Trío con esa dama y su pareja

1
4280
T. Lectura: 6 min.

La distancia impide el contacto físico, piel con piel, una limitación que no nos impide sentir y desear. Lo que está claro es que el sexo es cosa de dos; volver a estar juntos es un anhelo que teníamos ella y yo, pero se antojaba difícil que se pudiera dar viviendo en ciudades diferentes y con respectivas parejas.

En nuestras conversaciones a distancia afloran las emociones, la atracción es mutua, no dejamos pasar la ocasión de despertar los sentidos y disfrutar en línea contándonos lo que nos haríamos estando juntos, cómo me gustaría a mi follarla y cómo le gustaría ella que la follara, describimos las reacciones que tenemos sobre nuestro cuerpo y las sensaciones, cómo se humedece ella al contarle que ardo en deseos de acariciar todo su cuerpo hasta llegar a sus zonas más íntimas y cómo me pongo palote cuando me dice que sólo puede teclear con una mano porque los dedos de la otra están mojados y se adentran en ella.

Todo eso nos lleva al deseado clímax que compartimos telemáticamente, los jadeos y las expresiones que se suceden cuando los cuerpos se abandonan al placer que nos embriaga y nos hace sentir cerca a pesar de la distancia.

En esos excitantes diálogos, además de culminar, fantaseamos con la posibilidad de ampliar las experiencias, dando rienda suelta a la imaginación; compartimos en el chat nuestra actividad sexual con nuestra pareja y como ya expresé en relato anterior, le he contado mi fantasía no cumplida de hacer un trío con una mujer y otro hombre, le decía a ella que podría ser con su marido, algo que ella no creía que pudiera ser, nunca habían hablado de eso entre ellos y además, ella ya me dijo que no lo tenía entre sus deseos, aunque tras la experiencia de haberme conocido y haber estado ya con dos hombres por separado, sexo placentero con su marido y aquella deliciosa tarde conmigo.

Si se diera esa posibilidad, hacerlo con dos hombres a la vez, le resultaba ahora un aliciente excitante. El problema es su marido, primero el hecho de tener sexo ella con otro y segundo verse él con otro hombre, con un extraño en la cama, son demasiados impactos para alguien tradicional.

Fueron unas cuantas conversaciones entre los dos sobre qué y cómo hacer que se elevaban de tono y la mayoría acababan en corrida por la excitación que suponía hablar de ello. Concluimos que lo mejor sería iniciar a su marido mediante películas porno que ven de vez en cuando, donde el marido ofrezca a la mujer a otro hombre y también donde hubiera tríos de dos hombres y una mujer. Observar los comentarios que hace y preguntarle si le excitaría ver a ella mamando un pene de otro hombre o que otro hombre le follara, en frío estaba segura que respondería que ni de coña, pero en caliente seguramente ya no sería tanta la oposición.

Lo puso en práctica y me decía que si se lo preguntaba cuando estaba a punto de correrse, sin responder explícitamente porque le salían jadeos y exclamaciones de que se venía, le daba la sensación a ella que, al decirle lo de hacerlo con otro hombre, su marido se excitaba más y hasta parecía que tenía más placer; me contaba que también que a ella le excitaba los comentarios y notaba que se mojaba más al proponerlo, pensado en mí, eso me ponía más a cien todavía y algunas veces me he corrido escuchando sus descripciones.

En las conversaciones que tenían, post-orgasmos, su marido ya no mostraba oposición a hacerlo, él estaba sintiendo que hablando de ello se excitaba más y sentía más placer. Le llegó a decir que de tener ella sexo con otro hombre quería ser partícipe también él y que si llegaban a hacer un trío con otro hombre, también hacerlo, si surge, con otra mujer. Así me lo contaba y parecía que la cosa prometía.

Lo anterior fue fácil. Las armas de mujer, más poderosas que la bomba atómica, sumado a la excitación corporal que experimentamos cuando nos abandonamos al placer, hace que la voluntad de cualquier hombre se relaje (supongo que también le pasa a la mujer) y lo que en condiciones normales, en frío, vemos inaceptable, ante expectativas de disfrutar hasta alcanzar el clímax, en caliente, casi todo vale.

Lo difícil era incluirme a mí en el triunvirato, no siendo un amigo común, tendría ella que explicarle de qué me conocía sin que sospechara que ya nos conocíamos íntimamente. En realidad no partimos de ninguna mentira, le habló de mi como alguien que ha conocido en las RRSS, a la vez que le enseñó algunas fotos que tengo colgadas, le explicó que nos seguimos desde hace un par de años, donde interactuamos sobre literatura, películas y temas de actualidad. Como soy de otra ciudad a más de 300 km no levantó suspicacias, él no mencionó la vez que vinieron a mi ciudad al partido de fútbol y ella tampoco se lo recordó.

Miró con interés mi perfil para comprobar que no veía nada raro, le preguntó si ya había contactado conmigo y le dijo que no, que sólo habíamos intercambiado opiniones abiertamente en varios foros, nada más y mucho menos hablar de conocernos para nada si no estaban seguros los dos de hacerlo. Así me presentó a su marido y creo que como me vio más viejo que él se mostró receptivo a ello.

Cuando ella me dio la buena noticia, por mi parte ya tenía preparada la coartada para ausentarme de casa. Me inventé un congreso de la empresa en su ciudad un fin de semana, reuniones que son habituales donde trabajo, por lo que teníamos 2 noches y 2 días para abandonarnos a los sentidos, reservé un hotel cerca de donde viven y para allí que fui con todas las ganas de volver a ver a esa dama y lo que surgiera.

Es verdad que el sexo con amor no tiene momento, lugar, ni fecha en el calendario, no es un día determinado destinado para ello. Estaba claro que si habíamos concertado esta cita tenía un trasfondo de deseo y de abandonarnos a las pasiones carnales, salirnos de lo convencional, hacer realidad fantasías que nos excitan, mi pretensión no es arrebatarla de su marido, se trata de compartir y no de competir, de que nos resulte placentero para los tres, filosóficamente y en este caso referido al sexo, se podría decir que no es aquello que nos interesa ni siquiera podemos saber si realmente es lo que merecemos, simplemente es aquello que nos hace sentir cómodos, seguros, y estar bien con nosotros mismos, de una manera que con el tiempo no dañe.

El sexo consentido siempre es bueno y con sentido todo es mejor. Relaciones líquidas, sexo puro y duro sin más, donde el corazón y la mente quedan excluidos para dar paso al placer de un orgasmo.

Se trata de pasarlo bien en buena compañía con “final feliz” pero si lo pasamos bien sin consumar también será final feliz, volver a verla ya lo será para mí.

Me presenté el viernes noche con unos bombones de licor y un par de botellas de cava que dejé enfriando en la habitación. Hicimos las presentaciones y nos fuimos a cenar a un restaurante cercano al hotel, estábamos de acuerdo en ir paso a paso y si no había conexión quedar como amigos, teniendo claro los tres que sólo sí es sí. La charla fue animada donde nos fuimos presentado y hablando de aficiones y gustos, todo muy bien por lo que decidimos continuar en la habitación del hotel, además de un cama de 2×2 también tenía un par de cómodos sillones, ocupé uno de ellos y la pareja el otro, ella sentada sobre sus rodillas.

La conversación era fluida de temas que se iban elevando el tono y el atrevimiento en torno a lo que nos gusta de una mujer y ella de un hombre, acabamos una botella de cava e íbamos por la segunda, mientras tanto se tocaban entre ellos: abrazos, caricias, acercamientos a zonas íntimas, los pechos de ella le quedaban a la altura de la cara de él y no sabría decir quien se rozaba más con quien, contemplo sus escarceos y describo en voz alta alguna de sus acciones para hacerme partícipe de ellas y que los dos también fueran conscientes de ello, se notaba su excitación en aumento y yo notaba la mía, no ocultaba mi erección que abultaba con descaro mi entrepierna, ella movía su trasero sobre las rodillas de su marido que a buen seguro también estaba con el ariete queriendo derribar las barreras que se interponían en él y su esposa.

Ya nos habíamos descalzado al entrar y nos fuimos desabrochando las prendas. Él le desabrochó la blusa y dejó al descubierto su bonito sujetador de encaje negro que mostraba su perfecto escote y redondos, abultados y firmes pechos, dejando entrever el principio de sus aureolas. El frío cava era incapaz de disipar el calor que desprendían nuestros cuerpos al contemplarnos mutuamente.

Alargué una mano para acariciar sus senos y dejar al descubierto sus pezones para recrearme con ellos a la vista y al tacto, sin dejar de apretar su culo contra el bulto de su marido que le estaba subiendo la falda y acariciando sus torneados muslos, ella se dispuso a bajar la cremallera de mi bragueta, metió su mano y me agarró el mástil algo que me estremeció de gusto en el momento de contacto de su mano arrodeando mi duro falo.

Mientras yo le acariciaba las tetas y ella mi polla no dejamos de mirarnos a los ojos con cara de satisfacción, a cada cual mayor, por un deseo cumplido de volver a estar juntos. Quizás fue esa conexión entre ella y yo hizo que se sintiera relegado su marido y se fue al traste todo. Su marido se levantó del sillón repentinamente, lo que hizo que ella se viniera sobre mi, pero ya habíamos pasado de estar a 1.000 pasado a cero y la ayudé a recomponerse con delicadeza mientras su marido dijo que cambiaba de opinión y no quería seguir adelante.

Fue una situación incómoda pero no admitía discusión, había que respetar la decisión y recuperar la serenidad tras la calentura sin crear mal rollo.

Cuando se fueron, a pesar de cambio de planes, mi erección volvió en cuanto me quedé sólo, mantenía en mi mente la visión del excitante topless de ella y con el recuerdo de su exuberancia, de la suavidad de su piel que había acariciado hacía pocos minutos, había disfrutado de sus curvas que forman sus pechos con su cuerpo; no tardé en venirme cerrando los ojos con la imagen de su lindo rostro exultante frente a mí. Sólo por haber tenido este contacto directo, haber sentido su pulso, su calor corporal, mirándonos a los ojos, sólo por eso mereció venir.

Aunque la primera no salió bien, no era cuestión de conformarse, quedaban dos días y una noche por delante.

Continuará.

Loading

1 COMENTARIO

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí