A sus 58 años, Mickaella está todavía buena, muy buena, y eso siempre me ha parecido ideal para compartirla sexualmente con otras personas.
Viéndola, diría que proyecta una presencia serena, de esas que no necesitan imponerse para hacerse notar. A sus 58 años, su figura conserva una armonía natural: mide alrededor de 1.59, y su cuerpo, proporcionado y firme, habla de una vida vivida con carácter y cuidado silencioso.
Su rostro, de facciones suaves pero definidas, transmite una mezcla de dulzura y determinación. Los ojos, oscuros y profundos, guardan sus historias y experiencias, no son ingenuos, pero sí cálidos. La ligera curva de sus labios sugiere una sonrisa contenida, más insinuada que ofrecida, como si eligiera con precisión cuándo dejarse ver completamente.
Su cabello, oscuro y abundante de longitud media, enmarca su rostro con naturalidad, cayendo con una elegancia sencilla que refuerza su estilo sin esfuerzo. No hay artificio excesivo en ella; su atractivo radica precisamente en esa autenticidad madura, en la seguridad tranquila que solo dan los años y la experiencia.
Casi siempre lleva vestidos que marcan su cintura y acompañan sus curvas con discreción, dejándolos caer con suavidad sobre su cuerpo, insinuando sin revelar demasiado, manteniendo ese equilibrio entre lo formal visible y lo sensual imaginado, hay en su forma de vestir una intención clara, la de alguien que conoce su cuerpo y sabe cómo “presentarlo” sin necesidad de exageraciones.
Es una mujer profesional, y eso se percibe en su porte: ordenada, consciente, firme. como esposa, su mirada no busca, pero tampoco rehúye ni se esconde; simplemente permanece, segura de sí misma.
En conjunto, su atractivo no es inmediato ni estridente. Es un atractivo que se descubre lentamente, que crece en la observación, en los detalles, en esa mezcla de experiencia, serenidad y sensualidad madura que la envuelve por completo y que hace que muchos hombres la deseen y muchas mujeres la detesten.
Aunque perdió la virginidad pasados sus 21 años, en sus años jóvenes, tuvo una intensa vida sexual, casi promiscua, como le indicaba su ginecóloga, ya que su cuerpo paso entre sus 21 años y sus 30, por las manos de más de 40 hombres, a los que proporcionó el placer de tenerla, pero según dice ella, ninguno le proporciono el placer necesario para llegar a un orgasmo real.
Nos conocimos en una conocida academia de inglés, donde coincidimos en varios cursos. En aquella época, estaba yo terminando mis estudios de maestría, y tenía que salir muy tarde hacia mi casa, por lo que ella me invito a quedarme en su casa cuando se me hiciera muy tarde.
Debo decir que también para aquella época, tanto a ella como a mí, nos habían cortado nuestros amantes de turno, a mí porque la mía tenía dos hijos, y luego de que teníamos una relación sin compromiso, quiso que también me encargara de los críos, a lo que le dije que no podía en ese momento porque mi presupuesto en la universidad me dejaba prácticamente sin recursos, eso basto y sobro para que no nos viéramos más; y ella, ella estaba enamorada del tipo con el cual salía, pero era casado, y ella en su fogosidad, conoció a otro sujeto con el cual se acostó antes de ir con su enamorado.
Su error, para mi beneficio, fue que se lo comento a su “novio” luego de que tuvieran sexo ese día, y el tipo la corto y le dijo que no lo buscara más. Conversamos nuestras desgracias, y yo le dije que eso no tenía nada que ver y que, si a ella le provocaba acostarse con uno, dos o más, eso era si decisión, y que, si la querían realmente, comprenderían eso.
Pasaron los días y era ya diciembre, así que, dentro del grupo del curso de inglés, decidimos hacer una reunión decembrina para despedir el curso por ese año, y ella ofreció su casa para la ocasión. Allí nos reunimos todos, celebramos, cantamos, bailamos, conversamos hasta ya adentrada la madrugada, que uno a uno, los amigos se fueron marchando, hasta quedar solos ella y yo.
Allí las cosas fluyeron como tenían que fluir, un día agradable, unos tragos encima, y la atracción retenida del uno por el otro, nos llevó a abrazarnos y besarnos, luego comencé a tocar sus tetas, duras, paradas, con unos pezones pequeños, pero bien erectos, baje hasta sus nalgas y acaricie aquel hermoso culo, del cual no había reparado hasta ahora. Bese su cuello y quite su camisa y luego su sujetador, y pude contemplar a mi amiga con unas hermosas tetas al aire y unos pezones erectos, buscando placer.
Ella también quito mi camisa, y nos abrazamos mientras nuestras lenguas se entremezclaban en nuestras bocas, entonces ella desabotono mi pantalón, y lo bajo quitándome a la vez los bóxer, de donde salto mi verga bien parada y ya húmeda, se arrodillo ante mí y pude sentir como su boca se tragaba mi verga, y como su lengua llegaba hasta mis bolas, en movimientos deliciosos.
Disfrute de esa mamada un buen rato, y luego la agarre, quite sus pantalones y su panty y quede maravillado al ver aquel coño, con unos pelos castaños muy suaves y muy poco rizados, la acosté en la cama, abrí sus piernas y comencé a mamarle el coño como un desesperado, metiéndole la lengua por esa raja que estaba caliente y húmeda. Luego subí sobre ella y volvimos a besarnos, ella con el sabor de mi verga y mis fluidos en su boca y yo con la mía todavía llena de sus fluidos vaginales, fue un beso apasionado, como si intentáramos cada uno, probar nuestros fluidos en la boca del otro.
Debo confesar que cuando la penetre, quede sorprendido por lo apretada de esa vagina, que se tragó mis 17 cm de verga hasta el fondo. Luego, la puse en 4, separe sus nalgas y le regale la primera mamada de culo de su vida, en cuyo culo todavía me acuerdo como entraba y salía mi lengua de aquel agujero virgen.
Pero el mayor espectáculo, fue ver como desde su coño estando en 4 y con las piernas separadas, chorreaban hilitos transparentes de flujo, que de no haber puesto mi boca debajo de ella, se hubieran desperdiciado en la sabana, estando así, ella se irguió y me puso su coño en la cara, cabalgando mi lengua y llenando ni cara de su delicioso flujo. Luego de un rato, me incorporé y la volví a colocar en 4 para penetrarla por el culo, pero me dijo que no, que por el culo no lo haríamos, así que volví a empujar mi verga en la deliciosa raja de su coño.
Luego de unos minutos estaba por acabar y se lo comenté, así que hizo que se lo sacara y con una pericia increíble, en pocos segundos mi verga entraba en su boca, que empezaba a ser chupada de nuevo, hasta que sentí que me corría.
Mi reacción fue tratar de sacarlo de su boca para acabar en sus tetas, pero ella me agarro de las nalgas con fuerza, y volvió a empujar mi verga hacia dentro de su boca donde recibió toda mi descarga de leche, la cual, para mi sorpresa, se tragó hasta la última gota.
Ese tipo de situaciones la repetimos durante semanas. Así duramos como un año, hasta que decidimos casarnos.
Ya casados, era habitual que cuando teníamos sexo, ella pedía que le relatara una historia bien sucia de sexo, donde ella era la protagonista. Todavía en aquel tiempo, había revistas porno, las cuales yo llevaba los viernes, porque a ella le gustaba leerlas mientras yo le chupaba el coño, costumbre que se prolongó mientras estuvo embrazada.
Con el embarazo, sus tetas crecieron enormemente, casi del tamaño de su cara, y su coño cuando se ponía en 4 se desplegaba abierto, como una flor de carne que cualquiera se la hubiera comido gustoso.
Sin embargo, después de tener a los críos, por cesárea ambos, su coño permaneció apretado, pero su característica principal (ser cachondisima en la intimidad), poco a poco fue pasando, hasta convertirse en una mujer normal y corriente, preocupada por su casa, sus hijos, su marido y su trabajo profesional, donde ya había alcanzado un puesto importante, al igual que yo.
Por aquel tiempo, mis amigos, que también eran sus colegas, y con los cuales sentía diferencias profesionales, que hacía que no se llevaban bien, organizaban reuniones para compartir a sus esposas, quedándonos todos con las ganas de poder probar a Mickaella por lo menos una vez.
Así pasaba el tiempo y siempre que le pedía hacer un trio, me respondía que no, que si estaba loco. Lo mismo paso cuando pasábamos por un Sex-shop, y le sugerí que compráramos un vibrador para esos momentos calientes de los viernes, donde por lo general nos tomábamos unas dos botellas de vino en casa, pero, nada, siempre la respuesta de mi esposa, ahora puritana y moralista, era que no.
Por motivos de trabajo yo estuve durante varios años fuera de casa, y solo nos reuníamos los fines de semana, donde ella me esperaba con la lencería sexy que yo le compraba para la ocasión (Mayas, ligueros, botas al muslo, zapatos de plataforma).
En una oportunidad, llegué a casa con un vibrador, pero no le comenté nada.
Como era usual los niños quedaban con su abuela materna que vivía cerca de casa los viernes, con lo que, la suegra nos cabroneaba para que cogiéramos tranquilos. Ese viernes la rutina fue la de siempre, preparamos unas tapas, abrimos nuestros vinos, comimos, bailamos ella al cabo de un rato, iba a la habitación y volvía transformada de señora, en toda una puta, y eso me encantaba, por lo que compre una cámara digital para poder tener esas imágenes de la esposa que me gustaba tener.
Cuando nos fuimos a la cama después de meternos mano un rato y de las mamadas correspondientes, decidí jugármela con el vibrador, recuerdo que era un vibrador rosado, de silicona, con forma de pene, muy suave al tacto.
Por si algo no salía bien, junto con el vibrador tenía un cepillo dental eléctrico, que pretendía utilizarlo como broma, en caso de que la mujer se encabronara, así que cuando la tenía bien cachonda, le dije “te tengo un regalito”, y baje a mamarle el coño mientras me preguntaba de que se trataba el regalo.
Mientras le daba lengua, prendí el vibrador y ella se alarmo y me dijo, “que es eso”, a lo que le dije: “es un vibrador y es tu regalo, quieres probarlo”, creo que con lo excitada que estaba, no tuvo mucho que pensar, y asintió con un lacónico “Uhuu”, fue allí cuando aparte mi cara de su coño y comencé a pasar suavemente el vibrador por toda su raja, recostándolo sobre su clítoris y bajando lentamente la cabeza del pene de silicona hasta el hueco de su coño y de allí otra vez al clítoris. La sensación que le produjo fue bestial, ya que, si bien es cierto que ella gime rico cuando tiene sexo, en esta oportunidad gemía a gritos, lo único es que cuando intentaba penetrarla, me ponía las manos para evitar que el aparato entrara a su coño húmedo.
Tuvo un orgasmo espectacular, pero fue mi gran error, porque una vez que se le paso el efecto, le dio por llorar, y decir que eso no estaba bien, que algo así haya violado su cuerpo, que me deshiciera del vibrador. Digamos que esa no fue mi noche, porque después todo quedo como un hielo.
Paso el tiempo, el incidente se olvidó, y el vibrador, por supuesto que no lo tire, quedo guardadito en nuestra habitación, y fue lo mejor que hice, porque una noche, mientras nos metíamos mano, me dijo “todavía tienes el vibrador”, a lo que le dije “si, no lo bote”, y me dijo quiero que hoy me vibres el coño”, así que, sin dilación, volé a la habitación a buscar a nuestro amigo para que, ahora sí, de buena gana, probara el coño de mi querida esposa.
Para esa noche ella vestía un corsé negro y debajo una maya negra, abierta en la entre pierna cubierta por una tanguita también de color negro, combinada con zapatos de tacón alto, llevaba el pelo suelto y una gargantilla color lila, que de daba un aire de puta de ensueño. Volví con el vibrador, y ya ella se había quitado los pantis, así que se tendió sobre el sofá, abrió las piernas, y al abrirlas se separaron sus labios vaginales dejando ver ese coño húmedo que pedía seguir conociendo nuevas sensaciones sexuales.
Me arrodillé ante el sofá y metí mi cabeza entre sus piernas para lamer esa babita que humedecía su raja. Prendí el vibrador y comencé a frotarlo contra sus labios y clítoris, mi esposa estaba extasiada, y se le veía en la cara de satisfacción que tenía, así que agarre su mano derecha y la puse sobre el vibrador, ella lo tomo y siguió pasándolo por su coño, me separe de ella, me senté en la butaca de enfrente y le dije “quiero que te hagas una paja para mí”.
Ella solo me vio y se sonrió con picardía y complicidad, se acomodó en el sofá, de tal manera que quedaba justo frente a mí con las piernas abiertas, pasando el vibrador por su clítoris y sus labios.
Como vi que seguía con el mismo movimiento, le dije “quiero ver como te lo metes en el coño, penétrate”.
Solo respondió con un gemido, luego cambio el vibrador de mano, abrió mas las piernas, y con la mano libre se abrió los labios del coño, mientras con la otra acerco lentamente el vibrador y lo fue metiendo suavemente en su vagina, cuando lo tuvo adentro, se estremeció y volvió a tomar el vibrador con su otra mano.
Ahora disfrutaba de aquella panorá Mickaellaa de mi esposa metiendo y sacando ella misma de su coño, el vibrador que casi un mes atrás había pedido que tirara a la basura. Esa noche ambos nos masturbamos hasta corrernos, y Mickaella, descubría así, un nuevo sentido del placer de la masturbación asistida con un vibrador.
Después de allí, pase a comprarle otros jugueticos, entre los que se encontraron un rosario anal, una extensión para el pene para doble penetración, un vibrador realista de una verga negra, bastante grueso y con las venas marcadas, y accesorios para decorar sus tetas, los cuales usamos gustosos.
En cierta ocasión, que estábamos retozando en la cama con los juguetes, me dijo “quieres probar el vibrador”, lo que no entendí al principio, así que le pregunte “¿cómo es eso?”, y se carcajeo diciéndome “quieres que te vibre el culo”.
Lo que me sorprendió mucho más, ya que era raro que ella aprobara ese tipo de prácticas, lo cual había yo comprobado anteriormente, cuando en uno de nuestros encuentros me pidió que le contara una historia guarra, y decidí contarle sobre un encuentro que había tenido con una pareja amiga, en el cual mientras yo cogía a la mujer de su amigo, este ponía su verga en mi boca para que yo se la chupara mientras le daba caña a su mujer, y después nos alternábamos haciendo un trencito donde mientras el cogía a su mujer, yo lo penetraba, cambiándonos luego de posición para que el me penetrara a mi mientras yo acababa en el coño de su esposa y el en mi culo.
Bueno, volviendo a donde quedamos, le dije que sí, que si quería vibrarme el culo que lo hiciera, así que me puso en 4 y comenzó a mamar mi culo, para luego pasar el vibrador sobre mi hueco, y como solo lo pasaba superficialmente, le dije “ponme lubricante y luego mételo suavemente en el culo”.
Así lo hizo, en parte, coloco lubricante y empezó a penetrar mi culo con su vibrador, y cuando ya calcule que tenía más de la mitad adentro, le dije “ahora sácalo un poquito y lo vuelves a meter con un ritmo suave, o como te provoque”, y mientras ella masturbaba mi culo con su vibrador, me preguntaba “te gusta como se siente” y siempre le decía que sí, que se sentía sabroso, pero ella, de repente me dijo, “no puedo seguir haciéndolo, no me está resultando grato que te guste”, así que lo saco, y para no romper la magia, pase a hacerle sexo oral; terminamos follando rico y de allí no se repitió más ese tipo de escenas.
Hubo un tiempo en el cual pasamos por una situación de alejamiento, dado que yo trabajaba lejos, y mi nuevo trabajo era, digamos que jerárquicamente, inferior al de ella, donde todos sus compañeros de trabajo iban vestidos de traje muy elegantemente, y yo siempre estaba con un jean y mi camisa del uniforme institucional.
En ese tiempo conoció a un tipo en su trabajo, que venía eventualmente a su oficina, desde la oficina central, el tipo era bien parecido, muy simpático, lo que provocó que se atrajeran mutuamente. Durante aproximadamente dos meses estuvieron saliendo juntos, y un día en la casa, me dijo, “he estado saliendo con Luis, y estamos teniendo sexo”, aquella confesión, en vez de enojarme, me calentó, porque pensé, “está volviendo a ser la misma puta cachonda que conocí y de la que me enamore”; como respuesta, solo le dije, “bueno, está bien no hay problema, si te gusta estar con él sigue con él, yo sigo aquí, y si se acaba esto, bueno… se acaba y ya”.
Mi querida esposa tomo aquello como un acto de nobleza de mi parte, y no como yo lo había imaginado, como “Ummm que rico alguien mas se está gozando a esta mujer tan sabrosa”, y en vuelta de una semana aproximadamente, me dijo “Luis y yo no dejamos, porque pensamos que no era justo para su esposa y para ti que los estuviésemos traicionando”, después me dijo, “le conté a Lissette -que era su mejor amiga- y me dijo que era la mejor decisión que había tomado, discúlpame”, a lo que le dije “tranquila, no tienes porqué disculparte por haber vivido esa experiencia con tu amigo, es más, si te provoca, puedes seguir saliendo con el cuando yo no este”.
A lo que me dijo “gracias papi, tu si me comprendes y me quieres” me abrazo y se echó a llorar. La consolé un rato y termino cabalgando mi verga, que la sentía más tiesa que nunca, imaginando como habían cogido a mi mujer, y que precisamente, ese coño donde yo estaba metiendo mi verga, había sido penetrado por otro tan solo unos días atrás.
Hasta el sol de hoy han pasado varios años, y Mickaella (que yo sepa) nunca más entrego su cuerpo a otro hombre.
Sin embargo, siempre que hacíamos el amor, yo no dejaba de decirle, cuando ya estaba bien caliente, que me la imaginaba en una orgia, llamando la atención de mujeres y hombres que solicitaban estar con ella, a lo que me respondía “y serias capaz de compartirme”, a lo cual yo le decía “claro que sí, ya que tú eres como un postre delicioso, un dulcito rico, el cual sería una maldad comérselo solo, sin darle un poquito a los demás”.
Y ella preguntaba “¿y tú, que harías?”, y le contestaba “yo te vería, disfrutaría viendo como follas con otros y luego me acercaría y disfrutaría también de tu cuerpo”, y decía ella “¿y dejarías que otro me cogiera delante de ti?”, a lo cual le decía “claro mi amor, sabes que me gusta que experimentes placeres nuevos siempre”.
A lo que me preguntaba excitada “¿y, cómo te imaginas que me cogen?, y le decía: “imagino que el tipo que te gusto, te llega por detrás, con su verga parada, y la recuesta de tus nalgas mientas te acaricia las tetas con sus manos y chupa tu cuello, luego pone su mano sobre tu coño húmedo, y te empieza masturbar, para luego meterte un dedo, sacarlo lleno de tu flujo y metértelo a la boca para que se lo chupes y sientas el sabor de tu coño”.
“Después te lleva a una butaca, él se sienta, te pone de espaldas a él y de frente a todos nosotros, te abre las piernas y te sienta sobre su gruesa verga mientras todos observamos como se te va clavando hasta el fondo, y vemos tu cara de satisfacción cuando lo tienes bien metido, vemos como comienzas a moverte sobre esa verga como una serpiente, y la mujer que está a mi lado, me invita a que nos acerquemos, ella es la esposa del tipo que te coje, y al acercarse, me dice que te chupemos las tetas, y así lo hacemos ella en una y yo en otra, luego ella se incorpora, y mete su lengua en tu boca y tu respondes igual.
Mientras tanto yo bajaría y tendría frente a mi tu clítoris hinchado de placer, y una raja a la que le entra y sale una buena verga, y para darte más placer, te chupo el clítoris y te doy lengua mientras te follan y te besas con la esposa del tipo, para que te corras rico”.
Y así, le hacía varios relatos donde siempre alguien la follaba, pero lo curioso era que cuando estaba normal, y le proponía lo del trio, intercambio u orgia, me decía que no, que eso no ocurriría jamás de verdad.
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