Al día siguiente desperté con el cuerpo todavía cansado y la mente llena de imágenes de lo que había pasado con Sofía. Apenas eran las 9 de la mañana, no quería salir de la habitación y había mucha tranquilidad. Tomé el teléfono y le escribí a Sofía:
«Buenos días. ¿Ya le contaste algo a tu mamá?»
Esperé unos minutos. Sofía leyó el mensaje casi de inmediato, pero el “Escribiendo…” apareció y desapareció varias veces. Finalmente respondió:
«Buenos días, primo
Todavía no… anoche llegaron muy tarde y esta mañana ella y mi papá salieron temprano a hacer unas compras. Pero sí le voy a contar, no te preocupes.»
Fruncí el ceño. Sentía que estaba evadiendo un poco. Le escribí de nuevo:
«¿Y cuándo piensas decírselo? Quiero saber cómo reacciona.»
Esta vez Sofía tardó menos en contestar, pero su respuesta fue completamente distinta a lo que esperaba:
«Tranquilo… lo haré cuando sea el momento adecuado
Por cierto… ¿cuándo vamos a ver a tu amigo Alex?
Ya cumpliste con lo del implante, ahora quiero que cumplas con la otra parte del trato. Me dijiste que me lo presentarías.»
Me quedé mirando la pantalla un poco desconcertado. Era claro que estaba desviando la conversación hacia lo que ella quería. Respondí:
«Sofi, primero dime si realmente le vas a contar a tu mamá todo lo de ayer. ¿O solo era para calentarme?»
Ella leyó el mensaje y esta vez contestó más rápido:
«Claro que se lo voy a contar… pero no gratis, primo.
Ya te di gracias con mi coño bien rico ayer. Ahora quiero lo mío.
Organiza algo con Alex esta semana. Quiero conocerlo. Si lo haces bien y me cae bonito… entonces le contaré a mi mamá todo con lujo de detalle: cómo me ahorcaste mientras me cogías, cómo me llenaste el coño de leche, y lo rico que gemí. ¿Trato? O ¿prefieres que me quede callada?»
Sentí una mezcla de frustración y excitación. Sofía estaba jugando bien sus cartas. Antes de que pudiera responder, llegó otro mensaje suyo:
«Además… si Alex me gusta, tal vez hasta lo invite a la casa cuando mis papás no estén.
Quién sabe… quizás mi mamá también termine conociéndolo.»
Me quedé mirando los mensajes de Sofía con una mezcla de frustración y excitación. Estaba claro que ella tenía el control y lo estaba disfrutando. Decidí aceptar, pero presionándola un poco más. Respondí:
«Está bien, trato hecho.
Pero quiero que le cuentes a tu mamá todo lo de ayer… y no cualquier cosa. Quiero que le des detalles bien sucios: cómo te ahorqué mientras te cogía, cómo te corrías gritando y cómo te llené el coño de leche. Nada de versiones light. Si haces eso, hoy mismo hablo con Alex y organizo para que nos veamos los tres esta semana.»
Sofía leyó el mensaje casi al instante. El “Escribiendo…” apareció durante varios segundos antes de que llegara su respuesta: «Mmm… me gusta cuando te pones exigente.
Tranquilo, primo. Si cumples con tu parte, yo cumpliré con la mía. Te prometo que le voy a contar todo con lujo de detalle… hasta le voy a decir cómo me temblaban las piernas después de que te corriste adentro. ¿Contento?»
Le escribí de vuelta:
«Contento cuando sepa que ya se lo contaste.
Hablando de Alex… ¿qué día te viene bien? Puedo decirle que salgamos los tres este viernes en la noche. Hay un bar bonito y tranquilo donde podemos tomar algo. Le diré que vas a ir conmigo.»
Sofía respondió rápido, claramente entusiasmada:
«¡Perfecto! El viernes me viene excelente. Dile que soy tu prima y que quiero conocer el lugar. Nada más.
Quiero que sea algo casual, pero que pueda coquetear con él sin que se sienta raro. Ah… y una cosa más: quiero verte un poco celoso cuando lo haga. Me calienta imaginarte viéndome coquetear con tu amigo mientras piensas en cómo me cogiste ayer.»
Sentí un nudo en el estómago. A pesar de todo, mi verga dio un pequeño salto solo de leerlo. Le contesté:
«Ok. Hoy mismo le escribo a Alex para confirmar. Te aviso la hora exacta.
Pero Sofi… no te olvides de tu promesa. Quiero que le cuentes a tu mamá. Pronto.»
Ella me mandó un emoji de carita besando y luego escribió:
«Lo haré… cuando vea que estás cumpliendo tu parte del trato.
Mientras tanto, ve pensando en cómo vas a reaccionar cuando veas a tu amigo coqueteando conmigo… o cuando mi mamá te mire diferente después de que le cuente todo lo que me hiciste »
Llegó el viernes por la noche.
Quedamos en vernos a las 8:30 pm en un bar moderno pero relajado que conocía Alex, con buena música, luces tenues y mesas discretas. Le había dicho a Alex que iría con mi prima Sofía, que estaba quedándose en casa de sus papás y que quería salir un rato para conocer gente nueva. No le di muchos detalles más.
Cuando llegué al bar, Sofía ya estaba ahí. Se veía espectacular. Llevaba un vestido negro corto y ajustado que le marcaba todas las curvas, especialmente sus tetas grandes y ese culo redondo que yo conocía muy bien. El escote era generoso y el largo del vestido apenas le llegaba a medio muslo. Se había maquillado más de lo normal: labios rojos intensos, delineador marcado y el cabello suelto cayéndole sobre los hombros. Olía delicioso.
Al verme llegar, me sonrió con esa sonrisa traviesa que ya conocía demasiado bien.
—Hola, primo… —dijo con voz dulce, pero sus ojos tenían un brillo peligroso—. Llegaste justo a tiempo.
Nos sentamos en una mesa alta cerca de la barra. Pedimos las primeras bebidas y charlamos un rato. Sofía estaba coqueta conmigo, rozándome el brazo y riéndose de todo lo que decía, pero yo sabía que estaba esperando a Alex.
Poco después llegó él. Alex era alto, moreno, con buena presencia, hombros anchos por el deporte y una sonrisa fácil. Vestía casual pero bien: camisa negra ajustada y jeans.
—Qué onda, bro —me saludó con un abrazo—. ¿Esta es tu prima?
Sofía se levantó y le dio un abrazo un poco más largo de lo necesario, presionando su cuerpo contra el de él.
—Hola, Alex… mucho gusto —dijo con voz suave y seductora—. Andrés me ha hablado mucho de ti. Dijo que eras el más guapo de sus amigos… y no mintió.
Alex sonrió, claramente halagado, y se sentó frente a nosotros. Desde el primer momento se notó la química. Sofía empezó a coquetear descaradamente: se reía de todos sus chistes, le tocaba el brazo cuando hablaba, cruzaba las piernas de forma que el vestido se le subía un poco más y lo miraba directamente a los ojos con esa mirada que yo ya sabía que significaba “te quiero comer”.
A medida que avanzaba la noche y las copas hacían efecto, Sofía se volvió más atrevida. En un momento se inclinó hacia Alex para decirle algo al oído y dejó que su escote quedara justo frente a su cara. Luego se giró hacia mí con una sonrisa inocente, pero sus ojos decían otra cosa:
—¿Verdad que Alex es muy guapo, primo? —preguntó con tono juguetón, poniendo una mano sobre mi muslo por debajo de la mesa.
Yo solo asentí, sintiendo una mezcla extraña de celos y excitación.
En otro momento, mientras Alex fue al baño, Sofía se acercó a mi oído y me susurró:
—Está más bueno en persona… Me encanta cómo me mira.
¿Estás celoso ya? Porque yo me estoy mojando solo de imaginar lo que podría pasar después…
Cuando Alex regresó, Sofía no perdió el tiempo. Se sentó un poco más cerca de él y puso su mano sobre el brazo de Alex mientras hablaba. La tensión sexual entre ellos era evidente.
—¿Y tú, Sofía? —preguntó Alex con curiosidad—. ¿Tienes novio o estás soltera y peligrosa?
Sofía soltó una risita, miró de reojo hacia mí y respondió con voz melosa:
—Soltera… y bastante peligrosa cuando me gusta alguien.
Luego me miró directamente a los ojos, con una sonrisa provocadora, y añadió:
—¿Tú qué opinas, primo? ¿Crees que debería portarme bien… o portarme mal esta noche?
Sofía me miró directamente a los ojos con esa sonrisa provocadora. Sentí una punzada fuerte de celos subir por el pecho. No pude contenerme.
Me incliné un poco hacia adelante y respondí con tono seco, aunque intenté disimularlo:
—Creo que deberías portarte bien… por una vez —dije mirándola fijamente—. No eres tan peligrosa como crees, Sofía.
Alex soltó una risa incómoda, notando la tensión, pero Sofía solo sonrió más grande, claramente disfrutando mi reacción. Se mordió el labio inferior y se recargó contra el respaldo, dejando que su escote se viera aún más.
—Ay, primo… qué celoso te pones —dijo con voz dulce y burlona—. Solo estoy siendo amable.
La noche siguió avanzando. Las copas siguieron llegando y el coqueteo entre Sofía y Alex se volvió cada vez más evidente. Ella le tocaba el brazo, se reía exageradamente de sus chistes y en un momento hasta se inclinó para susurrarle algo al oído mientras me miraba de reojo.
En un momento en que Sofía fue al baño, Alex me miró con una ceja levantada:
—Tu prima está bien intensa, eh… ¿Siempre es así?
Yo solo me encogí de hombros, tratando de disimular.
Cuando Sofía regresó, se sentó entre los dos y, con voz casual pero cargada de intención, dijo:
—Oigan, ya está haciendo un poco de frío aquí. Además, la música está muy alta y casi no se puede platicar bien. ¿Por qué no seguimos la noche en otro lado?
Miró a Alex con una sonrisa inocente y añadió:
—Alex, ¿tu casa queda cerca? Podríamos ir allá, tomar algo más tranquilos, poner música que nos guste… ¿Qué opinan?
Alex sonrió, claramente interesado, y respondió sin pensarlo mucho:
—Claro, mi departamento está a solo 15 minutos de aquí. Hay buen trago, terraza y nadie nos va a estar molestando. Podemos seguir la plática allá sin problema.
Sofía me miró de inmediato, con los ojos brillantes de excitación.
—¿Qué dices, primo? ¿Te animas? Sería más cómodo que quedarnos aquí hasta que nos corran por la hora.
Sentí el corazón latiéndome fuerte. Sabía perfectamente que esto no era solo “seguir platicando”. Los celos me quemaban por dentro, pero al mismo tiempo la idea de que las cosas se pusieran más intensas me tenía la verga medio dura.
Me quedé callado unos segundos. Sofía puso su mano sobre mi muslo por debajo de la mesa y apretó ligeramente, como recordándome nuestro trato.
Finalmente respondí, intentando sonar casual:
—Está bien… vamos a tu casa, Alex. Pero no nos quedemos hasta muy tarde.
Sofía sonrió satisfecha y se mordió el labio, mirando de reojo a Alex.
—Perfecto. Entonces vámonos ya… estoy ansiosa por ver cómo es tu departamento. Pagamos la cuenta y salimos del bar. Alex fue por su coche mientras Sofía y yo esperamos afuera. En cuanto nos quedamos solos, ella se acercó a mi oído y me susurró con voz baja y provocadora:
—Tranquilo, celoso… solo voy a coquetear un poco.
Aunque si las cosas se ponen interesantes… ¿vas a mirar o vas a participar?
Me dio un beso rápido en la mejilla y se alejó sonriendo cuando vio que Alex se acercaba con el auto.
Llegamos al departamento de Alex unos 20 minutos después. Era un lugar moderno, amplio, con vista a la ciudad y una terraza pequeña pero agradable. La música sonaba suave de fondo y las luces estaban bajas, creando un ambiente íntimo.
Alex nos sirvió tragos más fuertes que los del bar (whisky para él y para mí, y un gin tonic para Sofía). Nos sentamos en la sala: Alex y Sofía en el sofá grande, yo en el sillón individual frente a ellos. Desde el principio Sofía se sentó bastante cerca de Alex, cruzando las piernas de forma que el vestido se le subía peligrosamente por los muslos.
La conversación fluyó fácil al principio, pero pronto Sofía empezó a subir el nivel. Reía más fuerte, tocaba el brazo de Alex con más frecuencia y lo miraba con esos ojos que yo ya conocía muy bien: los mismos que me tenía cuando quería que la cogiera.
En un momento, mientras Alex contaba una anécdota del fútbol, Sofía se inclinó hacia él y le puso la mano en el muslo, dejándola ahí más tiempo del necesario.
—Qué interesante… —dijo con voz melosa—. Se nota que eres muy atlético. Me encanta eso en un hombre.
Alex sonrió, halagado, y yo apreté la mandíbula. Los celos me estaban comiendo por dentro.
Sofía giró la cabeza hacia mí con una sonrisa inocente que no engañaba a nadie.
—¿Verdad que Alex tiene un cuerpo muy bonito, primo? —preguntó con tono juguetón—. Tú que lo conoces mejor, cuéntame… ¿es tan bueno como se ve?
No respondí inmediatamente. Ella aprovechó mi silencio para girarse completamente hacia Alex y ponerle la mano en el pecho por encima de la camisa.
—Déjame ver… —susurró con voz traviesa. Empezó a desabotonarle lentamente el primer botón de la camisa, como si fuera lo más normal del mundo—. Solo un poquito…
Alex soltó una risa nerviosa pero no la detuvo. Sofía me miró de reojo, disfrutando claramente mi reacción, y continuó:
—Andrés, ¿no te molesta que conozca un poco mejor a tu amigo, verdad? Después de todo… tú ya me conoces muy bien.
El ambiente se volvió denso en cuestión de segundos. La mano de Sofía seguía en el pecho de Alex, y ella se acercó un poco más a él en el sofá. Sus tetas se presionaban ligeramente contra el brazo de él.
Alex me miró, como pidiendo permiso silencioso, pero yo solo me quedé callado, con la sangre hirviendo de celos y excitación al mismo tiempo.
Sofía se mordió el labio y, sin apartar la mirada de mí, le dijo a Alex con voz baja y cargada de deseo:
—Sabes… mi primo es muy celoso. Pero creo que en el fondo le gusta verme así… ¿o me equivoco, Andrés?
Luego volvió a mirar a Alex y le susurró cerca del oído, aunque lo suficientemente alto para que yo lo escuchara:
—Dime, Alex… ¿te gustaría besarme?
Alex tragó saliva, visiblemente excitado, y miró hacia mí una última vez antes de responder.
La tensión en la sala era casi insoportable. Sofía no esperó una respuesta verbal de Alex. Con una sonrisa confiada y llena de deseo, se acercó más a él en el sofá, tomó su cara con ambas manos y lo besó.
El beso empezó lento, pero rápidamente se volvió profundo y hambriento. Alex, después de un segundo de sorpresa, respondió con la misma intensidad, metiendo una mano en la cintura de Sofía y atrayéndola hacia su cuerpo. Sus lenguas se enredaron visiblemente mientras Sofía soltaba un suave gemido contra su boca.
Yo me quedé congelado en el sillón, con el corazón latiendo fuerte y una mezcla explosiva de celos y excitación recorriéndome el cuerpo. No podía apartar la vista.
Sofía se subió parcialmente sobre el regazo de Alex sin dejar de besarlo, el vestido se le subió hasta casi dejar al descubierto sus bragas. Las manos de Alex recorrieron sus muslos desnudos con avidez, subiendo cada vez más arriba hasta agarrarle el culo por encima de la tela del vestido.
—Demonios… —murmuró Alex contra sus labios, claramente sorprendido por lo directa que era ella.
Sofía se separó apenas unos centímetros, jadeando ligeramente, y miró hacia mí con ojos brillantes y provocadores mientras hablaba:
—¿Ves, primo? —dijo con voz ronca y cargada de lujuria—. Tu amigo besa muy rico…
Sin esperar, volvió a besarlo, esta vez más agresivamente. Una de sus manos bajó por el pecho de Alex y siguió descendiendo hasta llegar al bulto que ya se marcaba claramente en sus jeans. Lo acarició por encima de la tela con movimientos lentos y deliberados, haciendo que Alex soltara un gruñido bajo.
—Mmm… estás bien duro ya —susurró Sofía contra su boca, sonriendo con picardía—. Se siente grande…
Alex, animado por la actitud descarada de Sofía, metió ambas manos debajo del vestido y le agarró las nalgas con fuerza, apretándolas y separándolas mientras la besaba con más urgencia. Sofía empezó a moverse suavemente sobre su regazo, frotándose contra la erección que se sentía a través de los jeans.
Yo seguía sentado, respirando agitado, sin saber si intervenir, levantarme o simplemente seguir mirando. Mi verga estaba completamente dura dentro del pantalón.
Sofía giró la cabeza hacia mí otra vez, sin dejar de frotarse contra Alex, y me dijo con voz entrecortada y provocadora:—¿Te gusta ver esto, primo?
Mírame… estoy tan mojada ya solo por cómo me está tocando tu amigo.
Alex aprovechó ese momento para besarle el cuello y bajar hacia su escote. Sofía echó la cabeza hacia atrás, soltando un gemido más audible mientras una mano de Alex subía por su muslo interno, acercándose peligrosamente a su coño.
—Quítame el vestido… —le susurró Sofía a Alex al oído, lo suficientemente alto para que yo lo escuchara.
Alex no dudó. Agarró el borde del vestido negro de Sofía y lo subió lentamente por su cuerpo. Ella levantó los brazos para facilitárselo. En un solo movimiento, el vestido terminó en el suelo, dejando a Sofía solo con un conjunto de lencería negra muy sexy: un sostén push-up que apenas contenía sus tetas grandes y un tanga diminuto que ya mostraba una mancha húmeda en la entrepierna.
—A su madre, Sofía… estás buenísima —murmuró Alex, recorriéndola con la mirada mientras sus manos subían por sus costados.
Sofía sonrió satisfecha y volvió a subirse completamente sobre su regazo, a horcajadas. Empezó a besarlo de nuevo con hambre, moviendo las caderas en círculos lentos, frotando su coño cubierto solo por el tanga contra la erección que se marcaba en los jeans de Alex.
Yo seguía sentado frente a ellos, con la boca seca y la verga palpitando dentro del pantalón. No podía dejar de mirar cómo las manos grandes de Alex apretaban el culo de Sofía, separándole las nalgas mientras ella se restregaba contra él.
Sofía separó sus labios de los de Alex solo para mirarme de reojo, con una expresión llena de lujuria y provocación.
—¿Te gusta lo que ves, primo? —preguntó con voz entrecortada, sin dejar de moverse sobre Alex—. Mira cómo tu amigo me tiene ya mojada… Alex aprovechó ese momento para bajar la cabeza y besar el escote de Sofía. Con una mano le bajó el sostén, liberando uno de sus pechos. Se metió el pezón a la boca y lo chupó con ganas mientras Sofía gemía y arqueaba la espalda, empujando su tetas contra su cara.
—Ahhh… sí, así —gimió ella, agarrando la cabeza de Alex con una mano.
Su otra mano bajó hasta el pantalón de Alex. Desabrochó el botón y la cremallera con habilidad y metió la mano dentro. Sacó su verga, gruesa y dura, y empezó a masturbarlo lentamente mientras seguía moviendo las caderas.
—Mmm… qué verga tan rica tienes, Alex —susurró con voz sucia, mirándome de nuevo—. Es bien gruesa… me gusta.
Alex soltó un gruñido y metió la mano entre las piernas de Sofía, apartando el tanga a un lado. Sus dedos encontraron su coño empapado y empezó a frotarle el clítoris con movimientos circulares. Sofía soltó un gemido más fuerte y aceleró el movimiento de su mano sobre la verga de Alex.
—Quiero que me toques… méteme los dedos —le pidió ella, jadeando.
Alex obedeció. Introdujo dos dedos en su coño mojado y empezó a moverlos adentro y afuera mientras Sofía gemía contra su cuello. El sonido húmedo de sus dedos follándola era claramente audible.
Sofía me miró otra vez, con los ojos entrecerrados de placer, y me dijo con voz temblorosa pero provocadora:
—¿Ves cómo me está metiendo los dedos tu amigo, primo?
Está mucho más mojada de lo que estaba ayer contigo… ¿Estás celoso o te estás poniendo más caliente?
Alex, cada vez más excitado, sacó los dedos y los llevó a la boca de Sofía. Ella los chupó con gusto, mirándome fijamente mientras lo hacía.
—Quiero más… —susurró Sofía, bajando un poco más sobre el regazo de Alex para frotar su coño directamente contra la cabeza de su verga—. ¿Me vas a meter esa verga gruesa, Alex?
En ese punto ya no supe cómo actuar. La imagen de Sofía medio desnuda, frotándose contra la verga de Alex mientras gemía, me golpeó más fuerte de lo que esperaba. Una mezcla de celos y excitación me revolvió el estómago. Sin decir nada, me levanté del sillón y me dirigí hacia la puerta de la sala.
Escuché la voz de Alex preguntando algo, pero no me detuve. Salí de la habitación buscando mis cosas, con la intención de irme. Era obvio que Sofía tenía otros planes en mente y yo no sabía si quería formar parte de ellos.
Estaba tomando mi chamarra cuando escuché la puerta abrirse detrás de mí.
—¿A dónde crees que vas? —preguntó Sofía con voz firme.
Me giré. Ella estaba ahí, solo con el tanga negro y el sostén a medio quitar, los pechos casi completamente expuestos y la piel todavía sonrojada por lo que acababa de pasar con Alex.
—Creo que sobro aquí… —respondí sin mirarla directamente—. No te preocupes, no llegaré a casa esta noche. Mañana paso por ti.
Intenté darme la vuelta, pero Sofía caminó rápido hacia mí y me tomó del brazo con fuerza.
—Quiero que me cojas —dijo con voz baja, ronca y llena de deseo—. Quiero que me cojan entre los dos.
Me quedé congelado. Sus ojos me miraban con una intensidad abrumadora, una mirada penetrante y oscura, cargada de una lujuria tentadora y peligrosa. Dio un paso más cerca, hasta que sus pechos rozaron mi torso.
—No te vayas… —continuó, casi susurrando—. Quiero sentirte a ti mientras Alex me folla. Quiero que me usen los dos al mismo tiempo. Quiero que me llenen por todos lados…
Su mano bajó lentamente por mi pecho hasta llegar a mi entrepierna. Apretó mi verga, que ya estaba dura otra vez, y me miró a los ojos con una sonrisa traviesa.
—¿O vas a seguir fingiendo que no te excita la idea de verme siendo cogida por tu amigo mientras tú me metes la verga en la boca?
En ese momento Alex apareció en el marco de la puerta de la sala, sin camisa, con la verga todavía dura marcándose en sus jeans y mirando la escena con curiosidad y excitación.
Sofía no soltó mi brazo. Al contrario, se pegó más a mí y me mordió suavemente el lóbulo de la oreja antes de susurrar:
—Quédate… Quiero que los dos me follen esta noche. Al mismo tiempo…
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