Perversión en el patio: Mi primer anal con mi cuñado

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T. Lectura: 4 min.

Hola, soy su puta consentida y si ya leyeron el relato anterior saben que soy la puta de mi cuñado desde que tengo 23 así que les contaré otro experiencia que vivimos.

Después de aquella noche en el colchón inflable, el deseo se convirtió en una obsesión. Los mensajes por WhatsApp no paraban; nos enviábamos fotos, audios y promesas de lo que nos haríamos la próxima vez. La oportunidad llegó con el cumpleaños de mi sobrina. Mi hermana, siempre queriendo lucirse, organizó una fiesta en grande en su casa.

Decidí ir por todas. Me puse un vestido negro, ajustado y peligrosamente corto, con unos tacones de plataforma que hacían que mis piernas —tonificadas por el ejercicio— se vieran eternas y que mis tetas que son talla 38 doble D naturales se salieran casi del vestido. Cuando entré a la casa y vi la cara de mi cuñado, supe que no llegaría vivo al final de la noche. Sus ojos me recorrieron con un hambre que me hizo humedecer al instante.

La casa estaba llena: mis papás, mi hermano, su familia de mi cuñado… era un caos de gente y música. Pero en medio de los shots y las risas, nosotros jugábamos nuestro propio juego. Nos mandábamos mensajes por debajo de la mesa mientras cenábamos. En un momento, me escapé al baño, me levanté el vestido y grabé un video masturbándome, gimiendo su nombre bajito y mostrándole cómo mi panochita chorreaba por él.

“Te espero con ansias”, le puse al enviárselo.

Él me respondió casi de inmediato, nervioso pero excitado: “Me estoy volviendo loco. No aguanto las ganas de que se larguen todos para meterte toda la verga… pero esta vez quiero estrenar tu culito. Quiero hacértelo por atrás”.

Un escalofrío me recorrió. Alguna vez lo había intentado con un ex novio y dolió tanto que no pude seguir, pero con él era distinto. El miedo se mezclaba con unas ganas enfermas de complacerlo.

Cuando la fiesta terminó y la mayoría se fue, nos quedamos solo la familia cercana. El aire estaba frío, pero nosotros ardíamos. Él me hizo una señal con la cabeza hacia la puerta del patio trasero. Sabíamos que mis papás y mi hermana estaban apenas a unos metros, recogiendo platos en la cocina, pero eso solo hizo que mi corazón latiera más rápido. Salimos a la oscuridad del patio, donde el estreno de mi virginidad anal estaba a punto de suceder…

Salimos al patio con la excusa perfecta: “ayudar a levantar el desastre de la fiesta”. Pero apenas la puerta se cerró tras nosotros y la oscuridad nos cubrió, el orden se fue al carajo. Él me pegó a su cuerpo y empezó a chuparme las tetas con una desesperación que me hizo arquear la espalda, mientras yo sentía sus dedos hundiéndose en mi panocha, que ya era un río de deseo.

Mis manos buscaban su verga a través del pantalón, masturbándolo con fuerza, sintiendo cómo palpitaba bajo mi tacto. Él se detuvo un segundo, me miró a los ojos y me preguntó si podía meter un dedo por mi culo. Esta vez no hubo miedo, solo un “sí” jadeante. Empezó masajeando la entrada con una delicadeza que me volvió loca, y cuando finalmente lo hundió, sentí una electricidad que nunca había experimentado. Quería que se quedara ahí para siempre, pero el sonido de las voces en la casa nos obligó a parar. Nos buscaban. Tuvimos que recomponernos, tragarnos las ganas y fingir normalidad mientras mi hermana nos asignaba los cuartos.

La casa era un hotel familiar: su suegra y cuñada en un cuarto, mi hermano y su esposa en otro, y mis papás en el último. Él se fue a su habitación con mi hermana y mi sobrina. Parecía que la noche había terminado, pero mis deseos de puta no me dejaban cerrar los ojos. Mi cuerpo pedía a gritos lo que habíamos dejado a medias.

De pronto, la pantalla de mi celular iluminó la habitación. Era un WhatsApp de él, como si me estuviera leyendo el pensamiento: “Sal despacio… te espero en el patio de atrás”.

Crucé el pasillo conteniendo la respiración, pasando por las puertas de los cuartos donde todos dormían, rogando que nadie abriera los ojos. Cuando finalmente salí al aire frío del patio, ahí estaba él. Solo traía puestos unos shorts que no podían ocultar su verga, tiesa y apuntando al cielo, esperándome en medio del silencio de la noche.

Verlo ahí, en medio de la oscuridad del patio, solo con esos shorts que no podían ocultar su verga pulsante, me confirmó lo que ya sabía: esa noche mi cuñado me rompería el culo y yo estaba más que dispuesta a disfrutarlo. Nos fundimos en un beso desesperado, un intercambio de lenguas que sabía a pecado y a urgencia. No hacía falta las palabras; el deseo gritaba por nosotros.

—Empínate —me ordenó con una voz ronca que me hizo vibrar hasta la médula—. Bájate el pantalón y sácate las tetas… quiero verlas mientras te hago mía.

Como una puta obediente, me apoyé contra la pared fría del patio, dejando mis pechos al aire y mi trasero expuesto a su voluntad. Primero, me penetró por la panocha; su verga entraba y salía de mi humedad con un ritmo salvaje. Yo no podía contenerme.

—Cuñado, no pares… estoy súper mojada. ¡Qué rica verga tienes cuñado ! —gemía sin importarme que mi familia estuviera a unos metros, durmiendo tras esas paredes.

Él aprovechó que yo era un mar de lubricación para mojar sus dedos y empezar a preparar mi ano. Sentir su verga en un lado y sus dedos abriéndome el camino por el otro era una sobrecarga sensorial que me tenía al borde del colapso.

—Cuñadita, ya estás lista —susurró, con la respiración entrecortada—. Es momento de que me des ese culito.

Se hincó detrás de mí y, sin previo aviso, empezó a mamarme el ano. El calor de su lengua contra mi estrechez me hizo perder la cabeza; le suplicaba que no parara, que siguiera devorándome ahí atrás. Entonces, se incorporó y, con un movimiento firme y decidido, hundió toda su verga dura y mojada en mi ano.

—¡Ahhh! ¡Basta, cuñado! ¡Me duele, basta! —solté un grito ahogado, sintiendo cómo mi cuerpo se desgarraba y se expandía al mismo tiempo.

Pero mi boca decía “basta” mientras mis caderas empujaban hacia atrás, pidiéndolo todo. Él, que ya me conocía mejor que nadie, se dio cuenta de mi mentira.

—Estás tan apretada, cuñadita… qué rico te estoy abriendo —me decía mientras me embestía, llenándome por completo—. Me aprietas delicioso, me vas a obligar a correrme aquí mismo.

Me la metió toda, sin piedad, reclamando ese territorio nuevo como suyo.

Con cada embestida, mi resistencia se desvanecía. Me olvidé del dolor, del frío y de la familia que dormía a unos pasos. Solo existía el roce de su piel contra la mía.

—Así, cuñado… ¡rómpeme el culo! —le supliqué en un gemido que apenas era un susurro, pero cargado de una lujuria salvaje.

Mi cuñado me obedeció sin dudarlo. Sentir su verga entrando por completo en mi ano, llenándome cada rincón, y el golpe rítmico de sus huevos chocando contra mis nalgas fue la sensación más increíble que había experimentado en mi vida. Era un placer bruto, directo, que me hacía vibrar los huesos.

—¡Más fuerte, cuñado! ¡Hazlo más fuerte! —le pedía, entregada totalmente a su ritmo.

La intensidad subió hasta que mi cuerpo no pudo más. Con su verga estirando mi estrechez al límite, llegué al orgasmo más intenso de mi vida. Me vine tan rico que mis músculos anales se contrajeron con una fuerza que lo dejó sin aliento.

—Cuñadita… qué rico me aprietas… no aguanto más, ¡me vengo! —gruñó él, dándome las últimas embestidas antes de descargar toda su leche caliente dentro de mi ano.

Me quedé temblando contra la pared, sintiendo cómo el calor de su venida se escurría por dentro. Nos besamos frenéticamente, un beso que sabía a victoria y a secreto compartido. Después de limpiarnos rápido y en silencio, cada uno volvió a su cuarto con el corazón acelerado. Esa noche supimos que lo nuestro no era solo sexo; era lo pervertido, lo prohibido. Éramos el uno para el otro.

Comenten que les pareció mi primer anal con mi cuñado.

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3 COMENTARIOS

  1. Saludos ! Y esa es la idea que se imaginé todo con lujo de detalle para que se exciten como yo lo hago ! Un besos 🔥💋

  2. Muy excitante como te estreno tu cuñado, me haz exitado mucho que he tenido que descargar…un beso en tu culo!

    • Que rico! Y que excitante que te vengas por leerme, un beso en dónde tú quieras 🔥💋 y gracias por comentar eso me encanta!

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