Había salido de vacaciones y decidí ir a pasar unos días con mis padres, así que le avisé a mi cuñado que en esos días no podríamos vernos; claro, mensajes y WhatsApp como siempre. Él aceptó y me dijo que no había problema: “¡Que me divirtiera mucho!”, me escribió en un tono juguetón.
Al llegar a casa de mis padres no había nadie, así que me instalé en la habitación que era mía. Me metí a tomar una ducha y me puse unos shorts cortos con una blusa de tirantes. Me tumbé en la cama dispuesta a ver una peli cuando escuché cómo se abría la puerta principal. Me asomé por las escaleras y era mamá; traía un vestido corto de hombros descubiertos. Entró riendo y, atrás de ella, un vecino quien iba metiéndole las manos por debajo del vestido. Empezaron a besarse y a tocarse; mamá estaba súper caliente y el vecino ya quería penetrarla, pero yo, muy torpe, tiré una maceta, a lo que mamá se espantó y lo apartó.
—¿Quién anda ahí? —dijo mi madre con el vestido hasta la cintura, dejando ver sus grandes nalgas y esa tanga azul que traía. Yo estaba caliente viendo todo, así que decidí no hablar.
El vecino la seguía agarrando y estaba a punto de sacarse la verga cuando mamá le dijo: —Creo que será mejor que te vayas. El muy cabrón, ya cachondo, le dijo que no, que tenía que darle su panochita como siempre. Ella, muy puta, aceptó; le agarró la verga y, como toda una experta, se arrodilló y empezó a mamársela. Le hacía unas mamadas que el vecino no podía aguantar y gemía de placer. Yo, desde las escaleras, veía a mi madre cómo le pasaba la lengua por toda la verga y se la metía toda. El vecino estaba de espaldas hacia mí, pero por los gemidos sabía que lo estaba disfrutando tanto como yo, quien por la excitación me saqué las tetas y me metí los dedos para empezar a masajear mi clítoris.
De repente, mi mamá se para y se empina en el sillón quedando de lado; desde ese ángulo yo podía ver todo. Sin previo aviso, el vecino le abrió las nalgas y le metió toda la verga. Le estaba dando unas embestidas que hasta yo sentía rico y ella gemía de placer; la tomó de los hombros y empezó más fuerte. Al mismo tiempo, empecé a tocarme más rápido y, casi sin querer, mi mamá y yo nos venimos al mismo tiempo. Después de unos minutos el vecino se vino dentro de mi mamá; ella se acomodó la ropa, despidió al vecino con un rico beso y yo me fui a mi cuarto.
Después de unas horas baje a la sala y saludé a mi mamá; ya eran las 7 pm aproximadamente. Mi mamá, al verme, se asombró.
—¿Cuándo llegaste, princesa?
—En la tarde, mamá, solo que llegué cansada y me fui a dormir a mi cuarto, no me di cuenta cuando tú llegaste.
Vi en sus ojos el miedo de haberla cachado.
—Okay hija, está bien. ¿Quieres cenar algo? Tu padre llegará tarde.
—Sí, está bien mamá.
Cenamos algo ligero, vimos tele y las dos nos fuimos a nuestros cuartos. Ya entrada la noche, escuché hablar a mi mamá por teléfono; ella tiene la manía de siempre poner el altavoz. En realidad no supe quién era, pero era alguno de sus tantos amantes.
—Mañana no podrás venir ya que mi hija está aquí, nos vemos la siguiente semana —decía ella. El hombre le respondió:
—No seas mala, me dejarás con ganas de tus tetas. ¿Qué tiene que esté tu hija? Ella ya es grandecita y está de muy buen ver —rio el viejo.
—No digas eso… aunque sí, mi hija está muy bien, lo heredó de su mamá.
No escuché lo demás porque me fui a mi cuarto y le marqué a mi cuñado para contarle todo lo que había visto y escuchado. Eso lo prendió a él y tuvimos sexo por teléfono; me aconsejó que era el momento perfecto para cogerme a mi mamá pero, eso sí, sin olvidar grabar todo para después verlo juntos.
Al siguiente día, papá avisó que regresaría hasta el viernes. Fuimos a comprar ropa, lencería y comimos fuera. Al llegar, decidimos bañarnos para ver una peli. Antes de bañarme, fui al cuarto de mamá por una toalla; al entrar, escuché ligeros gemidos en su baño. Al asomarme, mamá se estaba masturbando al mismo tiempo que se grababa. Al verla desnuda y con los dedos en su vagina, me calenté demasiado. Me quedé viéndola y ella, al darse cuenta, gritó.
—Perdón má, no fue mi intención —le dije.
—No te preocupes princesa, discúlpame a mí.
Me metí a bañar sin poder sacarme la imagen de mi mamá. Cuando fui de nuevo a su cuarto, ella ya traía una bata diminuta por debajo de las nalgas; se veía claramente la tanga, no llevaba brasier y se notaba porque la bata era de tirantes con un escote prominente. Yo llevaba una playera de tirantes azul sin brasier, mis grandes pechos salían de aquella blusita, y un mini short que dejaba ver la mitad de mis nalgas.
—Princesa, pensé que ya no querías ver la película. En verdad una disculpa, ese video era para…
—¿El vecino, má? —interrumpí y sonreí coqueta.
—Hija, no, claro que no. Lo que viste es la primera vez, nunca había pasado. Tu papá y yo tenemos un acuerdo pero no lo entenderías.
—Tranquila má, no te preocupes, lo que hagas no me molesta. Papá y tú saben lo que hacen… ¿pero acaso me viste?
Ella me sonrió de una forma distinta y se acercó quitándome el cabello del rostro.
—Princesa, claro que te vi. Viste todo el espectáculo. No fue mi intención que me vieras, pero el momento estaba tan caliente que no pude parar a pesar de que me estabas viendo… ¡Para serte sincera, eso me prendió más!
No lo podía creer. Mamá sabía que estaba ahí y le gustó tanto como a mí.
—Má, yo no sabía que llegarías con él, pero gracias por el espectáculo, estuvo increíble.
Vimos la peli juntas y nos quedamos dormidas en su habitación. Al entrar la madrugada desperté y vi que ella dormía a mi lado; sin pensarlo, me acerqué y le di un beso mientras le tocaba las piernas. Ella abrió los ojos, me miró y me dio esa sonrisa que les da a sus amantes. Me tomó de la cintura y me acercó; nuestras tetas quedaron tan juntas que nuestros pezones rozaban. Empezó a besarme de manera brutal, metió su lengua y yo, en la excitación, mordía sus labios. Empezó a tocarme las nalgas y yo a ella.
—Desnúdate mami, quiero verte como en la tarde.
—Princesa, te voy a enseñar cómo se coge.
Se quitó la bata y quedó en esa tanga que se le metía en sus ricas nalgas. Yo me quité la playera dejando mis grandes tetas al aire y quedé en tanga. Mi madre me acostó, me abrió las piernas y empezó a chuparme toda la panochita; su lengua pasaba por mis labios y mi clítoris.
—¡Mami, no pares así! —estaba tan mojada y a punto de venirme cuando ella se incorporó.
—¡Chúpamela, quiero sentir toda tu lengua en mi panochita!
Bajé poco a poco, le quité la tanga y con mis dedos se la abrí para pasar mi lengua; daba unas lengüeteadas que hacían que se mojara tanto. Me monté sobre ella, entrelazadas, panochita contra panochita, y como una buena puta empecé a moverme. La fricción hacía que nuestros fluidos aumentaran.
—¡Así, así mami!
—¡Así princesa, qué rico te mueves! ¡Eres toda una puta como tu mamá!
Nos venimos al mismo tiempo en un orgasmo intenso.
—¡Bájate a limpiarme toda mi panochita, princesa! —lo dijo en tono de orden, haciéndome enloquecer porque amo que me manden, y más con el morbo de que era mi madre.
Obediente, me bajé y empecé a tragarme todos sus fluidos hasta limpiarla. Al terminar, ella me rescató y me limpió a mí hasta dejarme solo con su saliva.
—Mami, nunca pensé que la chuparas tan rico.
—Y yo nunca pensé que la panochita de mi hija supiera tan rica y que fueras igual de puta que yo.
—Mami, ¿cómo no ser como tú si siempre te veo gozar cuando coges con otros hombres? Hasta con tu compadre lo haces delicioso.
Ella rio y me dio un beso: —Vamos a dormir, mañana seguimos con esto, mi vida.
Al día siguiente todo fue mejor; estaba decidida a grabarme con mi mamá para enseñárselo a mi cuñado…
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