–Divino, divino, hermoso, chicos. Nos volvimos locas. Y ahora les ofrecemos un último trato. El último de todos, lo prometemos. Aunque este es más de carácter opcional… Nosotras estamos dispuestas a entregar el orto… únicamente si vos, Tincho, le hacés la cola a Benja…
Nuevamente el ambiente se puso tenso y hubo un par de recriminaciones, particularmente de las mismas voces que antes. Fernando estaba muy sorprendido también, pero no dijo nada. Yo estaba, por un lado, recontra nervioso y muerto de miedo, pero también absolutamente excitado al darme cuenta de lo que se me vendría encima. O adentro.
Martín me sujetó el hombro y yo lo miré a los ojos por primera vez desde que había empezado a chuparle la pija. Sinceramente, creo que esperaba encontrarme con una expresión de amistad y profunda ternura, como veía que Luján y Oriana mantenían mientras chapaban, pero lo que encontré fue más bien distinto: la mirada fría y seca de Martín, casi sin emociones. Eso me incomodó un poco, pero aun así mi cuerpo no podía hacer otra cosa que anhelar su pija adentro mío. Me tumbé en el suelo y empecé a dilatarme la cola por mis propios medios.
Tenía algo de experiencia en la práctica, aunque jamás se me pasó por la cabeza que eso podía estar vinculado con mis preferencias sexuales; bastante boludo de mi parte. Pensé muy fugazmente en el acto físico que estaba realizando: ensalivarme los dedos de la mano para masajearme, acariciarme y dedearme la entrada del ano, desesperado por sentir adentro de mi recto la pija erecta de Martín, rodeado de mis otros amigos y 2 chicas de mi curso.
Todas personas que crecieron junto a mí desde los 12 años de edad. Era una locura, algo que 24 horas antes solo habría hecho en mis sueños más delirantes. Conseguí dilatarme bastante, pero cuando ya estaba tardando demasiado, Martín se pudrió, me agarró de las caderas, me dio vuelta con fuerza y, mojándose primero los dedos en la boca, los acercó hasta mi culo y me introdujo dos. Yo pegué una especie de gritito y terminé al toque de dilatar lo que me faltaba.
Me apoyé sobre mis antebrazos y elevé la cola para quedar en cuatro. Aprecié cómo las chicas ya se estaban haciendo la paja maravilladas. Martín comenzó introduciendo la punta del miembro sobre la entrada, y luego la fue hundiendo hasta llegar al fondo. Durante esos segundos lancé un grito agudo tanto de dolor como de placer. Nos quedamos inmóviles unos instantes, pero antes de que yo caiga en la cuenta de que ya la tenía toda adentro, Martín arrancó a bombear con un salvajismo feroz.
Perdí noción del tiempo y del espacio. Mis recuerdos son algo confusos respecto a lo que viví durante esos minutos, que para mí fueron milenios de placer y entrega. Arqueé mi espalda más y más para que mi amigo se sirva de mi culo y le saque punta a su pija divina. Cada vez que mi cuerpo se ajustaba al ritmo con el cual me cogía, me estremecía con un pulso eléctrico que me hacía gemir como un auténtico putito.
Era un putito. De eso me daba cuenta a medida que la pija me rozaba una y otra vez la próstata, que me latía tanto hasta el punto en que creí que me moría. Pronuncié mis primeras y últimas palabras durante aquella noche, gritando, extasiado de placer, con lágrimas de felicidad y de dolor que me brotaban de la cara:
–¡¡Ay!! ¡¡Sí, más, más!! ¡¡Más fuerte, más rápido!! ¡¡Ayyyy, sí, Tincho, así, sí!! ¡¡Dame más, ayy, sí!! ¡¡Ahí, justo ahí, sí!! ¡¡Seguí así, no pares, por favor no!! ¡Cogeme, rompeme bien el orto! ¡¡Síí, ayyy, síí, acabame adentro, por favor te lo pido, dame la leche en la cola!!
Tuve el mejor orgasmo de mi vida. Mi pija reventó, sentí un fuerte dolor de huevos, y eyaculé un charco de semen obsceno. Llegué a divisar en esa vorágine de locura un poco de lo que me rodeaba: Ricky y Dante, asqueados, en una esquina de la habitación, Fernando, mirándonos y pajeándose suavemente y, por último, Luján y Oriana, entregadas al placer total abrazadas mientras nos miran con los ojos inyectados en sangre y masturbándose la una a la otra.
Respecto a Fernando, yo pienso que es natural que se haya calentando viendo cómo Martín me hacía la cola: más allá de la orientación sexual, hoy pienso que hay algo inherentemente bello y poderoso en la figura de dos hombres practicando el coito. Así fue concebido en innumerables culturas a lo largo de los milenios.
Finalmente llegó mi tan ansiado momento: Martín empezó a convulsionar mientras su pija vibraba dentro de mi recto, y disparó en mí sus jugos de macho divino. Fue extraordinario sentir cómo su semen caliente me envolvía, aunque hoy me arrepiento de no haber sugerido que Martín use preservativo, y me resulta curioso que más adelante en la orgía sí se utilizó.
De todas formas, en ese entonces jamás lo habría aceptado, porque necesitaba experimentar esos chorros deslizándose por mi cola para que yo pueda aprender quién soy y qué es lo que quiero. Martín me sacó la pija de golpe y yo, como mis rodillas temblaban y ya no soportaban más, me dejé caer rendido, literalmente garchadísimo y feliz, y me manché un poco con mis propios fluidos.
Luján y Oriana acabaron en orgasmos violentos. Luján se lanzó al piso de cabeza y se ubicó delante de la concha de su mejor amiga mientras Oriana se frotaba el clítoris con una pasión descomunal, a los gritos. Eyaculó y Luján se bebió todo, para acabar besándole los labios con ternura. Jamás volví a ver una amistad tan pura y maravillosa.
Inmediatamente después de esta escena, a eso de las 03:30 de la mañana, empezó la verdadera orgía. Me quedé un buen rato tirado en el suelo, sintiéndome realizado, derrotado por el placer, y a ratos llevándome los dedos a la entrada del culo para sentir cómo aún que continuaba chorreando. Cuando me sumé a la fiesta, ya habían arrancado hace rato.
Estuve un buen rato chapando con Luján mientras se la cogían, y después Oriana me hizo un pete mientras su amiga le hacía otra vez un oral, pero no mucho más. Me acuerdo de que casi nunca perdí de vista qué estaba haciendo la pija de Martín. Cómo penetraba entre los labios de ambas conchas, cómo lo hizo luego cuando les rompió el orto a las 2, en cada doble penetración, cada vez que las chicas enfrentaban sus lenguas para saborearle el glande y para limpiárselo, o cómo las amigas jugaban orgullosas con su leche, se la pasaban la una a la otra y se besaban mediadas por él.
Yo admiré todo eso desde lejos. No me cogí a ninguna de las 2, aunque creo que Oriana se quedó con las ganas de montarme. La verdad que yo no tenía muchas ganas después de lo que había vivido. Fernando también las trató muy bien y les sirvió pija toda la noche. Ricky, por su parte, como tardó tanto en prenderse, perdió la virginidad directamente penetrando el culo de Luján mientras Fernando le daba por adelante. Yo pienso que hoy se arrepiente de haberse zarpado tanto, y que habría preferido empezar más tranqui. Y Dante… bueno, es Dante.
Su maní no fue muy codiciado, y mucho menos después del papel patético, violento y desesperado que había interpretado antes. Me parece que llegó a cogerse durante un par de minutos a Oriana, pero ella casi no la sintió y, empujando las caderas hacia atrás, lo mandó a la mierda, para que Martín se la clave en su lugar. Pasó gran parte de la noche pajeándose alrededor de la escena.
No volví a tener sexo en todo lo que duró el resto del viaje de egresados. Una vez volvimos de Bariloche y cada uno continuó con su vida adulta, jamás volvió a surgir en las conversaciones el hecho de que yo le practiqué sexo oral a Martín ni mucho menos que él me penetró, ni siquiera cuando se comentaban cosas sobre aquella orgía. Todas las reseñas de los muchachos consistían en elogiar los cuerpos y las prácticas de Luján y de Oriana, y nada respecto a ellos mismos o sobre sus amigos.
Decían que las pibas re entregaron, pero de mí nunca se dijo nada. Martín me trató desde entonces exactamente igual a como me trató siempre, como si no me hubiese llenado la cola con su leche. Para ellos, mi orto fue como una moneda con la cual pagaron su acceso completo y sin restricciones a enfiestarse con las chicas. Supongo que Martín, de algún modo, se aprovechó de mi necesidad reprimida de que me claven una pija dura hasta el fondo. Creo que, desde su perspectiva, él no cogió conmigo, sino que me utilizó para satisfacerse un rato mientras él observaba como Luján y Oriana se daban amor.
De todas formas, todas estas impresiones son secundarias para mí. Más allá de que si fui o no un objeto sexual descartable para Martín, la realidad es que ser garchado por semejante pija me cambió la vida y me hizo muy feliz. Hoy entrego la cola con gusto y me dejo penetrar contento, sin vergüenza y disfrutando muchísimo. Además, sé perfectamente que Luján y Oriana repitieron sus orgías cada noche hasta que terminó el viaje, con cada grupito de varones de cada uno de los 2 cursos que se alojaban en el hotel.
Estoy seguro de que a cada grupito le habrán solicitado más o menos los mismos requisitos, así que estoy convencido de que yo no fui el único que aquella semana pagó con su culo el placer de su grupo de amigos a beneficio del desenfreno orgiástico de las chicas. Aun así, tengo pleno conocimiento de que seguramente ninguno de esos pibes disfrutó tanto de ser detonado como lo hice yo, hasta el punto de quedar enamorado de la pija para toda la vida.
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