Con Fer vamos a contar un juego erótico, una fantasía construida a partir de hechos reales. Empezamos a jugar con nuestros morbos y con algunas cuestiones tensas del pasado. La pregunta: ¿Cómo todo eso nos lleva a calentarnos, y a cogernos con más ganas?
A través de sus fantasías y sus experiencias ella me enseñó a cogerla, como le gusta sentirse una puta delante mío. Como se calienta y me mira cuando le digo que me la imagino siendo cogida en su departamento por sus dos amigos.
Ella contó esa historia porque yo le encontré la frase “ménage à trois” en su diario, como ya conté en el relato anterior. Allí el miedo de ser menos se apodero de mí, pero fue un arma de doble filo ya que hoy es el motor de los mejores polvos. ¿Será por la posición más de voyeur que me tocaba? o ¿Por fantasear que también podemos hacer un trio juntos?
Estábamos volviendo de una ruptura, en una casa nueva, su nueva casa de soltera dice ella. Y claro, si allí se animó a mostrarse como una hembra imparable. El tabú de aquel momento caía para dar nuevos aires a la pareja.
A partir de las lecturas de algunos relatos que empezamos a compartir, fue que le comencé a preguntar de su experiencia y ella a calentarse recordando.
Desde aquí comenzamos a relatar algunas de las escenas que ella rememora. Esos que en general hacemos de previa, para calentarnos y después en la cogida repetimos algunos gestos o situaciones de su escena.
Ella se calienta cuando recuerda que era deseada por dos hombres, que los dos la quisieran coger, la calentaba, la hacían sentir linda y también se imagina o recuerda que la miran cogiendo. Se calienta de que se masturben con ella y su belleza. En cambio a mi excita verla caliente, moviéndose como una puta, imaginarla gozar, que la mueven toda, la tocan, la acarician por todos lados, la apoyan, la rozan, y ella gime.
Siempre hablamos de sus previas al trío, relata uno de los momentos que más le calientan: la rozaban y se reían, eran “tres amigos” que caminaban abrazados. Recuerda movimientos sutiles, de roces, sin llegar a tocarse. Se hace cargo de que sus movimientos eran insinuantes también. Presumía. Le calienta que durante los juegos previos la cosa este implícita.
Ya se los había compartido la cama con ellos por separado, era cuestión de adaptarse al nuevo momento. Saber que se la iban coger pero no hablarlo, si no experimentarlo en el cuerpo. Ella sentía el deseo de ellos y se calentaba. Ya esa noche calurosa de noviembre antes de entrar al departamento sabia se iba a concretar. Algo se venía planeando sin decirse, las palabras eran distintas, los acercamientos eran cada vez más. Le había gustado estar acostada en los colchones con ellos, uno de cada lado, Y disfrutaba de esa situación.
Siempre le pregunto como habían sido las situaciones antes de esa noche y ella me comenta que lo más cerca que habían estado era un abrazo, se sentía la tensión ahí. A ella le gustaba sentirse ingenua, ellos llegaban con un vino, un faso y la invitaban “a ver la tele” “documentales”. En varias ocasiones realmente veían la tele y luego se dormían. Se sabía que podía pasar. Ella iba dando lugar de a poco rozando y dejando rozar. Disfrutando de los juegos de seducción.
Conociéndola, yo me imagino que esos roces eran un poco más intensos de lo que rememora. La imagino sonriente, al sentir las miradas, nerviosa, sabiendo que ya la habían visto desnuda y ella también los había probado en la cama.
A mí me encanta escuchar los detalles. Una vez que salió de bañarse se fue a cambiar a la pieza y estaba uno de ellos, ella le pidió que salga de la habitación para cambiarse y el no quiso, ella lo acepto y se cambió delante de él. Le gustaba exponerse delante de ellos. Se perfumaba, picara e ingenua, “sus amigos” le apodaban pantera y ella se reía, ahora se da cuenta que eso significaba otra cosa. Alto gato negro es mi pantera.
Seguramente ya habían hablado de como se movía. A mí me calienta decirle pantera en nuestros polvos… es que se mueve tan bien. Me cuenta, que cuando se la cogían, le tenían que pedir que pare de moverse para no acabar tan rápido. Le decían que se movía bien, y también que gemía con una intensidad hermosa. A ella le encantaba sentir que la deseaban, cuando entre ellos pedían el turno para agarrarla y cogerla, “Ahora me toca a mi” resuena en sus oídos para calentarse. Ella les demostraba la excitación, se movía y gemía, con mucha energía. Ellos no se aguantaban las ganas de acabar, no daban más.
Ella encontraba diversas maneras, de no ser solo esa sumisa que se dejaba coger. Primero, les cortaba el mambo cuando estaban muy excitados, y cuando superaron esa barrera, su poder se concentraba en sus movimientos y la capacidad de llevarlos al límite del orgasmo, tanto que la tenían que frenar. Hacerlos calentar hasta explotar era la prueba de que la disfrutaban.
Se excitaba mucho al recordar que mientras uno la estaba cogiendo, el otro se masturbaba frente de ella. Recuerda estar en los colchones en el piso, le estaban dando en cuatro y el otro estaba apoyado con la espalda en la pared, sentado a menos de un metro de ella. La luz era muy baja, entraba entre la persiana, ella recuerda un tono azulado en la habitación, recuerda la cara de excitación del que se masturbaba mientras los veía coger. Recuerda que en esa pose mientras el que se masturbaba la miraba, la pidió, para cogerla: “Ahora me toca mi”
Le sacaban la remera, la besaban y le desprendían el pantalón, sentía que la agarraban, las manos de ambos pasaban por todo su cuerpo. La agarraban y la besaban por turnos. Uno se le ponía atrás y le apoyaba el pene y el cuerpo. Sentía que el pene les estaba por explotar mientras le rosaba su cola. Las respiraciones entrecortadas en su oído le hacían sentir la calentura aún más, es lo que la excita, percibir las ganas que ellos tenían de cogerla, que no den más por metérsela, eso la hacía sentir una puta hermosa, objeto de deseo.
La apretaban de atrás la agarraban con fuerza, con ganas, ella gemía, El primero que la penetro le corrió la bombacha le aceraba la pija que estaba caliente y dura, se movía rápido pero sin entrar rosaba la vulva y la entrada de la vagina, pero no llegaba a penetrarla.
Los dos amigos tenían la pija muy dura. El que estaba atrás, le bajo la espalda un poco y se la metió, tomándola de las caderas. A ella le encantaba ver, como el otro se masturba, como movía la mano en su pija, y se la mostraba. Ella recuerda mirarlo mientras se mueve, sintiendo el vaivén y la pija desde atrás.
Yo me sigo calentando con cada detalle que ella va a agregando a esta historia, que todavía muestra pendientes de relato y detalle. Me excito de pensarla caliente, de imaginarla moviéndose, apretando esos penes, su mirada y sus nervios. Su impulso, su sonrisa, ellos calientes por esta hembra preciosa y desinhibida, así la tenían a mi mujer, verla así con esos ojos me vuelve loco.
Otras palabras que se le cruzan o resuenan en su oído, era cuando le pedían, que se ponga en 4 patas, que les levante la cola, tomarla de las cadera y sentir el plaf plaf de las embestidas en su culo.
Estaba tan excitados que en un momento ya no aguantaban más. Acabaron, uno primero le lleno de leche la cola, saco la pija toda hinchada y tiro los chorros de semen sobre sus nalgas, mientras que el otro, hacia que se la chupara la pija para terminarle sobre la cara, le llenaba de leche la cara y la boca.
![]()
***No se admiten datos personales en los comentarios***
Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.
Cata Martínez
Administración de CuentoRelatos