Trío con esa dama y su pareja (2)

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Trio a la de dos, a la segunda va la vencida.

Por la mañana me llamó ella para quedar para visitar la ciudad, pregunté si había habido mal rollo a la vuelta a casa, después del encuentro fallido del día anterior, me dijo que no, me dijo que la calentura perduraba en los dos también y acabaron follando tan ricamente, algo que me alegró, le dije que yo estaba igual y me hice una paja pensando en ella, relamiéndome del recuerdo de los momentos previos, cerrando los ojos e imaginando que era ella la que me estaba masturbando mientras me apoderaba de sus pechos y nos mirábamos a los ojos deseándonos. No seguimos con el tema porque me estaba poniendo palote.

Le pregunté si el circuito de Spa para la tarde que ya había reservado seguía adelante, fueran ellos o no, a mí sí me apetecía, me respondió que sí, que le dijo a su marido que si él no quería ir, que ella sí vendría, le respondió él que llegados a este punto si surgía algo también quería ser partícipe. Son diversas las interpretaciones que se pueden dar de la posición del marido: de no querer quedarse al margen y pasar un fin de semana en buena lid, sin dejar el campo libre si viniera ella sola conmigo está claro dónde íbamos a terminar y qué haríamos. En todo caso es claro el dominio que tiene una mujer sobre un hombre cuando él la desea.

El reencuentro fue amigable y la pareja hizo de buenos “Cicerone” en el recorrido turístico, disfrutamos de la ciudad y de la comida sin hacer mención ninguno de los tres a lo acontecido la noche pasada. Por lo que me dijo ella, recuperaba las expectativas en que termináramos los tres en la cama, aun así estaba atento a cualquier atisbo de actitud distante y recelosa de su marido, por suerte todo lo contrario, el ambiente fue de cordialidad y de atenciones.

Ella se mostraba encantada flanqueada por dos hombres, la llevábamos en volandas por la calle cogida por ambas caderas, el vestido era tan suave que la mano se deslizaba sola por la curva que se forma donde acaba la espalda, mis dedos buscaban notar los pliegues de su braguita a través del vestido, por más que tocaba y acariciaba su glúteo nada notaba por lo que la miré y ella me devolvió la mirada con una pícara sonrisa, tuve que reprimir mis reacciones de mi entrepierna y que no se notara mientras andábamos por la calle, en espacios estrechos no dejé pasar la oportunidad de achuchar, incluso pellizcar su redondo y bien proporcionado culete, aprovechando también deslizar mis dedos por el canalillo de su trasero.

Disimulando mi bulto con la otra mano en mi bolsillo del pantalón.

Ya en el Spa, en el vestuario de los hombres, donde nos vimos su marido y yo desnudos para ponernos el bañador, tampoco noté en él disgusto ni tensión, al contrario, se mostraba afable y simpático. Su miembro es de lo que se denomina de carne y a buen seguro que en plenitud más grande que el mío que es de los llamados de sangre. Seguramente eso también le daría confianza. La mala costumbre que tenemos de comparar y darnos confianza si tenemos más que con quien te comparas.

Con la toalla y puesto en bañador pasamos al circuito, la visión fue impactante para mí, ella llevaba puesto su bikini verde, desde que me envió la foto con él puesto la miro a escondidas de vez en cuando y me deleito con sus formas, el amplio escote de la parte de arriba y su sonrisa picarona. En foto despertaba los sentidos, en tres dimensiones y al natural me dejó con la boca abierta.

Realzaba su figura la toalla en la cintura a modo de faldita, dejando a la vista uno de sus muslos, pero la visión de sus pechos activó todos mis deseos, con ese escote generoso, el canalillo quedaba definido con curvas suaves a un lado y otro de dos hermosas y redondeadas tetas, curvas sugerentes tanto en las partes visibles como en las copas del bikini, formando unas esferas perfectas que invitaban a mirar, tocar, chupar y todo lo demás.

Normalmente suelo hacer los circuitos de Spa a mi aire, aquel circuito era nuevo para mí y me dejé llevar, me daba igual si repetía o alguno de los chorros me lo saltaba, no quería perder la visión de aquella Venus con bikini verde. Aunque me tenía hipnotizado, era consciente que debía dejar espacio a su marido si no quería que se repitiera lo de la noche pasada, así que me sentía como un voyeur consentido, ella me miraba de vez en cuando con una sonrisa, mientras atendía las demandas de su marido, caricias, algunos besos y me pareció ver que en los yacusi hubo algo más, las caras suelen expresar las sensaciones del cuerpo.

Observaba desde un chorro cercano que me daba con fuerza en el trasero y me resultaba agradable cuando vi que su marido salía del yacusi pero ella no y además vi que me hacía indicaciones para que fuera donde estaba ella, me metí y me dijo que él se había ido al servicio a enjuagar el bañador porque se había corrido, todo esto me lo contaba mientras me metía mano acariciándome los huevos y el rabo que crecía por momentos, nos bajamos mutuamente el bañador hasta las rodillas y mientras ella me recorría su mano a lo largo de mi pene, yo frotaba su clítoris con mis dedos que se resbalaban solos, notaba su lubricación aún dentro de la burbujeante agua.

Ella estaba muy excitada, no tardó en venirle un orgasmo, se arqueaba de placer poniéndose en tensión, abandonada al placer que sentía dejaba de menearme el pene para cerrar su mano en torno a él y canalizar así el gusto que le estaban dando mis dedos frotando su clítoris. Sentir y ver como ella se diluía en el agua de gusto a punto estuve yo de correrme, pero estaba pendiente de ver si su marido salía del servicio y no me podía concentrar en el placer que me estaba dando ella, de buena gana habría devorado su pechos sin importarme que hubiera gente alrededor.

Cuando vi que su marido salía del servicio me separé de ella y nos colocamos los respectivos bañadores, me tenía que quedar allí dentro hasta que bajara la hinchazón, fue ella la que se salió yendo al encuentro de su marido y se fueron a la sauna. Mi calentura no bajaba, no ayudó verla emerger del agua, así que rematé lo que ella dejó a medias mientras contemplaba el contoneo de su trasero alejándose y recordando cómo las burbujas jugaban con sus pechos meneando como flanes sus deliciosos senos.

Terminado el circuito nos volvimos a ver los hombres desnudos en el vestuario, no sé si él se daría cuenta que mi pene se había quedado “morcillón” como normalmente se me queda después de una corrida, no tan pequeña como cuando está relajada, algo más similar a la suya en ese momento que al ser de carne será su estado normal de reposo. Comentamos los parabienes de los chorros, duchas y saunas y lo relajado que nos ha dejado, bueno, con el aliciente particular de su esposa mucho más, esto lo pensé yo e imagino que él también, a los dos nos ha dado un buen gustazo.

Al salir nos despedimos hasta la cena en otro restaurante y luego un poco de marcha nocturna. Bebimos un poco más de lo normal e íbamos los tres bastante alegres, no sé si salió así o fue premeditado por parte de ella, el caso es que ya de vuelta me invitaron a subir a su casa.

El punto que teníamos era de euforia sin llegar a estar indispuestos, completamente desinhibidos, el marido no perdía oportunidad de comerle la boca a su esposa y recorrer su cuerpo con sus manos, ella atendía sus requerimientos a la vez que me atraía hacia ella, quería tenernos a los dos a su alcance, yo no me hice derogar, me arrimé a ella por su espalda y formamos un sándwich, los tres de pie, su marido por delante sin dejar de morrearse y yo por detrás sobando sus tetas y su culo mientras recreaba mi boca en su cuello.

La desnudamos a 4 manos mientras sus dos manos nos desabrochaban a nosotros los pantalones, primero a su marido dejando su mango a la vista, le dio un beso en el capullo y se dio la vuelta para desabrocharme a mí, dispuesta a hacer lo mismo.

En cuando se agachó su marido se la clavó sin contemplaciones en el mismo momento que acercó sus labios a mi polla, el empuje hizo que se la metiera en la boca y empezó a succionar al ritmo de las embestidas de su marido, él sujetando sus caderas para controlar sus emboladas y yo agarrando sus tetas que colgaban como péndulos y que al presionarlas me reportaba placer, así de pie aguantamos poco, la edad no perdona, sin sacarla llevó a su mujer hasta una silla cercana, él se sentó y ella le siguió sin soltarme la polla de su mano, yo los acompañaba.

Tres latidos arriba abajo y en medio van de la mano al mismo compás bailando, mente sexo y corazón vibrando al unísono.

Teniéndola bien clavada, subía y bajaba mientras su marido le frotaba la vulva, ella entre jadeos volvió a mamármela succionando mientras una mano se sujetaba a mi mástil para moverse rítmicamente deslizando dos pollas dentro de ella, la mía en su boca y la se marido en su vagina. Me excitaba contemplar el gusto que le estaba dando mientras me la chupaba y creo que ella y yo nos corrimos a la vez, descargue en su boca mientras se le escuchaba un “ahah… ahah… ahah” que hizo que mi leche se desparramara por las comisuras de boca, a la vez que había dejado de subir y bajar para quedarse sentada sobre su marido quedando el cuerpo relajado después de la tensión mantenida durante la excitación hasta la llegada del clímax.

Me retiré y ellos se fueron al sofá donde ella tumbada boca arriba, abierta de piernas y él sobre ella, entre suspiros y jadeos de los dos no tardaron en quedarse seco al hombre y la mujer toda húmeda con los efluvios de los tres. Nos invadió a los tres una risa floja de satisfacción.

Nos aseamos, hice intención de vestirme e irme y para mi sorpresa me dijeron los dos que me quedara a pasar la noche, en realidad quedaba poca noche.

Me viene a la mente una cosa que dijo ella en las conversaciones que teníamos por chat diciendo que esto no iba a ninguna parte, pues la fantasía se hizo realidad y bien que lo hemos gozado.

Lo del día siguiente, en otra entrega.

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