Un cambio de planes (3): Un camino sin retorno

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T. Lectura: 8 min.

Esa noche, estando ya en mi casa, no podía dejar de pensar en Henry y en todo lo que había pasado, me sentía en un remolino de sentimientos, por un lado, estaba esa sensación de miedo que tenía por todo lo que estaba pasando y lo que eso significaba en mi vida, y por otro lado estaban todos esos momentos grabados en mi mente en dónde todo era nuevo, revelador y extremadamente placentero. Tenía a ese hombre grabado en mi mente y mi cuerpo respondía a esos recuerdos.

Estaba ya acostado en mi cama cuando me llegó un mensaje de Henry;

“Cómo estás mi nena hermosa? Cómo estuvo tu viaje?”.

Ese mensaje me sacudió todo, fue como un terremoto emocional, pues todavía no terminaba de asimilar lo que había pasado con él, y ahí estaba, recordándome que era real y que estaba ahí, pendiente de mí, y recordándome que soy su nena. Leí el mensaje y no supe si responderle de inmediato o esperar, pero algo me llevó a responderle, y por algún motivo lo que me salió fue:

“Hola guapo, bien, ya estoy en casa” a lo que rápidamente él respondió:

“Cómo me alegra saber eso, me agrada saber que estás bien y ya estás en tu casa. Te he pensado mucho hermosa”.

La forma en que me hablaba me estaba empezando a gustar, aunque seguía sintiendo nervios, quería seguir hablando con él. Le respondí:

“¿y eso? ¿Porque estabas pensando en mí?” Yo también te estaba pensando”.

Para no alargar la historia, esa noche estuvimos hablando por Whatsapp un rato e intercambiando mensajes y cumplidos, pero lo que más me gustó, fue el tono de la conversación, fue respetuoso pero a la vez fue coqueto y esto me resultaba muy agradable. A decir verdad, nunca había tenido una conversación así con un hombre, yo recibía sus halagos y sus palabras que iban dirigidas directamente a mi lado femenino, nunca me habló con pronombres masculinos, en esa conversación yo fui su nena nuevamente.

Estaba claro que algo más allá del sexo estaba pasando, Henry me estaba llevando con sus palabras a un estado de deseo y aceptación de mi nueva realidad. Cuando finalmente la conversación terminó y nos despedimos, recibí un mensaje de audio, en el cual me decía;

“Que descanses mi nena hermosa, te mando muchos besos y muchas caricias. Te deseo”

Esto acompañado de una foto de él acostado en su cama en dónde podía ver su pecho desnudo y su rostro. Y confieso que verlo me encantó, me resultaba tan sexy y hermoso. Se veía extremadamente masculino y macho. Tomé esa foto como un regalo. Y ese audio, ese audio lo escuché varias veces, y me estremecía su tono de voz, hacia que lo deseara con todas mis fuerzas, tanto así que esa noche no pude quedarme dormido fácilmente y solo hasta que me masturbé y tuve un orgasmo, pude liberar todo ese deseo y excitación.

Y aunque mi pene respondía, eran otras partes de mi cuerpo las que me estaban generando más placer, tocar mis pezones, acariciar mis nalgas y mi ano, meter un par de dedos en mi boca, todo eso junto fue lo que realmente me llevo al orgasmo, y no pude evitar gemir, pero está vez gemía y repetía su nombre, quería sentir a Henry dentro de mi, quería sentirme suya. Cuando logré calmarme me quedé dormida con su imagen en mi mente.

Por esos días fueron muchas conversaciones con Henry, era muy atento y me escribía todos los días en la mañana y en el transcurso del día. Nuestras conversaciones fueron poco a poco ganando en confianza y en muchas ocasiones en tonos que jamás había experimentado.

No había pasado una semana y ya lo sentía tan agradable y cercano, cada conversación era una forma de aprender más de su vida y él de la mía. Hablamos de todo tipo de cosas, fuimos construyendo una especie de confianza bonita. Me gustaba su presencia en mis días. Tenerlo y saber que estaba ahí, como mi hombre era algo que no esperaba hasta hace unos días, pero ahora me resultaba algo genial. Cada conversación era un paso más que daba en el camino a construir una feminidad en mí, porque sus palabras reforzaban la idea de ser su mujer, ser su nena.

Tanto fue el deseo acumulado durante esos días, que tome la decisión de viajar nuevamente y así se lo propuse, él aceptó de inmediato. Me puse manos a la obra para planear nuestro encuentro. Para verme con él quería darle una sorpresa, así que fui a un sex shop y estuve viendo varias prendas de lencería, confieso que no tenía muy claro que quería pues no estaba segura, pero termine comprando un conjunto de tanga y brasier rojos y unas medias de encaje, acompañada de unos guantes que le hacían juego.

Era muy extraño para mí estar ahí pidiéndole a una chica que me mostrará prendas jejeje, no sé si ella me creyó que era para una novia (Fue lo único que se me ocurrió). Finalmente tenía las prendas. Me dirigí a mi casa con la intención de probarme todo, pero al desnudarme tuve un momento de incomodidad conmigo mismo, no estaba segura de verme bien así.

Me vi al espejo y por primera vez sentí que algo no estaba bien, mi cuerpo tenía algo que sobraba, y eran todos esos vellos, así que me decidí y me metí a la ducha, y me puse a la tarea de deshacerme de ellos, pero la cuchilla no fue una buena idea, así que me depile las axilas y mis partes íntimas con ella, pero sabía que lo que buscaba para mis piernas y pecho era una crema depilatoria, algo que me dejara la piel más suave. Y así fue como tuve que salir nuevamente a una droguería a conseguirla. La persona que me atendió me dio unas pequeñas instrucciones sobre su uso, no sé porque pensó que eran para mí, pero me gustó que lo intuyera.

De nuevo en casa me puse a la tarea de depilarme totalmente las piernas, el pecho, el abdomen y las nalgas, tomo su tiempo pero el resultado fue genial. Sentía mi cuerpo ligero y mi piel muy suave. Seguido a eso me aplique una crema humectante y me probé la lencería que había comprado, verme así me excitó muchísimo y terminé nuevamente tocándome mientras deseaba a Henry.

Ese sábado viaje a Bogotá nuevamente, llevaba mi ropa y mi lencería en una morral. Cuando estuve en Bogotá, él me fue a recoger en su carro, y me invitó nuevamente a su apartamento, me subí a su lado y estando ahí fue cuando él se me acercó y me besó. Volver a sentir sus labios y sus manos fue algo hermoso, fue algo natural, lo sentí como la forma correcta, era como si al fin todo encajara, y todo estuviera en su lugar. Él estaba ahí acariciando mis piernas y mi espalda y yo estaba derritiéndome de placer.

Creo que estuvimos así unos minutos, pero finalmente tomamos camino a su apartamento, cuando llegamos pasamos por el lobby sin cruzarnos con nadie, entramos a su apartamento y una vez dentro, fui yo quien tomo la iniciativa y le empecé a acariciar su pene sobre el pantalón de dril que llevaba puesto. Él me tomo por la cara y me dio un beso tan intenso que me dejó sin aire. Me encantaba lo macho que se comportaba. Llevaba una semana esperando para este momento y yo quería que me hiciera suya ya, pero sabía que debía ir más despacio.

Le mencioné la lencería y sus ojos brillaron, pero antes de que pudiera mostrarle algo, él saco una bolsa de regalo, y cuál sería mi sorpresa, era un babydoll negro con un cachetero. Le agradecí con un beso y me fui rápidamente al baño a cambiarme, me desnudé, limpie mi cuerpo con paños húmedos y me puse la lencería. Estaba parada frente al espejo y pude ver lo lejos que estaba llegando, estaba ahí con lencería femenina y con mi cuerpo depilado, preparada para entregarme a un macho lleno de testosterona. Me arme de valor y salí del baño, me dirigí hacia él y le dije mirándolo a los ojos, “Acá estoy, quiero que me hagas sentir mujer”, esas palabras las había ensayado todo el día en mi mente, como un mantra para darme seguridad.

Henry me vio y se sonrió, “Estás preciosa”. Se acercó y me tomo de la mano para dirigirme a su habitación, esos pasos de su mano fueron hermosos. Cuando estuve en su habitación frente a su cama, él me llevó lentamente hasta la cola de la cama y me abrazó y me besó lentamente, yo me rendí a sus caricias y sin dudarlo me deje caer sobre mi espalda y abrí mis piernas para que él se posara sobre mí, podía sentir toda esa energía masculina y esa fuerza que tanto me gustaba. le dije al oído tratando de ser lo más femenina posible, “Papasito rico, quiero ser tu mujer, tu hembra, quiero que me hagas el amor”.

Él me respondió, “Tranquila que este fin de semana vas a saber lo que significa ser mi mujer, jamás vas a desear volver atrás, y voy a ser tu macho y quien te guíe para que cada día seas más femenina”. Eso fue algo que se grabó en mi mente y mi corazón. Nos besamos lentamente, nos acariciamos, el deseo había alcanzado un punto en el que los dos deseábamos ya sentirnos, le pedí que por favor ya se desnudara para mí, él así lo hizo, se paró frente a mi con su pene totalmente erecto, fue un momento glorioso, su masculinidad me tenía alucinando.

Empecé a tocarme para él, y sin perder tiempo él se acostó sobre mí, separó mis piernas y me dejó sentir su pecho sobre el mío, y su pene rosando mis partes, se sentía genial, era toda una locura, yo estaba deseando ya sentirlo dentro de mí, pero él quería jugar un rato, me besaba el cuello, los labios, mi rostro, y así, lentamente fue bajando hasta mi pecho, y no dejo pasar por alto que me había depilado, “Me encanta que hayas tomado la iniciativa, tus pechos se ven hermosos así”, con una maestría digna de un hombre experimentado, bajo un poco mi brasier y empezó a besarme los pezones, esa sensación me hizo retorcer del placer, era algo indescriptible.

Su barba me generaba un cosquilleo muy rico y sus labios y lengua me estaban matando, chupo mis senos hasta el punto en que ya no podía más, le suplique que me metiera su pene, lo necesitaba dentro ya. “Henry no me hagas esto, no me tortures más, quiero tu pene ya”. Él con una voz calmada me dijo, “vas a tenerlo pronto, pero antes quiero disfrutar de tu piel”.

En ese momento siguió bajando por mi abdomen, beso mi ombligo y bajo a mi entrepierna, pensé por un momento que iba a chupar mi pene, pero no, me dio unos besos en las piernas y me tomo fuertemente y me jaló hacia él para levantar mi culo y dejarlo a una altura en la que podría jugar conmigo, corrió mi tanga y de forma muy hábil metió su cara en mi culo y me empezó a chupar de una forma en que me hizo gemir, era algo tan delicioso, era un maestro haciéndolo, su lengua se movía de formas en las que me era difícil no perder el control.

Cuando noto que ya estaba dilatada, me dejó caer y procedió a poner su pene sobre el mío. He hizo un comentario, “Ves la diferencia, este ahora es tu pene, y lo vas a disfrutar como lo hace una mujer, lo que tienes en esa tanga es algo que ya no vas a querer usar”. Yo asentí con mi cabeza, y con mi mano izquierda busque su pene, lo cogí y lo guíe hasta mi ano y fue ahí cuando pude sentir su fuerza, con un movimiento lento pero seguro, Henry se abrió paso dentro de mí, mi ano se dilató muy bien, porque no sentí dolor, entro de una forma en que jamás me imaginé.

Y ahí estaba yo, acostada en esa cama recibiendo a mi hombre, que cosa más deliciosa era esa. De manera instintiva puse mis manos sobre sus nalgas mientras él empezaba a bombeame. Ya estaba hecho, estaba nuevamente haciendo el amor con este machote, en mi mente solo había sensaciones de placer, me gustaba este nuevo rol en mi vida, me sentía liberada, cada momento en que sentía su pene dentro de mí, su cuerpo y sus manos, era el momento más hermoso, era estar en el rol correcto. Por ratos me veía y no lo podía creer, pero no cambiaría eso por nada.

Estar ahí disfrutando de Henry y sintiéndome libre, siendo su mujer, que energía tan bonita se sentía en el ambiente. Jamás olvidaré esto. Estuve siendo penetrada en esa posición un buen rato, no sé cuánto pues perdí la noción del tiempo. Solo disfrutaba.

La forma en que ese hombre me estaba haciendo el amor no tenía comparación, era fuerte pero delicado, se tomaba su tiempo. Y yo estaba feliz. No quería que me sacará su miembro jamás jejeje. Cuando se acercaba el momento, me tomo de la cadera y me levantó para quedar totalmente ensartada, me empecé a mover en círculos y eso lo hizo gemir, cosa que me excitó más y eso me llevo a moverme más y más, hasta que era yo la que estaba a punto de venirse, él lo notó y empezó a pellizcarme los pezones y a recorrer mi abdomen con una de sus manos mientras con la otra me sostenía de la cadera.

Él empezó a decirme que me viniera, que quería que lo hiciera, y esas palabras fueron como órdenes, al poco tiempo empecé a lanzar chorros de semen sobre mi abdomen, aunque esta vez no fueron tan explosivos, fue más algo sueva. Verme así hizo que él se tomara la tarea de darme duro por el culo, y eso hizo que él se viniera también, pero está vez lo dejo todo dentro de mí. Sentí como su semen caliente llenaba mi culo. Los gesto que hizo cuando se vino fueron tan sexys, era intimidante cuando se venía, pero era su expresión, porque su trato seguía siendo el de un hombre que tenía el control.

Todo lo que había deseado durante esa semana estaba cumpliéndose totalmente. Lo tenía a él dentro de mí, y en mi mente no había espacio para mí anterior yo, en ese momento era su nena y no quería ser nada más. Ser su mujer se había vuelto mi prioridad, era como un sueño cumplido. Un sueño que no sabía que tenía. Pero que ahora era mi nueva realidad. Y lo confieso, me encantaba.

Cuando Henry salió de mí, sentí un vacío muy intenso, pero me sentía feliz. Estaba todavía en las nubes. Cómo pude me senté sobre la cama y lo jale hacia mí, puse mis manos en su rostro y lo besé. Cerré mis ojos y le di las gracias. ” Gracias”, “Gracias por hacerme tan feliz”.

“Gracias a ti hermosa por llegar a mi vida” respondió él.

Y este era solo el inicio de este maravilloso fin de semana, lleno de sexo, y muchas revelaciones y descubrimientos. Nunca me imaginé que lo que empezó con una caricia en los hombros iba a llevarme a transformar mi vida por completo.

Ese fin de semana, Henry y yo nos hicimos pareja y empezó mi camino hacia la feminización de manera decidida y sin retorno.

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