Mi primera vez siendo infiel con mi entrenador

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Después de varios años de mucho encierro por trabajar desde casa, decidí empezar a entrenar.

Con los meses y de charla en charla, recibía indirectas del entrenador y que en principio me sentía muy “señora” para entrar en este tipo de juegos porque los veía como parte de su protocolo anti aburrimiento con la mayoría… La verdad no es que yo tuviera algo especial. Yo soy bajita, de treinta y pocos, de piel blanca, cabello oscuro, caderas anchas y buena carnita en el trasero, robusta y pues con el entrenamiento se iban acomodando las carnes jaja.

No puedo negar que desde el principio me atrajo, es atlético, 1,70 aproximadamente, tez blanca, barbado, un aspecto muy balanceado y buen carisma.

Un día un tuve un sueño erótico con él tan real, se acercaba detrás de mí delante de otras personas, y sentía su erección por detrás… me sentí cómoda aunque nerviosa por estar en público y desde entonces se me dañó la cabeza.

Aunque quise guardarlo en secreto, un día random se lo conté y desde entonces incursionamos en conversaciones algo provocadoras que iban subiendo de tono, se notaba en mi cara que cada vez me tentaba más la idea de que pasara algo sexual entre nosotros.

Muchas veces me masturbé deseando concretar algo, en mi imaginación iba creando escenarios, lugares posibles dentro del gym y mi mejor fantasía fue cumplida.

Mi esposo salió de viaje por unos días, sabía que era mi única oportunidad. Me costó mucho dar el primer paso, me sentía dudosa y nerviosa… Probé contarle a otra chica delante de él, sobre el viaje de mi esposo y sin un segundo de por medio, me miró y me dijo que iba a “necesitar compañía”, me dio risa porque no pensé que lo fuera a poner tan fácil y en cuanto pudo se acercó a concretar.

De la adrenalina que sentía, las pesas parecían plumas, de lo nerviosa que me sentía ni salían palabras, me miraba insistente pero paciente, hasta que pudimos cuadrar hora, lugar y reglas claras de cuidado y confidencialidad.

El tiempo se congeló, yo temblaba, con la sola idea estaba muy excitada y húmeda, pero me costaba concentrarme mientras me preparaba, me sentía andando en cámara lenta… Tanto que se me hizo tarde… Me escribió que si sí iba, así que me apuré tanto como me permitía mi cuerpo.

Me puse un vestido ligero, iba recién bañada con el cabello húmedo y me fui sin ropa interior, porque ya muy húmeda y por apurar porque sabía que el tiempo era limitado.

Caminaba, apenas si respiraba, no sabía qué tenía que hacer al llegar, cómo empezar y los nervios me hacían temblar, hasta que desde la esquina le vi afuera del gym y me ayudó a sentir más calmada. Saludé de lejos con una sonrisa y miré hacia el vecindario que no viera nadie.

Al entrar y cerrar la puerta, inmediatamente y con brusquedad me empujó contra su cuerpo, me besó apasionadamente y me agarró el trasero notando que iba “entrega inmediata”, hizo un comentario y me sentí entregada a todo, lo que para mí era difícil, lo hacía tan fácil.

Después de besarnos y acercarnos mucho, se descubrió el paquete y al verlo sentí una mezcla de terror y excitación: era enorme, el más grande y grueso que había visto en mi vida, cerré los ojos y respiré sin saber si iba a lograrlo.

Me llevó hacia el lugar más privado, me hizo arrodillar y probarlo, era pesado, rosado, delicioso, casi ni me cabía en la boca. Me acostó boca arriba sobre unas colchonetas en el suelo y con ímpetu me abrió las piernas y sin titubear me embistió con su pene enorme. Sentí todo dentro, como si me fuera partir en dos, mi corazón parecía salir del pecho, no lograba pronunciar palabra ni sonido, pero mi cuerpo sentía por mil, mientras me besaba y me seguía embistiendo con buen ritmo sin parar.

Luego me puso en cuatro y me hacía mirar al espejo mientras me daba nalgadas y me embestía una y otra vez, me agarraba del cabello y aunque me decía cosas, yo no podía casi hablar, mi vulva estaba ardiendo, mi sangre ebullendo y mi excitación crecía aún más.

Preguntaba si estaba bien, o si me lastimaba, pero la verdad sentía todo, pero se sentía bien. Jugamos con un par de posturas más con mis piernas más cruzadas que me hacían sentirlo aún más profundo, mientras sus manos me apretaban la cara, las tetas y en su cuerpo el sudor no paraba.

Me sentía como en trance, como si una parte de mí creyera que estaba soñando. Se notaba su buen estado físico, me sorprendió el aguante y el ritmo.

Se iba acelerando y había mucho sudor, lo rozaba, me gustaba mucho lo que veía, lo que sentía mientras entraba y salía de mí… se retiró el preservativo y probé su leche que cayó en mi cara, con un sabor super dulce.

Nos metimos a la ducha y ya me sentí más confiada, para tocarlo, hablamos un poco, de pie allí lo hicimos otro rato y salimos. Pronto nos despedimos sin hablar mucho más. Salí casi como entré físicamente, pero mi cuerpo por dentro no era igual.

Todo el fin de semana al llegar imágenes de ese encuentro, de inmediato me excitaba, me humedecía sin control, fueron muchos los orgasmos que me regaló ese estado y por suerte mi esposo volvió pronto y puede aprovechar toda esa energía también con él.

Sin duda inolvidable.

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