Me desperté y me costó darme cuenta donde estaba. Luego de reconocer el cuarto de Sofi y Andrés, y caer en la cuenta que estaba en el mejor verano de mi vida, me levanté de la cama. Bajé a desayunar y estaba una mesa servida digna de un hotel 5 estrellas. El ánimo de la casa era el mejor.
Sofi y Andrés se besaban abiertamente, Majo charlaba animadamente con su novio Santi. Y yo que nunca había cogido tanto en mi vida como esos últimos dos días bajé radiante las escaleras.
—¡Buenos días para las parejas de esta casa!
—Gracias, gracias… Gracias (todos respondieron sin dejar de hacer lo que estaban haciendo)
—¿Vamos a la playa?
—Estamos terminando y nos vamos, ya estamos medio tarde. ¿Vas a desayunar?
—Agarro algo y salimos para la playa.
Salimos todos con mil cosas, cada vez que bajábamos juntos era una mudanza. Llegamos a la playa al mismo lugar y ahí estaba nuestro amigo veterano con su mujer. Nos miraba con cara de contento por vernos llegar, su mujer todo lo contrario. Nos instalamos cerca. Con Santi y Andrés, nos separamos un poco de todas las sombrillas y nos fuimos a jugar al fútbol, Andrés básicamente se limitaba a mirarnos porque es muy malo.
Cuando miro a nuestras sombrillas Majo hablaba con el veterano, no encontré a su mujer cerca. Cansados y muertos de calor nos metimos en el agua.
Como en todos los balnearios de Rocha (o por lo menos en la mayoría) el agua estaba muy fría. Santi tira la primera frase fuerte:
—Desaparece mi “amigo” con el agua fría, eso a vos Andrés por lo que me contaron no te pasa ¿no?
—Jajajaja (reí)
—Bueno la verdad es que también se achica bastante pero no, no desaparece. Jajaja. Ya veo que todos sabemos todo.
—Bueno capaz no, no todos sabemos todo… ¿le contaste Seba?
Andrés me miró con cara fulminante. Noté su enojo y en seguida miré a Santiago con cara de “hablaste de más”.
—Andrés no te enojes con Seba (Santiago intentaba arreglarla), es todo tema de Majo.
—¡¿Majo también sabe y yo no?! (Había empeorado la situación a cada frase de Santiago)
—Pero lo que pasa que ellos son muy amigos. (Terminó de enojar a Andrés)
—Listo gracias me importa muy poco los secretos de ustedes… y lo que pasó que parece que todos saben menos yo… ahh y ya no pienso hablar contigo los temas para mí importantes.
—¡Para Andrés! No te calientes… lo que pasa (se fue sin mirar atrás ni escuchar)
Mi mejor amigo estaba súper enojado y no quería saber nada de mi, todo por culpa de Santiago.
—Escúchame una cosa, ¿quién te dio derecho de decir esas cosas frente a Andrés?
—Mirá Sebastián, no tuve intención de que se enojara, además si te vas a coger a mi novia y ni siquiera me vas a despertar me parece que tengo derecho a decirle a tu amigo del alma que te la estás cogiendo… ¿no?
Se dio media vuelta y se fue, lo vi salir del agua. Andrés había agarrado una lona y se había tirado en la arena a tomar sol. Santiago salió y se tiró también en la arena lejos de Andrés. Las mujeres no parecían haberse dado cuenta de lo que pasaba, ellas seguían hablando con el señor mayor “nuestro amigo de la playa”.
—¡Majo! (Le hice señas para que se acercara a la orilla del agua) ¿podemos hablar de algo?
—¿Qué pasó? (Lo dijo cuando ya estaba cerca de mi)
—Tu novio le dijo a Andrés que nosotros cogimos.
—¿Y?
—Bueno en realidad le dijo que había algo entre nosotros dos y él y que era un secreto, Andrés se enojó y se fue.
—¿Ehh?
—Y después que le dije a Santiago que estaba mal por decirle eso a Andrés, se enojó conmigo y también se fue.
—Bueno Seba, te felicito hiciste calentar a todos.
—En serio Majo. ¿Podemos solucionar esto?
—Mirá, el problema lo tienen entre ustedes, nosotras con Sofi estamos mejor que nunca… de hecho nos vamos ahora al mercado de los artesanos a comprarnos unos bikinis para la tarde de playa.
—¿Se van? ¿Ahora?
—Sí, aprovecha para arreglar tus problemas con el resto de los varones.
Subieron las dos solamente llevando su bolso cada una. Teníamos que subir todo entre nosotros tres. Mirarlas salir me recordó porque era el mejor verano, Majo tenía puesto unos de sus bikinis clásicos, la tanga de colores azulados se le metía muy dentro de sus nalgas. Sofi con una malla entera pero con colaless, así podía contener toda su figura voluptuosa, lo que daría por chupar ese par de tetas. Las vi subir la duna apretando el paso, noté que le gritaban a alguien. Se estaban apurando para alcanzar al señor mayor que el día anterior nos miraba cuando tocábamos a Majo. ¿Qué estarán tramando estas dos?
Majo
—¡Espere! Aceptamos. (Washington así se llama, espero en el lugar)
—No corran que no hay apura chicas.
—Washi, ¿le podemos decir así?
—En realidad me dicen Toto o Ton, pero ustedes díganme como quieran.
—Jajajaja ok, Toto me gusta. Aceptamos ir de compras al Paseo de los Artesanos. Vamos a comprarnos bikinis de crochet.
—Ahhh bien pero yo les dije que vivía para la playa de los pescadores cerca del Paseo, no que les iba a comprar bikinis. Mi mujer me mata.
—Tranquilo Toto, lo que dice Majo es que aceptamos ir con usted hasta ahí y si quiere nos ayuda a elegir los bikinis.
Le vimos la lujuria en los ojos. Íbamos a dejar loco a ese veterano de unos 60 y pocos años. Ya nos iba a agradecer su mujer, iba a quedar todo excitado y ella iba a cobrar los beneficios.
Llegamos al paseo de los artesanos no había nadie incluso varios puestos cerrados en la mañana la gente va a la playa. Es una sucesión de puestos de artesanías, pocos puestos que vendan ropa, pero una tejedora tenía bikinis hechos de crochet. Ya lo había visto la noche anterior y guíe a Sofi y a Washington hacia ahí.
Pasamos toda la parte abierta que da a la playa de los pescadores y avanzamos un poco más. Por suerte la vendedora estaba abriendo su puesto y al rededor suyo solo había un puesto más de colgantes y pulseras. Poca gente y un lugar a la sombra para provocar a Washington. Queríamos ver hasta donde llegaba si le permitíamos más que mirar.
—Hola buenos días, queríamos ver bikinis de crochet, perdón por venir tan temprano y no dejarte ni abrir totalmente el puesto. Lo que pasa que los queríamos usar hoy.
—Hola chicas, no hay problema. Miren mientras yo abro les dejo acá el canasto con todos los bikinis. Ustedes fíjense sin problema hay de todos los talles. Los miden por encima de los que tienen sin problema. (Mirando a Sofi) Me alegra que vengan chicas así como tú a usar estos bikinis porque a muchas le generan desconfianza y vas a ver que te agarra bien todo.
—Jajaja si y más vale que sea resistente porque estas pesan un poco. (Agarrando sus enormes tetas y mirando de reojo a nuestro vecino de playa)
Sofi sacó del canasto una parte de arriba muy pequeña y la estiró con las dos manos sobre uno de mis pechos, en el movimiento tocó toda mi teta y yo miraba a Washington mordiéndome el labio de abajo de mi boca.
Estaba hecha una puta vulgar pero quería calentarlo rápido. Luego sacó otra de color terracota un poco más grande y sin miramientos me tocó las dos tetas mientras “probaba” si el tamaño era el correcto.
—Este parece que sí sirve ¿verdad Toto? (No me sacaba los ojos de encima y pasaba la lengua por sus labios)
—Si ese va mejor, el otro era “provocativo” de más me parece.
—Si tenés razón, y no da para andar mostrando de más en la playa.
—Perdón que me meta (interrumpe la vendedora), pero a los padres siempre les parecen chicos los bikinis. Estos además después de usarlos ceden un poco, no se estiran ceden un poco.
—Jajajaja (nos reímos las dos a carcajadas)
—Yo no soy el padre, soy un amigo de ellas.
—Ahhh perdón, perdón que vergüenza. No me meto más. Que vergüenza, las dejo seguir buscando.
—Gracias. (Las dos al unísono).
Mientras Sofi seguía revisando me acerco a Washington y le digo al oído “¿papi está un poco excitado de ver a su nena probarse bikinis?” Mientras hacía que probaba el nuevo bikini por encima del otro, corrí el de abajo y dejé a su vista toda mi teta blanca con el pezón duro y salido. Se acomodó su miembro tenía una erección importante y se notaba claramente la punta de su pene haciendo fuerza contra el short.
Apoyé el nuevo bikini sobre mi teta libre y le dije bajito con la voz más de puta que pude poner, “que pena que no se marca el pezón duro como con los otros, eso me gusta, así saben cuando estoy excitada”. Me responde también bajito:
—Sos la más puta de todas y me encanta que seas así pendeja.
—Gracias le voy a pedir a Sofi que me ayude un poco.
Me acerqué a Sofi y le hablé al oído. Lo miró a Toto y sin sacarle la mirada a sus ojos pasó su lengua por sobre mi pezón en un momento que la vendedora estaba distraída. Gemí bajito, aprovechó para acariciarme por encima de la tanga del bikini mi conchita que ya estaba empapada.
—Vamos a ver si esta parte de abajo te queda. (Agarró una que hacía juego con la de arriba y me la pasó)
—Sofi, mira yo la agarro de los costados y vos la pasas por abajo de mi.
Era un movimiento totalmente innecesario. Solo con ponerla por encima de mi cadera ya sabía si me servía o no, pero quería que Sofi me tocara la concha.
La noche anterior me había excitado mucho dejarla pronta para Andrés. Quería más y la perversión de mostrarnos putas para Washington era el condimento que me llevaba el deleite perverso a un nivel muy alto. Sofi no era la primer mujer con la que había estado, pero la situación de la noche anterior y lo entregada que se había puesto me dejó como loca. Ahora toda la situación era muy caliente, el deseo de lo prohibido me enloquecía y estaba perdiendo el sentido de la realidad.
Giré para mostrarle mi culo a Toto y le pedí a Sofi que me acomode la tanga mientras yo sostenía los hilos por la cadera. Me acarició las nalgas y metía los dedos por debajo de las dos partes de abajo y acariciaba mi ano. Washington no lo podía ver pero sabía que lo estaba haciendo, por mi parte levanté la cola y separé un poco mis piernas quería que me metiera todos los dedos en el culo. Unos segundos solamente que dieron para ilusionarme con lo que se vendría.
—Son dos pendejas bien putas pero vos Majo sos la peor de todas.
—¡Toto! ¿Qué es esa forma de hablar?
—Siempre te tocan a vos. (Se acariciaba su verga por encima del short)
—No, ayer de noche la que recibía las caricias era Sofi, caricias y dedos y más… te sorprenderías lo que aguanta esta nena.
—Tiene con que aguantar la señorita. A ella no la conozco tanto como vos nena, sé que vos aguantas.
Dejamos mi bikini y ahora empezamos a buscar uno para Sofi. El primero que agarré era especialmente chico para el tamaño de sus pechos. Le agarré una teta y se la levanté midiendo el peso que tenía, era hermosamente grande.
—Este me gustaría vértelo puesto, creo que resalta más el tamaño de tus pechos. Pero no creo te sirva para usarlo en la playa.
—Pero capaz sirve para alguna noche, ¿no? (apenas le taparía su areola y haciendo mucha fuerza sobre toda la teta)
Se lo até por encima de su malla y quedaban los hilos incrustados en sus tetas. Toto no le sacaba los ojos de encima.
—La parte de abajo vamos a tener que elegirla algún talle más no quiero que te lastimes.
—¿Tendré que llevar parte de abajo?
—Mmmmm viciosa, cerda y guarra… me gustas.
—Washington mañana te contamos cómo nos va hoy de noche.
—Ahh no, pero yo así no me puedo ir. (Señalándose su verga)
Pagamos a la tejedora (insistió con que llevemos alguna parte de abajo y quería charlar… nosotras no), caminamos a las rocas, ignorando los letreros de advertencia de no avanzar.
Le aclaramos a Washington que lo que iba a pasar era solo porque nosotras estábamos calientes y que la pija más cercana que había era la suya. Lo acostamos en una roca apartada. Con Sofía nos recostamos a su costado le bajamos apenas su short. La mamada a dos bocas que se iba a llevar ese señor, no la había fantaseado nunca en su vida. Se sacó la lotería y no lo sabe.
Quedo a la vista su verga. Toto, tenía un miembro chico y fino. Sofi me miró con una expresión de “y esto ¿qué es?”
—Igualita a la de Andrés.
—Jajaja (carcajadas de las dos)
No le gustó a Washington la situación y empezó enojarse, hasta que le agarré la nuca a Sofi y la empujé para que se la coma toda de una y así lo hizo. Se la comía entera y esto le generó una arcada y el movimiento involuntario para atrás. Aproveché a comerla yo entera pero más lenta, saboreando la baba de ella que había dejado.
—Ahhh no te parece grande pero te atoraste con ella.
—Toto, me encanta tu pija peluda con canas. Nunca me había comido una verga así. Es como si se la estuviera comiendo a mi padre. Me calienta mucho. (Con la voz más de puta que tenía Sofía le agregó) ¿papi… dejas que tu nena te coma la pija?
—Claro bebé, te la podés comer y tenés que tragarte toda la leche.
Ahí yo me corrí y le dejé la mitad de la verga para que le pase la lengua. Sentía sus labios rozar con los míos y nuestras lenguas tocarse en cada movimiento. Que hermosura de putas que nos ponemos. Quería seguir estimulando a Washington con la fantasía de su hija.
—Papi, yo también quiero leche. ¿Podemos compartirla entre hermanas?
—Claro preciosa, no me gusta que se peleen.
—Te voy ayudar a acabarle en la boca a Sofi y después ¿te gustaría ver cómo me la pasa en un beso?
—Siempre fuiste la más cerda.
Lo empecé a pajear y Sofi puso su boca encima del glande y le pasaba la lengua por la punta. No aguantó mucho, eyaculó fuerte y mucha cantidad. Toda la leche en la boca de Sofi.
Se incorporó sonrió y nos abrió la boca para que veamos que la tenía toda ahí. Se acercó a mí y me besó pasándome toda la leche.
Tragué y tragó.
La saboreamos al mismo momento, mezcla de sabor agrio con amargo pero nada muy fuerte. Saber que le estábamos sacando la leche a un señor que podría ser nuestro padre y más, me ponía en un estado que nunca había experimentado.
—Hermosas mis hijas, compartiendo todo. ¿Para la leche de la tarde donde nos encontramos?
Reímos los tres y le contestó Sofi.
—Ya te dijimos Washi que esto pasó porque nosotras estábamos muy calientes y tu verga era la que estaba a la mano. Pero en nuestra casa hay tres más esperando y una enorme.
—¿Podría volver a pasar algo así? (Era más una súplica que una pregunta, contesté yo)
—No sé, capaz le tendríamos que pedir permiso a tu esposa. Lo que sí puede pasar es que nos veas de nuevo en la playa. Si nos ayudas te dejamos mirar y te podés pajear.
—A mi mujer ni una palabra y solo díganme que tengo que hacer para ayudar.
Cerramos acuerdos y volvimos caminando por las rocas hasta la feria y después al pueblo. De camino a casa le conté a Sofi que nuestros hombres se habían peleado entre todos.
—Bueno, una pena por ellos. Por suerte nos tenemos a nosotras. Yo sigo caliente y ayer gocé mucho contigo. ¿Te incomoda si te pido que repitamos?
—Le chupamos la pija a un viejo juntas y nos tragamos su leche y me preguntas si me “incomoda”
—Jajaja
—Vamos para casa ahora. Cuando ellos nos vean disfrutar seguro arreglan sus problemas.
![]()
No veo el relato 3
Perdón, el número 4. Salta del 3 al 5
Luis buenas! los capítulos 3 y 4 los uní en el que publiqué como número 3 por eso falta el 4. En resumen este sería el número 4 y no el 5 como le puse en el título. Perdón la confusión pero me pareció mejor unir los capítulos para que no queden dos relatos cortos. Espero lo disfrutes.
B.
***No se admiten datos personales en los comentarios***
Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.
Administración de CuentoRelatos