de ganas.

El placer fue tan rico y profundo que solté un gemido fuerte, un sonido que cortó el silencio de la noche como un rayo.

—¡Shhh! —me dijo él, apretándome con fuerza—. Casi la despiertas, maldita sea… pero qué rica estás, estás tan mojada que me vas a obligar a venirme en tu boquita.

Nos quedamos congelados un segundo, escuchando cómo mi hermana se removía ligeramente en la cama, a escasos centímetros de nuestras cabezas. El corazón me golpeaba el pecho con tanta fuerza que pensé que ella podría oírlo, pero el riesgo solo hizo que mi deseo se multiplicara por mil.

El pánico de haber casi despertado a mi hermana se disolvió en una oleada de lujuria pura. No me detuve; volví a rodear su verga con mis labios, decidida a devorarlo mientras él mantenía el ritmo frenético de sus dedos dentro de mí. Cada embestida de su mano contra mi panocha mojada generaba un sonido de succión que, en el silencio de la madrugada, parecía un estruendo.

De pronto, sentí una presión nueva, una invasión que no esperaba pero que me hizo arquear la espalda: hundió uno de sus dedos en mi ano. El choque de esa sensación me dejó sin aliento, pero el placer fue tan intenso que me sorprendí a mí misma.

—Sí… ahí… sigue, cuñado —le supliqué en un susurro apenas audible,—. No saques tu dedo de ahí…

Escuchar mi petición lo sacó de quicio. Su respiración se volvió pesada, ruidosa, luchando por no convertirse en un jadeo que delatara nuestra posición.

—Me voy a venir, cuñadita… no puedo más —me confesó con la voz rota—. Estás tan mojada que me vas a hacer estallar.

—Quiero tragarme toda tu lechita —le respondí, con la mirada fija en el bulto que formaba el cuerpo de mi hermana bajo las sábanas, a solo unos centímetros de nosotros—. Quiero tu lechita ahora.

Sin previo aviso, él me atrajo hacia su rostro. Con una urgencia animal, empezó a lamer cada rincón de mi intimidad, desde mi panocha hasta mi culo, con una lengua experta que me hizo perder el sentido. El sonido de su lengua trabajando en mi humedad era lo único que llenaba la habitación. Sentí cómo las paredes de mi vagina se contraían en espasmos violentos; me vine con una intensidad que me hizo morder la sábana para no gritar, mientras él se tragaba cada gota de mis jugos con una devoción absoluta.

Aquello fue el detonante final. Él me tomó del cuello con suavidad, me acercó de nuevo a su verga y, tras unas últimas succiones desesperadas, sentí la descarga. Su lechita, caliente y abundante, llenó mi boca de un solo golpe. Me la tragué toda, saboreando el triunfo de nuestra traición nocturna.

Nos quedamos unos minutos así, fundidos en un beso que sabía a nosotros dos, escuchando cómo mi hermana soltaba un suspiro profundo en sueños, totalmente ajena a que su cama había sido el escenario de nuestro pecado más sucio. Cuando el sol salió y nos sentamos a desayunar, la normalidad regresó a la mesa, pero bajo el mantel, nuestras miradas sabían que ya nada volvería a ser igual.

Comenten quiero saber que opinan de lo puta que soy.

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10 COMENTARIOS

    • “Qué rico que te tocaras pensando en mí… esa es exactamente mi intención 🔥 Si te gustó la escena de la habitación, el martes que cuente lo que pasó en el patio te vas a volver loco.

    • ​Que rico! 🔥 Me encanta ser la razón de tus descargas. Prepárate para el martes, porque el relato del patio viene con tanta adrenalina que vas a tener que descargar más de una vez. ¡Besos!”

  1. Como me pones la verga de dura y no estas aquí para sacarme la leche ya sea con el culo, panocha o boca. Me encanta lo puta qué eres y lo orgullosa qué estas de serlo perrita. Sigue publicando tus puterias mami y deja algún método para contactarte. Te mando un besote y un apretón de culo ricura sabrosa.

    • ​”¡Gracias por el apretón! 🔥Me encanta saber que te pongo así de duro. Mi contacto es solo para mí cuñadito, él es el único que disfruta de mis puterías en vivo, pero no te quejes… por aquí te voy a seguir dando material para que te descargues a gusto. ¡El martes subire como me hizo mi primer anal en su patio!

    • “¡Qué bueno que te gustó la mamada! Se nota que eres un buen observador. No paso mi contacto, solo soy de mi cuñadito,pero te prometo que el siguiente relato será mucho más explícito. ¡No te lo pierdas!” 🔥

  2. Adr me haz puesto muy caliente, imaginando como te veías con esa tanga roja y la bata de seda, me quedé muy exitado! Un beso en tus nalgas….

    • “José, me encanta que te fijaras en la tanga roja… sabía que a alguien como tú le iba a encantar ese detalle. Me puse muy caliente escribiéndolo y saber que te excitó me gusta más. ¡Te mando un beso de vuelta donde más te guste!”

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