Todo comenzó una tarde que de la nada me escribió Delia por WhatsApp, una chica morena, delgada, cuyo culo veinteañero puede enloquecer a cualquiera, la cual me pidió salir a dar una vuelta ya que su novio se encontraba fuera de la ciudad y ella no quería estar sola, nos vimos para comer y hasta ese punto no pensaba en follármela por respeto a mi amigo, simple mente pensé que solo era una salida con una amiga, después pasamos a un barcito del centro entre copa y copa me jala y me besa.
-¿Y tu novio? –pregunto incrédulo ante lo que acaba de ocurrir.
-Ahorita no quiero saber de mi novio –y me besa nuevamente, pero esta vez el beso es más apasionado.
Me vuelve a besar y me pide que vayamos a mi departamento.
Ya es de noche, pido un Uber y lo abordamos, entre beso y beso, casi al llegar a mi departamento me animo a meterle mano, siento los cortos pelos de su panocha pero la rección de ella fue diferente a la esperada, me mira con ojos de sorpresa, los cuales también expresan, lo que pensé era desaprobación, retiro la mano inmediatamente pensando que quizás fue muy apresurado de mi parte.
Bajamos y me sentía apenado, pero apenas ingresamos al departamento, nos fundimos en otro beso apasionado y comenzamos el faje, que siempre es el más desesperado previo a cogedera, masajeo sus tetas firmes y redondas, que aunque no son muy grandes, son muy deliciosas, para después comenzar a quitarle el pantalón y dejar su panty roja como último obstáculo, de nuevo introduzco mi mano y vuelvo a tocar su vulva, la cual ya está húmeda y deseosa de ser penetrada por mi verga que en ese entonces ya se encuentra más que erecta y escurriendo liquido preseminal.
Acostada como esta, voy deslizando su panty por sus piernas, esto no hace más que enloquecerla, y pedirme, con la poca cordura que le queda, con un tono más de súplica que de ganas.
-Ponte condón, por favor, no quiero quedar panzona.
Saco el preservativo y lo coloco en mi verga, que ya se encontraba como piedra.
Separo sus piernas y me deslizo hasta quedar frente a frente, nos besamos nuevamente y con un solo movimiento la penetro suavemente, pensando aún que esta hermosa mujer es la hermana de uno de mis mejores amigos.
-Dame más duro, por favor, esta noche soy tu puta –me dice y me causa una revelación.
Esta veinteañera no es la chica recatada que pensé.
-¿Con que te gusta rudo eh?
-Si me encanta que me traten como una puta barata, dame más por favor, si así, no pares, ah ah ah…
Comienzo a ensartarla como si no hubiera un mañana, con lo que me gusta que las morras sean tan putas, pienso sin decirlo.
-¿Te gusta mi verga? –para después morderle su pezón ya duro por la excitación.
-Ah, ah, ah, ah, claro que si, si así, mmm, mmm… ¿te gusta cómo me estas parchando?
-Me encanta.
La volteo y la pongo de perrito, de golpe la ensarto y reinicia el delicioso mete y saca mezclado con nalgadas que se le quedan marcadas, la tomo por la cintura con fuerza y la continúo penetrando ya sin gentileza, sacando todo mi instinto animal como si ello fuera lo único que importara en esta vida.
Ella sucumbe ante el primer orgasmo y queda desfallecida en la cama, pero yo aún la taladro con fuerza y no puedo parar de meterle mi verga, por alguna razón no termino por lo que el condón continua sin ser llenado por mi blanca leche, después de aproximadamente 10 minutos de follarla como la puta barata que dice ser, se la saco y emite un ligero:
-Ahhhh –como si le hubiera quitado una parte de su ser.
Me quita el condón y se sorprende que no esté lleno de mi leche.
-¿No te gusto? –pregunta tratando de entender que sucedió
-Claro que me gusto
-¿y por qué no te viniste?
-No lo se
-¿Quieres que lo hagamos sin globito?
-¿Estas segura?
-Segura, quiero sentirte sin obstáculos
En esa ocasión follamos toda la noche, solo haciendo pausas para dormitar y reponer fuerzas, solo para continuar parchando como dos animales salvajes.
Y ese fue el comienzo de una serie de aventuras que tuve con ella y de cómo comenzó una relación clandestina, por una parte, por su novio y por otra parte por mi amigo.
Me encantaba que me visitara y poder pasar horas y horas sacando nuestros más bajos instintos que solo otorga una relación clandestina alimentada por el morbo de saberse haciendo algo, si bien no prohibido, si indebido.
Espero poder continuar relatando más sobre esta maravillosa mujer y mejorar mi redacción para hacerlo lo más vivido posible.
![]()