La herencia del placer: Aprendiendo a ser una puta con mi mamá (2)

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T. Lectura: 4 min.

Se recomienda leer la parte uno y todos mis relatos.

Pues déjenme decirles que al día siguiente todo fue mejor, ya que sería mi último día en casa de mis padres, así que tenía que aprovechar cada minuto. Me levanté temprano, me metí a bañar y, como una buena puta, me puse mi lencería más provocativa: una tanga roja de encaje que solo deja a la vista el pequeño triángulo de mis nalgas y ese moño que lo adornaba. Mi brasier de media copa dejaba escapar gran parte de mis tetas y se podían ver casi por completo, pues igual era de encaje y se marcaba mi pezón. Estaba tan caliente y nerviosa; era el momento de grabarme con mi mami.

Bajé a la sala y acomodé el celular de forma que se grabara y se viera todo. Me tomé unas fotos y videos bailando para checar que se viera bien desde ese ángulo; videos que le mandé a mi cuñado deseándole una excelente mañana, a lo que él contestó con mucho gusto y palabras excitantes y calientes. Preparé el desayuno, algo ligero, pues sabía que lo primero que me comería sería a mi mamá.

Como a las 9:00 am, mi mamá bajó recién bañada con su bata, y por debajo su ropa interior, siempre tan sensual y excitante. Traía una tanga color verde que se le metía riquísimo en sus nalgas y la parte de su panochita tenía una abertura; su brasier era de una tela suave y del mismo color. Escuché cómo bajó las escaleras y entró a la cocina donde yo servía jugo. Se acercó a mí y con voz suave me dijo:

—¡Buenos días, mi putita! ¿Cómo amaneciste?

Al mismo tiempo me besaba de una forma tan rica y caliente. Yo, como toda una niña desesperada, la agarré de las nalgas acercándola a mí y besándola de la misma forma.

—Más que bien, mami. Anoche fue una de las mejores noches que he tenido, aunque debo de confesarte que nunca había estado con una mujer y me alegro que fueras tú mi primera vez —le di una sonrisa pícara—. Y por cierto, te hice el desayuno.

Mi madre volteó a verme y vio mi lencería y que mis pezones estaban súper duros, pues me empezaba a excitar.

—Ya veo qué rico desayuno, ya tenía hambre —dijo mientras me veía y me llevaba a la sala con ella.

Al llegar, me sentó en el sillón y se paró enfrente de mí. Con movimientos sensuales se quitó la bata, bailando y moviendo sus caderas de un lado para el otro; yo solo podía verla, estaba impresionada. Ahora entiendo por qué mi madre vuelve locos a todos los hombres que quiere: era una experta, una puta profesional.

Se subió encima de mí y yo la agarré de las nalgas mientras ella me besaba y metía su lengua. Yo me separé de ella, le quité el brasier y empecé a chuparle sus tetas; pasaba mi lengua por sus pezones y se los mordía de una forma tan rica que hacía que mi mamá soltara unos ligeros gemidos.

—Qué rico lo haces, me vuelves loca, hija. Esto es tan excitante… sé que está mal porque soy tu mamá, pero no pares —decía la muy puta.

—¿Está mal? —dije yo mientras me quitaba el brasier.

Ella se bajó de mí para después acostarme en el sillón y empezar a chupar mis pezones; los mordía y jugaba con ellos. Yo, con mis manos, la nalgueaba y empecé a jugar con su clítoris; ya estaba súper mojada. Empecé metiéndole un dedo y después dos; los metía y sacaba rítmicamente. Ella, de la misma manera, me abrió las piernas y metió dos dedos a mi panochita; estaba súper mojada.

Saqué mis dedos y me los metí a la boca para probar los ricos jugos de mi mamá, y después le di a probar mis jugos a ella. Estábamos tan excitadas que gemíamos de placer. Ella se bajó y empezó a chuparme toda mi panochita; me tenía las piernas bien abiertas y metía su lengua, pasándola por mi clítoris. Fue una verdadera locura. Así estuvo un buen rato hasta que no pude más.

—Mami, me voy a venir, no aguanto más —dije mientras sentía cómo mi cuerpo se tensaba.

Ella siguió chupando y se tomó todos mis jugos.

—Mi niña, en verdad que estás deliciosa. Ya sé por qué vuelves locos a los hombres, en especial a tu cuñado.

Eso me sacó de onda… ¿ella sabía?

—¿Tú crees, mami? —dije sorprendida.

—Nena, he visto cómo te come con la mirada, cómo desea tu cuerpo. Claro que está loco por ti. Saliste igual que tu madre: caliente y puta. En cambio, tu hermana es tan aburrida y frígida.

Acosté a mi mamá en el sillón; era momento de hacerle un oral. Empecé chupando todos sus labios y con mis manos abrí su panochita; mi lengua entraba y también jugaba con su clítoris. Así estuve hasta que logré que de la misma forma se viniera, y me tragué sus jugos. Se vino tanto que mojó el sillón.

—Eres muy buena chupándola, princesa. Le ha gustado mucho a mami… me gustaría ver cómo se la chupas a un hombre.

Eso hizo que me calentara e imaginara a mi cuñado.

—Ahorita vengo, te traeré un regalo.

Subió a su cuarto y bajó con un dildo largo y muy gordo, con dos cabezas en cada extremo. Se sentó en el sillón y con carita perversa me dijo:

—Abre las piernas, mamacita, esto te gustará.

Obediente, abrí las piernas y ella igual. Agarró el dildo, lo chupó y, sin más que decir, me lo metió poco a poco, haciendo que empezara a gemir de nuevo. Lo metía y sacaba mientras me besaba y, en un momento, introdujo el otro extremo en su panochita, que estaba empapada. Era un vaivén: ambas teníamos el dildo adentro y nos movíamos, haciendo que cada movimiento a la otra le entrara más y más. Fue delicioso; nos besábamos y jugábamos con nuestras tetas. Después empezamos a masajearnos el clítoris y, con el dildo adentro, nos venimos al mismo tiempo.

Al terminar me dijo:

—Qué rico coges, nenita. En verdad eres una puta como tu madre y no está mal; al contrario, qué rico poder compartir algo más con mi hija consentida.

—Ma, siempre supe que eres una mujer muy sensual y qué rico coges. En verdad me ha encantado, espero se pueda repetir de nuevo.

Ella fue a la cocina por agua y yo ahí aproveché para quitar mi celular y guardarlo. El resto del día nos quedamos desnudas; nos besábamos y manoseamos en todo momento. Nos vestimos como a las 7 de la noche, pues papá llegaría pronto. Papá llegó a la casa y cenamos juntos. Al día siguiente me fui, y ahora moría por el trío con mi mamá y mi cuñado.

Coméntenme que les pareció lo que hice con mi mamá y lo putas que somos, me encanta leerlos, me excita saber que me imaginan.

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2 COMENTARIOS

  1. Hermoso sexo famliar, que bien que hayan liberado el sexo entre madre e hija, cuánto falta para que convenza a tu otra hermana? que delicia leer una perversión completa.

    Besos a las dos mejores putitas,

    B.

  2. Wow qué delicia de putas, deben volver loco de placer al afortunado que se cogen juntas.

    Espero leer pronto como tu cuñado les revienta el culo a la dos.

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