La despedida de soltera

2
7377
T. Lectura: 5 min.

Margot no podía asistir, siguiendo el protocolo de las despedidas de solteras, o mejor dicho: estaba celebrando la suya propia en otro lugar que no era nuestro club W violeta. Amanda, y yo con Bea, mi pareja estábamos en el reservado especial que habíamos concertado con Conchi, la gerente del club, nuestra amiga. Noah permanecía con el velo de novia echado para un lado. Íbamos ya por nuestra segunda botella de champán y habíamos terminado con buena parte de los canapés. Noah mostraba síntomas de haber sobrepasado su límite de tolerancia etílica…; en realidad, las cuatro estábamos ya algo pedo.

Amanda exigió que Noah bailase para nosotras, y ella se quejó porque el falso vestido de boda que llevaba puesto le impedía casi moverse. En realidad ese vestido había sido mío: el que llevé en mi boda con Toni en 2019 y a Noah le quedaba demasiado ceñido, sus caderas y sus tetas estaban tan apretadas que parecía que en algún movimiento brusco el tejido se iba a rasgar.

«Pues, quítatelo», propuso Bea. «Y que haga un striptease», pedí yo.

Noah apuró el culín de la botella y exigió otra más mientras se movía sinuosa como una serpiente, recordando a Rita Hayworth, con su melena de cabellos también pelirrojos. Bea salió y al cabo de unos segundos volvió trotando con la botella helada en sus manos. Noah se subió a la mesa circular y empezó una danza del vientre contorsionándose mientras nosotras la animábamos con palmas y silbidos.

Amanda la hizo agacharse y con algún esfuerzo le bajó la cremallera de la espalda hasta las nalgas. «La muy putita… —exclamó—: No lleva bragas.» Todas nos echamos a reír simulando estar escandalizadas. Noah pidió una copa de la nueva botella que descorché y se la bebió de un trago y tras un ligero tambaleo fue deslizando el vestido desde los hombros hacia abajo: tampoco llevaba sujetador, por lo que sus tetas brincaron liberadas mientras nosotras silbábamos y la jaleábamos. Nuestras copas chispeaban con el fresco vino burbujeante y pronto bajaba por nuestros ruidosos gaznates.

Ya desnuda, Noah seguía bailando arqueando el depilado vientre, tan sólo con el pequeño velo sobre el cabello rojizo y los zapatos de tacón. Fue a quitarse la gasa de la cabeza, pero Bea le dijo «De ninguna manera, así estás más sexy». Noah se agarró las tetas y las magreó para nosotras; luego se contoneó y dio varias vueltas mostrando su rotunda desnuda. Las voluminosas tetas se balanceaban y su conejito lampiño y de boquita apretada brillaba ligeramente bajo la luz led violeta. Luego dio un traspiés y cayó riéndose a carcajadas sobre la mesa, con una pierna colgando a un lado.

«Me parece que ése —Amanda señaló entre carcajadas el lindo sexo de Noah— también quiere comer.» Noah gritó: «Ufff, pues aliméntalo», a la vez que se abría la entrada del chochito. Yo me acerqué a Bea y seguí el juego: había cogido unas aceitunas y se las pasé. «Dale de comer», le dije estallando en risas. Algo interior me estaba llevando al arrebato. El cuerpo de Noah se me hacía irresistible. Me di cuenta de que a Bea le ocurría otro tanto y eso me produjo un efecto muy excitante. Ella y yo ya habíamos tenido relaciones de trío en un par de ocasiones y lo habíamos pasado estupendamente. «¡Eso!», dijo Amanda, que se había colocado por detrás de Noah y le abría los muslos.

Bea me miró con pupilas brillantes un instante fugaz y acercó una de las olivas a la boquita vaginal cerrada; la pasó por la estrecha canal entre los labios externos de Noah. Ésta se apoyó en los codos y se inclinó para contemplar nuestra travesura. Sus ojos también despedían chispas. «¡Vamos!», dijo pasando su lengua por los labios.

Bea volvió a mirarme y detectó cierta inquietud en mí; dobló su cabeza en dirección a mí y me besó suavemente en la boca. Noté su lengua caliente entrando entre mis dientes. Me puso la otra mano entre los muslos, me guiñó un ojo y se giró de nuevo hacia Noah; se llevó la aceituna a la boca y la chupó sonoramente. Amanda gritó alborozada. Bea jugó un instante en la entrada de la rajita de Noah y después fue trazando la línea entre los labios vaginales; luego introdujo los dos dedos con la aceituna en el chocho de Noah, que sin dejar de mirar gimió al sentir el fruto dentro de sí.

«Otra, otra», gritó Amanda. Yo estaba algo confusa y los efectos del alcohol se hicieron más fuertes: coreé también «Otra, otra». Bea tomó una segunda oliva y repitió el juego. El coño de Noah tenía las dos aceitunas dentro. Volvió a gemir. Los dedos de Bea acariciaban la almejita de Noah, Amanda dejó que fuera Bea quien manipulade el coñito depilado, se inclinó sobre las tetas de Noah y empezó a magrearlas circularmente; después las besó y se introdujo los pezones, uno tras otro, en la boca. Sentí mi interior incandescente.

«Deja algo para Margot», bromeé yo, pero mi intención se frustró por el tono con que pronuncié las palabras. «¿Estás celosilla?», preguntó Bea con una sonrisa y la ceja derecha arqueada. Yo esbocé una sonrisa a mi vez, y negué con la cabeza. «Ven, tonta», me dijo: «Sácalas tú». Noah, que estaba atenta dijo con voz pastosa y atrabancándose : «Con la boca, cielo…, con tu boquita». Luego se dejó caer sobre la mesa. Miré a Bea, que entresacó la lengua rosada y húmeda y señaló al chocho de Noah sin dejar de sobar el coño. «Quiero verte hacerlo», me dijo. Amanda entonces se acercó y dijo: «Y yo. Hazlo bien…», acarició el vientre de Noah y añadió: «Hoy es su día». Y se quedó abrazando a Bea.

Me incliné y besé la vulva salina y abrí los pétalos apretados. Sorprendentemente, el clítoris redondo y brillante de Noah era muy grueso e invitaba a besarlo y lamerlo. Por mi coño resbalaba un río de flujo que la excitación había provocado. Le abrí completamente el chocho y metí la lengua: allí estaba la forma redondeada de la primera aceituna. Metí los dedos y la extraje cubierta de una capa de fluido sexual gelatinoso. Me notaba como flotando por el vapor etílico.

La acerqué a la boca de Amanda. «Cómela», le dije, Ella se echó a reír, la tomó en sus dedos la chupó con un gesto exageradamente cómico, con los ojos vueltos hacia arriba, y se la metió en la boca. Extraje la otra y se la di a Bea, que también la metió en la boca. Nos besamos y jugamos a pasarnos la oliva de una a otra boca; finalmente Bea la mordió y se la tragó.

Volví al coñito de Noah, que estaba inmóvil, semi dormida. Le abrí los pliegues de la almejita y le bese5 y lamió el capullo enorme del clítoris. Ella reaccionó inmediatamente con un largo gemido. ”Ay, sí, as…, así». «Te voy a comer el tuyo», dijo a mi espalda Bea y me subió la falda; bajó mi braga y me besó los mofletes del culo antes de abrir mi coño iniciando su cunnilingus.

Amanda se quitó la camiseta, se bajó el pantalón y la braguita y nos mostró su felpudo muy peludo. «Me voy a masturbar. Estoy muy caliente». La lengua de Bea penetró en mi chocho con su habitual habilidad. Yo seguí comiéndole el clítoris a Noah, que gemía in crescendo, lo que me hacía entrar en clímax también a mí. Bea me comía el capullo jugando con los labios de mi vagina. Y en el momento en que Noah se corría frotando su almejita llena de flujo contra mi boca, me vine con mi capullito brincando entre la lengua y el paladar de Bea. Las dos gemíamos mientras los espasmos nos recorrían los bultitos satisfechos.

Amanda estaba sentada en una silla, observando la escena. Tenía las piernas abiertas y las braguitas y el pantalón por los empeines. Tenía los dedos dentro del chocho y los ojos cerrados. «Faltáis vosotras», le dije a Bea. «¿Te gustaría…? ¿No te importaría que…», preguntó señalando la mata morena del felpudo de Amanda. Estaba a tope, hipé y le dije: «Haced un 69, la idea me pone cachonda». Bea se acercó a Amanda y las dos se tumbaron en el suelo de moqueta. Bea, arrodillada sobre Amanda, empezó a besarle el peluso antes de abrir la concha de labios colgantes. Amanda tumbada, con los muslos abiertos le acarició el coño y le introdujo los dedos. Bea jadeaba mientras Amanda le follaba el chocho, y ésta ronroneaba arqueando su vientre con los dedos de Bea entrando y saliendo de su suave carne interior.

Contemplar cómo mi pareja hacia el amor con otra mujer, nuestra amiga esta vez, me resultaba muy lujurioso: escuchar sus gemidos, sus jadeantes sonidos guturales, fruto del arrebato sexual. Bea chupaba de nuevo toda la vulva de Amanda, abriendo el conejo peludo. Amanda le correspondió con su lengua lamiendo el capullito. Yo estaba arrodillada con los ojos fijos en la respuesta enfebrecida de Bea: el ruido de su chupeteo, su lengua recorriendo aquel bulbito brillante… Mientras miraba me introduje los dedos en mi coño completamente húmedo.

Las dos siguieron comiéndose los sexos hasta que las dos simultáneamente. Los gemidos de las dos se confundían. Yo me acariciaba el clítoris circularmente con los dedos cubiertos de mi caliente néctar vaginal. Con un gemido ronco, Amanda se corrió sin dejar de mamar el coño de Bea, que seguidamente, con el grito que acompañaba su orgasmo habitualmente se vino apretando la cabeza de Amanda contra su coño. Ambas se quedaron unos segundos tumbadas.

Yo me coloqué junto a Bea y nos besamos abrazadas. Jugueteé con sus tetas y noté sus pezones rosados elevándose y poniéndose duros. Medio minuto más tarde nos dimos cuenta de que Noah y Anmanda se habían quedado dormidas. Besé a Bea desde el cuello hasta el ombligo y luego la entrada de su coñito. La oí ronronear y se puso sobre mí, sujetándome las muñecas. Me dijo: «Ahora tú y yo vamos a follar hasta que nos echen de aquí». Cruzó sus muslos sobre los míos y nuestros coños mojados iniciaron los movimientos del amor sáfico a la vez que nuestras lenguas se enroscaban furiosamente.

Loading

2 COMENTARIOS

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí