Después del trabajo iba a dejar a Diana a su casa. Ella iba a su habitación y se cambiaba de ropa, se ponía una blusa de tirantes, un mini short o pijama. Algunas veces se quitaba el sostén y sus tetas colgaban deliciosamente o su pijama dejaba ver que traía una mini tanga de hilo.
Cuando la besaba me ganaba la lujuria y le agarraba las nalgas e intentaba bajar su pijama pero siempre apartaba mis manos y decía que todavía no estaba lista para coger.
—Cuando menos te lo esperes te daré una sorpresa.
Siempre me decía eso pero me complacía con fotos en lencería.
Diana es cosplayer y hace streaming porno con videojuegos.
Una vez me dijo que fuera a verla jugar. Recuerdo que ese día estaba vestida de colegiala, se veía riquísima.
—¿Te gusta cómo me veo?
—Me encanta amor.
Me dio un beso y me empujó hacia una silla, puso música para animarse y comenzó a bailar, movía la cadera y se agachaba mientras se apretaba la tetas.
—La regla es que no puedes tocarme, si quieres puedes masturbarte pero no puedes tocarme ¿ok?
—Sí bebé.
Siguió bailando, se quitó la blusa lentamente y sus tetas cayeron pesadamente, sumió mi cara entre sus nenas ahogándome, yo quería apretarlas, estrujarlas, morderlas pero seguí la regla.
—Bésame aquí—. Dijo señalando su areola.
Di un beso y mordí delicadamente su pezón.
Se dio la vuelta, subió su falda por encima de la cintura y se sentó sobre mi regazo, moviendo la cadera y frotando sus nalgas contra mi verga.
Buscó algo en el cajón de su ropa, sacó un plug y se lo llevó a la boca para lubricarlo. Se tendió en la cama, alzó las piernas y se hizo la tanga a un lado, echó un poco de lubricante en el plug y lentamente se lo introdujo en el culo soltando un suspiro de alivio.
Se puso de rodillas frente a la cámara y comenzó a jugar.
Tenía la verga dura por la imagen de Diana exhibiéndose para cientos de extraños, dando saltitos de emoción y haciendo soniditos de mona china que hacían todo más sensual. No decía nada erótico, sino que mencionaba sus siguientes movimientos, uno que otro chiste sobre la partida o una maldición por haber sido herida o estar a punto de perder.
Un chat al lado corría mostrando la interacción de sus viewers, ella de vez en cuando les prestaba atención respondiendo a las provocaciones con una risa, un comentario o haciendo lo que le pedían; que saltara, que agitara las tetas o que se pasara unos dedos sobre la vagina y varios comentarios sugerían lo rico que sería verla penetrada por una dura verga mientras jugaba.
Sí, yo podía complacerlos, estaba seguro de que a esos “suscriptores” no les molestaría que jugara con Diana un rato.
Me puse detrás de ella acariciando sus hombros, Diana no me prestó atención ni se distrajo del juego. Deslicé mis manos desde sus hombros hasta sus tetas y las comencé a apretar llenándome las manos con ellas, pero aun así no podía abarcarlas por completo y se desparramaban como una suave crema blanca. Me hinqué detrás de ella y comencé a frotar mi verga contra sus duras nalgas.
Diana era una cosita apretada y deliciosa, no me resistí y deslicé mis dedos sobre su coñito estrecho y bien depilado, sintiendo sus labios delgados y húmedos.
—Creo que tengo un sniper cerca —dijo continuando con su juego mientras yo jugaba con su coño—. Necesito la mira, a ver si la encuentro.
Volví a llevar mis manos a sus tetas, tomé la punta de sus pezones castaños y los apreté con un poco de fuerza, haciendo que Diana jadeara. No aguantaba más, necesitaba sentir su piel sobre la mía así que le acerqué mi verga a su boca, Diana la besó y pasó su lengua desde los testículos hasta la punta, deteniéndose un poco en el glande.
La puse de pie, sin desconcentrarla de su juego, y bajé su tanga dejándola completamente desnuda, podía ver la “V” de su vientre plano, sus ricas y enormes tetas colgando y su cosita goteando de excitación.
La senté en la silla, me arrodillé frente a ella, la abrí de piernas y hundí mi cara en su vagina, haciendo círculos en su clítoris palpitante con mi lengua mientras me bebía sus deliciosos jugos.
Diana gemía y hacía un esfuerzo por seguir con el juego mientras yo no dejaba de comerle el coño y las tetas.
Quería cogérmela ya, la puse de pie y la recargué en el respaldo de la silla frente a la cámara, le sujeté de la cadera, entreabrí sus piernas y la incliné al frente mientras ella avanzaba a otra parte del juego. Froté mi verga contra sus labios, empujé suavemente hasta que su conchita apretó mi verga y la succionó hasta el fondo, recibiéndola completa. Diana soltó un gemido y yo sentí que tocaba el paraíso.
La penetré suavemente para que no perdiera su partida, solo se distrajo un poco, gemía despacio.
La sujeté de la cadera con ambas manos y la embestí con más fuerza, el sonido de sus nalgas chocando contra mí pelvis y sus tetas balanceándose deliciosamente hicieron que me calentara más y más, mis gemidos se hicieron más fuertes mientras disfrutaba del calor interior de Diana.
—Quiero por atrás—. Dijo Diana dejando el juego y quitándose el plug.
Me sentó en la silla y se acomodó encima de mí dándome la espalda, agarró mi verga y lentamente se la introdujo en el culo, cuando estuvo completamente adentro Diana soltó un gemido y sus piernas se doblaron pero la sostuve y acomodó las piernas en posición de cuclillas.
—La tienes muy dura y grande, me encanta, se siente muy rico—. Comenzó a subir y bajar las nalgas, la tomé por la cintura para acelerar sus movimientos pero apartó mis manos y las llevó a sus tetas, Diana gemía y yo apretaba sus tetas con más fuerza.
—Vamos a la cama.
—OK pero ponte esas zapatillas—. Le señalé unas negras de plataforma.
Diana me dio el lubricante y se puso en cuatro ofreciéndome aquel templo de enormes y duras nalgas, me eché un chorro en la verga y la penetré lentamente.
—Más fuerte—. Dijo apenas con voz.
Comencé a embestirla con más fuerza mientras ella gemía más fuerte y mordía las sábanas.
Se puso de a misionero, me lubricó la verga y volvió a introducírsela en el culo.
—Chúpame los pies—. Me ordenó.
Le quité las zapatillas y lamí sus plantas anchas, suaves y calientitas, el sabor era delicioso, dulce y rasposito.
Vertí lubricante en sus tetas, puse la verga en medio y empezó a hacerme una rusa. Apretaba sus tetas con fuerza y trataba de exprimirme la verga.
—¿Te gusta corazón?
—Sí nena me encanta.
—Mis rusas son las mejores—. Dijo orgullosa.
—Jálamela con los pies.
Se acomodó entre mis piernas y empezó a pajearme, me echó más lubricante, solo cerré los ojos y me entregué a ella.
Cuando estaba a punto de venirme le dije:
—Te los echo en la cara.
Acerqué la verga a su rostro y comencé a pajearme mirándola con la boca entreabierta y sus ojos de muñeca bien abiertos. Eché descargas de semen en su boca, ojos, mejillas, en sus tetas y cuello, el que cayó junto a sus labios lo recogió con la lengua y lo tragó con gusto, sonriendo.
Como dos o tres veces nos grabamos cogiendo probando diferentes posiciones y lugares.
Nunca pensé que detrás de su carita inocente y tierna se ocultaba una zorrita ávida de sexo anal.
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