Un cambio de planes (2): Un cambio de vida

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T. Lectura: 7 min.

Estando a solas en esa habitación de hotel, estaba perplejo de lo que acababa de vivir, miles de cosas pasaban por mi mente, no lograba superar lo que ese hombre recién conocido había hecho conmigo. Siempre fui quien manejaba las riendas y marcaba la pauta, pero eso había acabado esa noche. Estaba sentado en la cama con una serie de imágenes en mi mente en dónde ese hombre era protagonista, Henry había logrado no solo entrar en mi cuerpo, se había metido en mi mente y lo deseaba con una intensidad imposible de ignorar.

Tanto es así, que después de ducharme termine en la cama imaginando que estaba con él nuevamente, que me hacía suyo, que mi cuerpo se rendía ante su masculinidad, estando así, no tuve más que satisfacerme a mí mismo, pero tocar mi pene ya no lo sentía suficiente, en mi mente estaba fija la sensación de tener su pene dentro de mí y sus manos tocándome. Sin embargo, logré llegar a un final feliz. Me vestí y aliste la maleta, tome el desayuno en el restaurante del hotel y volví a la habitación a descansar un poco.

Cuando se llegó la hora, me preparé para entregar la habitación y emprender viaje. De mi mente no salía esa frase de Henry, “No te vayas sin despedirte, escríbeme” y después de muchas dudas, me decidí y terminé enviándole un breve mensaje por Whatsapp, “Hola Henry, cómo estás?”, fue todo lo que fui capaz de escribir, a los pocos minutos me respondió con un saludo acompañado de su dirección, me estaba invitando a su apartamento, dude en responder, pero termine accediendo, le dije “dame una hora y te llegó”.

Con una sensación de miedo y dudas, salí del hotel, tomé un taxi y me dirigí a la dirección que me había dado, cuando llegue pude observar que era un edificio de apartamentos muy bien logrado. Le envié un mensaje indicando que ya había llegado, me acerqué a la portería y me anuncie, me hicieron seguir, tome el ascensor cargando mi maleta y con unos nervios muy fuertes llegué finalmente a su puerta, toqué y en unos pocos segundos estaba él parado frente a mí.

Lo vía y a mi mente llegaron miles de imágenes. Me invitó a seguir, él estaba en ropa deportiva, note que su apartamento estaba muy bien arreglado, eso de alguna manera me hizo sentir más tranquilo, no sé porque, pero verlo como un hombre serio y ordenado me hacía sentirme más seguro. Me pidió que me sentará en la sala, me invitó un café y se sentó a mi lado.

Empezamos a hablar de lo ocurrido y terminé confesando lo mucho que me había gustado conocerlo, hablamos sobre cómo se había sentido él conmigo y pues tanto hablar del tema nos llevó a terminar nuevamente besándonos, pero esta vez con mucha más calma, eran besos lentos, casi con ternura, pero esto no hacía más que llevarme a un estado de excitación tan alto que no dude un segundo en bajarle la pantaloneta que tenía y buscar su pene, cuando lo vía frente a mí, me sentí como un niño con una golosina, me lance a besarlo y chuparlo, era tan delicioso, sentir la suavidad de su glande y poderlo coger en mis manos, acariciarlo, tocar sus bolas, sentir ese olor suave de macho.

Henry en ese momento solo me observaba y se dejaba consentir. Creo que disfrutaba más de verme en esa condición de sumisión que en la mamada en su qué le estaba dando.

Estuvimos un rato así hasta que él decidió que era momento de parar, en ese momento me pidió que me desnudara, y sin dudarlo lo hizo, me pidió que fuera al baño y buscará en una bolsa algo que tenía para mí, era una ducha anal, ya las conocía pero jamás había usado una en mí.

Me metí a la ducha y me hice unos cuánto lavados, me asee lo mejor que pude, sabía que me estaba preparando para Henry y no quería incidentes. Cuando salí del baño él me estaba esperando, me llevo a su habitación y me pidió que me acostara en su cama, que me tenía una sorpresa.

Ahí estaba yo de nuevo acostado y ofreciéndole mi culo, pero él tenía otro plan, me empezó a hablar de las veces en que yo me había comido otros culos y cuánto me gustaba, y que él quería que yo jamás olvidará la forma en que él me iba a chupar el culo, pero para eso necesitaba algo, quería que tuviera el culo libre de vellos, y que para eso él ya había alistado algunas cosas, dentro de una bolsa de papel tenía un paquete de paños húmedos, una crema y una cuchilla de afeitar.

Él empezó a aplicarme la crema sobre mis nalgas y de forma delicada pero experta fue eliminando los vellos en mi trasero, cuando terminó me limpio con paños húmedos y seguido a eso colocó algo de crema humectante, me empezó a masajear las nalgas y a acariciar mi espalda y mis piernas, jamás me había sentido así, ese hombre me estaba dominando con su forma de ser y no con su fuerza, de otra manera no habría aceptado eso.

Pero todo lo que estaba pensando paso a un segundo plano cuando empezó a besarme las nalgas y a chuparme el culo, mi ano estaba suplicando por sentir su lengua nuevamente, su barba rozaba y me hacía sentir corrientazos, era realmente muy bueno haciéndolo, no hubo un rincón que dejara sin explorar con su lengua, así estuvimos un largo rato, hasta que él mismo se decidió a parar.

Yo estaba a reventar de ganas de sentirlo dentro de mí, y mi mirada lo decía todo, a lo que él respondió con una mirada intensa y dominante, se acercó a mí, me tomo de las manos, me apretó fuerte y me dijo, “Este es el momento de renunciar a tu masculinidad y en adelante cuando estés conmigo vas a ser mi nena, aceptas?”, me quedé en silencio, pensando en lo que me acababa de decir, ese hombre estaba tan seguro de mi respuesta que lo único que pude hacer fue coger su pene en mi mano, me senté en la cama y lo metí en mi boca lo más que pude, lo tuve así unos segundos, lo deje salir y luego me agache más y le bese y lamí las bolas, y le dije “Está clara mi respuesta?”, el asintió y dijo “Suficientemente”.

Henry estaba satisfecho con mi respuesta, pero tenía algo más preparado para mí, y fue cuando trajo en una bolsa algo, era una lencería en encaje negra, tenía una tanga junto con un par de medias y un liguero, me pidió que me la pusiera, al verla mi mente quedó en shock, en menos de un día estaba pasando de ser un macho en búsqueda de algún culo para comer a estar a un paso de vestirme con lencería de mujer.

Al ver el silencio, Henry se acercó, me tomo de la cara y me dio un beso y me dijo al oído, “te vas a ver hermosa”. Esas palabras llegaron muy profundo, era algo nuevo para mí, ser tratada como una nena, jamás había pensado en mi lado femenino, una cosa era como hombre disfrutar de otro hombre, pero jamás pensé en que en ese momento liberaría para siempre mi energía femenina.

Tome la bolsa, saque la lencería y empecé a colocármela, cuando termine él me pidió que diera unas cuantas vueltas para él, no se ahorró en elogios, y eso me hacía sentir feliz y seguro, o más bien, segura. Podía sentir la tanga entre mis nalgas, y la sensación suave de las medias sobre mis piernas, era algo extrañamente delicioso.

Cuando me vía y fui consciente de que estaba frente a él convencida de que quería ser su nena, no había marcha atrás, y así se lo dije “Estoy lista para ser tu nena, quiero que me hagas tu hembra y que seas mi macho”, Henry sin perder tiempo me abrazo, me cogió las nalgas y me empezó a besar nuevamente, recorríamos nuestros cuerpos en un frenesí sexual muy intenso, eran besos, caricias, apretones, nalgadas, yo estaba en las nubes, disfrutaba cara cosa que él me hacía.

Sentir sus manos apretando mis nalgas era una experiencia como ninguna.

Cuando el momento estuvo muy caliente, sin pedir permiso me voltee y me puse en cuatro en la cama, quería que ese hombre me cogiera y me penetrara ya, no aguantaba más, él entendió mi necesidad y corrió mi tanga hacia un lado (suena extraño pero amaba esa sensación nueva), saco un poco de crema, la puso en mi culo como lubricante y me empezó a penetrar suavemente, sentir nuevamente su pene entrando fue la confirmación de lo que había sentido esa noche y más temprano en la mañana, este era el momento y el lugar en dónde más deseaba estar, su pene se deslizó lentamente pero con firmeza.

Estaba feliz de estar enculada por Henry y se lo hice saber moviendo mi culo hacia él, y pidiéndole que me cogiera duro, que me hiciera suya. Fueron varios minutos así, sintiendo su miembro dentro de mí, sintiendo la maravilla que era tenerlo como macho. Su energía sexual era arrasadora y me dominó por completo.

Cuando estaba por venirse le pedí que parara, que quería que me cogiera viéndome a la cara, así que me acosté sobre la espalda, tome una almohada, la puse bajo mi cadera y le ofrecí mi culo abierto para que entrara, así lo hizo y me empezó a bombear sin tregua, era genial sentirlo así, acariciar su espalda (por algún motivo eso me estaba encantando), no era un hombre muy acuerpado pero su contextura era de un hombre fuerte.

Me tenía como una boba, quería estar así la mayor cantidad de tiempo posible, pero sabía que no estaba lejos de su orgasmo, así que me propuse hacerlo venir de la mejor manera posible, y así estuve recibiendo sus embestidas con el aguante de una mujer. Me veía en esa lencería y sentir a Henry empujando su miembro dentro de mí, que más podría querer.

Para sorpresa mía, cuando esperaba que se viniera dentro de mí, sentí como de tajo, saco su pene y eyaculo abundantemente sobre mis bolas y mi pene, mientras golpeaba mi pene con el suyo, era como una declaración, me estaba diciendo “Soy tu macho” y si, eso era él para mí. Con sus dedos tomó un poco de su semen de mis bolas y lo llevo a mi boca y me dijo, “tómalo, este semen es para ti y me gustaría que lo saborees”, lo probé y su sabor era suave, me gustó, pero más que gusto era todo lo que significaba sentir ese sabor en mi boca la sensación que tuve al tragarlo.

Era un gesto de entrega y aceptación de mi nueva realidad. En ese momento me dijo, “ya eres mi nena y estoy orgulloso de ti”. Esas palabras me reafirmaron todo lo que estaba sintiendo.

Esa tarde no hubo más sexo, pero si fue un momento para disfrutar de su compañía, su cuerpo, su conversación, de todos esos detalles que me estaban empezando a fascinar de él. Cuando iban a ser las 5 pm le dije que ya me tenía que ir, así que me quite la lencería con cierta nostalgia, la guarde en la bolsa y me di una ducha.

Cuando me puse mi ropa de hombre, él me dijo, “No te acostumbres mucho a estar así, recuerda que eres mi nena”. Pedí un taxi y mientras llegaba no perdí la oportunidad para besarlo y acariciarlo. Finalmente nos despedimos pero con la promesa de volvernos a ver y de escribirnos y estar en contacto, cosa que hicimos con mucha frecuencia y entusiasmo. Al fin y al cabo, esa tarde en ese apartamento, yo había aceptado ser su nena.

Emprendí mi viaje y todo el camino estuve pensando en lo sucedido, no podía dejar de pensar en ese hombre y todo lo que habíamos hecho. Por primera vez en mi vida sexual y emocional, no tenía que tener el control, ni demostrar virilidad, y esa idea no me incomodaba, he de confesar que se sentía liberadora.

Pero ahora otros pensamientos me estaban abordando, si soy la nena de Henry, debo aprender a comportarme como tal y debo empezar a lucir más femenina, empezar a pensar como mujer, hacer pequeños cambios que él pudiera notar pero que no fueran evidentes, al fin y al cabo tengo una vida pública en la cual sigo siendo un hombre normal.

Toda esta idea me estaba gustando, muchas veces fui yo quien buscaba hombres afeminados y mujeres trans y ahora era yo quien se iniciaba en el camino de la feminización.

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3 COMENTARIOS

  1. Que hermoso relato, describes maravillosamente como dejas atras tu masculinidad, para convertirte en una dulce y afeminada mariconcita, siendo sometida por tu Hombre.

    Te felicito y te envidio, porque yo quiero ser asi!.

    • Gracias Marisol por tus palabras. Así es, ese fin de semana encontré al hombre que me acompañaría en esta aventura de dejar atrás mi masculinidad y abrazar mi feminidad. Me inicio en este hermoso mundo de ser como dices, una “Afeminada mariconcita”, ser su nena!!

      Te invito a leer las próximas entregas. Besos!!

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