Placer frente al mar

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T. Lectura: 2 min.

Soy una mujer de contextura pequeña, más bien delgada, con una cintura marcada, caderas redondas y muslos definidos. Me gusta ser sensual, sentir y explorar el placer en mi propio cuerpo.

En esta ocasión, viajaba sola por una isla paradisíaca del Caribe. Mi habitación era eco-fancy, con una vista insuperable, y las ventanas abiertas dejaban entrar la brisa cálida que acariciaba cada rincón.

Después de cenar, subí a mi habitación a descansar. Me recosté en la cama, escuchando únicamente el sonido del mar… y fue ahí cuando el deseo comenzó a apoderarse de mí. Un deseo carnal, intenso, urgente. Literalmente, anhelaba una buena verga.

La sensación crecía dentro de mí sin control. Me quité la pijama lentamente, dejando mi cuerpo completamente desnudo sobre las sábanas, la piel aún tibia por el sol. Mi mente empezó a llenarse de recuerdos eróticos: el sabor cuando derraman su semen en mi boca, el calor de una verga rozando mi culo, la intensidad de mis orgasmos.

Estaba tan excitada que, sin haberme tocado aún, mi vagina ya estaba completamente mojada, lubricada, latiendo de deseo.

Poco a poco comencé a recorrer mi cuerpo. Mis dedos, ligeramente húmedos, subieron hacia mis pezones, acariciándolos con suavidad hasta que se pusieron duros, sensibles… deliciosamente erectos.

Mis manos descendieron con lentitud, deteniéndose justo donde más lo necesitaba. Empecé a acariciar mi clítoris, despacio, sintiendo cómo cada roce me arrancaba gemidos suaves, mientras mi respiración se volvía cada vez más profunda y agitada.

Mis caderas comenzaron a moverse por sí solas, en un ritmo lento y constante. Mi vagina ardía de placer, apretada, como si esperara desesperadamente una verga que la penetrara. Estaba empapada, caliente, gimiendo sin poder detenerme.

El ritmo fue aumentando poco a poco. Mi clítoris, ya rojo y sensible, palpitaba bajo mis dedos. Mi piel empezó a sudar, y mi cuerpo se movía cada vez más rápido sobre la cama. Mi culo rozaba las sábanas mientras mis caderas se deslizaban con urgencia, mi vagina cada vez más arrecha, más apretada, más necesitada.

Mis dedos acariciaban con movimientos envolventes mi clítoris, mis dedos entraban y salían de mi vagina, con mucha intensidad y dedeo de más…

Entonces, sin poder contenerlo más, llegó el final. Un gemido profundo escapó de mi boca mientras me vine en un orgasmo intenso, mi cuerpo temblando, estremeciéndose por completo.

Quedé fundida sobre la cama, respirando entrecortado, dejando que la brisa del mar recorriera mi piel todavía sensible… disfrutando las últimas olas de placer que aún vibraban dentro de mí.

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1 COMENTARIO

  1. A mi tambien me gusta darme placer. Es lo primero que hago al despertar, y lo ùltimo que hago antes de dormir. Aveces tambièn me doy mis ratitos de placer entre clases o mientras conduzco

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